Entrevista a Gerardo Hernández Nordelo

 

 

 Gilda Fariñas Rodríguez
 


Victorville es la prisión federal de turno, que escuda la iniquidad de mantener tras las rejas a Gerardo Hernández Nordelo, Héroe de la República de Cuba. Poco importa que, meses atrás, la Corte de Apelaciones del Onceno Circuito de Atlanta invalidara el juicio que, en 2001, arrojó sobre él dos cadenas perpetuas más 15 años de encarcelamiento.

 

Junto a René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González, Gerardo continúa retenido por prevenir a su país de los planes de grupos terroristas que, desde Miami, arremeten contra la Isla. Al correo agradezco la fortuna de "conversar" con él.

 

Imagino su voz, los chistes con que ultraja la nostalgia y justifica la risa, el brillo en sus ojos, el ceño fruncido ante alguna pregunta, sus manos apoyando cierto fervor y la mirada húmeda cuando recuerda…

Ante mí, 14 pliegos manuscritos que reproduzco tal cual los redactó Gerardo. Solo la división de los párrafos es diferente, pues él escribe todo con punto y seguido en aras de "ahorrar papel", según me explicó en carta personal.

 

Muchas otras preguntas debieron quedar aplazadas en virtud de la cautela que demanda aún el proceso legal de los Cinco; otra entrevista con Gerardo aguarda, a no dudarlo, algún día en Cuba.

 

GFR: En plenitud de una vida amorosa, y sin apenas disfrutar del matrimonio, decidiste cumplir otra misión. Esta mucho más peligrosa que en Angola y por un tiempo impreciso. ¿Por qué aceptaste?

 

GHN: Acepté porque mi vida amorosa no tiene que ver únicamente con mi compañera sentimental. Tengo tres grandes amores: mi madre, mi esposa y mi patria, y en este caso era necesario, para servir a uno, sacrificar en alguna medida a los otros dos. Pero considero –y créeme que no es falsa modestia– que no tiene nada de extraordinario el haber tomado una decisión como esa. Nosotros seguimos el ejemplo de otros, y otros seguirán el nuestro siempre que Cuba continúe siendo amenazada y agredida.

 

"En el caso de los Cinco coincidieron muchas circunstancias que lo hacen excepcional, pero la gran mayoría de los compañeros y compañeras que lo sacrifican todo para cumplir este tipo de misiones lo hacen desde el más absoluto anonimato y no suelen recibir ningún reconocimiento público, y muchas veces ni siquiera el de sus seres queridos.

 

"Se trata de mujeres y hombres a quienes nos tropezamos por las calles, o los tenemos de vecinos, o son miembros de nuestra familia, y ni iquiera sospechamos la enorme responsabilidad que tienen sobre sus hombros y los grandes esfuerzos que realizan. Son heroínas y héroes anónimos que merecen nuestra admiración y respeto."

 

GFR: Me gustaría escuchar con mayor proximidad tu testimonio sobre el tiempo pasado en "el hueco" y "la caja". ¿Cómo son esos lugares, qué comes, cómo te aseas, qué condiciones higiénicas tienen?

 

GHN: Todas las prisiones tienen su ‘hueco’, y el régimen es el mismo, aunque las instalaciones varíen en dependencia del tipo de construcción. El Centro de Detención de Miami y esta cárcel donde me encuentro ahora son edificaciones modernas, y las instalaciones son muy parecidas. En este país la construcción de prisiones es un gran negocio, pero ese sería otro tema.

 

"Las celdas del hueco están hechas para dos personas y tienen una litera de hierro con colchonetas. Hay un pequeño lavamanos e inodoro de metal, todo integrado en el mismo mueble, y una especie de cajón en la pared, con una ducha. Por supuesto, cuando uno se baña, se salpica toda la celda.

