Contribución a un análisis marxista de la revolución boliviana

Julián Grimau

 

 

MARCO TEÓRICO

El marxismo NO es primariamente una ideología, sino la aplicación de un instrumento científico, el materialismo dialéctico, para el análisis de las relaciones y fuerzas sociales antagónicas de clase, a fin de proporcionar la estrategia adecuada en cada contexto histórico para la emancipación de los oprimidos. La suma del trabajo teórico y las experiencias pasadas, permiten una proyección coherente hacia la liberación, mediante la lógica dialéctica; es decir, huyendo de recetas universalmente válidas, utilizando un estudio comparativo, riguroso y no dogmático que determine el camino revolucionario a seguir en cada caso.

En este marco, el presente documento pretende comparar dos momentos históricos distintos, observando similitudes y diferencias: La situación en Rusia entre Febrero y Octubre de 1917 y la crisis de la actual sociedad boliviana. Una vez más se hace preciso reiterar que esta es una aproximación flexible que remarca también las desigualdades y, en ningún caso pretende imponer lo acontecido en el primer caso sobre el segundo. En este sentido, otros análisis comparativos son necesarios, siempre que ayuden a comprender la encrucijada de Bolivia y a dar las claves para su resolución a favor de las clases sociales oprimidas.



MARCO HISTÓRICO

El 27 de febrero de 1917, una insurrección popular depone al sangriento zar Nicolás II, instaurando un Gobierno Provisional en manos de la burguesía y la pequeña burguesía, apoyados por social-revolucionarios y mencheviques. El 3 de Abril Lenin regresa del exilio y redacta sus “Tesis de Abril”, donde expone la verdadera naturaleza de ese gobierno y traza la línea a seguir en los próximos meses.

En Octubre de 2003, una revuelta popular en Bolivia expulsa a Gonzalo Sánchez de Lozada, represor, corrupto y responsable de las leyes de “capitalizaciones” que venden el país al mejor postor y sumen al pueblo en la miseria. El vicepresidente Carlos Mesa, con apoyo explícito de los reformistas del Movimiento al Socialismo (MAS), asume, pero, viéndose atrapado entre las presiones de la oligarquía entreguista y los movimientos sociales radicalizados, dimite. Se instaura un Gobierno de Transición dirigido por el Presidente del Tribunal Supremo Eduardo Rodríguez, en Junio de 2005.

¿Qué es similar y distinto en ambos contextos históricos? ¿Cuáles son las claves para la transformación revolucionaria de Bolivia?
 


1.- COMPOSICIÓN POLÍTICO-SOCIAL

En la Rusia del 17, el estrato social dominante estaba compuesto por el zar y su aristocracia, sometidos al capital extranjero y guerras de rapiña. Desplazados estos, la burguesía, pequeña pero incipiente, intenta mantener su privilegio a través del Parlamento liberal (Duma), con la aprobación esperanzada del sector popular. El trabajo perseverante de los bolcheviques demostró la imposibilidad de confiar en sus promesas y la necesidad de instaurar el Gobierno Obrero-Campesino. Muchos pretendidos izquierdistas arguyen la nula participación del campesinado, olvidando el papel vital jugado en la Revolución por los soldados, en su mayoría campesinos utilizados como carne de cañón por el régimen zarista.

En el caso de Bolivia, el opresor externo es un sistema imperialista, heredero del colonialismo, que hoy saquea el gas y la mano de obra barata, como ayer hizo con la plata, el estaño y los esclavos. En un país donde una tercera parte vive en extrema pobreza y otra tercera al límite de la misma, la clase media y la pequeña burguesía independiente es escasa. La opresión interna proviene de una “lumpenburguesía” oligarca, que a menudo funciona como simple gestora del capital foráneo. Ante la dificultad del Parlamento para hacer una defensa decidida de sus intereses, esta oligarquía enarbola el discurso artificial de la autonomía, para mantener su privilegio en el tradicional feudo de Santa Cruz.

El campo popular se compone de la masa obrera (vanguardia minera, gremios de comerciantes, maestros empobrecidos,...) y el inmenso grupo del campesinado, ambos organizados a través de una gran red de movimientos sociales. Estos fueron fragmentados en los años 80 y 90, mediante la regionalización de sus demandas para beneficio de la élite criolla de exclusividad parlamentaria. Sólo en los últimos tiempos se corrige ligeramente esta fragmentación.

