La política estadounidense en relación a Cuba, un caso de estrés post-diplomático

 

Robert Sandels y Nelson P. Valdés

 

 

Hace dieciocho años se desmoronó la Unión Soviética. Hace nueve años la República Popular China se convirtió en miembro de la Organización Mundial de Comercio (OMC) con las bendiciones del presidente Bill Clinton. Sin embargo, en los anquilosados círculos diplomáticos de Washington amanecen lentamente nuevas realidades. Ha sido sólo este mes cuando la secretaria de Estado Hillary Clinton ha accedido a dar marcha atrás a la expulsión en 1962 Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) [1].

Cuba había sido expulsada por confraternizar con la Unión Soviética y con la República Popular China, lo que llevó al Secretario General de la OEA Jose Miguel Insulza ha afirmar recientemente: “Uno de los países ha desaparecido y el otro está comprando muchos Bonos del Tesoro estadounidenses. Por favor, si se les va a excluir, que sea con un criterio mejor” [2].

El encuentro de la OEA celebrado el 2 y 3 de junio en San Pedro Sula, Honduras, levantó la expulsión pero ofreció a Clinton una oportunidad de salvar las apariencias al decidir que Cuba debía solicitar su readmisión. Esto permitió a Clinton afirmar que la OEA respaldaba las perpetuas exigencias estadounidenses de que Cuba haga concesiones sobre la celebración de elecciones, derechos humanos y capitalismo [3], aun cuando la nueva resolución no contenga requisitos especiales.

 

Sutilezas legales

Como no pudo destruir la revolución cubana en la Bahía de Cochinos en abril de 1961, el presidente John F. Kennedy se volvió a la OEA. Sin adoptar la descripción de Fidel Castro de la OEA como “el recogedor de toda la basura de 60 años de traición a los pueblos de América Latina” [4], no es sino una modesta exageración el afirmar que la invasión violó prácticamente cada una de las palabras de la Carta de la organización de 1948.

En términos estrictamente legales, era de esperar que los ministros de Asuntos Exteriores de la OEA reunidos en Punta del Este, Uruguay, en enero de 1962 emprendieran acciones contra Estados Unidos por la invasión. En vez de ello, expulsaron a la víctima de la invasión por sus asociaciones marxista-leninistas.

La resolución (Exclusión del actual gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano) declara que el gobierno de Cuba es “incompatible con los principios y objetivos del Sistema Inter-americano” [5]. Castro dijo que la cosa era al revés, que la OEA es incompatible con Cuba y América Latina [6], pero en vano.

Otra resolución urge a los miembros, “a la luz de la subversiva ofensiva de comunismo chino-soviético con la que está públicamente alineado el gobierno de Cuba, a emprender los pasos que consideren apropiados para su propia defensa individual y colectiva”.

La resolución de expulsión fue aprobada por 14 votos a favor, uno en contra (Cuba) y seis abstenciones. México y Ecuador, dos de los miembros que se abstuvieron, argumentaron que la Carta de la OEA no autorizaba la expulsión. Ni tampoco, por supuesto, la invasión armada de un Estado miembro, pero eso eran sutilezas legales. El lado estadounidense fue apoyado por Haití, que buscaba abiertamente una propina a cambio de su voto. Aparentemente, la dictadura haitiana de François Duvalier era compatible con los principios y objetivos del Sistema Interamericano.

Al mes siguiente Kennedy declaró el embargo contra Cuba. Basó cuidadosamente su autoridad para hacerlo en la cláusula que le daba permiso explícito “para emprender aquellos pasos que considere apropiados”, las mismas palabras exactamente por cuya obtención su gobierno había presionado y sobornado en el encuentro de Punta del Este [7]. Al carecer de esa cobertura legal parece que al presidente Barack Obama se le ha dejado un bloqueo que es ilegal incluso según la remendada y manipulada Carta de la OEA.

