Un regalo del Día de las Madres: 30 años después

 

 

Eduardo Santana Castellón y Raúl Álzaga Manresa

 

 

 

Su madre siempre lo despedía con un beso pidiéndole que se cuidara. Pero el amor de madre no fue suficiente para evitar que a pocas cuadras de su hogar y próximo al Día de las Madres, una bala terrorista destrozara el cráneo de su hijo de 25 años.

 

Desde entonces, durante los últimos 30 años Doña Idaena Varela Rodríguez ha pasado cada Día de las Madres esperando justicia por el asesinato de su hijo, Carlos Muñiz Valera, joven cubano-puertorriqueño que murió por tender puentes entre cubanos y promover una mejor relación entre Cuba y los Estados Unidos.

 

La esperanza muere al último, y las recientes declaraciones de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama de abrir canales de comunicación entre sus países; la decisión del presidente Obama de eliminar todas las restricciones de viaje a Cuba a los cubanos residentes en EE.UU.; así como la solicitud el año pasado al Presidente electo de EE.UU. del entonces Gobernador de Puerto Rico, Aníbal Acevedo Vilá, para que se esclarezca el asesinato de Carlos Muñiz Valera, le brindan un rayo de esperanza a Doña Idaena de que su hijo no murió en vano.

 

Con el objetivo de fomentar que se haga justicia, analizamos el asesinato perpetrado el 28 de abril de 1979, en Puerto Rico, y recordamos que el promover el terrorismo y permitir su impunidad finalmente se le revierte a todas las sociedades que buscan vivir en paz.

 

 

La Operación Peter Pan

 

En 1961, Doña Idaena, viuda, residente en la pequeña ciudad de Colón, Matanzas, Cuba, preocupada por a los rumores (falsos) de que el Gobierno Revolucionario cubano despojaría a los padres de la patria potestad sobre sus hijos, decide por el bienestar de ellos, enviar a Carlitos de ocho años de edad y a su hermana Miriam, a los Estados Unidos. Los rumores eran parte de la “Operación Peter Pan”, dirigida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en colusión con la Iglesia Católica, acto de “terrorismo emocional” en la guerra psicológica que libró EE.UU. contra Cuba desde el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959. Esto detonó el  éxodo de unos 14,000 niños de su país y provocó gran sufrimiento y el desgarramiento de miles de familias cubanas. Este fenómeno no tuvo precedente en el hemisferio, y fue de una magnitud similar al éxodo de los niños vascos durante la Guerra Civil Española o de los niños judíos en la Alemania Nazi, excepto que en este caso, el éxodo fue organizado y orquestado con bases falsas por un país extranjero.

 

Meses después, la madre viaja a Estados Unidos y logra ir a Puerto Rico con sus hijos. Carlos crece, y como alumno en la Universidad de Puerto Rico, participa activamente en la organización Juventud Independentista Universitaria, encabeza luchas obrero-estudiantiles, y apoya activamente al Partido Independentista Puertorriqueño.

 

A finales de 1973 Carlos se vincula con jóvenes cubanos que editan la innovadora revista Areíto y ocupa el cargo de coordinador de esa publicación en la isla. En 1977 participantes de la revista Areíto junto con otros cubanos emigrados crean la Brigada Antonio Maceo (BAM) que organiza contingentes a Cuba de jóvenes que como ellos fueron sacados de la isla cuando eran niños.

 

Estos jóvenes reclamaban el derecho de las familias cubanas a reunificarse después de década y media de separación y el derecho de los cubanos en el exterior a participar en la sociedad cubana bajo el principio de respeto a la soberanía de Cuba y su propio proceso revolucionario.  Areíto y la Brigada Antonio Maceo fueron las primeras manifestaciones en la emigración cubana de rompimiento con el discurso político dominante contrarrevolucionario que no reconoce la legitimidad de la Revolución cubana.

 

En 1978, como parte del proceso denominado “El Diálogo” entre el gobierno cubano y la emigración cubana, Carlos participa en los acuerdos para iniciar viajes a Cuba, y en el marco de este diálogo el gobierno cubano libera a casi 3 mil 500 reclusos políticos.