 

"También hay una pequeña repisa y una banqueta de concreto fija al piso, donde uno puede sentarse a comer o escribir. Estas edificaciones modernas, que son herméticamente cerradas, tienen que tener aire acondicionado. Cuando hay ventanas, consisten en un espacio sellado de cristal grueso, de alrededor de diez centímetros de ancho por metro y medio de alto. Lo que ves para afuera depende de la posición en que esté tu celda, muchas veces solo se ve la ventana de otra celda.

 

"La comida la dan a través de unas ventanillas que tienen las puertas de hierro y que también se abren y se cierran con llaves. Por lo general dan la misma comida que en el resto de la prisión, pero menos cantidad porque las bandejas en el hueco son más chiquitas.

 

"Para que tengas una idea, imagínate que tuvieras que vivir durante meses encerrada con otra persona en el baño de tu casa, comiendo y haciendo todo en ese espacio tan reducido.

 

"Según las reglas, que a veces no se cumplen, a los presos del hueco los deben sacar una hora diaria, al menos cuatro veces a la semana, a lo que suelen llamar ‘recreación’, que por lo general es una celda más grande donde, con suerte, entra aire fresco y algunos rayos de sol.

 

"En Lompoc, cuya construcción data de los años ’30, y en otras prisiones antiguas, las condiciones son algo más rudimentarias. Por ejemplo, los edificios no son climatizados, y en el hueco las duchas no están dentro de las celdas, sino en un área común a donde deben llevarlo a uno tres veces por semana.

 

"Como es conocido, en Lompoc me tuvieron en un área dentro del hueco a la que le dicen ‘la caja’. En algunas prisiones ese lugar se conoce como ‘el tanque’, o con otros nombres por el estilo que le ponen los presos. En Lompoc, oficialmente era la Unidad I, compuesta por unas diez celdas con doble puerta, sin ninguna vista al exterior.

 

"Cada celda tiene una primera puerta de hierro en la pared de concreto, que se abre automáticamente desde un punto de control, y después otra, en una reja de hierro forrada con un plástico transparente con huequitos, que la abre el guardia con las llaves. Por una pequeña ventanilla en la reja pasan la comida.

 

"Allí tenían personas con graves problemas de conducta, cada uno solo, y en ropa interior. Algunos, estando en las celdas regulares del hueco, le habían dado candela a las colchonetas, otros habían agredido a los guardias, otros habían intentado suicidarse, y así sucesivamente. En el mes que estuve allí no pude verle la cara a ninguno de ellos, pero conocí a varios por sus gritos y lamentos y supe que a algunos los tenían amarrados a las camas y que tenían problemas mentales. En mi caso, me dejaban la luz encendida las 24 horas.

 

"Todas las celdas, menos la mía, tenían las puertas de hierro abiertas, por lo que algunos podían comunicarse con los de al lado gritando. Cuando me sacaban a bañarme, dos o tres veces por semana, cerraban automáticamente las puertas exteriores de las demás celdas para que no pudieran verme a través de las rejas, ni yo a ellos, y las volvían a abrir cuando ya yo estaba de regreso, con mis dos puertas cerradas.

 

"En la puerta exterior de mi celda pegaron un ‘memo’ que les explicaba a los guardias el ‘trato especial’ que yo debía tener. La orientación era que no podía tener ningún tipo de contacto con nadie, y lo mismo ocurrió con mis cuatro hermanos en sus respectivas prisiones.

 

"Durante ese mes no me sacaron ni una sola vez a lo que ellos llaman ‘recreación’, a pesar de que a otros sí los llevaban. En la planta de arriba de la ‘I’ hay otra unidad regular del hueco, y cada vez que en la celda sobre la mía descargaban el baño, comenzaba a gotear agua sucia por la rejilla de ventilación en el techo. Me quejé varias veces, verbalmente y por escrito, pero nunca hicieron nada.

