Razones para oponerse al ALCA                                                 Osvaldo Martínez

 

Esta breve intervención tratará de hacer una cierta caracterización del ALCA y lo que pudieran ser ocho razones para oponerse a ese proyecto y finalmente algunas consideraciones sobre la alternativa posible.

Creo que el ALCA tiene una apariencia, que podemos calificar como inocente y técnica: simplemente concertar un acuerdo de libre comercio que es, en términos de teoría de la integración económica, una forma primaria de integración. No es ni siquiera una unión aduanera, ni mucho menos un mercado común.

Sin embargo, en lo sustantivo, el ALCA es mucho más que eso. No solamente es un profundo proyecto con implicaciones en términos de integración e incluso más allá de la integración, en términos de absorción, sino que implica comprometer profundamente el destino histórico de América Latina y el Caribe, pues aspectos tan importantes como la inversión, como la propiedad intelectual, se pretenden modelar en sentido neoliberal y aún más establecer jurídicamente este tipo de política al nivel internacional, de manera que sea imposible echarla atrás.

Pero aún más allá, veo que el ALCA es en realidad un pacto colonial de significado estratégico y algo así como la recolonización y la anexión virtual de América Latina, aunque se procese en computadoras, se publique en Internet y ocurra en estos comienzos del siglo XXI.

Es quizás la plasmación de un concepto que habría que explorar, algo así como un neocolonialismo neoliberal que se trata en el ALCA de hacer operativo a marcha forzada, ahora por la recesión en Estados Unidos; la pugna exacerbada por el pastel que no crece, pero no impide que existan en América Latina empresas públicas por privatizar, mercados importantes por controlar, activos estratégicos por dominar como petróleo, agua, biodiversidad, fuerza de trabajo barata por explotar. Quedan también competidores europeos y asiáticos por desplazar y competidores latinoamericanos reales como puede ser el caso de Brasil o competidores latinoamericanos potenciales, como serían en el caso de la integración latinoamericana autóctona aún por desarrollar.

En realidad esta forma de neocolonialismo neoliberal tiene elementos de intento de un nuevo reparto territorial entendiendo a América Latina como coto exclusivo para la acción del capital norteamericano y convirtiendo la región latinoamericana en su base regional para la competencia transnacional frente a otros centros de poder económico.

¿Por qué oponerse al ALCA? Lo califico como pacto colonial para la anexión, y no voy a incluir dentro de las razones para la oposición, ni la pobreza, ni la exclusión social, ni tampoco esa categoría tristemente ausente de nuestros debates, o al menos ausente de nuestro léxico que es la explotación y el saqueo. Cualquiera de ellas tiene fuerza suficiente para justificar la oposición, pero por conocidas no voy a insistir en ellas. Quisiera concentrarme ahora en otras razones para concretar esta necesaria e imprescindible oposición al ALCA.

En primer lugar porque el ALCA es por supuesto más neoliberalismo, lo cual es una verdad de perogrullo, pero no es simplemente más neoliberalismo sino es un escalón superior que implica una nueva cualidad y es que pretende convertir la ideología y la política neoliberal en normativa transnacional, esto es, encasillar la economía en un rumbo consagrado y plasmado en un tratado internacional, lo cual también se intenta, por supuesto, en la OMC. De esa forma, la política neoliberal no sería una opción modificable por la voluntad popular que se pudiera expresar democráticamente, sino que el ALCA sería -y la política neoliberal intrínsecamente asociada a él-, un compromiso jurídico internacional. Es una mutilación de la soberanía y es vaciar aún más de lo que están ya las democracias electorales existentes, pues las decisiones sobre política económica se arrebatan definitivamente a las personas y quedan en manos del mercado. Dominado ese mercado en lo interno por las transnacionales norteamericanas y en lo externo obviamente por las decisiones de política de Estados Unidos.

En segundo lugar, y esta es una razón a la cual simplemente voy a mencionar, pero sin intentar desarrollarla, es por la experiencia aleccionadora de el TLCAN o NAFTA.