 

Así se abrieron agencias de viaje especializadas en ofrecer oportunidades de viajar a Cuba a cubanos residentes en el exterior y Carlos y su amigo Raúl Álzaga Manresa –co autor de este trabajo- crean la Agencia Viajes Varadero en Puerto Rico, fungiendo Carlos como director. Estos jóvenes de Areíto y la BAM nunca sospecharon que esta actividad  humanitaria y legítima de promover el diálogo e intercambio familiar con Cuba constituiría un mortal peligro para ellos.

 

 

Cubanos contrarrevolucionarios en el exilio

 

En la Florida, Nueva Jersey, Nueva York y Puerto Rico, operaban para esas fechas de forma clandestina todo un conjunto de organizaciones violentas de cubanos contrarrevolucionarios que habían sido entrenados por la CIA para realizar acciones de sabotaje y terrorismo contra Cuba (ver listado de organizaciones terroristas y sus atentados en todo el mundo en http://www.antiterroristas.cu).

 

Muchos de estos individuos, algunos con comprobado historial delictivo, representaban los sectores más nefastos de la dictadura de Fulgencio Batista derrocada por la Revolución Cubana. Desde estos estados participaron en acciones como la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) y la Operación Mangosta que fueron dirigidas desde la estación de inteligencia de la CIA JMWave ubicada en terrenos de la Universidad de Miami. En su momento JMWave fue la mayor estación de la CIA en el mundo, con más de 2000 cubanos y 600 estadounidenses en nómina y otros tantos asociados a diversas operaciones clandestinas. Operaba a través de decenas de empresas falsas que algunos consideran ayudaron a reactivar la economía del sur de la Florida.

 

Una vez que en 1960 John F. Kennedy ganara las elecciones presidenciales en  EE.UU., que en 1961 fracasara estrepitosamente el intento de invasión a Cuba por Playa Girón, y en 1962 se resolviera la Crisis de Octubre que llevó a la humanidad al borde de su primera guerra nuclear producto de la colocación por EE.UU. de misiles en Turquía y una acción similar por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en Cuba,  EE.UU. fue obligado a descartar su objetivo de invasión a Cuba y desmanteló muchos de los grupos clandestinos que había creado.

 

Sin embargo, continuó promoviendo acciones de sabotaje y terrorismo incluyendo intentos de asesinato del presidente de Cuba Fidel Castro. Además, fortaleció el bloqueo político-económico a la isla.

 

De esta forma, muchos elementos cubano-estadounidenses entrenados en terrorismo se fueron “por la libre” y organizaron negocios lucrativos (y en muchos casos fraudulentos) para recaudar fondos para “liberar” a Cuba y financiar sus acciones violentas contra ese país. Algunos se dedicaron al tráfico de drogas y de armas utilizando los vínculos que habían establecido cuando colaboraban con la CIA.

 

Los Estados Unidos toleraron las actividades de estos grupos debido a que coincidía con su política de destrucción del gobierno cubano y su deseo de que se mantuvieran en secreto las acciones turbias en las que habían participado antes con la CIA. También, los empezó a utilizar en sus guerras encubiertas contra movimientos de liberación en centro y sur América, e inclusive al interior de su propio país. (Todo este proceso ha sido documentado por el propio Congreso de los Estados Unidos y se puede consultar más a fondo en las páginas web sobre las audiencias del Congreso y el Archivo de Seguridad Nacional: http://www.gwu.edu/~nsarchiv/ http://www.gpoaccess.gov/chearings/index.html http://www.aarclibrary.org/publib/contents/church/contents_church_reports.htm).

 

Grupos como Omega 7, CORU, Alpha 66 y Abdala ejecutaron innumerables asesinatos y  atentados dinamiteros, incluyendo en 1976 la horrible explosión en pleno vuelo de un avión de pasajeros de Cubana de Aviación que despegaba de la isla de Barbados y causó la muerte a sus 73 pasajeros incluyendo el equipo nacional juvenil cubano de esgrima.

 

Simultáneamente, en este contexto de la Guerra Fría, aumenta en Puerto Rico la violencia política a causa de sus propios procesos sociales internos. El Partido Nuevo Progresista (PNP) de orientación derechista y cuya meta es la anexión de Puerto Rico a EE.UU. gana por primera vez las elecciones a gobernador en 1968 y se polariza el clima político, aumentando los actos violentos tanto de grupos independentistas como de grupos anexionistas.