Pero un poderoso agente social, no existente en el caso soviético, resurge con ímpetu en Bolivia. Los pueblos indígenas originarios, con sus demandas de identidad, autogobierno y autogestión territorial.



2.- LUCHA ANTI-IMPERIALISTA

El imperialismo NO es una agresión militar de un país poderoso a uno débil, sino un complejo sistema de capitalismo avanzado que ejerce la opresión de clase a nivel internacional, afectando todas las esferas de la vida de los pueblos. Sin entrar en las cifras que Lenin proporciona en sus estudios, podemos decir que el imperialismo económico y social causó niveles de miseria y explotación similares a los de la actual Bolivia. Lejos de los argumentos de Lvov y demás oportunistas del Gobierno Provisional sobre el “defensismo revolucionario”, Rusia se enfrentaba a una guerra imperialista de carácter anexionista (PGM). Su paralelo boliviano se refleja en las tensiones militares con Chile y, en la amenaza velada de los ejercicios conjuntos de las fuerzas armadas norteamericana y paraguaya en el Chaco, a escasos 250km de la frontera con Bolivia.

Una vez más, Bolivia presenta la peculiaridad de la lucha contra el imperialismo cultural, protagonizada por los pueblos originarios, que representan un clara mayoría. Esta es una rebelión contra 513 años de cosificación, que impiden el acceso a foros de decisión política e imponen modelos de consumo, educativos, organizativos e identitarios ajenos a la filosofía andina. Alguna de sus expresiones rupturistas se plasman en la exigencia de autodeterminación en estos campos. Por lo tanto, la realidad boliviana es una concreción actual de la lucha contra el imperialismo, en todas y cada una de las formas que este presenta: dominación económico-financiera, segregación social, control político por el aparato inversor transnacional, represión ideológico–cultural y eventual agresión militar.



3.- REVOLUCIÓN Y MOVIMIENTOS SOCIALES

El hecho que posibilitó el paso del socialdemócrata Gobierno Provisional al revolucionario Gobierno Obrero-.Campesino en la Unión Soviética, fue el fortalecimiento entre Febrero y Octubre de un poder paralelo extra-parlamentario. Fueron los soviets de diputados obreros, y el trabajo bolchevique en su seno, para “explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades de las masas”. Así, esta forma de gobierno embrionaria se consolidó hasta crear una dualidad de poder insostenible, de la que hablaremos más adelante.

En Bolivia, ante la inexistencia de un partido revolucionario unificador, los movimientos sociales juegan el papel que Lenin denominó “fábricas de estrategias” de poder. Su abanico incluye a organizaciones indígenas, campesinas y obreras, como Central Obrera Boliviana (COB), CSUTCB, Federación de Juntas Vecinales de El Alto, Asamblea del Pueblo Guaraní, Coordinadora del Gas, Federación Nacional Campesina,... Históricamente, esta resistencia fragmentada se caracterizó por estrategias defensivas de sus derechos, cada vez más sectorializados y corporativos, abandonando la dimensión política y nacional de las iniciativas obreras. Poco a poco, las estrategias defensivas agrarias contra la criminalización de la hoja de coca, cuajaron en movimientos con gran capacidad de movilización, pero sin proyecto político determinado ni fuerza de convocatoria nacional.

La “guerra del agua” (Abril 2000) y la “guerra del gas” (Febrero y Octubre 2003), consolidaron al movimiento indígena como el protagonista político de un clara lucha contra el imperialismo transnacional (Bechtel, Aguas del Tunari, Aguas del Illimani, Repsol-YPF, BP, British Gas,...) Este fue un salto cualitativo, desde la reacción social a los ataques del estado neoliberal, hacia la acción consciente para la erradicación del mismo.

La tercera fase de esta lucha (movilización por la recuperación de los hidrocarburos, Mayo-Junio 2005) presenta, una vez más, la acumulación espontánea de fuerzas que supera la capacidad de unidad organizativa. Ante un poder capitalista tambaleante, el poder popular en estado embrionario todavía no puede determinar que papel desempeñará: mecanismo de contención de la opresión de las élites, co-participador parlamentario en minoría (ej. Febrero 1917) o liderazgo revolucionario de un nuevo sistema a construir (ej. Octubre 1917).