 

Hacer que cuadre la Carta

En realidad, en la Carta de 1948 no hay nada que apoye la afirmación de incompatibilidad, pero en los últimos años Estados Unidos ha persuadido a los miembros de la OEA para que ignoren la Carta y adopten un lenguaje adecuado para usarlo contra Cuba.

Ya desde principios de los noventa, Estados Unidos ha estado insistiendo en una agenda de la OEA que se concentre en la promoción de la democracia, el libre mercado, la guerra contra la droga y el terrorismo, los derechos humanos y la protección contra la agitación social. Es una agenda que está más en la línea de las políticas globales estadounidenses que de las preocupaciones de los demás miembros por la pobreza, el peso de la deuda, los términos desiguales del comercio y las desastrosas políticas neoliberales.

En 1992 Estados Unidos consiguió que la OEA enmendara la Carta para autorizar retroactivamente la expulsión de 1962. En 2001 la OEA adoptó la Carta Democrática, que seguía muy de cerca la fórmula del presidente George W Bush. A principios de ese año Bush anunció en la Cumbre de las Américas que la democracia y el libre mercado eran requisitos para ser miembro de la OEA. La Carta enmendada exigía también a los miembros celebrar periódicas elecciones miltipartidistas basadas en el sufragio universal. Esta exigencia condujo finalmente a la actual hipocresía estadounidense de condenar como peligroso populistas a los presidentes progresistas electos.

Revisando esta historia, Granma Internacional observó que Estados Unidos ha perfeccionado “a nivel del hemisferio una colección de instrumentos de intervención que se han usado esencialmente para impedir que los movimientos populares adquieran poder e influencia. Básicamente sirven como garantes del status quo capitalista como un instrumento de control sobre el continente por parte de Estados Unidos” [8].

Los delegados presentes en un encuentro de la OEA en 2003 acordaron una muy general Declaración sobre Seguridad que convertía la pobreza, los desastres naturales, las crisis económicas e incluso el SIDA en potenciales amenazas para Estados Unidos. Algunos delegados pensaron erróneamente que éstas eran amenazas para las personas que eran pobres o estaban enfermas, pero Estados Unidos prevaleció.

 

Como expulsar el populismo

Gran parte de esta preocupación por la seguridad nacional se basaba en el comprensible miedo a que la brutalidad de las políticas económicas neoliberales y del intervencionismo diera como resultado posible el descontento popular, contra el que Estados Unidos tendría que luchar con una respuesta multinacional.

Sin embargo, al año siguiente se rechazó al secretario de Defensa estadounidense Rumsfeld cuanto presionó a la OEA para que creara una fuerza militar regional con poder de intervención con el fin de proteger la economía de libre mercado del azote del “populismo”, un concepto amorfo que sugería que demasiada democracia electoral era algo peligroso.

De todos los rutinarios argumentos acerca de la democracia esgrimidos por los altos cargos estadounidenses para mantener a Cuba fuera de la OEA la versión de Roger Noriega probablemente sea la más cínica. Mientras era embajador estadounidense en la OEA en 2002, Noriega citó el intento fallido de derrocar al presidente electo de Venezuela Hugo Chávez en abril de aquel año como un ejemplo de la importancia de la democracia y de por qué era “impensable”permitir que la anti-democrática Cuba volviera a la OEA . Sin mencionar el papel desempeñado por la administración Bush en el intento de golpe o lo rápidamente que lo aprobó, Noriega afirmó que “la interrupción del orden democrático” en Venezuela demostraba la necesidad de vigilancia e incluso de una intervención según la Carta de la OEA para restaurar la democracia [9].

La administración Bush en realidad estaba pensado en una acción de la OEA en Venezuela, pero no para proteger la democracia sino para librarse del gobierno que la producía. Si se piensa en el golpe de abril como la Bahía de Cochinos venezolana, los siguientes pasos parecían ser análogos al uso que hizo Kennedy de una resolución de la OEA como una cobertura legal para otra agresión.

