Frei Betto rompe el silencio

Entrevista

 

Mario Augusto Jacobskind

 

 

“Hoy el Norte es el Sur. Es aquí en América Latina donde la democracia está dando un salto de calidad. Fatigado con el neoliberalismo, el electorado vota gobiernos populares, que la derecha caracteriza como populistas”

 

 

Carlos Alberto Libânio Christo, frei Betto, participa activamente en la política brasileña en los últimos 40 años. Acaba de lanzar su libro número 43, en el que hace una reflexión crítica del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. En entrevista exclusiva para Brecha realizada por Mario Augusto Jacobskind, Frei Betto hace una evaluación crítica de su participación como asesor especial del presidente.

Es uno de los más destacados activistas en favor de las luchas populares: comenzó su andadura militante en el movimiento estudiantil de los sesenta en grupos católicos que luchaban contra la dictadura instalada en abril de 1964 que derribó al presidente João Goulart; pasó cuatro años en prisión y a fines de los años setenta se acercó al líder sindical Luiz Inácio Lula da Silva, de quien se convirtió en amigo y compadre, colaborando en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT). Con la elección de Lula, frei Betto pasó a ejercer como asesor especial del presidente y como coordinador de movilización social del programa Hambre Cero. Después de 687 días decidió abandonar el cargo, a fines de 2004, por discrepar con la política económica del actual gobierno, “más favorable al gran capital y poco sintonizado con la deuda social que, en Brasil, es enorme”.

Periodista y escritor consagrado, el fraile dominico escribe casi diariamente para varios periódicos brasileños, y acaba de editar Mosca azul, una reflexión sobre el gobierno de Lula y el comportamiento político del núcleo dirigente del PT. Básicamente, frei Betto discrepa con la posición actual del partido que contribuyó a fundar, hace 26 años, porque la cúpula dejó en segundo plano los ideales que llevaron al PT a convertirse en el mayor partido político de la izquierda de América Latina.

En esta entrevista frei Betto muestra que, a pesar de los pesares, el PT aún tiene condiciones para cambiar, o sea para superar la práctica política oportunista que en su opinión ha llevado adelante el llamado Campo Mayoritario, y retornar a sus orígenes para continuar siendo “el canal de las transformaciones sociales y la expresión político-partidaria de las aspiraciones de los más pobres”. Envió “un cariñoso abrazo a ese pueblo [uruguayo] tan combatiente y querido”, y explicó por qué votará nuevamente a Lula, ya que espera que “el PT no repita la película que terminó en tragedia ética”.

¿Cuál es el significado de Mosca azul?

Mosca azul trata del poder, la mayor de las tentaciones humanas. Recorro los clásicos: Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Montaigne, Hanna Arendt, Robert Michels. Intento diagnosticar el proceso histórico que llevó al PT al gobierno de Brasil y las causas de su involucramiento en procesos antiéticos. Analizo la crisis de la izquierda brasileña, su tendencia a cambiar un proyecto de nación por un proyecto electoral, y enfatizo en la importancia de gobernar en sintonía con los movimientos populares, condición de una democracia real.

Durante 687 días usted participó en el gobierno de Lula como asesor especial de la Presidencia y decidió abandonar el cargo. ¿Qué sucedió?


Dejé el gobierno para retomar mi actividad literaria. La mosca azul no me picó. Y también por discrepar con la política económica, más favorable al gran capital y poco sintonizada con la deuda social que, en Brasil, es enorme.

Si el gobierno cambiara su rumbo, decidiendo cumplir al menos una parte de las promesas de la campaña electoral, ¿volvería a ocupar el cargo al que renunció?


El gobierno de Lula hace una política externa soberana e independiente; políticas sociales avanzadas como Hambre Cero, Bolsa Familia, el microcrédito, la valorización de la agricultura familiar; una importante reforma educativa, etcétera. Por lo tanto cumple en parte lo que prometió en la campaña. Faltan las reformas agraria, política, tributaria y laboral. Y la reforma previsional no me agrada, porque es onerosa para los jubilados. Aunque fuera el gobierno de mis sueños jamás volvería. Dos años en el poder público fueron suficientes para constatar que aquel no es mi lugar. Prefiero actuar en la base, junto a los movimientos populares.