 

"En esas condiciones pensaban mantenernos por lo menos un año, y fue gracias a las protestas y manifestaciones de solidaridad de muchos compañeros que solo estuvimos un mes. Durante ese tiempo no me permitieron tener nada de leer. Después de mucho pedirlo, me dieron unas hojas de papel y un repuesto de pluma para escribir a mi abogado. El sobre lo tuve que fabricar con ese mismo papel, y pegarlo con pasta dental.

 

"Del tiempo que pasamos los Cinco en el hueco de Miami se ha hablado en otras oportunidades, y esa etapa está excelentemente recogida en el diario de René. Allá teníamos la ventaja de que estábamos juntos –o por lo menos cerca– y nos dábamos fuerzas unos a otros.

 

"Sin embargo, por tratarse de los primeros meses, fueron también los más difíciles. Aquella fue nuestra ‘prueba de fuego’, nuestra ‘escuela’, y tuvimos suerte de haberla pasado juntos, ahora los Cinco tenemos más experiencia como presidiarios, y además las circunstancias han cambiado mucho.

 

"Hoy somos Héroes de la República de Cuba y tenemos millones de hermanos en la Isla y alrededor del mundo pendientes de lo que ocurre con nosotros. Y no te lo digo por vanagloriarme, sino porque es un hecho que ejerce un doble efecto determinante en nosotros: por una parte nos da fuerza para enfrentar lo que venga, y por la otra nos obliga a resistir y a ‘echar pa’lante’ cualesquiera que sean las circunstancias, porque no podemos fallarle a toda esa gente."

 

GFR: ¿Recuerdas, de forma particular, determinadas experiencias (buenas y malas), en las cárceles? ¿Cómo transcurren los días y las noches para ti? ¿Qué haces habitualmente?

 

GHN: En la actualidad la mayor parte del tiempo la dedico a contestar cartas. Aquí es obligatorio trabajar, pero como fui de los primeros en llegar a esta prisión cuando la abrieron, pude escoger, y me busqué un trabajo que no ocupara mucho tiempo y que fuera dentro de la misma unidad (albergue). Lo que hago es cambiar las bolsas de los tanques de basura cuando se llenan.

 

"Casi todo el día y parte de la noche lo paso escribiendo. Aún así no puedo responder todas las cartas que me llegan, pero hago el esfuerzo para sentirme menos mal por no poder contestar a todas las personas.

 

"Es algo que hemos explicado otras veces, y ojalá nos comprendan. Te hablo en plural porque los Cinco tenemos la misma situación con la correspondencia. Nuestro mayor deseo sería poder responder todas las cartas, pero son muchas y el tiempo no alcanzaría aunque nos pasáramos las 24 horas del día escribiendo. De todos modos, nuestros hermanos deben saber que agradecemos inmensamente cada uno de los mensajes y las muestras de cariño que recibimos, que nos emocionan, nos alientan, y nos hacen sentir muy orgullosos.

 

"También dedico un tiempo todos los días a leer, para mantenerme informado, gracias a compañeros que nos mandan artículos y otros materiales escritos.

 

"En cuanto a las experiencias, imagínate, ¡¿qué no habremos visto en estos siete años?! Una de las tantas cosas tristes es la cantidad de cubanos que nos hemos encontrado en prisión.

 

"Algunos vinieron por el Mariel y han estado encarcelados la mayor parte de sus vidas. Otros son muchachos jóvenes, ‘balseros’. Todos tienen algo en común: vinieron siguiendo los ‘cantos de sirenas’, atraídos por lo que se dice de ‘la yuma’, y cuando chocaron con la realidad y se dieron cuenta de que los dólares no caen del cielo como algunos piensan, y de que hay muchas personas en este país que se tienen que romper el lomo, hasta en dos trabajos diferentes, y aún así no tienen la casa propia ni el carro del año que se ve en las películas, buscaron la forma de hacer dinero fácil, y se pusieron a ‘inventar’.

 

"A algunos les fue bien, hasta un día. Los hemos conocido que, con veinte y tantos años de edad y apenas cuatro o cinco en este país, cayeron presos y fueron sentenciados a 15 y 20 años, y hasta a cadena perpetua. Te menciono a los cubanos porque son los que más nos duelen, pero en situación similar hay personas de muchos otros países."