El plan de Bush de 2005 para garantizar una justificación legal de algunas acciones futuras contra Chávez bajo los auspicios de la OEA era el siguiente: primero, enviar a la secretaria de Estado Condoleezza Rice para que le dijera a Insulza que si quería ser Secretario General [de la OEA] primero debía pronunciar públicamente las palabras “los gobiernos elegidos democráticamente deben actuar “democráticamente”. Segundo, repetir la frase en todas partes como si no fuera de Rice. Tercero, conseguir que la OEA incluyera la frase en una resolución acerca de la necesidad de controlar los niveles de democracia en todas partes y de intervenir si estos caían bajo límites tolerables.

El tercer paso nunca se dio porque la OEA denunció la resolución de “tienen que gobernar democráticamente” en un encuentro en 2005 en Fuerte Lauderdale, Florida. La Declaración de Florida sólo resolvió fomentar la democracia y oponerse a la intervención [10].

El intento de Bush de reescribir la Carta que definía ciertos tipos de democracias como incompatibles con el Sistema Interamericano es un indicador del descenso hacia la intolerancia de la política estadounidense. Una cosa era suscitar el miedo a que una corriente chino-rusa barriera el hemisferio, todo a causa de Fidel Castro, pero otra es decir a los Estados de la OEA que sus democracias, simplemente, no son lo suficientemente buenas.

Cuando presentó sus argumentos a favor de la intervención contra gobiernos democráticos que no cumplieran con determinados criterios no específicos, la secretaria de Estado dijo a un entrevistador: “no creemos que lo que está ocurriendo en el hemisferio sea una escisión entre izquierda y derecha, sino que lo que hay es más bien una escisión entre aquellos que gobiernan democráticamente y aquellos que no [11].

¿No podía haber añadido otra escisión entre aquellos que gobiernan democráticamente y aquellos que gobiernan más democráticamente?

 

Una OEA inútil sin Estados Unidos*

El consenso alcanzado en San Pedro Sula señala a Estados Unidos dos direcciones. Siguiendo la iniciativa de los fanfarrones en el Congreso, Estados Unidos podía reducir o suprimir los fondos dedicados a la OEA que ascienden a la mitad de sus costos de funcionamiento. Esto podría llevar a lo que han sugerido algunos dirigentes latinoamericanos como Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa de Ecuador: una OEA sin Estados Unidos.

La otra solución, más acorde con el instinto de Obama para las soluciones totales, es que Estados Unidos dé la bienvenida a la vuelta a Cuba en la OEA confiando en la intención expresada por ésta de no volver nunca a ella. Quizá la Sra. Clinton podría pedir una resolución ordenando a Cuba de vuelta so pena de expulsión.

Sea cual sea el resultado, la administración Obama ha perdido el control de la OEA como mecanismo para promover sus políticas sobre Cuba y los Estados “populistas”. Esto es enormemente diferente de lo que a mediados de los sesenta parecía la incuestionable autoridad del anticastrismo estadounidense.

Cuando en 1996 combatientes cubanos derribaron dos aviones de Hermanos al Rescate, pareció que Estados Unidos tenía un interminable suministro de carburante para su invectiva contra Cuba. Con todo, incluso cuando Bill Clinton firmó la subsiguiente Ley Helms-Burton (un plan detallado para acabar con la revolución cubana) se habló de que la OEA iba a revocar la expulsión de Cuba de 1962.

El entonces Secretario General de la OEA, Cesar Gaviria, pensó que el derribo de los aviones hacía imposible la reconciliación con la OEA [12]. Aunque que el incidente pudo haber dado a las administraciones Clinton y Bush la impresión de que el derribo iba a volver a todos contra Cuba de una vez por todas, los miembros latinoamericanos de la OEA se centraron más en la naturaleza extraterritorial de la ley Helms-Burton y a finales de ese mismo año votaron unánimemente en favor de condenarla.

