Saber que la Patria se siente orgullosa

 

15 de diciembre de 2010

 

 

 

Miami.-   A pesar de que por largo tiempo sabíamos que a consecuencia del cáncer que sufría la muerte constantemente acechaba a Tony, y que más temprano que tarde nos lo arrebataría para siempre, desde que ésta recientemente ocurrió grande es el desconsuelo que sentimos aquellos que lo queremos.

 

Tony Llansó, desde 1995, era miembro de la Brigada Antonio Maceo y poco después formó parte de su cuerpo directivo.  Conjuntamente, desde 2008 ejerció como presidente de la organización Alianza Martiana, una de las organizaciones de la emigración cubana que en Miami integran la coalición del mismo nombre.

 

Por nueve años intensamente luchó contra las consecuencias de su terrible enfermedad; no se dejó amedrentar por ella y jamás desfalleció su voluntad de cumplir con sus deberes políticos.  Al contrario.  Se hizo crecer a sí mismo ante el cáncer devorador.

 

Si algo pudiera criticarse de Tony era que asumió más responsabilidades y tareas de las que cualquiera de nosotros debería.  Pero era perfectamente comprensible.  Así lo hacía para poder hacer en el corto tiempo que le quedaba de vida todo aquello que no podría hacer más una vez que la muerte se lo impidiera.

 

Al sentir su vida agotarse Tony fue a morir en la Patria.  Murió en La Habana, atendido con cariño y esmero y hasta su último aliento rodeado por seres queridos, el pasado 6 de diciembre tarde en la noche, a sólo cincuenta y cinco minutos del 7 de Diciembre. De haber estado consciente de ello una vez más se hubiera impuesto al intransigente requerimiento de la muerte para poder morir en fecha tan gloriosa.

 

Fecha que para los buenos cubanos y cubanas simboliza los más altos principios, valores y sacrificios patrios. Ese día la Patria enlutada rinde tributo a sus mejores hijas e hijos, aquellos que para lograr y asegurar su independencia y las libertades y derechos de su pueblo han dado y dan todo de sí, hasta la vida, como ocurriera la fatídica tarde de aquel 7 de Diciembre cuando en combate se inmolaron el Héroe sin par y su valiente y ejemplar joven ayudante.

 

A esa noble estirpe de cubanos pertenece Tony.  Su entereza, honorabilidad, entrega, generosidad, disciplina y patriotismo indiscutibles --porque todos sus compañeros testigos de ello somos-- lo prueban evidente.

 

Tony fue dirigente de ese sector de la emigración cubana en Estados Unidos que es heredera y continuadora de la magna obra de aquella otra emigración cubana que en Estados Unidos y bajo la magistral conducción de Martí fue factor principalísimo en hacer posible el inicio y sostenimiento de la última de nuestras guerras por la independencia del despotismo de España.

 

Aquella emigración cabalmente cumplió con su deber.  Ésta, la nuestra --en la que Tony desempeñó una función esencial--, con tantas o más limitaciones que aquella, cumple con el suyo que primordialmente es ayudar a defender los derechos fundamentales del pueblo cubano, principalmente su derecho a construir una sociedad socialista, cada vez más justa, y poder hacerlo en paz.  Tony, como revolucionario cubano que era, a esta tarea consagró su vida.

No puedo concluir esta ínfima semblanza de la labor de Tony sin referirme a la que con más entusiasmo se dedicó y la que más gusto le proporcionó los últimos nueve años de su vida: la causa de la liberación de los Cinco y en apoyo y cuidado de sus familiares que por Miami pasan en camino a visitarlos o cuando hace falta que aquí permanezcan por cualquier razón.

Termino como Tony hubiera querido, citando del mensaje de uno de los Cinco al saber de su muerte.  Escribió Ramón, en nombre de los cinco de ellos: “Así te queremos, querido Tony, y así estarás por siempre en nuestros corazones y nuestra obra de cada día.  Hoy la Patria orgullosa recoge en su seno a uno de sus más nobles hijos, al insustituible hermano de mil batallas, al compañero fiel de todos los cubanos dignos”.//