4.- SOCIALDEMOCRACIA Y OPORTUNISMO

Cuando la correlación de fuerzas sitúa a una sociedad en una etapa pre-revolucionaria, resulta indispensable luchar contra los elementos reformistas u oportunistas, que pretenden mantener el status quo o reformarlo en su beneficio. En el periodo analizado, fue preciso desenmascarar la falacia del Gobierno Provisional y sus elementos socialdemócratas, kautskistas y social-chovinistas.

Si bien Bolivia tiene razones históricas para reclamar territorio y salida al mar, en los momentos en que la lucha social por la recuperación de los hidrocarburos incrementa, ciertos sectores exacerban el sentimiento del chovinismo nacionalista anti-chileno, para diluir en él el carácter de clase que tiene el alzamiento.

Otro paralelismo. Cuando Lenin sostuvo que había que luchar por un gobierno exclusivo de soviets de delegados obreros, Goldenberg y Plejánov le acusaron de “delirio febril” o de “enarbolar la bandera de la guerra civil en el seno de la democracia revolucionaria”, Cuando en Bolivia algunos sectores (sobre todo las direcciones de la FeJuVe de El Alto y la COB) hablaron de la toma del poder, o de la posible alianza de un sector del ejército con el pueblo, los nuevos mencheviques, comandados por Evo Morales, los tacharon de “locos” y “golpistas”.

El MAS y Evo representan este reformismo de carácter oportunista. Un movimiento regional que consigue su expansión debido a un plan de la derecha más reaccionaria, el MNR, que lo financió al pensar que no representaba peligro electoral alguno, para que acumulase parte de los votos de aquellos rivales que sí lo representaban (NFR y MIR). El plan de Sánchez Berzaín, mano derecha de Sánchez de Lozada, contó con el apoyo del embajador norteamericano Manuel Rocha. A partir de ese momento (elecciones 30 de junio 2002) el MAS intenta evitar la radicalización del sector cocalero, apuesta todo a la “vía electoral”, exige el “respeto constitucional”, denuncia posibles golpes de estado, apoya a Carlos Mesa y critica las movilizaciones sociales. Sólo se suma a estas últimas cuando el conjunto del campo popular lo ha hecho, y entiende que no tomar parte perjudicaría su rédito electoral. Ello se demostró en las fuertes protestas del mes de Mayo donde, en sólo cinco días, el MAS sostuvo cuatro diferentes posiciones sobre los hidrocarburos, según como fuese el panorama político.

Este oportunismo radical busca obsesivamente el voto de la clase media urbana como clave para el éxito, aunque para ello confunda o abiertamente traicione a su base campesina. Prueba de esto es que, ante la petición de las bases del MAS de realizar un frente con los sectores sociales (17/6/05), Morales se apresuró a anunciar un acercamiento de posible alianza con el MSM (partido reformista que se ha negado sistemáticamente a la nacionalización de los hidrocarburos).

A mediados de junio más del 40% de los bolivianos deseaba la clausura del Parlamento. El Presidente Rodríguez, Juan del Granado (MSM) y Evo Morales (MAS) ahogan la revolución inspirando vana confianza en la república parlamentaria burguesa. Representa la misma pequeña-burguesía edulcorada que Chjeídze, Steklov y Tsereteli, a los que los bolcheviques desenmascararon en esos meses de 1917, como única vía para avanzar en el poder de los consejos obreros, hacia la liberación.



5.- DEMANDAS

En el programa revolucionario de Abril, Lenin subrayaba la necesidad de confiscar y nacionalizar las haciendas de los terratenientes, para ponerlas en manos de los soviets de diputados agrarios.

La consigna unificadora de la nacionalización, o más bien de la recuperación del gas boliviano, permanece carente de profundidad y concreción analítica. Los contratos de cesión a las multinacionales fueron firmados en Miami, en inglés y a espaldas de los bolivianos. Son ilegales, tanto como las leyes de exención fiscal a las empresas inversoras, la no compensación por la toma de tierras nativas,... El monto de lo robado extra-judicialmente supera el precio de la tecnología desplegada, por lo que la expropiación sin compensación es legítima.

