Placeres del tiempo

6 de julio del 2005

 

 

 Uno de los placeres mayores que brinda el tiempo es poder uno complacerse en el disfrute de las innumerables cosas ocurridas en un mismo lugar determinado. La Habana, porque tiene de fundada 485 años, nos ofrece la posibilidad de ese extraordinario deleite.

 

Una de esas posibilidades se nos brinda al uno transitar por el viejo camino de Vuelta Abajo, que para sorpresa de muchos, comienza a las afueras del recinto de La Habana antigua. Era este uno de los tres principales caminos que iba de la ciudad al río, que hoy llamamos Almendares, el más grande río cercano a la entonces joven villa, siempre necesitada de agua potable para su población, sus animales de crianza y sus sembradíos. Este es el camino que desde entonces se llamó del monte.

 

Ese camino al monte, que con el transcurso del tiempo se convirtió en la Calzada del Monte, permitía originalmente llegar hasta las alturas, después nombradas Puentes Grandes, donde se encontraba un salto de agua en el río Almendares, el del Husillo, que al embalsarse, en el último tercio del siglo XVI, permitió el funcionamiento del primer acueducto habanero, la Zanja Real. 

 

Al uno hoy retomar ese antiguo camino puede darle rienda suelta a la imaginación evocando gentes y acontecimientos –del vivir diario, y otros excepcionales—que ocurrieron, o pudieron haber ocurrido, a lo largo de esa legendaria ruta.  Hoy el recorrido pudiera comenzar en el cruce del Paseo del Prado y la Calzada de Monte, y de ahí seguir rumbo al actual Cuatro Caminos, sitio que fuera parte de las aguas de la bahía habanera hasta que fuera rellenado durante el siglo XIX, y donde por siglos se encontraba el renombrado Puente de Chávez.

 

Desde ese punto, hasta cierta distancia, mucho más adelante en el tiempo, ese trayecto del camino adquirió otro nombre, el de Calzada del Cerro. En esa comarca, hoy repleta de viejos edificios y casas, y de un enjambre humano, entonces, como pudiera haber sido en cualquier parte de los alrededores de La Habana, se sembraban las cosechas necesarias para su población, como también pastaba el ganado.

 

Seguimos por el viejo camino hasta encontrarnos con el bienaventurado río Almendares en las ya mencionadas saludables alturas denominadas Puentes Grandes, nombre dado por razones evidentes al decidirse hacerse el cruce del río en ese punto para poder adentrarse en nuevos territorios. Justo en la otra orilla del río, en una elevación mayor que la del mismo asentamiento de Puentes Grandes, se estableció otro más tarde, La Ceiba, cuya extensión actual la atraviesa las grandes curvas del añoso camino, con el tiempo, en ese tramo, denominado Calzada de Puentes Grandes. 

 

Continuamos el curso de nuestro fantasear y del camino y llegamos a Los Quemados, sitio que se convirtió en otro asentamiento, localizado justo antes de otro de fundación posterior bautizado con el nombre de Marianao, nombre que con el tiempo también recibió el camino en ese tramo.  Después de Marianao nos encontramos con otra profunda cañada la cual la atraviesa el estrecho río Quibú, hoy de insalubre reputación. Una vez salvado ese paso, localización del actual barrio de La Lisa, seguimos la ruta original a tierras de Vuelta Abajo.

  

El camino se mantiene por varias leguas -- o si preferimos, kilómetros-- en terrenos altos.  Después de pasar Arroyo Arenas, hoy el entorno deja de ser agobiantemente urbano y al deslindarse comenzamos a disfrutar el agraciado paisaje natural de esa bella comarca, como fuera por distantes siglos también disfrutado por aquellos que entonces vivieron o transitaron por esa región.

 

Llegamos entonces al actual pueblo de Punta Brava, donde, en una de las fincas de su territorio, la de San Pedro, cayera muerto en combate, en diciembre de 1896, el Mayor General Antonio Maceo. Continuamos nuestro viaje por el antiguo camino, desde muchas leguas antes, por tiempo conocido como la Calzada de Guanajay, y en una época más reciente conocido con su actual nombre de Carretera Central. Después de pasado Punta Brava, nos encontramos con el pueblo de Bauta, seguido por el de Caimito y entonces, finalmente, con el más grande y afamado de Guanajay, puerta tradicional a las fértiles tierras vuelta abajeras, como también a la costa y a la bahía del Mariel.

 

Dichoso el que pueda complacerse en el disfrute de los placeres que el tiempo pasado y presente ofrece a la imaginación como yo recientemente gocé en ese deleitoso recorrido por el antiguo y legendario camino habanero del monte. fin