XI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo

 

 

Tiempo para la reflexión y el cambio

 

Marianela González

 

 

Hace poco más de dos años, en febrero de 2007, especialistas de diferentes ramas de las ciencias económicas y sociales se reunían en La Habana para intercambiar sus percepciones en torno a los temas fundamentales que, por aquellos meses, definían el contexto internacional y las relaciones entre los países: concepciones y experiencias en los diseños de política económica y social, los Objetivos del Milenio, los entonces “nuevos actores” en la transformación socioeconómica, las economías emergentes, el panorama monetario y financiero internacional, las políticas comerciales, ciencia, tecnología e innovación, el efecto económico y social de las políticas neoliberales y los impactos del cambio climático.

Era la agenda del X Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, único de su tipo que cada dos años convoca a economistas, sociólogos, politólogos y representantes de organismos regionales e internacionales, a un debate en el que prima el compromiso con el análisis de los problemas económicos y sociales más acuciantes del momento, cualquiera que sean las posiciones de los delegados, con la intención de encontrar alternativas a las barreras para el desarrollo.

“Crisis” aún no era la palabra de orden. O al menos, no en primera instancia. No obstante, no pasaría mucho tiempo antes que el mundo entero comenzara a sentir como el engranaje de deudas creado y acumulado por bancos y agencias hipotecarias finalmente colapsó, iniciando la crisis financiera cuyo impacto y consecuencias son aún impredecibles. Desde mediados de 2007, “crisis” es lenguaje común.

Así, a nadie sorprende que en el XI Encuentro, desarrollado entre el 2 y el 6 de marzo en el Palacio de las Convenciones de La Habana, haya sido palabra de orden. Los 1 500 participantes de 52 países —entre ellos los Premios Nobel de Economía Robert Mundell, Edmund Phelps y Robert Engle— reconocieron como urgente la necesidad de esclarecer los verdaderos apellidos de la crisis: ¿financiera?, ¿económica?, ¿global?, ¿sistémica?... en momentos donde al trance financiero se unen crisis alimentarias, medioambientales y energéticas.

“Todas juntas constituyen una de las peores crisis sociales y humanitarias de la historia —concluyó el sociólogo Francois Houtart, uno de los máximos estudiosos de la Teoría de la Liberación.  La crisis financiera tan visible actualmente no solamente desemboca en una crisis económica global, con todas sus consecuencias sociales, sino que tiene vínculos estrechos con otras crisis porque tienen un origen común: la lógica de la organización capitalista de la economía.”

Junto a la definición de los verdaderos alcances de la crisis, la mayor parte de las intervenciones tuvieron como fondo el esclarecimiento del marco dentro del cual, según las diferentes posturas de los analistas, deben buscarse las soluciones: salidas capitalistas, poscapitalistas o socialistas, cooperativistas o de nacionalización.

Dentro de este tema, muchos panelistas apostaron su análisis en los movimientos sociales y sus posiciones ante la crisis, particularmente en América Latina. Según Atilio Borón —durante una década secretario general de CLACSO y hoy director del Programa de Educación a Distancia—, en el continente coexisten tres grandes áreas sociopolíticas: gobiernos de izquierda, de centroizquierda y de derecha, cada cual con distintas posturas respecto al origen de la crisis y a las medidas que deben implementarse.

En su ponencia “El nuevo escenario sociopolítico latinoamericano”, Borón explicó que “los gobiernos de izquierda comparten la creencia de que el capitalismo es el problema y no la solución, por lo cual versan sus aportes prácticos y teóricos en torno a la aplicación o renovación del proyecto socialista. Dichas naciones han limitado la expansión del capital y han puesto en marcha numerosos programas sociales, en los que la mayor parte de sus ciudadanos se sienten por primera vez reconocidos. (…) Por otro lado, la zona de centroizquierda se caracteriza por la idea de que la solución a la crisis se puede encontrar dentro del capitalismo, es decir, que el sistema es reformable en su estructura, aunque no en sus elementos periféricos. Son estos gobiernos los que a menudo se muestran pesimistas. Y por último está la derecha latinoamericana, la que otorga ciegamente la potestad al capital”.

