Yo era un niño cuanto Batista entró "por la posta" de Columbia el 10 de marzo de 1952. Vivíamos en Marianao, no muy lejos de ese lugar que vive en la infamia de la historia del país por más de una razón.  El golpe de estado de Batista ha vivido en la memoria de mi familia también, de varias maneras. 

 

Una es en el valiente ensayo que sigue a continuación, "Esta es la hora de la generación del cincuentenario" escrito por mi padre Rubén Darío Rumbaut días después del golpe de estado y publicado en la revista Bohemia, en La Habana, el 13 de abril de 1952, justamente entre ese golpe de estado de Batista y el cincuentenario de la instauración de la república, el 20 de mayo de 1952.  Mi padre tenía entonces  sólo 29 años de edad cuando lo escribió. Estaba casado con tres hijos en ese entonces. En sus propias palabras fue “escritor, poeta, médico”.  También se graduó como major expediente en la Escuela Profesional de Periodismo “Manuel Márquez Sterling” de La Habana.

 

Vivió toda su vida pensando en Cuba, escribiendo sobre Cuba, amando a Cuba… aún en la “cercana lejanía”.


Rubén Rumbaut

 

 

 

 

 

Esta es la hora de la generación del cincuentenario

 

Revista Bohemia, 13 de abril de 1952

 

 

Rubén Darío Rumbaut

 

 

            La primera reacción que tuve cuando supe del golpe de estado fue de indignación incontenible.  ¡Al borde del cincuentenario, en paz y alegría, el gobierno de la República había sido conquistado por un caudillo militar cuyo deporte favorito es, según parece, hacer y deshacer la historia!  Volví los ojos atrás, y…

 

            La segunda reacción, en los días inmediato al 10 de marzo, fue de desaliento profundo.  Me asomé al fondo de la vida nacional, y salí de su contemplación asqueado, anonado, entristecido…

 

            Mi tercera reacción, una semana después de los hechos, con más y mejores elementos de juicio, y tejida de serenidad y objectividad, no deja de tener en cuenta las dos actitudes anteriores, pero las encauza y supera.  El hecho consumado no puede defenderse sólo por ser hecho consumado ni el fin justifica jamás los medios, como veladamente han pretendido decir o hacer algunos.  Ahora bien: también es absurdo esconder la cabeza en la arena…  Hay que tomar una actitud con sentido realista de las cosas, la más digna al par que la más lógica, en fin, la mejor para Cuba.

 

            Esta es la hora de la generación del cincuentenario… La juventud que se alza hoy en un magnífico Baraguá de rebeldías cuando el Consejo de Ancianos ha caído en el Zanjón… debe tomar la responsabilidad de la historia de Cuba de ahora en adelante… ¡Aprovechemos de este terremoto inesperado la caida de las viejas estructuras…  Los que formamos la generación del cincuentenario debemos dar un paso al frente sin vacilaciones: las agujas del tiempo están señalando sólo para nosotros.

 

            El dilema para el gobierno de facto y para el pueblo es el mismo: o se abre ahora un período se sangre y terror, o se orienta todo, lo más rápidamente posible, hacia la constitucionalidad, la tranquilidad pública y las elecciones libres… Todos, absolutamente todos los cubanos, tendremos nuestra parte en la decisión del camino que se escoja…

 

            No se olvide que el Directorio Estudiantil Universitario del treinta fue la única organización de aquel entonces que se comprometió a no utilizar el terrorismo, y sin embargo, fue asimismo la única asociación de civiles que en realidad triunfó al caer Machado, y de la cual surgió andando el tiempo el gigantezco Partido Auténtico…

 

            Estas soluciones un poco a lo Ghandi (también vencedor en la India mientras vivió -- aún después de muerto) que no son espectaculares, y que aparentemente resultan más lentas, quizás no satisfagan a los espíritus impacientes, demoledores y coléricos.  Se equivocan, sin embargo, si creen que es más heroico el terrorismo. 

 

No predico una actitud de cobardía, o de omisión, sino de valentía y de acción… Nada de armas y nada de silencio; nada de sangre y nada de claudicación.  Decía Unamuno que no le gustaba Anatole France porque no sabía indignarse.  Es cierto: quienes no saben indignarse no pueden salvar a su Patria.  Ahora bien: quienes sólo saben indignarse no puden salvarla tampoco…

 

            La violencia engendra la violencia: quien primero la use se hará reo de una reacción en cadena que, como las explosiones atómicas, sembrará la muerte y la desolación en ciudades y campos…  necesitamos de la libertad para vivir como del aire para respirar, y esta necesidad no puede quedar a merced del capricho de nadie...

 

            Sobre todo, que ninguno se desaliente, por muchos motivos de desaliento que le parezca tener en estos días.  Que ninguno dispare, ni se calle, ni se esconda, ni se venda, ni se vaya.  Enarbole la generación del cincuentenario un estandarte alto y enhiesto como las palmas, firme y desafiante como las ceibas, con aquella frase magnífica de Martí: “Levanten el ánimo los que lo tienen cobarde.  Con treinta hombres se puede hacer un pueblo.”  En ella confiemos.  La Cuba de hoy tiene mucho más de treinta hombres capaces, al final de este paréntesis oscuro, de rehacer definitivamente a estro pueblo.