Pero dicha recuperación requiere que su gestión y administración este en manos de los trabajadores, y no del Estado pro-oligárquico; de lo contrario, en lugar de la explotación directa, el gobierno corrupto intermediaria en la gestión del saqueo multinacional. Poco efecto tendría para el pueblo (como sucedió con la nacionalización de las minas bolivianas, 1952), a no ser que se genere un contra-poder popular como mecanismo democrático de la producción y administración de todos los recursos bolivianos. A la nacionalización, como avance hacia la planificación económica, ha de dársele un componente de clase, bien siendo controlada por asambleas de trabajadores o bien por el gobierno revolucionario de los mismos. La demanda en sí, debe ser entendida como un paso hacia la economía planificada, necesariamente acompañado de la articulación de macro-estructuras anti-capitalistas de trabajadores.

La creación de esta red interconectada de asambleas populares obreras, campesinas y de pueblos originarios es la única forma de hacer útil la segunda de las demandas: La Asamblea Constituyente. Ésta no puede basarse en delegados de partidos políticos, sino en representantes de cada sector mencionado, emanados del seno de cada asamblea popular. Conocedor y temeroso del revulsivo que este modelo de Asamblea Constituyente representa, el Gobierno de Transición la pospuso indefinidamente (exactamente igual que hiciera el gobierno ruso en 1917). Tras varias semanas de caos en el Congreso, se ha visto obligado a fijar Julio de 2006 como la fecha para su celebración, bajo la fuerte presión social.

El tercer tema pendiente, las autonomías, tiene dos vertientes opuestas. La sostenida por la oligarquía como respuesta al conflicto, que busca la autonomía segregacionista como mecanismo de defensa del privilegio, intentando exonerarse de responsabilidad colectiva, evitando la solidaridad económica y fiscal con las provincias más pobres. La oligarquía santacruceña, criollos hacendados y colonos extranjeros (sobre todo alemanes), ante la amenaza a sus intereses, se escudan en delirios de soberanía para protegerse de la rebelión. No obstante, no dudan en utilizar otros medios fuera de este discurso, como es el uso de grupos de choque racistas y fascistas (Unión Juvenil Cruceñista, Camisas Blancas, Falange Unzaguista,...).

La segunda vertiente es la del sector indígena rupturista, comandado por el Movimiento Indígena Pachacutik (MIP). Estos, no reclaman autonomía departamental dentro del Estado Boliviano, sino superar las fronteras impuestas y volver a la consolidación del Qullasuyu. Ello representaría la autodeterminación quechua, aymará y tupí-guaraní, para retornar a sus ancestrales sistemas de espiritualidad, educación, productivos y de representatividad. Pero, dados el sistema de producción comunal indígena, su cosmovisión armónica con la naturaleza y su división en comunidades de representación propia y rotativa, su filosofía no debiera ser contradictoria con las aspiraciones de la izquierda tradicional. De hecho, un diálogo profundo para sentar las bases comunes en todas las áreas, es esencial entre el eje revolucionario de clase y el eje revolucionario indígena.



6.- DUALIDAD DE PODER

La Revolución de 1917 retomó la experiencia democrática de los soviets de 1905, consolidando su existencia hasta la creación de una dualidad de poder en Rusia. Por un lado, el poder débil y emergente de estas asambleas de delgados obreros y, por otro, el poder oficial del Gobierno Provisional, mantenido gracias al pacto indirecto pero formal con los soviets. Este es el vínculo que imposibilitaba el derrocamiento de la socialdemocracia liberal. Entendiéndolo así, Lenin instó a la reestructuración del programa y tareas del Partido Comunista, para un trabajo denodado en el interior de los soviets. Como consecuencia, las asambleas de delegados obreros revitalizaron las ideas provenientes de la experiencia de la Comuna de París, entendiendo que la fuente de poder no emana de una ley, sino de la conquista revolucionaria del mismo. Una vez destruidas públicamente las tesis de los chovinistas como Plejánov y los “centristas” (que oscilan entre el marxismo y el chovinismo) como Kautsky, la dualidad sufrió un imparable desequilibrio a favor del polo obrero y campesino.