No obstante, para los participantes en el Encuentro el tema de la integración latinoamericana pareció ser denominador común, como arquitectura necesaria ante la desintegración de los modelos hegemónicos. Según concluyeron varios ponentes, América Latina y el Caribe precisan acciones que vinculen los planos doméstico, regional y global en un todo, con el objetivo de lograr una respuesta eficaz a la actual crisis económica internacional.

“El continente debe tomar protagonismo en la reforma estructural que requiere la economía global, particularmente en los momentos que corren, y así elevar su presencia en la toma de decisiones respecto al tema en el ámbito mundial (…) Si en períodos anteriores las iniciativas de integración y cooperación intrarregional no llegaron a consolidarse, es el momento de fortalecerlas en todos los ámbitos, más allá de lo meramente económico, incluida la reactivación y concreción de propuestas para el establecimiento de fondos financieros regionales y arreglos de pagos entre países, obstáculos del pasado”, opinó Antonio Romero, director de Relaciones para la Integración y la Cooperación del Sistema Económico Latinoamericano (SELA).

En ese sentido, se insistió en la necesidad de estimular los vínculos de cooperación y el potencial de crecimiento, aumentar los gastos en innovación y apoyar las nuevas propuestas, como el recién creado Banco del ALBA.

El presidente de esta institución, Bernardo Álvarez, destacó que “el Banco acaba de surgir en un momento en que se discute cómo avanzar en un espacio económico propio y con una arquitectura diferente”. Igualmente, ofreció al auditorio una descripción de los principales lineamientos que constituyen sus prioridades: producción de alimentos, salud, educación, energía, medio ambiente y comunicaciones. “La nueva institución financiera —acotó— es concebida como un mecanismo democrático de toma de decisiones, porque cada país representado en esta entidad es un voto más allá del capital accionario y del aporte financiero con que haya contribuido”.

En otros temas, los panelistas discutieron el papel que los intelectuales y los medios de comunicación pueden desempeñar como vías de transmisión de ideas alternativas, en aras de una ciudadanía más clarividente ante el acoso de las trasnacionales de la información. El panel En defensa de la humanidad reunió a cuatro cientistas sociales que intercambiaron sus experiencias en relación con su propia realidad: Francois Houtart, Fundador de Tricontinental y Secretario Ejecutivo del Foro Mundial de Alternativas; Salim Lamrani, escritor y periodista francés, especialista en temas como la manipulación mediática y la relación entre los medios de comunicación y los derechos humanos; Atilio Borón, politólogo y secretario ejecutivo de CLACSO; y Jorge Ángel Hernández, presidente de la Asociación de Escritores y Artistas de Cuba en Villa Clara. Juntos, intercambiaron ideas y propuestas en relación con la forma de hacer más efectiva la integración entre los intelectuales de izquierda y la creación de redes mucho más extensas y activas ante el impacto de la crisis, mucho más críticas y audaces: “Los intelectuales, si no son comprometidos, no son creíbles; pero si no son críticos, no son útiles”, resumió Houtart.

 

En la jornada de clausura, los participantes redactaron el Mensaje del XI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, dirigido a la Asamblea General de Naciones Unidas como “foro único y legítimo” para tomar decisiones de la magnitud que requiere el actual contexto: 

 

“Es allí donde deberá promoverse una salida progresiva de la crisis que contemple: la solución de los desequilibrios globales tanto de naciones industrializadas, como de las denominadas economías emergentes; la revisión de la perversa distribución del ingreso a nivel internacional; la recuperación del papel del crédito en el fomento del desarrollo y la reestructuración de la institucionalidad comercial y financiera internacional en el marco de un rediseño del orden económico actual.” 

Demandas que hacen del XI Encuentro Internacional de Economistas  un organismo vivo, con reclamos y espíritu más allá de las siempre necesarias definiciones teóricas. Tiempos de reflexión y también de cambios

 

 

Tomado de La Jiribilla