Aquella votación de 1996 marcó el inevitable fin del dominio de Estados Unidos sobre la organización trece años antes del encuentro en San Pedro Sula. Desde los años noventa Estados Unidos fue sufriendo continuas derrotas parlamentarias en la OEA. Estados Unidos no pudo conseguir la condena de Hugo Chávez, ni el apoyo contra la candidatura de Venezuela a un asiento en el Consejo de Seguridad, ni mayores sanciones multilaterales contra Cuba según el Plan de Asistencia a Cuba Libre de Bush y tampoco pudo instalar a su candidato, el ministro mexicano de Asuntos Exteriores Luis Ernesto Derbez, como Secretario General en 2005.

Por lo que se refiere a la expulsión, en 1998 el representante canadiense en la OEA Peter Boehm afirmó que el de Estados Unidos sería el único voto negativo si se votara la readmisión de Cuba [13].

Mientras subían las acciones de Cuba, la relevancia de la organización sufría un evidente declive. Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, pensó en 1998 que la OEA se estaba volviendo marginal. “Gaviria y sus socios reconocen que el único papel significativo que le queda a la OEA es gestionar el proceso del a Cumbre de las Américas y preparar la agenda y materiales para las sesiones” [14].

 

Fracasos de los sistemas

Lo que está ocurriendo a la OEA se debería considerar dentro del marco más amplio de los fracasos de los sistemas de política exterior. Cuando la Secretaria de Estado Clinton abandonó el encuentro en San Pedro Sula antes de perder una votación sobre Cuba ratificó la pérdida del control sobre la organización al tiempo que afirmaba haber logrado una victoria.

La cerrazón de la administración [estadounidense] en relación a Cuba, a los cambios que están teniendo lugar en América Latina y a su propio aislamiento puede ser un caso de estrés post-diplomático si se considera el fracaso de otros sistemas estadounidenses de control en los últimos años. América Latina ha rechazado el consenso neoliberal de Washington con sus destructivos programas de ajuste estructural del Banco Mundial/FMI. Esto ha contribuido a quitar de manos estadounidenses los mecanismos de derechos humanos de Naciones Unidas y a apoyar a Cuba y a otros Estados impopulares en Washington en una reformada Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Ésta ha exigido reformar el atávico Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y ha condenado reiteradamente el bloqueo estadounidense a Cuba.

Donde antes embajadores estadounidenses operaban como procónsules en la región hoy Estados “populistas”, como Boliva, los han expulsado. Se están proponiendo como alternativas a la OEA organizaciones multilaterales como la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que ayudaron a destruir el Free Trade Area of the Americas (FTAA, Área de Libre Comercio de las Américas ). Telesur amenaza con competir con CNN. Se está capitalizando el Banco del Sur para que actúe como una alternativa a las instituciones financieras multilaterales controladas por Estados Unidos. Cuba se está librando de Microsoft y empezando a exportar productos petrolíferos refinados, y Venezuela ha prohibido la Coca Cola Zero.

En vista de estas ruinas, parece que la administración Obama cree que esto se debía sólo a no haber prestado demasiada atención a la región, algo que se podría arreglar acudiendo a Cumbres y admitiendo “errores” ocasionalmente.

Para un nueva administración [estadounidense] (Obama) la solución al problema de Cuba debería haber sido sencilla: definir esa política como una curiosidad anquilosada y abandonarla. Sin embargo, esto no es posible porque la administración [estadounidense] no ha asumido los profundos cambios en las relaciones globales de poder. Mientras Brasil, Bolivia, Venezuela y otros países firman contratos comerciales y todo tipo de negocios con China, India, Irán y Rusia, la administración [estadounidense] lo ve en términos militares o de seguridad como una incursión en el esfera de influencia del presidente James Monroe.