En Bolivia, los partidos tradicionales y conservadores intentarán que las posibles reformas que conlleven las elecciones y la Constituyente, se enmarquen en decisiones ejecutivas o de imagen política, sin afectar a la base estructural del sistema neoliberal imperialista. Los movimientos sociales deben aspirar justo a lo opuesto, a que la movilización sea el medio para transformarse en instrumentos políticos de lucha, herramientas capaces de retar la estructura sobre la que reposan todos los problemas del país. Es decir, luchar por la reafirmación de una dualidad de poder antagónica, que con la práctica se muestre insostenible y se vierta del lado de los oprimidos.

La construcción de la dualidad se refiere tanto a la relación de fuerzas entre revolucionarios y reaccionarios, como a la conquista del espacio físico vital. En este sentido las posibilidades de llegar al control político, pasan también por la construcción expansiva de dicho control de manera territorial, mediante espacios liberados. Algunas partes del norte del altiplano aymará y del Chapare, el Norte de Potosí y los distritos más radicalizados de El Alto, pudieran ser los escenarios iniciales de estos procesos históricos de construcción territorial del poder político de los movimientos sociales. Por ejemplo, cuando el corrupto Hormando Vaca Díez estuvo a punto de asumir la presidencia, además de una posible guerra civil, se planteó la posibilidad de que ciertas zonas como El Alto no le reconociesen e iniciasen el autogobierno de la ciudad.

Por lo tanto, de lo que se trata es de dar un segundo salto cualitativo en la lucha e implementar estrategias ofensivas extra-parlamentarias, que puedan conformar programas unitarios entre los agentes sociales. Un ejemplo es restándole espacio de acción al poder oficial, mediante la oferta de apoyo jurídico, médico, educativo o recreativo a los ciudadanos, gestionado por los propios movimientos sociales. Resolver los problemas básicos, como palanca para concienciar e implementar la participación política. La consolidación de redes de asambleas de trabajadores y campesinos medirá las posibilidades de un frente común de lucha “legal” contra los oligarcas en los comicios programados para el 4 de Diciembre. Pero, será la solidez de la estrategia extra-parlamentaria la que determine la dirección de la estrategia parlamentaria en cualquiera de los dos casos posibles:

1.- Fraude electoral de los conservadores, manipulación de la Asamblea Constituyente para minimizar su influencia, o anular su celebración. En cualquiera de estos casos la implantación territorial y organizativa de los movimientos, sería capaz de dar una respuesta inmediata y unitaria, con la posibilidad de toma del poder por medio insurreccional.

2.- Representación parlamentaria significativa de los trabajadores o transformación real en el marco de la Constituyente. En este caso, los representantes obreros y campesinos estarían sujetos, férreamente sometidos a la voluntad popular, siendo su trabajo no más que una expresión de ésta. El tejido social a desarrollar en los próximos meses funcionará como vacuna contra las tentaciones del oportunismo futuro.

Esta necesaria táctica de unidad se ha plasmado tarde en las pasadas movilizaciones de Mayo-Junio. La creación de la Asamblea Popular Originaria llegó el 6 de Junio, al final del conflicto directo, dejando su capacidad de influencia muy mermada. Este error habrá de evitarse de cara a las futuras e inevitables confrontaciones, empezando a preparar el instrumento de lucha político que pueda operar tanto en ámbito de la legalidad como fuera de ella.



7.- CONCLUSIONES

El problema boliviano es endémico y cíclico, ocasionado por la metodología despiadada del imperialismo. El saqueo histórico se ha producido mediante prebendas y sobornos a una minoría criolla, creando un conflicto de clase insoportable, debido a la aplastante pobreza estructural que el capitalismo no es, ni será capaz de resolver. Las condiciones objetivas para el cambio revolucionario son innegables.

La dominación económica a las mayorías es tan brutal, que su alzamiento no puede ser contenido mediante la dominación ideológica (alienación), favoreciendo un primer escenario de las condiciones subjetivas: el instinto de clase. Este se manifiesta periódicamente como resultado de crisis insalvables, orientado por necesidades materiales y factores psicológicos. Pero en los últimos cuatro años, coincidiendo con la mayor articulación de los movimientos, este instinto se está transformando en conciencia de clase con objetivos concretos, orientado por el entendimiento del conflicto de clases. Es por este motivo que la meta de la conquista del poder aparece en la escena política.

