El referendum que falta

Andrés Soliz Rada

 

 
El periódico “El Deber”, de Santa Cruz, del 18 de junio último, publica una nota del docente de la Universidad Autónoma “Gabriel René Moreno” (UAGRM), José Sánchez Hervas, quien relata que las cadenas de televisión transmitieron una reunión del Consejo Preautonómico de su departamento, en la que muchos mostraban su alegría por ese acontecimiento, en tanto un grupo, encabezado por el Presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), José Céspedes, vociferaba a voz en cuello la consigna “¡independencia!, ¡independencia!”

Sánchez Hervas, al respaldar las aspiraciones autonómicas, hace notar que Céspedes es el dirigente máximo de uno de los gremios económicos más poderosos de Santa Cruz, cuyo amor al dinero, dice, es superior a los intereses de su país, para luego añadir que esas conductas ocasionan el recelo que despierta la propuesta autonómica en otras regiones de la República. El docente universitario reitera su apoyo a una autonomía que combata la corrupción de cuello blanco, que corrija los males del centralismo nacional y de las capitales de provincia, que defienda la propiedad originada en el trabajo, que combata la adquisiciones deshonestas, que permita, en fin, el acceso a la tierra a ricos y pobres y que corte el negocio a los traficantes de tierras.

A las preocupaciones del digno cruceño y boliviano, añadimos que la CAO forma parte de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz (FEPSC), integrada también por las influyentes transnacionales petroleras, como Repsol, British Gas, Petrobrás, Total y Maxus, convertidas en usina de las consignas separatistas. De manera paralela, la página Web, de la “Nación Camba” indica que la consigna autonomista es insuficiente y que ha llegado el momento de plantear, como Céspedes, la desmembración del país. El vocero de esta organización es el médico Carlos Dabdou, candidato a la prefectura cruceña. La “Nación Camba” pretende reclamar a Naciones Unidas la “autodeterminación de los pueblos” y distorsiona la conciencia nacional mediante el control que tiene sobre los medios de comunicación más influyentes del país.

Los separatistas del Oriente se nutren del fundamentalismo aymara de Felipe Quispe y Germán Choque Huanca, partidarios del retorno al Tahuantinsuyo, de expulsar a los mestizos del territorio nacional y de enarbolar la “whipala” (bandera indígena) en reemplazo de la tricolor nacional. Choque Huanca exhibió sus actitudes histriónicas en el Parlamento al arrancar las páginas de la Constitución Política del Estado y mofarse del himno nacional. La consigna de “República Aymara” es profundamente retrógrada porque confina a los aymaras a las provincias altiplánicas, al negarles el derecho a vivir en cualquier punto de territorio nacional, porque ignora que las culturas son dinámicas y porque sabe que los abismos étnicos y regionales impedirán conformar el Movimiento Patriótico que requiere el país para recuperar sus empresas estratégicas y construir un país sin exclusiones y con justicia social. Las petroleras y los separatistas del Oriente y Occidente coinciden en sabotear cualquier intento de unir al país bajo las banderas de un renovado Movimiento Patriótico.

Frente a los Céspedes y dirigentes de la “Nación Camba”, cuya vanguardia es la militarizada “Unión Juvenil Cruceñista”, tan hermanados con los Quispe y Choque Huanca, consideramos que, antes de las elecciones para renovar a los Poderes Ejecutivo y Judicial, elegir prefectos y aprobar autonomías departamentales, se impone un referéndum mucho más importante, resumido en la siguiente pregunta: ¿Está usted de acuerdo en que Bolivia continúe existiendo como República independiente y soberana?

Si gana el NO que postulan los separatistas y los fundamentalistas, habrá que admitir que Bolivia será borrada del mapa, como anunció el norteamericano Mikael Falcoff, asesor del vicepresidente norteamericano Dick Cheney, así como voceros de las petroleras incrustados en las oligarquías de Brasil, Chile y Argentina. Todos interesados en estrangularnos con el anillo energético. Por el contrario, en caso de ganar el SI, el que saldrá triunfante, estamos seguros, con el 99 % de los votantes, habrá llegado el momento de hacer respetar, por medios legales y democráticos, la integridad de la única Patria que tenemos.


Rebelión