China empieza a reducir su compra del Bonos del Tesoro [estadounidenses] y a reciclar al FMI sus dólares no deseados. Llama a utilizar los Special Drawing Rights** (SDRs) del FMI o otras canastas de divisas para sustituir al dólar como divisa internacional de reserva. Obama responde enviando a su secretario del Tesoro a Beijing donde se ríen de él cuando afirma que el dólar está fuerte y es estable.

En la misma vena, la Secretaria Clinton va a Honduras jactándose de que Cuba debe admitir las exigencias estadounidenses o permanecer fuera de la OEA. Antes de su viaje declaró en una sesión del Senado que si Cuba no hacía los cambios, “no puedo prever cómo puede Cuba formar parte de la OEA y, desde luego, yo no apoyaría en modo alguno este esfuerzo por admitirla” [15].

La administración Obama ha permanecido en desordenada retirada desde la Cumbre de Trinidad y Tobago de abril y el encuentro de San Pedro Sula con la esperanza de evitar que las fuerzas de la unificación latinoamericana le tome la delantera. Una semana antes del encuentro de junio, al enfrentarse a la derrota sobre la cuestión del ostracismo de Cuba de la OEA, la administración [estadounidense] anunció su deseo de reanudar las rutinarias negociaciones sobre emigración que la administración Bush había suspendido unilateralmente. Al igual que con su revocación anterior de las restricciones de Bush a los viajes familiares a Cuba, Obama parecía pensar que el último pellizco político era un cambio de política, otra retahíla estadounidense de afirmaciones de que “la pelota está en terreno cubano”.

Seguramente, para Estados Unidos reanudar su conformidad con acuerdos previos no equivale a una concesión por la cual la otra parte ahora le debe algo a cambio.

 

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Robert Sandels es profesor universitario, es especialista sobre asuntos cubanos y latinoamericanos. Forma parte del colectivo de trabajo de Latin America Database en la Universidad de Nuevo Mexico.

Nelson P. Valdés es profesor de sociología en la Universidad de Nuevo Mexico y es el director del Cuba-L Project. Es un viejo y querido colaborador de nuestra revista.

Notas:

[1] XXXIX Sesión Regular de la Asamblea General, San Pedro Sula, Honduras,

 [2] Current Affairs, 03/31/09.

[3] Departamento de Estado, Secretary's Remarks: OAS Resolution, 06/03/09,

http://www.state.gov/secretary/rm/2009a/06/124305.htm.

[4] EFE, 04/15/09.

[5] Acta Final, Octavo Encuentro de Consulta de los ministros de Asuntos Exteriores, Punta del Este, Uruguay, 01/22/62,

http://www.oas.org/consejo/meetings%20OF%20consultation/actas/acta%208.pdf.

[6] Discurso de May Day, 05/01/73, http://www1.lanic.utexas.edu/project/castro/db/1973/19730501.html?

[7] Proclamación, http://www.presidency.ucsb.edu/ws/index.php?pid=58824.

[8] Granma Internacional (La Habana), 05/31/09.

[9] Notimex, 05/06/02.

[10] OEA, Declaración de Florida, 06/08/05,

www.oas.org/XXXVGA/docs/DEC.%20FL%20FINAL.doc.

[11] Entrevista a la secretaria de Estado, Departamento de Estado estadounidense, 06/06/05,

http://www.america.gov/st/washfile-english/2005/June/20050607113707ASrelliM8.420962e-02.html.

*N de la t.: El título original de este epígrafe contiene un ingenioso juego de palabras intraducible, “U.S.less OAS”: “useless” significa inútil en castellano y “US” son las siglas en inglés de Estados Unidos; por su parte el sufijo “-less” es privativo y significa “in-”, “sin”...

[12] Reuters, 05/31/97.

[13] Notimex, 05/30/98.

[14] Ibid., 06/15/98.

** N. de la t.: Los Special Drawing Rights son los derechos potenciales sobre monedas utilizables libremente de los miembros del FMI.

[15] The New York Times, 05/22/09.

Tomado de Rebelión