¡ESTO VA BIEN!

6 de diciembre del 2004

 

 

¡Esto va bien!, son las últimas palabras pronunciadas por el Lugarteniente General Antonio Maceo, atribuidas a él por el General José Miró Argenter, Jefe de su Estado Mayor, instantes antes de que una bala se encontrara con su rostro y le quitara la vida, en el combate de la finca San Pedro, en el territorio de Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896, hizo ayer 108 años.

 

En aquellos momentos cruciales de la última de nuestras guerras de independencia de España, al General Antonio se le había responsabilizado con las más importantes tareas  en la lucha de los cubanos por obtener su independencia. Junto con el General en Jefe, Máximo Gómez, el Mayor General Antonio Maceo, hacía once meses, habían realizado la Campaña de la Invasión, uno de los hechos más extraordinarios en los anales militares de la América, levantando en armas a todo un pueblo contra el despotismo español de un extremo a otro de la Isla. Maceo, además, en aquel momento, era el más esclarecido dirigente político de la tradición radical del movimiento independentista cubano. Su muerte en combate en aquellos momentos fue de excepcional importancia en el desarrollo de la guerra, así como de fatídicas consecuencias para lograr una sociedad republicana más justa, después de obtenida la independencia, a la que aspiraba la inmensa mayoría del pueblo cubano, y por la que murieron decenas de miles de soldados del Ejército Libertador en el decurso de todos los largos años de guerra.

 

La lucha por establecer esa sociedad más justa no se libraba solamente en contra del despotismo español, sino también, en contra de los prejuicios de clase, entre estos principalmente el racismo y concepciones políticas y sociales reaccionarias, mantenidas por ilustres patriotas cubanos, dirigentes principales del independentismo. Dentro de los estrechos límites de la disciplina militar, e invariablemente respetando las leyes, el General Maceo siempre defendió sus derechos de los ruines ataques, por ser negro y de extracción social humilde, a que era sujeto por parte de ese sector retrógrado del independentismo.

 

Ninguna oportunidad mejor de la que ofrece esta luctuosa fecha para volver a dejar constancia de su rectitud y lucidez como hombre político, que citando un extracto de la carta enviada por el General Maceo, en septiembre de 1895, a Salvador Cisneros Betancourt, quien en dos ocasiones fuera presidente de la República en Armas, en respuesta a una carta de este a Maceo, y con motivo de desgraciados comentarios que sobre su proceder y motivaciones, habían llegado a oídos del General, mantenían Cisneros y la camarilla que lo rodeaba. Para que se tenga mejor idea de lo que se trata, citaré una línea de una carta anterior de Cisneros a Tomás Estrada Palma en la que se refiere al General Maceo así: “Me temo que la hormiga quiere criar mucha ala y esta ambición desmedida nos da mucho que hacer.”  

 

El General le escribe en contesta a Cisneros: “Los incapaces de un proceder lícito y llano, siempre suponen a los demás manejándose mal con intriguillas vergonzosas e impropias de hombres que se estiman. Los compadezco porque no han tenido bastante fuerza de voluntad para sobreponerse a sus pasiones y delirios de mando. (…)

Maliciosamente se empeñan en suponerme ambicionando lo que otros aspiran con desmedido desenfreno, individuos con menos títulos y derechos que yo para pretenderlo todo; pero como mi deseo es contribuir al bien de mi causa por cuantos medios pueda emplear, nada de eso me ha preocupado. Siempre he dicho que todo lo que ambiciono es hacer daño al enemigo común, y eso lo conseguiré aunque mis adversarios se opongan.

 

(…) Entiendo que la salud de la patria está por encima de todo, y a ello me atengo.  Ahora bien, cuando Ud. dice que yo debo esperar a que me den, debo significarle que su oferta está buena para los que mendigan puestos, o para las personas que no sepan conquistarse con sus propios esfuerzos el que deban desempeñar en la vida pública, por lo que le suplico no olvide mis condiciones de hombre de este temperamento si en otra ocasión se le ocurre hablarme de puestos y destinos que nunca he solicitado, pues como usted sabe tengo la satisfacción de no haber desempeñado ninguno por favor; al contrario, con oposición manifiesta hasta para lo más insignificante. La humildad de mi cuna me impidió colocarme desde un principio a la altura de otros, que nacieron siendo Jefes de la Revolución.  Quizás por eso usted se cree autorizado para suponer que me halaga con lo que indica me tocará en el reparto.

 

Sirviéndole con cariño y afecto los consejos de cordura prudencia para llegar a ser todo lo que pueda en mi tierra, me permito la libertad de aconsejarle que principie por no dar señales de localismo, sino ejemplo de civismo, despojándose de todo el ropaje de la colonia para el bien de nuestra futura soberanía nacional, circunstancia que le elevará un tanto más: que prestigio y gloria tiene usted adquiridos, por justo mérito.”

 

Coincide esta fecha con una nueva ofensiva del gobierno de los Estados Unidos en su inalterable propósito de destruir la independencia y las libertades del pueblo cubano. Por eso, y porque es lección de un insigne maestro la cual siempre debemos tener presente, considero a propósito, para cerrar esta nota, citar de la alocución postrera del General Maceo dirigida a los Jefes del Ejército Libertador, con fecha de 29 de octubre de 1896, seis semanas antes de su muerte, conocida por el nombre de “Alocución a Jefes de Fuerzas”, que, además, justamente concuerda con sus últimas palabras mencionadas al comienzo.

 

“…Del triunfo de nuestras armas nadie tiene duda; los españoles más intransigentes están convencidos de ello. Pero las naciones mal gobernadas no pueden resolver su situación política con la precisión de los países bien dirigidos y mejor administrados. Cuando el gobierno de España tenga mayor número de tropas en Cuba, más próximo estará el día de nuestra redención. ¿Qué ha hecho la nación española, con su aparatoso ejército y sus mejores generales, en veinte meses de campaña? ¿Ha conseguido someternos con sus doscientos mil hombres que tiene sobre las armas? ¿Nos ha impedido llegar a los confines de la Isla? No, y mil veces no. El pabellón cubano ha recorrido todo el territorio, enarbolándose siempre en los puntos de mayor peligro, que parecían más difíciles de ser dominados por nuestras armas. ¿Cree usted que es buena perspectiva para la codicia española, la total destrucción de la riqueza del país? Acabada ésta ¿cree usted que le será fácil la explotación de los cubanos y el sostenimiento de su ejército?(...) ¿Debe suponerse que un país vejado con sangre inocente, humillado con tantos latrocinios y crímenes sociales le intimide ninguna situación, cuando puede hacer de esta tierra un lago inmenso de sangre española para coronar su triunfo definitivo? ¿Quién no sabe que tenemos elementos de sobra para combatir y vencer en una guerra de veinte años?

 

Esta es la resolución de todo el país cubano, es la única idea que germina en nuestros corazones de sobra ofendidos en nuestra dignidad y amor propio. Cualesquiera que sean nuestros sacrificios por la independencia, y la suerte que nos esté reservada en lo porvenir, por mala que ésta sea, es preferible resignarse a ella a seguir pasando por la deshonra de ser gobernados por gente indigna y de extraña tierra.  Como yo, piensan todos los cubanos que tienen vergüenza. ¡Patria y Libertad!” fin