 

El PNP pierde las elecciones en 1972, pero las gana nuevamente en 1976 con Carlos Romero Barceló como gobernador quien promueve, en colaboración con agencias del gobierno federal estadounidense, un programa de espionaje, hostigamiento y represión contra los sectores independentistas y socialistas puertorriqueños. Miembros de su partido participan en promover alianzas entre grupos puertorriqueños de derecha y grupos cubanos contrarrevolucionarios.

 

Es en este periodo que un cubano-estadounidense asesina en 1976 a Santiago Mari Pesquera, hijo del candidato a gobernador por el Partido Socialista Puertorriqueño, Juan Mari Bras. Los responsables intelectuales de este crimen aun siguen libres. Un análisis realizado por Raúl Álzaga de las más violentas agresiones terroristas en Puerto Rico entre 1959 y 2005 muestra que la gran mayoría de los 125 atentados con bombas, incendios y asesinatos ocurrieron entre 1970 y 1980.

 

Ese era el entorno en que se encontraban los jóvenes de Areíto y la Brigada Antonio Maceo cuando promovieron el diálogo con Cuba y cuestionaron la hegemonía de las organizaciones exiliadas que decidían lo que se podía decir o hacer en las comunidades cubanas. Las organizaciones violentas del exilio decidieron combatirlos ya que la normalización de las relaciones entre Cuba, su emigración y los EE.UU. implicaba el fin económico y político de sus proyectos.

 

Los integrantes de la revista Areíto y de la Brigada Antonio Maceo empezaron a ser intimidados por los medios de comunicación del exilio, a sufrir atentados, e inclusive  a ser ilegalmente vigilados y espiados por las agencias federales estadounidenses como el Buró Federal de Investigaciones y la CIA.

 

El semanario Réplica de Puerto Rico en su edición del 19 de mayo de 1977, les decía: “¡Qué asco dan estos jóvenes que desgraciadamente nacieron en Cuba y sus padres los llevaron al exilio!” La revista Crónica del 28 de septiembre de 1978, refiriéndose una reunión entre emigrados y las autoridades cubanas en La Habana, decía: “El tiempo les tiene reservado a estos cobardes su momento. Todo es cuestión de esperar... ellos pagarán por lo que han hecho.” Y en la edición del 14 de noviembre de 1978 aparece un encapuchado auto proclamándose “Comandante Zeta”, jefe militar del grupo Omega 7, declarando: “No permitiremos que el diálogo avance. Dinamita: es el único idioma con el que vamos a dialogar.” Pero El Diálogo avanzó.

 

 

Viajan los primeros emigrados y surge un mártir

 

El 21 de diciembre de 1978, el primer grupo de 85 cubanos viajó de Puerto Rico a Cuba vía Miami y Kingston, Jamaica. El interés en reencontrarse con la familia y con Cuba fue inaudito, tres mil cubanos de una población estimada de 22 mil viajaron a Cuba en solo los tres primeros meses del programa. Pero ya la suerte estaba echada; la falta de experiencia y el sentido de perennidad de su juventud no permitieron que Carlos y sus compañeros previeran lo que se aproximaba.

 

El 4 de enero 1979 explota la primera bomba en la Agencia Viajes Varadero. Se pasaba así de la intimidación periodística a la violencia terrorista. Ese día salió de Puerto Rico para Cuba el segundo grupo de emigrados cubanos compuesto por más de ochenta personas. En las páginas del periódico La Crónica se escribía: “En el día de ayer  fue colocado un artefacto explosivo que causó daños considerables [a la agencia de viajes] ... nuestras felicitaciones a los patriotas cubanos.” 

 

Entonces el 28 de abril siguiente cuando Carlos se dirige a la casa de su madre un coche lo impacta por detrás, luego se coloca a su lado y un sicario le dispara varias veces. Un tiro alcanza a penetrarle la cervical y Carlos pierde el control del auto, impacta el contén y se vuelca. Uno de los asesinos baja de su auto y a quemarropa le da un tiro de gracia. La amenaza había sido cumplida.

