Ya le queda chiquita al pueblo cubano

Marta Rojas

 

Las multitudes toman La Cabaña, se suceden a diario, ocupan las callejuelas de la fortaleza, invaden las estrechas galerías, salen a la plaza abierta al mar y se echan en la hierba a descansar. El recinto es grande y los pasadizos a veces tan estrechos que no caben dos personas a la vez, y todas llevan una carga con ellas. Hay pancartas, telones y hasta vocerías, pero no se trata de ningún hecho belicoso, sino de festejo y meditación. En la capilla no se oye misa religiosa como para lo que fue hecha, sino voces jóvenes o adultas que presentan con matices diferentes sus ideas: es la Feria del Libro, en este caso la número 14.

Con esfuerzo, y seguro que las cuentas no han de quedar por debajo de la realidad, sus organizadores dicen que hoy invadieron el poderoso recinto más de 200 000 personas y que al cabo de su sexto día sobrepasan el millón. No se atreven a pronosticar cuántas y de qué edades promedio la visitan. Quien no lo ve no lo cree, frase manida pero de una fuerza contundente y si además los incrédulos supieran que los estantes de los libros se vacían y que aquellos niños o adultos que no encontraron el título que buscaban se afligen o protestan —porque "trajeron pocos ejemplares, siempre pasa igual"— lo creerían menos. Y eso que esta Feria trae numerosas novedades y no pocas reediciones añoradas.

En La Habana o en cualquier provincia donde a partir del lunes se extiende esta Feria, se convierte en un sitio de confluencia de amistades, compañeros de escuela, de intelectuales notables que vienen de otros continentes, de la única forma en que pueden venir, sobrevolando el Atlántico o el Caribe, porque la sede es una pequeña Isla situada en el medio del Golfo de México, y ya no suelen entrar barcos de pasajeros como antaño.

Las ideas políticas más avanzadas se escuchan en los recintos cerrados de la fortaleza a la que igualmente acuden interesados en temas tan disímiles como el aniversario 400 de la impresión de El Quijote, el mercado cautivo del libro por transnacionales, entrega de premios de autores cubanos, defensa de cinco contraterroristas presos —léase bien: contraterroristas—, los Cinco cubanos que trataban de evitar actos de terrorismo preparados por asalariados del crimen tan solo a 90 millas de aquí. No faltan, siempre está completa el área de la poesía, donde los autores dicen sus versos y el público escucha a esos juglares, mayores y menores, capitalinos o venidos de otras ciudades. Allí pasan horas de amor y contrapunteo de metáforas.

Y por qué no. La Feria del Libro tiene a los niños activos .Dentro de los recintos de compra o en los kioscos apuran a sus madres o maestros para que los lleven a la plaza, cerca de donde viejos cañones patrimoniales vigilan. Y también los amigos, los enamorados, la familia que quiera, almuerza o merienda en mesa verde o andan con sus libros en la mochila o las bolsas colgadas del hombro y una pinta de helados en las manos. Y no son solo los visitantes de cada día, trabajadores, estudiantes, profesionales, amas de casa, niños y viejos, de los que dirían en los tiempos en que se construyó La Cabaña, "gente del estado llano", sino también lo hacen los escritores, premiados o por premiar. Mucha gente los conoce porque los ha visto en las presentaciones de libros, o en algún momento de esta o la anterior cita, y tal vez por la Televisión, para el público se convierten en presa apetecible para adquirir un autógrafo que el escritor apenas puede firmar con elegancia por el asedio de la multitud.

Si bien lo más cautivador es ver a los miles y miles de niños leyendo sentados en las aceras de siglos, porque con ellos empieza la primera operación del gusto por la lectura, o recreados en la ilustración de un libro.

No se crea que ahí para la Feria: la música, en este caso dedicada a Brasil, junto a la cubana, no puede faltar. Tampoco las exposiciones. Expositores de otras tierras hay: libros de Alemania, Italia, Estados Unidos, España, Haití, África del Sur y de toda América. También los textos de Ciencia y Técnica. De estas cosas no se habla "allá afuera" donde proliferan las mentiras sobre Cuba. En eso pensaba cuando escuchaba a Roberto Fernández Retamar en la presentación de su gran libro en prosa Cuba defendida. Y, sin esperar mucho, abrí algunas páginas para encontrar su Elogio a la mentira, lectura yo diría obligada, reproducción de un artículo publicado originalmente en el periódico Revolución, el 7 de septiembre de 1959. Allí Roberto sentencia: Mentira no es solo decir A por B. Hay que ver la rica gama de mentiras de la cual esa suplantación no es más que un caso particular. Mentira es presentar la parte por el todo, mentira es decir lo malo y callar lo bueno, mentira es seguir usando un mismo nombre para designar cosas que sabemos que han cambiado de esencia, mentira es subrayar lo negativo pequeño y dejar en brumas lo positivo grande, mentira es mezclar lo verdadero a lo dudoso para que lo dudoso parezca verdadero también...

Nadie se equivoque "allá afuera" con la colosal verdad de esta fiesta más que de lectura y que hace realidad incuestionable lo ya dicho por Fidel aun antes de iniciar la Cruzada de la Alfabetización, cuando afirmó que la Revolución no le diría al pueblo cree, sino lee, y eso es lo que se palpa en la Feria del Libro que ya le queda chiquita al pueblo cubano.

Tomado del diario Granma