 

GFR: En estos años de injusta prisión has recibido visitas de familiares, amigos y personas de los grupos de solidaridad conformados en muchas partes del mundo para apoyarlos en su causa. Sin embargo, te ha faltado la presencia de Adriana. ¿Cuál es tu opinión acerca de esta otra condena que te han agregado?

 

GHN: Pienso que el ensañamiento con Adriana y Olga hay que mirarlo en el contexto general de lo que ocurrió con los Cinco. Ellos aprovechan todas las posibilidades y recursos a su alcance para hacernos la vida lo más difícil posible. ¿Por qué? Porque ellos sienten un determinado grado de frustración con nosotros que tienen que desahogarlo de alguna manera.

"El plan de los fiscales, del FBI y de todos los que estén detrás, nunca fue tener encarcelados a los cinco hombres que son considerados héroes por sus compatriotas y que han logrado reconocimiento internacional y son receptores de las más diversas muestras de apoyo y solidaridad por parte de miles de personas en el mundo. Ellos no esperaban eso.

 

"El plan era explotarnos propagandísticamente, usarnos en contra de la Revolución. Primero nos quisieron comprar, y no pudieron. Después nos trataron de dividir, y tampoco pudieron. Nos tiraron en el hueco año y medio para doblegarnos, y fue en vano. Se tuvieron que gastar 20 millones de dólares en un juicio que está a punto de irse por la alcantarilla… Tienen razones para sentirse frustrados.

 

"Los casos de Olga e Ivette, y de Adriana son los más tristes porque no han podido venir a vernos, pero también Antonio, Fernando y Ramón han sufrido irregularidades y arbitrariedades con sus visitas. Esa es una de las razones por las que me siento tan orgulloso de mis cuatro hermanos, y de Olga, de Adriana, y de todos nuestros familiares, porque han demostrado que ninguna presión, ninguna canallada, ninguna ‘guerrita psicológica’ los va a amedrentar ni a desanimar."

 

GFR: ¿Qué es Adriana para Gerardo? ¿Qué ha sido durante estos siete años?

 

GHN: Esa debería ser una pregunta fácil, pero siempre que me la hacen me cuesta trabajo responderla. Por una parte, uno debe cuidarse de no parecerse a las telenovelas en las cosas que va a decir, y por la otra, sé que nada de lo que diga va a expresar exactamente lo que representa Adriana para mí. A veces, cuando quiero hacerla reír, le digo que ella es ‘el único antibiótico para los microbios de mi corazón’, y cosas así, pero sé que tú esperas otro tipo de respuesta.

 

"Tú conoces nuestra historia. Me gustó mucho la entrevista que le hiciste para BOHEMIA en octubre de 2004, donde ella (Adriana) te cuenta cómo nos conocimos en aquella parada de la 32. Lo nuestro fue ‘amor a primera guagua’. Han transcurrido ya 19 años, tres más que la edad que ella tenía entonces, y cada día que pasa es más importante en mi vida.

 

"Te puedo decir que estoy muy orgulloso de mi esposa, que siempre la he admirado como mujer, como profesional, como compañera, y que esa admiración es hoy mucho mayor por la firmeza con la que ella ha enfrentado la situación que estamos viviendo.

 

"Mantener un matrimonio bien llevado no es fácil en vivo y en directo, así que imagínate cuando solo se dispone de las cartas y de un número limitado de minutos para conversar por teléfono. Son ya ocho años los que llevamos sin vernos y Adriana sigue ahí, firme. De la ‘cadena perpetua’ que tengo con ella no hay corte que me salve… Por otra parte, para mí todo esto hubiera sido mucho más duro y difícil si no contara con la inspiración, las fuerzas y el aliento que recibo con tan solo pensar en ella, y eso es algo que le agradeceré siempre."