 

Dos días después, un tal “Comando Cero” llama a una estación de radio de Miami y se atribuye el asesinato mediante un comunicado que dice: "este sujeto despreciable nombrado Carlos Muñiz, es el primero en caer en esta conjura fidelista-americana, pero no el último...". En otro comunicado posterior, con fecha de 20 de mayo de 1979 difundido por Prensa Unida Internacional (UPI), dice: "Al pueblo de Puerto Rico en general y los cubanos en particular. En asamblea celebrada el 19 de mayo hemos determinado lo siguiente: 1) Nos oponemos abiertamente al restablecimiento de relaciones con Cuba y su dictadura. 2) Luchar eternamente contra la dictadura castrista. 3) Todo aquel cubano o puertorriqueño, al igual que americano que viaje a Cuba, no importa los fines para los cuales vaya lo consideramos nuestro enemigo. 4) Nos veremos en la obligación de juzgarlos al igual que hicimos con Muñiz Varela... Firma Comando Cero. Filial en toda la tierra libre."

 

La muerte de Carlos no satisfizo a los asesinos. Según documentos desclasificados del FBI  obtenidos bajo las leyes de transparencia de los EE.UU., apenas a un mes y medio del asesinato, elementos de la organización terrorista de la derecha cubana, CORU, (Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas) se reunían en la Florida para planificar el asesinato de Raúl Álzaga, quien tomó el lugar de Carlos en la dirección de la Agencia Viajes Varadero en Puerto Rico y junto con su amigo Ricardo Fraga dirigían la Brigada Antonio Maceo.

 

Los terroristas no llevaron a cabo el segundo asesinato, pero colocaron dos bombas adicionales en la Agencia de Viajes Varadero los días 26 de julio de 1979 y el 19 de enero de 1980. (Ver documentos relativos al asesinato de Muñiz Varela en http://verdadyjusticia.net/index.html). En los EE.UU. sí cumplieron la amenaza, perpetrando numerosos ataques con bombas y asesinando el 25 de noviembre de 1979, en Nueva Jersey frente a su hijo de 12 años, a Eulalio Negrín, líder de la comunidad cubana en ese estado y quien promovía el diálogo con Cuba.

 

En retrospectiva, era imposible que los grupos paramilitares de la derecha cubana no respondieran al reto que surgía ya que su supervivencia estaba en juego. La Revista Areito, la Brigada Antonio Maceo y el Diálogo representaron el primer gran rompimiento de la imagen monolítica de una comunidad cubana en el extranjero rabiosamente contrarrevolucionaria. Representaba una nueva opción dentro de un exilio que hasta entonces había sido controlado por grupos violentos derechistas que castigaban a todo aquel que se opusiera a su visión belicista hacia Cuba.

 

El Primer Contingente de la Brigada Antonio Maceo en 1977 con 55 jóvenes, entre los cuales se distinguió Carlos Muñiz, representó un parte-aguas en las relaciones de la nación cubana con su emigración. Aquellos muchachos de ese primer contingente, y los cientos que les siguieron en más de quince contingentes posteriores, elevaron el nivel de conciencia dentro y fuera de Cuba sobre el proceso migratorio y sobre lo que representó la separación y el desgarramiento de la familia cubana.

 

Era obvio que los viajes de la BAM a Cuba fomentarían cambios en las opiniones sobre Cuba en el extranjero, pero esos viajes también transformaron las percepciones dentro de Cuba sobre la emigración cubana. La nueva aceptación en Cuba de la emigración se cristalizó cuando el libro “Contra viento y marea” testimonio colectivo del grupo de la revista Areito sobre la experiencia del desarraigo, y el libro de poemas “Palabras Juntan Revolución” de Lourdes Casals, cubana emigrada residente en Nueva York, ganan el prestigioso premio Casa de Las Américas en La Habana en 1978 y 1981, respectivamente.  Por primera vez, los cubanos en el extranjero son reconocidos por su país, no como “desertores” de una revolución, sino como compatriotas viviendo un proceso diferente.

 

En este contexto Andrés Gómez, dirigente de la Brigada Antonio Maceo en Miami, recuerda las aportaciones de Carlos y manifiesta: “Carlos contribuyó hacia... uno de los mayores méritos de la Brigada: el desarrollar en Miami y en Puerto Rico un clima político más pluralista y participativo sobre temas relacionados con Cuba. La Brigada permitió que cubanos en el exterior se reinsertaran en el legado patriótico de su pueblo, con el honor y el privilegio de haber defendido, contra viento y marea, la soberanía, las libertades y el proceso revolucionario del pueblo cubano, desde los mismos lugares en donde dominan sus enemigos.” De ahí el asesinato de Carlos.

