de la Isla/areítodigital
                      OTOÑO   2004 - - AÑO XXX - - TERCERA ÉPOCA

Con Ernesto, de Argentina a La Habana

María Matienzo | La Jiribilla | La Habana

La premier, aquí en La Habana, de Diarios de Motocicleta, era esperada por la ciudad entera. El martes 15 a las ocho de la noche se alumbró la entrada del cine Charles Chaplin para el gran estreno; en el que los fotógrafos acechaban buenas imágenes de las esperadas presencias de los implicados en el filme.

Entre estos se encontraban los actores Gael García Bernal y Rodrigo de la Serna, visiblemente emocionados por la presentación en La Habana.

Aleida Guevara, hija del Comandante, confesó haber leído por primera vez el diario del joven Ernesto sin saber que se trataba de su padre (era un manuscrito).

Alberto Granados, amigo de la infancia y compañero del Che durante los ocho meses que narra Diarios de Motocicleta fue aclamado por sus palabras y por el regalo de su presencia.

Entre otros importantes intelectuales estaban en la sala Alfredo Guevara, Eusebio Leal, Eduardo Heras, Víctor Casaus, y el joven realizador Pavel Girot.

El público presente estaba conformado por jóvenes ávidos de conocer las facetas menos divulgadas de quien se convirtió por su altruismo extraordinario, y para siempre, en símbolo de liberación universal.

Confirmó el interés de la multitud el que muchos vieran la proyección de pie y que los aplausos finales fueran tan extensos como los créditos.

HABLANDO CON UNO DE LOS PROTAGONISTAS

Para Alberto Granados ha sido una fiesta observarse cincuenta años más joven en Diarios de Motocicleta. Pero lo más importante para él no ha sido verse representado por Rodrigo de la Serna, sino reencontrarse con su amigo Ernesto. Aunque ha declarado en reciente entrevista que al principio no logró ver al Che, “quizás por el poco parecido de Gael con Ernesto, a medida en que avanzaba la trama vi cómo el actor se adueñaba de su personalidad”.


Gael Garcia Bernal

Petiso Granados, como lo llamaba el Che, nos ha llevado a un viaje más largo de lo que se puede narrar en 128 minutos de filme. Prefiere las fotos de Chinolope porque se le “parece más al Che que me gusta recordar, a aquel que decía burlón: “Les voy a decir un verso, pero no tengan miedo que no es de mi propia inspiración.”

Cuenta que lo cierto era “que nosotros queríamos conocer el mundo y a América, después nos dimos cuenta de que el mundo era muy grande”. En este sueño que venían amasando ambos amigos desde algún tiempo incluían “lugares que no podíamos dejar de conocer como los lagos del sur de Chile, Chuquicamata y las salitreras que era lo que más conocíamos de la exportación latinoamericana, así como el Lago Titicaca y el Amazonas”. Pero lo que no estaba en sus planes era encontrar que la realidad del indio latinoamericano fuera aún más cruda de lo que habían leído.

El viaje de Alberto Granados no se detuvo con su llegada a Cuba en 1960. Aquí fue fundador de las escuelas de Medicina de Santiago de Cuba y la de Ciencias Básicas y Preclínicas, Victoria de Girón. También es autor de importantes textos científicos y testimoniales. Estos últimos han servido para esclarecer cualquier tipo de tergiversación de la figura del Comandante.

Como el amigo del Che expresó a Granma, a propósito de una molesta e insidiosa insistencia de la televisión española: “Decían que el estado cubano ganaba millones haciendo pulóveres con su imagen (la del Che). Yo les repliqué que nadie se hace millonario de esa manera, que esa condición la alcanzan los capitalistas, los que venden armas, trafican drogas, los gobernantes que venden las riquezas de su patria. Pero persistían. Hasta que les espeté: "sabiendo como era el Che, si estuviera encima de los senos de una hermosa mulata, estaría mucho más contento que en una estatua para que lo caguen los pájaros". Enseguida cortaron la transmisión y no se volvió a hablar del asunto.”

Pese a que no pudo asistir a la presentación de la película en el Festival Sundance, no solo por haber firmado en 1949 un manifiesto contra la bomba atómica, sino también por su mala fama ante los yanquis: “vivo hace 40 años en Cuba, era amigo de Che...” se presentó en Brasil y en Roma. Se puede afirmar que él es el hombre que más conoce sobre la vida de Ernesto Guevara de la Serna.

Por eso La Jiribilla, luego de proyectada la película en la sala Charles Chaplin, le ha pedido unas palabras en exclusiva.

“En la película lógicamente se dejaron de contar muchas cosas, pero lo esencial está. El espíritu —el mío y el de Ernesto— está muy bien reflejado tanto en la dirección de Walter como en la actuación de los dos jóvenes que nos representan".

"Yo no solo viví con él esos ocho meses, sigo viviendo ochenta años porque desde que lo conocí a sus catorce siempre fui su amigo. Ahora cuando tengo que definir entre lo que es bueno y lo que es malo, su recuerdo me ayuda.

A Ernesto también tengo que agradecerle el vivir en un país como este con un líder como Fidel.”

 


 

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