El PT ha cumplido 26 años. Hubo una fiesta en la que Lula, según la prensa, prácticamente perdonó a todos los que cometieron deslices y fueron objeto de denuncias de corrupción. ¿Qué piensa de eso?

Creo que el PT aún le debe al país una investigación rigurosa de todo lo que sucedió. La cuestión no es inculpar personas sino investigar responsabilidades.

¿Cree que el PT terminó, como partido transformador de la realidad brasileña, o aún tiene chances de rescatar las banderas que lo convirtieron en el mayor partido de la izquierda de América Latina?

Una de las tendencias del PT, el Campo Mayoritario –que ahora no es más hegemónica en la dirección del partido– se dejó picar por la mosca azul. Es lo que analizo en mi libro. Pero el PT es mucho más que esa corriente. Tiene 860 mil afiliados. Creo que el PT puede recuperarse, porque jamás sobrevivirá como un partido socialdemócrata. Si no es el canal de las transformaciones sociales y la expresión político-partidaria de los más pobres, el PT no tendrá futuro, o quedará como el PTB (partido laborista liderado por Leonel Brizola), un partido de alquiler, completamente desfigurado respecto de sus orígenes políticos e históricos.

Se aproxima una elección presidencial y una campaña con características salvajes, o sea con acusaciones mutuas entre el PT y el PSDB/pfl, con parte de la opinión pública encontrando que ambos tienen razón. Usted ha dicho que va a votar por Lula, pero ¿va a participar en la campaña por la reelección de Lula, aun si repite las alianzas con partidos conservadores y de derecha?

Votaré a Lula, pero espero que su campaña presente un proyecto consistente de cambios sociales y, sobre todo, una política económica vinculada a las demandas sociales y no a la inversa. En Mosca azul analizo cómo los partidos que hacen alianzas espurias acaban siendo víctimas de sus adversarios históricos que se muestran como compañeros ocasionales. Espero que el PT no repita la película que terminó en tragedia ética.

¿Cree que las transformaciones que Brasil necesita para mejorar las condiciones de vida de la gente pasan sólo por la vía institucional?

También abordo ese tema en el libro. No hay condiciones para cambios por vías no institucionales. Pero tampoco habrá avances sin el fortalecimiento del movimiento, de la sociedad civil organizada. Un poder necesita siempre la contraposición de otro poder, porque en caso contrario comete abusos y desvíos. Es ese poder popular el objeto de mi libro y el sujeto de la democracia real.

¿Cree que un eventual segundo mandato de Lula tendrá condiciones para cumplir las promesas de la campaña, desvinculándose del capital financiero y realizando una política económica con otros moldes que la actual?


Va a depender de la presión de los movimientos sociales. El gobierno sólo responde a las presiones. Si el gobierno se mantiene desvinculado de sus bases populares, es posible que se repita esa contradicción de un programa social avanzado contenido por una política económica conservadora, para la cual la responsabilidad fiscal no debe tener como contrapartida la responsabilidad social.

Algunos analistas han dicho que el gobierno de Lula estaría viviendo una gran contradicción entre su política exterior y la interior, pero que en algún momento el gobierno deberá optar.

Las contradicciones son muchas, como ocurrió con François Mitterrand en Francia y, a mi modo de ver, ocurrirá con Michele Bachelet en Chile. Hoy los partidos socialdemócratas como el PSDB son de hecho conservadores, retrógrados, y los de izquierda, como el PT, el PCB, son socialdemócratas. De izquierda son Fidel Castro, Hugo Chávez y, espero, Evo Morales. Tabaré Vázquez y Lula caminan sobre el filo de la navaja.

Usted está acompañando los acontecimientos en América Latina, la elección de Morales, el avance de la revolución bolivariana, los avances de los movimientos populares en Ecuador, Perú y Nicaragua, entre otros, y la moderación de ciertos gobiernos como en Uruguay. ¿Cómo analiza el cuadro actual en el continente?

Hoy el Norte es el Sur. Es aquí en América Latina donde la democracia está dando un salto de calidad. Fatigado con el neoliberalismo, el electorado vota gobiernos populares, que la derecha caracteriza como populistas. Es claro que la coyuntura no siempre permite que lo deseable se torne posible. Pero creo que hay avances considerables, como el rescate del MERCOSUR y el entendimiento entre los gobiernos de la región. El desafío es que el movimiento social aumente su poder para forzar a los gobiernos populares a ser coherentes con sus programas de campaña.