 

 

Encubrimiento del homicidio

 

La investigación sobre el asesinato de Carlos Muñiz fue un fracaso deliberado. Se perdieron u ocultaron pruebas, se modificó inmediatamente el lugar de los hechos evitando recopilar evidencia crucial, y las autoridades de gobierno emitieron declaraciones públicas sin fundamentos diciendo que el asesinato fue por motivos pasionales, comerciales o inclusive por encargo del gobierno cubano. El FBI también participó en la investigación pero le negó a la Policía de Puerto Rico la información y las pruebas que obtuvo.

 

Parecía que el crimen quedaría impune. Sin embargo, a los pocos años a través de diversas pesquisas periodísticas, documentos del FBI obtenidos por las leyes de transparencia, respuestas a interrogatorios policiacos, y las evidencias presentadas en juicios sobre corrupción en la Policía de Puerto Rico permitieron que saliera a la luz pública los nombres y motivos de los probables culpables del asesinato.

 

De especial valor fueron las vistas públicas realizadas en 1982, 1991 y 1992 por el Senado de Puerto Rico para esclarecer los asesinatos de Cerro Maravilla, ocurridos un año antes del asesinato de Carlos. En ese caso dos jóvenes independentistas puertorriqueños fueron convencidos por un agente policial encubierto para incendiar unas torres de comunicación. La Policía los estaba esperando, los capturan vivos y los fusilan desarmados.

 

Este caso conmovió al país y, junto con otros casos de corrupción policiaca, se conocieron los crímenes políticos cometidos por “Escuadrones de la Muerte” que operaban dentro de la Policía de Puerto Rico durante la administración del Gobernador Carlos Romero Barceló.

 

Producto de estas vistas se conoció un encubrimiento de alto nivel (incluyendo a la oficina del Gobernador de Puerto Rico, el Departamento de Justicia de los EE.UU. y el FBI) y se produjeron 50 cargos por asesinato, perjurio y obstrucción de justicia contra 14 policías, fiscales y funcionarios públicos. Cinco fiscales fueron suspendidos o separados de sus cargos. También se difundió información referente al caso de Carlos en las vistas públicas celebradas por la Comisión de lo Jurídico del Senado de Puerto Rico en 2002 donde los miembros de la Comisión de Verdad y la Justicia testificaron sobre los asesinatos de Carlos Muñiz Varela y Santiago Mari Pesquera.

 

Producto de estas indagaciones se pueden categorizar a los responsables del asesinato de Carlos en tres grupos: los conspiradores, los ejecutores y los encubridores.

 

Los probables conspiradores que contrataron el asesinato de Carlos fueron: José "Pepe" Manuel Canosa Rodríguez, Waldo Pimentel Amestoy y  Julio Labatut Escarra, quienes ya fallecieron de forma natural entre 2005 y 2007 sin que pudieran ser llevados ante la justicia.

 

Canosa fue el dueño del famoso restaurant Metropol en Puerto Rico, participó en la fallida invasión de Playa Girón y fue miembro en Cuba, durante la dictadura batistiana de la tenebrosa agencia policial el BRAC (Buró de Represión Anti-Comunista). Pimentel fue dueño en Puerto Rico de la tienda de lámparas Lumis, y anteriormente de Lámparas Quesada, donde nace el grupo clandestino terrorista "Los Amigos para la Democracia”. Labatut, fue dueño en Puerto Rico de la Floristería Florarte, y era amigo cercano del jefe del grupo secreto de asesinos que formaban parte de la Policía de Puerto Rico, el Teniente Coronel Alejo Maldonado. En Cuba había sido policía.

 