El ALCA tiene una ventaja para los que pretenden analizarlo y es que ha aportado una especie de laboratorio de ensayo de su aplicación y los resultados de ese laboratorio de ensayo en pequeño que es el NAFTA, no arrojan resultados como para entusiasmarnos con el ALCA.

En tercer lugar creo que merece oposición el ALCA por pretender despojar a los países latinoamericanos de sus defensas elementales.

Pudiéramos decir que intenta quitarles el trato especial preferencial y aplicarles como principios generales de política la reciprocidad y el trato nacional. Sabemos bien que el trato igual entre partes desiguales equivale a profundizar y eternizar la desigualdad y cuán absurdo es ver en muchas ocasiones a representantes de gobiernos de países pequeños y pobres defender la no discriminación en abstracto. Es tan absurdo como que los discriminados en el desarrollo defiendan la no discriminación del poderoso y rico. Esto es más grave aún después que el TLCAN extendió el trato nacional no sólo al comercio de bienes, sino también a los servicios, a la inversión y a la propiedad intelectual.

Es también arrebatarle a los países latinoamericanos su derecho a regular su mercado, a regular su apertura, a regular su protección, imponerles una apertura que es la negación de lo que en la Historia hicieron para acceder al desarrollo todos los países que hoy son desarrollados.

Una razón más puede ser la extensión y la virtual generalización del libre comercio y el lucro de mercado a toda la vida social pretendiendo crear una sociedad de compradores y vendedores y no una sociedad de seres humanos solidarios y cultos.

La libre competencia, que en estado puro sólo existe en ciertos libros de economía puesto que ella no es real ni siquiera en las ventas de esos libros en las que siempre hay algún grado de manipulación del mercado.

Esa libre competencia y el lucro comercial se colocan por encima de cualquier otro principio; sean los derechos humanos, la equidad social, la protección del medio ambiente, la soberanía sobre los recursos naturales, y sabemos bien que acompañando al ALCA hay cosas tales como los apetitos de empresas norteamericanas por controlar totalmente la salud y convertirla en salud privada, la educación y convertirla en educación privada e incluso la recreación y convertirla en recreación privada para consumo de las élites locales capaces de pagarlas.

Una razón más puede ser lo que podríamos llamar la cruzada antiestado y antiempresa pública, lo cual por supuesto, es uno de los lugares comunes del neoliberalismo, pero en los textos del ALCA, se somete a la empresa pública, esa empresa pública que todavía subsiste en América Latina, a una disciplina de libre competencia que la hace perder su sentido, la desnaturaliza. Por más que sabemos que la historia de la empresa pública en América Latina no es siempre una historia agradable y sabemos por supuesto que en ella hubo y hay elementos de clientelismo político, de ineficiencia y de corrupción, el combate contra estos aspectos de la empresa pública se convierte no en una denuncia por enmendar errores, sino en una cruzada que no se contenta con la desaparición de empresas públicas que ya ha tenido lugar, sino que pretende transformar las que quedan en entes desnaturalizados imponiéndoles una disciplina de libre competencia y de lucro comercial que les hacen perder su necesaria esencia de servicio social, de empresas de la nación y quedan en la práctica dentro de la normativa del ALCA sin otra alternativa más que plegarse al mercado.

En los textos en negociación del ALCA se le aplican leyes antimonopolio a la empresa pública mientras que en el enorme y estratégico sector de la propiedad intelectual queda establecido y consagrado el monopolio privado.

Una razón más sería la conversión de los estados en verdaderos subordinados económicos y jurídicos de las empresas transnacionales.

Se trata simplemente de fomentar la nueva relación empresa-estado en la cual la empresa transnacional se convierte en un sujeto colocado al mismo nivel e incluso en ocasiones por encima del estado nacional, modificando lo que fueron bases tradicionales del derecho internacional basado en relaciones entre estados soberanos.

Esa relación empresa-estado y el mecanismo de resolución de disputas en paneles internacionales colocados fuera de la jurisdicción de las leyes nacionales, es un verdadero monumento a la pérdida de soberanía y a la subordinación negociada y tolerada.