El fortalecimiento de la conciencia de clase, primero en las bases de las organizaciones, y luego en barrios, comunidades, centros de estudio, etc. es el primer factor de éxito. Habrá que luchar contra la dispersión de la dirección revolucionaria, creando ejes de trabajo y orgánicos urgentes. En las “Tesis de Abril”, Lenin ataca una de las excusas de la socialdemocracia para evitar el derrocamiento del régimen burgués: “El proletariado no está organizado, es débil, le falta conciencia”. Los dirigentes bolivianos están empezando a entender que la organización es creciente y, que la clave no es si el pueblo está o no preparado, sino en cómo y para qué se le está preparando.

Ninguno de los partidos tradicionales va a nacionalizar los hidrocarburos bolivianos, y esgrimen como razón la actual crisis económica de Bolivia. Una vez más, una de las excusas de Chjeídze, Tsereteli y Steklov para no derrocar a la burguesía era la amenaza de un crac económico, pero precisamente por esa razón se hacía urgente la eliminación de la clase opresora. Pero la Revolución de Octubre contaba con el apoyo armado de los soldados para llevarla a cabo. En el caso boliviano esa opción no es clara. Históricamente la policía se mantiene fiel al sistema, pero las Fuerzas Armadas en un país pobre de conscripción forzosa son susceptibles de fractura, debido a los jóvenes de origen humilde que engrosan sus filas. Por ejemplo, en Octubre de 2003 varios soldados fueron ejecutados por sus oficiales ante la negativa a disparar contra manifestantes desarmados. Ante la eventual necesidad de una estrategia insurreccional, evaluar la posibilidad del trabajo político con estos jóvenes, debiera ser más que una especulación.

A cinco meses para las elecciones generales y un año para la convocatoria a la Asamblea Constituyente, la vanguardia revolucionaria de los movimientos, los sindicalistas de la COB, han identificado la urgencia histórica de crear el instrumento político para el cambio con la antelación debida. En los próximos meses, están programados varios encuentros nacionales en los que se definirá el grado de cohesión de los movimientos sociales y las bases comunes para un eje programático transformador.

Por último, en el caso de una victoria popular (por cualquiera de las vías posibles) será imprescindible consolidarla en varios ámbitos:

- Llevando a cabo de forma inmediata las demandas que originaron el alzamiento (recuperación de recursos, gestión popular y transparente de los mismos, eliminación y/o reestructuración democrática de determinadas instituciones) .

- Garantizando la operatividad de las asambleas populares de trabajadores y campesinos, la subordinación de los representantes a sus decisiones, impedir el enriquecimiento de delegados. Combate fiero al oportunismo.

- Satisfaciendo necesidades alimenticias, educativas y de salud, mediante programas urgentes. Ello contribuirá a la definitiva alianza de los más pobres con el Gobierno Obrero-Campesino.

- Inmediata creación de un Ejército Popular comprometido con el proceso, cesando a los elementos fascistas y pro-oligárquicos existentes en el actual.

- Ante hipotéticas amenazas imperialistas de invasión militar, extorsión, bloqueo económico o guerra sucia, es imprescindible abrir con anticipación los canales que lo impidan. Esto ha de ser forzosamente creando alianzas a nivel continental, con aquellos que plantean modelos alternativos en la esfera social, política, comercial, económica y de cooperación, hoy representados fundamentalmente por la República de Cuba y la República Bolivariana de Venezuela. Esta última cuestión es fundamental para evitar revertir el proceso, para profundizarlo, pues no cabe duda de que ello tendría un efecto inmediato en Perú y Ecuador. Una alternativa basada en la cooperación de los pueblos, la independencia y el anti-imperialismo ya se está construyendo. Es imprescindible para la supervivencia en Bolivia de un modelo socialista que sus líderes piensen en plano continental, con la convicción de que se presenta la posibilidad histórica de conformar la unidad soberana y digna con la que soñaron Martí, Bolívar, Sandino y Guevara, entre muchos otros.

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!