Los tres sospechosos de ejecutar el crimen aún viven y fueron identificados por el Gobernador de Puerto Rico en su carta a Barack Obama, son: José Dionisio Suárez (convicto por el asesinato en 1976, en Washington D.C., de Orlando Letelier, Ministro de Relaciones Exteriores de Chile durante el gobierno constitucional presidido por Salvador Allende, quien fuera indultado por el Presidente Bush, padre); Reynol Rodríguez González (actualmente jefe militar del grupo Alpha 66, y en la fecha del asesinato de Carlos era miembro del semanario La Crónica y jefe militar del grupo terrorista CORU). Algunos consideran que Reynol  pudiera ser el encapuchado Z. El tercero es Pedro Crispín Remón Rodríguez, con historial de colocar mas de una veintena de bombas en varias ciudades; ha sido señalado por el Jefe del grupo Omega 7 como el asesino del diplomático cubano ante Naciones Unidas, Félix García Rodríguez, asesinado en la ciudad de Nueva York en septiembre de 1980, y del emigrado promotor del Diálogo Eulalio José Negrín. Remón fue uno de los cuatro conspiradores –los cuatro terroristas de la extrema derecha cubana exilada- quienes intentaban hacer volar el Paraninfo de la Universidad de Panamá, durante los eventos de la X Cumbre Iberoamericana, cuando hubiera habido allí un acto donde hablaría el presidente Fidel Castro ante miles de alumnos, profesores y otros dignatarios.  Posteriormente todos fueron indultados por la ex presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, aparentemente a solicitud del gobierno estadounidense y por dinero de exiliados cubanos de Miami. Su indulto, realizado pocos días antes de concluir su mandato, fue declarado inconstitucional el año pasado por la Suprema Corte de Justicia de Panamá (ver información sobre ellos en http://www.cubaminrex.cu/Enfoques/terrorismo_contra%20cuba.htmn).

 

Los principales sospechosos del encubrimiento fueron dos policías y un senador puertorriqueños. El ex Teniente Coronel de la Policía de Puerto Rico, Alejo Maldonado Medina, líder de un “Excuadrón de la Muerte” que se dedicaba a robo, tráfico de drogas, secuestro, extorsión y asesinatos. Maldonado, junto con el ex-jefe Oficina de Homicidios de la Policía de Puerto Rico, Luis Ramos Grateroles, purgaron condenas de prisión por diversos crímenes no relacionados con el asesinato de Carlos. Basado en sus propias declaraciones, así como la de otros testigos, se sabe que ambos policías estuvieron al tanto del contrato para asesinar a Muñiz y de que policías encubiertos siguieron los movimientos de Carlos durante varios días antes de su asesinato.  Además, declaraciones juradas mencionan que fueron policías los responsables de destruir pruebas y desaparecer un vehículo utilizado en el homicidio. Se menciona al ex senador, Nicolás Nogueras (hijo), miembro del Partido Nuevo Progresista, como otra persona relacionada con el asesinato.  El ex senador estaba vinculado con sectores de la contrarrevolución cubana en Puerto Rico.  Nogueras fue acusado de evasión de impuestos y expulsado en 1996 del Senado de Puerto Rico.

 

 

 

¡Justicia! Clamor a 30 años del homicidio

 

El caso de Carlos Muñíz Varela continúa empantanado. No avanza a pesar de toda la nueva información que ha salido a la luz pública. Coinciden los expertos jurídicos que la clave está en la información que tiene en su poder el FBI. Esta situación llevó al entonces gobernador de Puerto Rico Aníbal Acevedo Vilá a enviarle un oficio al Presidente electo Barack Obama fechado el 15 de diciembre de 2008 en el cual manifiesta: “Han pasado casi 30 años desde el asesinato de Muñiz Varela y tres de los sospechosos conocidos han fallecido. Sin embargo, algunos sospechosos, incluyendo a José Dionisio Suárez, Pedro Crispín Remón y Reynol Rodríguez González, viven actualmente en los EE.UU.  Aún cuando el Departamento de Justicia del Estado Libre Asociado de Puerto Rico ha realizado la investigación con todas las diligencias requeridas, hay varias piezas de información faltantes para llevar a juicio a los sospechosos…. Aunque el director del FBI de Puerto Rico, Sr. Luis S. Fraticelli, le ha informado al Secretario de Justicia… que el FBI tiene en posesión información y evidencia que permitiría resolver el caso de Carlos Muñiz Varela y facilitar la condena de las personas responsables del crimen, el FBI aún no provee dicha información.”

 

En esencia, la carta del ex Gobernador de Puerto Rico añade al FBI como cuarto sospechoso de encubrimiento. Producto de este oficio, en febrero de este año el director del FBI en Puerto Rico, se comprometió públicamente a entregar a las autoridades judiciales "toda" la información en su poder relacionada al asesinato de Carlos Muñiz Varela. A la fecha los familiares de Carlos y la sociedad siguen en espera de esa entrega.