Lo que vemos en el capítulo sobre los llamados requisitos de desempeño es la versión invertida de lo que fue el Código de Conducta para Empresas Transnacionales, que hacen unos 25 años los países del Tercer Mundo plantearon como una de sus demandas ante el capital transnacional. Ese mismo código de conducta ahora esta invertido. Ahora a quien se le exigen requisitos de desempeño no es a las Empresas Transnacionales, sino a los estados y ahora se trata de consagrar jurídicamente todo lo que el estado no puede hacer para no perturbar la buena salud de la empresa transnacional.

En la versión ALCA de la relación empresa-estado éste último se compromete a no ser estado, sino simplemente garante de la libertad y de la impunidad del capital transnacional. Igualmente en el apartado sobre política de competencia, en el cual en los textos del ALCA y en textos que se puede sospechar que son propuestas norteamericanas, se llega a proponer la creación de una agencia autónoma dentro de las estructuras de gobierno de América Latina que tendría la misión de evitar la distorsión del mercado por la acción de monopolios oficiales. La obsesión son los monopolios oficiales, y puesto que se habla de crear una agencia autónoma, se puede pensar que podría tener el rango de un banco central o de una contraloría. Sería algo así como el estado colocando en su estructura una agencia para maniatarse a sí mismo. Es no sólo el mercado cautivo, sino el estado cautivo y al mismo tiempo guardián de su propio cautiverio.

Una razón más sería la falsa promesa del acceso a mercados, acompañado de la retórica del libre comercio, mientras en términos reales, se practica el proteccionismo selectivo por parte de Estados Unidos mediante subsidios encubiertos. Ochenta mil millones de dólares anuales se destinan a subsidios agrícolas en la economía de Estados Unidos acompañados de medidas antidumping, Ley de Comercio Exterior que tendría una estatura jurídica por encima del ALCA y por el agujero negro de las barreras técnicas al comercio y las medidas fitosanitarias.

Y por último, por pretender el ALCA aniquilar los intentos de integración autóctona de América Latina por imperfectos que éstos hayan sido y sustituirlos por esa integración subordinada que tiende hacia la absorción de la región por parte de Estados Unidos.

Unas breves palabras sobre la alternativa.

En algunas ocasiones, en debates sobre la alternativa, se puede escuchar un argumento paralizante: nada puede hacerse porque no está elaborada una alternativa. Podemos criticar el ALCA, criticar la política neoliberal que es casi su equivalente; pero nada puede hacerse porque no hay una alternativa elaborada. Sobre esto es conveniente comentar que si entendemos la alternativa como un documento escrito, como una construcción intelectual, podemos decir que existe ese documento y esa construcción intelectual, elaborada por la Alianza Social Continental en un documento llamado "Alternativa para las Américas". Pero aún más que eso, todas las alternativas siempre se gestan, se construyen a través de un proceso de lucha. Y me atrevería a decir que la alternativa en primer lugar es la lucha y la resistencia frente al ALCA, puesto que sin esa lucha y sin esa resistencia entonces nunca habrá alternativa. La plasmación concreta de esa alternativa no sería tanto el resultado de una construcción intelectual destinada a ser la alternativa, sino el resultado de un proceso de lucha y eso es llevar el ALCA a la agenda de los pueblos.

Conectar el ALCA con la vida de los pueblos que es amenazada y negada por éste proyecto. Sacar el ALCA de esta especie de cápsula espacial, comercial, financiero-tecnocrática y llevarla a ser explicada en términos concretos y reales en los resortes cotidianos de la vida de la gente, es el primer elemento de construcción de una alternativa. La realidad es que en América Latina y el Caribe el ALCA sigue siendo desconocido por las grandes masas de población. El ALCA sigue siendo un acuerdo técnico negociado en virtual secreto por especialistas. La gran tarea del momento es divulgar la realidad del ALCA.

 

Osvaldo Martínez, es Director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM) de Cuba.