“...entonces esa persona es tan culpable como los propios terroristas.”

25 de junio de 2009

 

 

Miami.-  La perenne denuncia en contra de los terroristas de la extrema derecha cubano americana en esta ciudad y en este país y en contra de la inmunidad que a ellos les brindan los gobiernos de Estados Unidos se ha convertido como el cuento de La Buena Pipa, en otro cuento de nunca acabar.  Aun para una ciudad políticamente alucinante como es Miami la inviolabilidad que a ellos les otorga la protección de Washington es considerada algo realmente inaudito.

 

Pero a pesar de todo, aquellos de nosotros que consideramos al terrorismo moralmente repugnante y que además hemos sido por largos años sus potenciales víctimas, nunca cejaremos en nuestra denuncia hasta que se haga justicia. La tarea nunca ha sido fácil ya que en estos asuntos esta ciudad y este país son un mundo al revés.

 

Por ejemplo, vamos a ver... vamos a considerar el ensañamiento de los gobiernos de Estados Unidos con los Cinco: Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González cuya tarea en esta ciudad fue infiltrar las organizaciones de esos terroristas para saber de sus horrendos planes y así poder evitarlos.

 

A René y a Fernando, por esa noble razón los tribunales los encontraron culpables de los delitos --de los que fueron acusados por el gobierno federal-- de identificación falsa y de no inscribirse como agentes de un gobierno extranjero y los condenaron a 15 y 19 años de prisión respectivamente.

 

Mientras que a Santiago Álvarez y a Osvaldo Mitat, dos viejos terroristas de la extrema derecha cubano americana, se les encontró en su posesión, en Miami, en noviembre de 2005, un arsenal compuesto de cientos de armas y explosivos, incluyendo ametralladoras y otras armas con sus números de serie borrados, municiones, granadas, lanzagranadas, detonadores y grandes cantidades de explosivos plásticos. Por este delito la ley establece una pena de 50 años de cárcel.  En noviembre de 2006, después de haber llegado a un acuerdo con la fiscalía federal y acusados de un solo cargo por conspiración de posesión de armas, se les condenó a 4 y 3 años de prisión respectivamente.

 

Entonces, a tres de los Cinco, Gerardo, Ramón y Antonio, por cumplir su loable tarea, fueron acusados falsamente por el gobierno federal de conspiración para cometer espionaje en contra de los Estados Unidos y se les condenó a cadenas perpetuas respectivamente. Además, a Gerardo, por ser considerado por el gobierno como el jefe del grupo, también se le acusó falsamente del cargo de conspiración para cometer asesinato, y se le condenó a otra condena perpetua adicional.

 

Mientras que a Roberto Ferro, otro viejo terrorista de la extrema derecha cubano americana, se le encontró en su posesión en Los Ángeles, California, en abril de 2006, el arsenal de armas y explosivos más grande jamás incautado en la historia de los Estados Unidos: 1500 armas, entre estas, 35 ametralladoras, y pistolas; 130 silenciadores, 89,000 balas, explosivos C4, detonadores, además de granadas y lanzagranadas.  

 

Esta era la segunda vez que a Ferro se le encontraba un arsenal de armas y explosivos ya que julio de 1991 las autoridades federales le incautaron otro compuesto de 300 armas de fuego, ametralladoras, municiones, detonadores y explosivos plásticos.

 

En la primera ocasión se le condenó a sólo 2 años de prisión. Después de reincidir en el mismo delito de terrorismo, en agosto de 2007, luego de llegar a un acuerdo con la fiscalía federal y ser acusado de un solo cargo por posesión de 17 armas de fuego y una granada, en vez de ser acusado por el gravísimo delito de tener en su posesión el más grande arsenal de armas y explosivos jamás incautado en la historia de los Estados Unidos, se le condenó a solo 5 años de prisión.

 

Y qué decir de los más canallas de todos: Orlando Bosch y Luis Posada Carriles. Pero ese relato tendrá que ser en otro episodio de este cuento de nunca acabar sobre los terroristas de la extrema derecha cubano americana y la inmunidad que a ellos les brindan los gobiernos de Estados Unidos.

 

En estos asuntos recuerden siempre, lectores, una gran verdad de la historia afirmada en abril de 2005 por el entonces presidente George W. Bush: “Si alguien protege a un terrorista, si alguien respalda a un terrorista, si alguien cobija a un terrorista, entonces esa persona es tan culpable como los propios terroristas”. //