Las mujeres cubanas a ambos lados del charco

Reseña a propósito del Día Internacional de la Mujer

 

Andrés Gómez

 

 

 

Muy disímiles son las situaciones de la mujer en el mundo. Dependen, claro está, de en qué país vivan y de sus situaciones específicas, como mujer y como individuo, en la sociedad y en la cultura de las cuales cada una es parte. Aunque la inmensa mayoría, desde tiempos milenarios, sufre las adversas consecuencias de los valores, prejuicios y conductas producto de culturas patriarcales.

 

Sobrevive un relato en la tradición onas, pueblo antiguo mesoamericano, que explica este desgraciado devenir histórico, así: En épocas remotas, las mujeres se sentaban en la proa de la canoa y los hombres en la popa.  Eran las mujeres quienes cazaban y pescaban.  Ellas salían y volvían cuando podían o querían.  Los hombres montaban las chozas, preparaban la comida, mantenían encendidas las fogatas contra el frío, cuidaban a los hijos y curtían las pieles de abrigo.  Así era la vida entre los onas y los yaganes, hasta que un día los hombres mataron a todas las mujeres y se pusieron máscaras que las mujeres habían inventado para darles terror.  Solamente las niñas recién nacidas se salvaron del exterminio. Mientras ellas crecían, los asesinos les decían y les repetían que servir a los hombres era su destino.  Ellas lo creyeron. También lo creyeron sus hijas y las hijas de sus hijas.

 

En la emigración cubana en Estados Unidos, específicamente en Miami, las mujeres, dentro del movimiento de esta emigración que se opone a la política de agresión permanente en contra del pueblo cubano, y que defiende sus derechos inalienables a la integridad de su familia: a visitarla, compartir y ayudarla en Cuba, hace mucho tiempo que dejaron de creer cualquier cuento sobre sus supuestas inferioridades.

 

Es más, lo que ha sido siempre evidente en este movimiento es que, las mujeres han sido las que han dado el frente, las que han estado en mayoría, en las más peligrosas situaciones.  Hubo largo tiempo que eran mujeres casi todos los participantes en las manifestaciones y actos públicos por nosotros convocados.  Manifestaciones en defensa de los nuestros y nuestros derechos, que amenazadas por la violencia por las organizaciones terroristas y sus consortes de la extrema derecha cubana, la policía tenía que acordonar cuadras enteras alrededor de las mismas en lugares céntricos de nuestra ciudad.

 

Hoy, las mujeres siguen nutriendo ostensiblemente la membresía de cada una de las organizaciones que en Miami, y el resto de Estados Unidos, bregan en contra de la deplorable política anticubana de la actual Administración. Precisamente, es una organización compuesta y dirigida por mujeres cubanas emigradas, la Asociación de Mujeres Cristianas a Favor de la Familia Cubana, la que en esta ciudad ha estado al frente de la valiosa movilización en contra de las prohibiciones de viajes a Cuba en pie desde junio pasado, cuando estas crueles medidas entraron en vigor.

 

En la mayoría de los países del mundo, hoy, tal como viene sucediendo durante siglos, la mujer se enfrenta a una situación dantesca. Su situación ha cambiado sólo para empeorar.  Se puede asumir con seguridad que mucho más de la mitad de los 860 millones de adultos analfabetos en el mundo son mujeres. Más de 100 millones de niñas trabajan fuera de su casa, y muchos millones más son objetos de explotación sexual, igual que sus madres, hermanas mayores o de edad similar,  como sus tías, o como lo fueron sus abuelas.

 

Mientras, en Cuba el cambio ha sido radical durante los últimos 46 años, producto del proceso revolucionario.  En 1959, las mujeres eran menos del 3% de todos los graduados universitarios del país, hoy son el 49.5% de los graduados y el 62% de la matrícula universitaria. Son ellas el 44.7% de la fuerza laboral del país. Y en ésta, el 22% de los obreros y el 66.4% de los técnicos. Llenan el 87% de los puestos administrativos; componen el 53.9% del sector de servicio; un poco más del 55% del sector de investigadores de la ciencia y la tecnología; y son el 33.5% de los dirigentes políticos, y más del 50% de los dirigentes sindicales de base.