 

GFR: Adriana te considera un hombre de cualidades excepcionales, con gran sentido del humor, cuidadoso de los detalles, amoroso, algo celoso, decidido, dulce… Después de pasar siete años de encarcelamiento, ¿Gerardo Hernández ha logrado salvar estas y otras características de su personalidad?

 

GHN: "He logrado salvar lo de celoso, para no quitarle a Adriana el placer de decirlo cada vez que la entrevistan…

 

"En serio, sean esas o no las características (porque recuerda que ‘la recomendación viene de muy cerca’), no creo que la prisión haya cambiado mi personalidad. Por supuesto, esto no es un campismo, es una cárcel de máxima seguridad donde hay todo tipo de personas, la mayoría cumpliendo largas condenas, y en general el ambiente no es propicio para el humor o las jaranas.

 

"Sin embargo, aunque algunas características se hayan adaptado a las circunstancias, pienso que mi personalidad sigue siendo la misma."

 

GFR: ¿Cómo se ve Gerardo a sí mismo? ¿Ha cambiado durante estos años? ¿Cuánto y cómo?

 

GHN: Si supieras que hace rato que no me veo bien a mí mismo, porque aquí no hay espejos, venden unos plásticos pequeños que, aunque con el tiempo uno se acostumbra a usarlos, no reflejan la imagen como los espejos normales…

 

"En realidad estaría negando la dialéctica si te dijera que no he cambiado. En siete años una persona cambia esté donde esté, porque siempre hay vivencias y experiencias que lo enriquecen a uno como ser humano. En adición a eso, es posible que la prisión nos haga cambiar en mayor medida, porque uno aprende a mirar la vida desde una óptica diferente, y suele apreciar más lo que no tiene.

 

"Cosas tan comunes como un beso a un ser querido, un saludo a tu vecino, una conversación con un niño, una comida en familia, y muchas otras que en circunstancias normales a veces pasamos por alto, aquí uno las extraña y las valora aún más.

 

"Por otra parte estos años, tanto los que llevo preso como los que viví en Miami, han hecho crecer el amor que siento por nuestro pueblo y nuestra Revolución, y el orgullo por haber nacido en esa islita que es respetada en el mundo entero por ser un faro de dignidad, porque tiene voz propia, y porque no se deja meter miedo por ningún adversario, no importa cuan grande y poderoso sea.

 

"Haber vivido en este país, y haber conocido cómo funciona esta sociedad, ha reafirmado en mí la convicción de que, por muchas que sean las carencias y los problemas con los que tenemos que seguir luchando para avanzar, a Cuba no la cambio por nada.

 

"No hay pacotilla en el mundo ni nada material que valga más que la tranquilidad de saber que si tu hijo necesita una operación se la harán sin preguntarte primero si tienes dinero para pagarla; que en la escuela no le venderán drogas, que no tendrá que escoger entre ser pandillero o ser abusado por las pandillas; que no lo discriminarán por ser negro o por ser hispano, o por no hablar inglés, o por las tres cosas; que se podrá graduar en la Universidad sin que le cueste un centavo…

"Yo quiero criar a mis hijos con la misma tranquilidad con que me criaron a mí. Mi mamá se paraba a las ocho de la noche en la esquina de la casa a dar gritos a ver dónde yo estaba, porque no me había bañado. Aquí, aunque eso no te lo pongan en las novelitas de Univisión y Telemundo, todos los días hay noticias en la prensa de niños secuestrados a plena luz del día, a veces en las mismas puertas de sus casas, con las más horrendas intenciones que alguien pueda imaginarse.

 

"La tranquilidad de saber que tus hijos están creciendo en una sociedad sana, donde las escuelas no necesitan detectores de metales, no tiene precio, y es solo una de las muchas razones que podría mencionarte.

"De modo que también en eso he cambiado. Hoy valoro mucho más todo aquello que tenemos los cubanos y que muchas veces no apreciamos como debemos."