 

 

No olvidar es lo importante

 

Los demonios creados por la CIA andan sueltos. Es importante señalar la incongruencia política de los Estados Unidos, que por un lado declara una “guerra al terrorismo” y por otro lado lo promueve y ofrece impunidad para terroristas confesos.

 

Es particularmente lamentable el caso de los cinco patriotas cubanos: Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González que durante varios años penetraron como agentes encubiertos cubanos a organizaciones terroristas cubano-estadounidenses en la Florida y generaron información que ayudó a las autoridades cubanas a prevenir acciones violentas.  Los Cinco fueron arrestados en 1998 por el FBI, y en un juicio a todas luces irregular promovido por el gobierno de Bush se ignoró y tergiversó su labor. Actualmente llevan casi 11 años encarcelados en EE.UU. cumpliendo injustas y largas condenas.

 

El esclarecer el asesinato de Carlos y la explosión del avión civil de pasajeros de Cubana de Aviación en Barbados; el desmantelar el Bloqueo y las mafias terroristas de la Florida; el eliminar las cárceles donde se torturan a los prisioneros en la base naval de Guantánamo; y el corregir las injustas sentencias impuestas a los Cinco quiens luchaban contra el terrorismo surgido en la Florida no solo es necesario para brindar justicia y consuelo a los afectados y a sus familiares sino también es necesario para que el propio Estados Unidos (como fue con Alemania después de la II Guerra Mundial o Argentina y España después de sus dictaduras fascistas) recupere su dignidad y la confianza sus ciudadanos.

 

Esto solo se logra reconociendo y enfrentando el lamentable legado de haber fomentado el terrorismo y la violación a los derechos humanos durante la Guerra Fría y durante la pasada administración del presidente George W. Bush. No olvidar es necesario para sanar, pero es más necesario para no repetir.

 

Cuba, su provincias de Matanzas y la pequeña ciudad de Colón donde nació Carlos, no lo olvidan. Una escuela primaria y un centro de rehabilitación ortopédico llevan su nombre. Este año con motivo del 30 aniversario de su asesinato, en Colón, se develó una placa en su casa natal que la identifica como lugar histórico, y el pueblo le erigió un monumento a sus hijos caídos a causa del terrorismo, la lista la encabeza el nombre de  Carlos Muñiz Varela.

 

 

La deuda a Carlos y a su mamá

 

Declaraciones similares a las que le causaron la muerte al joven Carlos sobre la necesidad de la normalización de las relaciones entre los EE.UU. y Cuba son ahora vertidas por numerosos cubanos, puertorriqueños y estadounidenses, sin el peligro de correr su misma suerte. Eso se lo debemos a Carlos. De hecho, fueron también manifestadas en el mismo mes de abril de su asesinato, pero tres décadas después, por casi todos los presidentes de América Latina en la Cumbre de Las Américas en Trinidad y Tobago.

 

Carlos Muñiz Varela se entregó a las causas más justas de los dos pueblos hermanos a quienes se debía: el puertorriqueño, que lo formó, y el cubano que le dio vida.

 

Cuando mataron a Carlos, mataron al mensajero pero no mataron el mensaje. El mensaje de Carlos: mayor comunicación y buena voluntad entre los pueblos, respeto a la autodeterminación de los pueblos, fomento a la reunificación familiar y fin del Bloqueo estadounidense a Cuba, siguen vivos y ahora son miles los mensajeros que lo difunden.

 

 Los terroristas le regalaron a Doña Idaena para aquel Día de las Madres el asesinato de su hijo.  Esperemos que 30 años después, Doña Idaena reciba del gobierno de Barack Obama el regalo de justicia que tanto ha esperado.

 

 

A 10 de mayo de 2009 en Guadalajara, Jalisco, México, y San Juan, Puerto Rico.

 

 

 

Eduardo Santana Castellón es catedrático de la Universidad de Guadalajara, México, y  durante cinco años (1979-1983) fue miembro activo de la Brigada Antonio Maceo en Puerto Rico. Raúl Álzaga Manresa, es co-fundador de la revista Areito y de la Brigada Antonio Maceo. Es un asiduo colaborador de nuestra revista.  Es presidente de Viajes Varadero. Ambos hacen ocasionalmente contribuciones de opinión en medios de comunicación de Puerto Rico, Cuba, México y los Estados Unidos.