A 30 años del asesinato de Carlos Muñiz Varela

 

Raúl Álzaga Manresa

 

                      

Hoy, 28 de abril de 2009, se cumplen 30 años del asesinato de Carlos Muñiz Varela.

 

Conocimos a Carlos a finales de 1973 a través de gestiones hechas por Ricardo Fraga del Valle, quien me lo presentó. En esos momentos veníamos desarrollando junto a compañeros de Estados Unidos el proyecto de crear una revista que nos sirviera de vehículo para canalizar nuestra inquietudes políticas en cuanto al tema de Cuba y nos brindara un foro de expresión y presencia en el exilio cubano, además de permitirnos organizar grupos de apoyo en ciudades de Estados Unidos y Puerto Rico.

 

Carlos se encontraba envuelto en aquel entonces en una activa y militante participación en el movimiento independentista universitario y en la organización sindical de los trabajadores de la Universidad de Puerto Rico.

 

Cuando lo conocí y hablamos del insipiente proyecto nuestro (todavía no había salido el primer número de la revista) su receptividad al mismo fue de entusiasmo y decidida participación a partir de sus experiencias organizativas ya alcanzadas a temprana edad. Carlos entonces tenía 20 años, Ricardo tenía 18 y yo tenía 24.

 

Durante dos años estuvimos formándonos en el estudio de la historia, la política y la economía de nuestro país de origen, Cuba. Fueron cientos los círculos de estudios que realizamos en forma disciplinada y consistente durante esos años junto a una decena de jóvenes cubanos residentes en Puerto Rico, los cuales formaron parte del núcleo inicial de la Revista Areíto y luego de la Brigada Antonio Maceo. Su voracidad por la lectura y su facilidad para el debate y la polémica hizo de Carlos un destacado participante de esos círculos de estudios.

 

Durante todos esos años asegurábamos la existencia de la Revista Areito, ya sea por la aportación de artículos y entrevistas o por la vía económica. Cada grupo de apoyo de sus respectivas ciudades debía cumplir con una cuota económica para cada edición de la revista.

 

Recordamos hoy aquella ocasión que ante la imposibilidad de cumplir con la cuota asignada a Carlos se le ocurrió proponer la idea de ir a un casino, ubicado en uno de los hoteles de la capital, para probar suerte y conseguir los $200.00 que nos faltaban. Aquella idea generó una discusión en cuanto a temas morales e ideológicos. Al final se decidió asignar $20.00 de los fondos de la revista y en caso de pérdida, él y yo repondríamos el dinero de nuestro propio bolsillo. Hay que recordar que en aquella época nuestros sueldos oscilaban en los $400.00 al mes y $20.00 era una cantidad grande para los que ya teníamos esposa y varios hijos. Para hacer el cuento corto salimos en nuestra misión para el primer hotel que encontramos. Empezamos perdiendo y cuando ya el pesimismo se apoderaba de nosotros, comenzamos a ganar hasta llegar a sobrecumplir la cuota y conseguir unos $220.00. Fue un triunfo rotundo.

 

Luego empezamos los preparativos para el viaje de la Brigada, que en un principio le  llamamos “Encuentro de Jóvenes Cubanos” y al llegar a Cuba en diciembre de 1977, se convirtió en la Brigada Antonio Maceo. Carlos viajó a Cuba en septiembre de 1977 unos meses antes de la llegada de la Brigada a Cuba. En ese viaje fue como periodista de la Revista Areíto para entrevistar a Reynol González, un conocido jefe contrarevolucionario, el cual se encontraba en trámite de ser liberado. En La Habana, Carlos aprovechó el tiempo y se reunió con los compañeros del ICAP (Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos) organismo que atendería al contingente de la Brigada durante nuestro viaje en Cuba.

 

En ese primer contingente le asignamos a Carlos para que dirigiera la que en aquel entonces nosotros erróneamente considerábamos podría ser la sub-brigada más problemática de las tres sub-brigadas que componía dicho grupo. Su experiencia organizativa y formación política le permitió realizar dicha tarea. Con el tiempo resultó que de esa sub-brigada surgieron los mejores compañeros que luego han desarrollado importantes proyectos políticos.

 

Después vendría el Festival de la Juventud y los Estudiantes en el verano de 1978 y nuestro encuentro con Raúl Castro (junto con Carlos y Ricardo Fraga) que tanto nos marcó la forma de entender el proceso revolucionario cubano.

 

En las reuniones de noviembre y diciembre de 1978 del llamado “Diálogo con la Comunidad Cubana en el Exterior” celebrado en noviembre y diciembre de 1978, Carlos no estuvo presente, no por que no tuviera méritos para asistir sino porque meses antes preparaba el primer grupo de cubanos del exilio que visitarían a sus familiares en Cuba de ser exitosas las reuniones del Diálogo entre el gobierno cubano e individuos de la emigración.