 

Además, el 35.96% de los diputados del actual parlamento nacional son mujeres. En el Consejo de Estado, órgano supremo del Estado, ocupan el 16.1% de los puestos.  En el Consejo de Ministros son el 18% de su membresía; el 22.7% de los viceministerios los ocupan mujeres.  Mujeres son el 61% de los fiscales; el 49% de los jueces son juezas, y el 47% del Tribunal Supremo de justicia, asimismo, son juezas.

 

La esperanza de vida de las mujeres en Cuba al nacer es de 78.23 años, más alta que la de los hombres de la Isla. La mortalidad materna se ha reducido a 33.9 por cada 100 mil nacidos vivos, el más bajo índice de toda América. Todos los partos se realizan en instituciones de salud, y durante el embarazo reciben múltiples atenciones. Disfrutan, si así se le pudiera llamar, de un año de licencia después del parto, con todas las garantías salariales y laborales.

 

Sus hijas e hijos, todos, son vacunados de manera gratuita contra 13 enfermedades, la mayoría de las cuales están erradicadas en el país. La mortalidad infantil se ha reducido al increíble índice de 5.8 por cada mil nacimientos en el primer año de vida. Todas las niñas y niños hasta la edad de 7 años tienen derecho, y reciben, un litro de leche diario al precio ínfimo de .25 centavos en moneda nacional que equivale a 1 centavo de dólar.

 

La red escolar en la Isla, gratuita, llega a los rincones más apartados del país.  Para garantizar la educación de todas las niñas y niños del país, decenas de escuelas tienen matriculado a una sola alumna o alumno, y cientos de ellas tienen una matrícula --por que en su zona no hay más niñas o niños-- a menos de 5. La educación inicial y preescolar es del 99% de todas las niñas y niños de 0 a 5 años de edad. En la Primaria se ha podido garantizar 1 maestro por cada 20 alumnos y en la Secundaria, 1 maestro por cada 15 alumnos. En las escuelas preuniversitarias la relación es de 1 maestro por cada 30 alumnos.  Desde hace 5 años existe un programa especial para jóvenes –entre las edades de 17 a 29 años--  muchachas y muchachos, que ni trabajaban ni estudiaban, hoy están matriculados 150 mil de ellos --la mayoría muchachas-- que estudian 3 horas diarias, 4 días a la semana. Se les paga un salario mínimo, aunque honorable, por cursar estos estudios. El curso escolar de septiembre a mayo se divide en dos períodos. En cada uno de esos períodos se cumple el programa equivalente a un año del curso regular. Un total de 48,406 de estos jóvenes se han graduado del nivel preuniversitario y han matriculado en carreras universitarias.

 

Un dato interesante, y que muchas veces pasamos por alto: seis de cada diez cubanos vivos, más de la mitad de estos mujeres, han nacido después del triunfo revolucionario en 1959.

 

Estos logros mencionados, y muchísimos otros más, no han sido un regalo del Estado revolucionario a las mujeres cubanas.  Son frutos de la decisión, trabajo y sacrificio, consciente y diario, de millones de cubanas, bregando a la par del resto de sus compatriotas, por lograr un mundo mejor, una sociedad cubana mejor. Y dentro de esa sociedad mejor, una persona –ella misma--mejor, un matrimonio o una relación mejor, una familia mejor.

 

La lucha por rebasar valores, prejuicios y conductas machistas, de cada uno de los miembros de la sociedad, inclusive de las mismas mujeres, ha sido y seguirá siendo ardua.  Pero mucho se ha avanzado.  Queda mucho por avanzar y por mejorar. En eso está enfrascada la sociedad cubana, y las mujeres en primera fila. Fin.