 

GFR: En tu alegato durante el juicio de Miami, predijiste que en "otro nivel del sistema, la razón y la justicia prevalecerán". ¿Cuánto de vigencia tiene este pensamiento tuyo?

 

GHN: En realidad esas palabras expresaron más un deseo que la predicción. Cuando se sabe que la razón, e incluso las leyes, están del lado de uno, no es difícil tener la esperanza de que en alguna de las cortes del sistema se haga justicia. En todas partes hay personas decentes y profesionales honestos. Ya ocurrió con nuestra apelación directa y todo el mundo conoce la decisión de los tres jueces en agosto.

 

"Ahora hay que ver si el pleno de los jueces del Onceno Circuito ratifica esa decisión, como todos esperamos. Si tuviera que repetir esas palabras hoy, con más razón lo haría, sin embargo, no podemos perder de vista que se trata de un sistema legal que en otros casos no ha funcionado. No ha funcionado para Mumia Abu-Jamal, para Leonard Peltier, ni para otros presos políticos.

 

"No ha funcionado para muchas personas que hemos conocido en prisión, que nos han dado a leer sus papeles legales en los que se aprecia que fueron víctimas de injusticias o de arbitrariedades y que, de haber tenido dinero para pagar un buen abogado, tal vez no estarían presos, o estuvieran cumpliendo condenas más leves.

 

"Son personas a las que el sistema les ha fallado, y se les han cerrado todas las puertas. Por eso en el caso de los Cinco es tan importante el trabajo de solidaridad que realizan nuestros compañeros en todo el mundo, y por eso no nos cansaremos de expresar nuestro agradecimiento a tantos hermanos que no descansan en su labor, ni escatiman esfuerzos en la lucha por lograr que se haga justicia."

 

GFR: ¿Pudieras compartir tus planes para cuando regreses a casa?

 

GHN: "¿A mi casa? ¡No, esos no los puedo compartir…!

"Tengo muchos planes. Todos los días hago alguno nuevo, porque hacer planes es parte de la ‘autoterapia’ con la que uno combate la nostalgia y todos los males propios de una situación como esta.

 

"Desde los juegos de pelota que iré a ver al Latino, hasta las visitas que me gustaría hacer, por ejemplo, al Batey Chucho Alfredo, en Remedios, y a otros lugares remotos de la Isla desde donde nos llegan cartas de nuestros hermanos.

 

"Pero si te refieres a planes importantes, el fundamental es ser útil a la Revolución, sumarme junto a Fernando, Ramón, René y Antonio a los grandes esfuerzos que hace el pueblo cubano para llevar adelante nuestro proyecto social, para hacer realidad nuestros sueños de construir una sociedad cada vez más justa. Lo demás, es lo de menos."

 

GFR: Gerardo, ¿quisieras agregar algún otro aspecto o comentario?

 

GHN: Me gustaría agradecer al colectivo de Bohemia su constante solidaridad y apoyo a nuestra causa. No se trata de un cumplido formal. El caso de los Cinco ha tenido una presencia continua en las páginas de la revista, y hemos podido leer excelentes artículos y entrevistas con nuestros familiares.

 

"Además, Bohemia es la única publicación cubana que recibimos con regularidad, porque ustedes nos la envían directamente por correo, como exigen las regulaciones aquí. También nos llega Granma Internacional, pero en ese caso lo distribuye una editora de este país.

 

"Dicho sea de paso, en la prisión tienen muchos lectores, porque la calidad periodística de la revista es incuestionable. Los felicito, y quisiera aprovechar la oportunidad para hacer llegar el abrazo revolucionario de los Cinco a todos los lectores, a quienes deseamos un 2006 feliz y exitoso, y damos las gracias por el cariño que a diario nos manifiesta nuestro pueblo, que es el mayor estímulo que podemos recibir.

 

¡Volveremos!

 

Gerardo Hernández Nordelo

Prisión Federal de Victorville

California, Dic. 15, 2005

3 de marzo de 2006