 

Señalo este dato ya que es irónico pues sus asesinos justificaron su crimen por haber asistido a dicho encuentro, hecho que no ocurrió.

 

A finales de marzo de 1979 se reunió en Nueva York el Comité Nacional de la Brigada Antonio Maceo. Allí se planificó el siguiente contingente de la Brigada a realizarse en el verano de 1979. Lejos estábamos de pensar que llevaría su nombre: Segundo Contigente Carlos Muniz Varela.

 

En esa reunión de varios días enfrentábamos el dilema organizativo de cómo conceptualizar al grupo que se preparaba con la organización de la Brigada ya constituida y estructurada desde enero de 1979. Fue un día largo donde nadie daba pie con bola de cómo resolver el problema. En un momento dado Carlos se levanta y como si hubiera recibido una iluminación dijo algo así: “La Brigada Antonio Maceo es la organización con su estructura y sus miembros ya constituidos. Los contingentes o serán la cantera para reclutar a nuevos miembros. Ir en un contingente no quiere decir que perteneces a la Brigada”. Aquello para mucho de nosotros fue lo más brillante que habíamos escuchado en muchos años. Sin saberlo nos dejo su última aportación organizativa.

 

El 17 de abril de 1979 salíamos Carlos y yo de Cuba luego de intentar resolver algunas diferencias organizativas, conceptuales y de estilo con la empresa económica que en Cuba organizaba los viajes a Cuba de la emigración que entonces se le daba por llamar, comunidad cubana en el exterior.

 

Su asesinato nos sorprendió a todos. Nuestra ingenuidad combinada con nuestra temeridad nos traicionó. Ese 28 de abril de 1979 al menos tuvimos la oportunidad de que los tres que iniciamos todo el proceso político en Puerto Rico -Ricardo Fraga, Carlos Muñiz y yo- compartiéramos como no hacía mucho tiempo, prácticamente todo el día. Nos despedimos por última vez a eso de la 5:30 de la tarde de aquel día. Apenas media hora después una bala asesina le atravesaría la cabeza.

Su asesinato no detuvo a los asesinos. Continuaron asesinando, colocando bombas y conspirando para asesinar a otros por largos años.

 

Fue el momento de la verdad, donde se diferenciaron a los jóvenes de los hombres, los románticos de los realistas y los cobardes de los valientes. Muchos fueron los compañeros nuestros en Estados Unidos y Puerto Rico que no se dejaron intimidar y se crecieron ante la adversidad, convirtiéndose en verdaderos líderes de un proceso político que con el tiempo, y no necesariamente gracias a nosotros, se ha ido convirtiendo en un movimiento masivo y a punto de convertirse en mayoritario.

 

Recordamos hoy aquellas palabras visionarias de Fidel en la reunión sostenida con nosotros durante el primer contingente, en enero de 1978. En aquella reunión y ante la inquietud expresada por algunos de nosotros en cuando al deseo de regresar a la Patria él nos dijo algo así: “Nosotros no tenemos problemas por recibirlos a ustedes. Si se quieren quedar quédense. Yo sí sugiero que ustedes regresen a los lugares donde viven y mediten sobre esto. Pienso que si ustedes se organizan y crecen puede que sean ustedes los que se conviertan en una amenaza para aquellos que hoy los amenazan a ustedes”.

 

Los terroristas y todos los presidentes norteamericanos que siguieron al asesinato de Carlos no pudieron evitar la continuidad de los viajes a Cuba. Luego llegó en el 2001 el presidente George W. Bush y decidió a finales de su primer término de la presidencia, en mayo de 2004, retomar por la vía legal lo que los terroristas habían intentado hacer en los años 80: reducir al mínimo posible el intercambio entre la familia cubana e incluso redefinir lo que es familia. A ningún grupo hispano o minoritario se le ha impuesto semejante prohibición en la historia de los Estados Unidos.

 

Hoy a 30 años del asesinato de Carlos podemos decir que ambos intentos, el del 79 por la vía del terror y la muerte, y la de mayo de 2004 por la vía del terrorismo  de Estado, las dos han fracasado.

 

Seguiremos trabajando para que su crimen no quede impune y para que se conozca la verdad. Hoy sus compañeros rinden ante la memoria de Carlos las banderas de lucha y victoria.

 

 

San Juan, Puerto Rico

Abril de 2009

 

Raúl Álzaga Manresa es fundador de la Revista Areito. Es un querido asiduo colaborador de nuestra revista