Las movilizaciones obreras en Wisconsin

 

Alejandro Torres Rivera

 

 

Durante más de un mes nuestras miradas han estado puestas en los sucesos acaecidos en Líbano, Egipto, Sudán, Túnez, Libia, Bahréin, Yemen, Marruecos, Omán, Jordania, etc. Se trata de países musulmanes en los cuales importantes sectores de su población se han lanzado a las calles en movimientos masivos de protestas sociales con resultados diversos.

En Egipto, el movimiento encabezado por los estudiantes y jóvenes trajo como resultado la caída del gobierno encabezado por Hosni Mubarak y la formación de un gobierno militar provisional. En Líbano, Hezbolah (Partido de Dios), desplazó del poder parlamentario al anterior gobierno encabezado por su Presidente suni Hariri. En Sudán, mediante una consulta a través del voto, la población en su porción Sur acordó separarse de porción Norte, formando a partir de los próximos meses un distinto. Varios de los países de la región localizada en Medio Oriente y la Península Arábiga optaron por demandar reformas sustanciales a los regímenes monárquicos desacreditados que han ostentado el poder a lo largo de más de tres décadas. En Túnez, continuas movilizaciones sociales, con la participación de partidos políticos, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil, echaron abajo su gobierno; mientras en Libia, se desarrolla en estos momentos una guerra civil en momentos en que la OTAN se apresta a una intervención militar. En Marruecos, país que ha ocupado el Sahara Occidental y violenta los derechos de la población saharaui, se estremece en medio de protestas y movilizaciones sociales. Tomando a préstamo las palabras del filósofo chino Confucio, se trata de “un gran desorden bajo los cielos, pero la situación excelente” para el avance de los pueblos.

Mientras el Norte de África y el Medio Oriente se torna en un gran sunami de luchas sociales; acá, en Occidente y específicamente en Estados Unidos, la ola de protestas y movilizaciones sociales también se dejan sentir. Como indica Juana Carrasco Martin en su escrito titulado El Movimiento sindical estadounidense se está mirando en el espejo de Wisconsin, “las miradas y apreciaciones se van abriendo paso hacia una batalla que se libra hoy en Estados Unidos, a pesar de que los grandes medios hacen que el planeta siga más los movimientos que tienen lugar en el mundo mesoriental y del Norte de África, donde un efecto de dominó se esparce a ojos vista en la cima de una ola de petróleo.” Michael Moore, solidario con las protestas que se desarrollan, indica a su vez: “Queridos estudiantes de secundaria: ¿Qué les parece eso de que cientos de estudiantes de secundaria de Wisconsin hayan abandonado las clases hace cuatro días y hayan ocupado ahora el edificio gubernamental del Capitolio y sus jardines en Madison para pedir que el gobernador detenga sus ataques a los profesores y otros trabajadores estatales? Yo tengo que decir que es una de las cosas más extraordinarias que he visto en años.”

Más adelante expresa que “estamos viviendo uno de los momentos más asombrosos en la historia. Y este momento ha llegado porque los jóvenes del mundo han decidido que ya han tenido bastante. La juventud se ha rebelado—y solo es cuestión de tiempo”. Como indica Moore, al indicar que esas voces serán escuchadas, no podemos menos que afirmar que ésa es también la esperanza que acompaña el movimiento reivindicativo de los estudiantes puertorriqueño en estos nuevos tiempos de cambio social.

Esa ola estadounidense cuyo epicentro es Wisconsin, también se extiende más las fronteras territoriales de este estado. Arropa también otras jurisdicciones como Ohio, Illinois, Michigan, Iowa, Indiana, Minnesota y Kansas. Como elemento común a lo que ocurre, se encuentra la implantación de propuestas neoliberales o neoconservadoras impulsadas por gobernadores y legisladores estatales, republicanos todos ellos, que atentan contra los derechos esenciales de cientos de miles de trabajadores en el sector público y privado. La medicina amarga que ha saboreado y continua saboreando la clase trabajadora puertorriqueña a raíz del triunfo del Partido Nuevo Progresista, y que desde el CAREF y la Coalición del Sector Privado ha venido a destruir el sistema de relaciones laborales en Puerto Rico, ha implosionado en estos estados, particularmente luego de las elecciones de medio término en Estados Unidos.

Al igual que ocurrió en Puerto Rico con la Ley Núm. 7, donde se afectaron directamente según datos oficiales unos 17,147 empleados públicos con la pérdida de sus empleos; mientras la deuda pública, que era de $52,947 millones aumentó en cuatro años $10,419 millones (19.6%) para llegar a un total de $63,366 millones, junto a un claro deterioro en la prestación de servicios públicos; las primeras víctimas de la nueva ola neoliberal en estos estados han sido los trabajadores y los sectores más empobrecidos de la población.

En Wisconsin, el gobernador republicano Scott Walker ha propuesto la eliminación de los derechos sindicales de los empleados públicos, incluyendo la limitación de sus derechos de negociación colectiva bajo la premisa ya conocida por nosotros de reducción de un déficit fiscal, estimado por él en $3,600 millones. A lo anterior se suman reducciones en la paga y beneficios marginales que hoy tienen estos trabajadores.

De acuerdo con encuestas hechas en Estados Unidos, el 60% de los estadounidenses se opone a que se reduzcan los derechos de negociación colectiva que hoy tienen, mientras que un 56% de estos se opone a las reducciones de paga o beneficios marginales.

Los periódicos dan cuenta de titulares como “Crece la Rebelión”; “Gobernador de Wisconsin no cede”; o “Main Street Movement Erupts as Thousands Across the Country Protest War on the Middle Class”; para significar la importancia del conflicto. Un artículo escrito por Zaid Jilani, bajo el último de los titulares mencionados, relaciona datos como los siguientes: Georgia (cientos de obreros protestaron a las afueras del capitolio en solidaridad con los obreros de Wisconsin); Idaho (cientos de maestros marcharon contra legislación que conlleva el despido de 770 maestros y que afectan las escuelas); Indiana (los representantes demócratas abandonan el estado para impedir la votación de un proyecto que destruiría los derechos de organización sindical de los trabajadores mientras miles de opositores a la medida marchan hacia el Capitolio estatal; Montana (miles de personas marchan contra los ataques sin precedente de los republicanos contra los servicios públicos, la educación y leyes que protegen la tierra, el aire, el agua y la vida salvaje; Ohio (ante las experiencias de sus vecinos en Wisconsin, miles de residentes en este estado se lanzan a la calle en protestas de solidaridad; Tennessee (miles de personas protestan una ley que priva a los maestros de su derecho bajo los convenios colectivos; Washington (miles de personas protestan en solidaridad con los trabajadores en Wisconsin y los ataques republicanos contra la clase media.

Kevin Donohoe, en su escrito titulado Top Ten Disastrous Policies From the Wisconsin GOP You Haven’t Heard About, enumera lo que a su juicio son las diez peores propuestas impulsadas por el gobernador Walker de Wisconsin: 1) la eliminación del Medicaid, mediante una propuesta que colocaría en poder de las autoridades del estado, a través del ultra conservador Secretario de Salud y Servicios Humanos, el programa de Medicaid dándole facultades a este funcionario para determinar elegibilidad y beneficios; 2) la privatización de las plantas de generación de electricidad propiedad del estado; 3) traspaso a los municipios de las plantas y del proceso de potabilización del agua; 4) entrega de los humedales a los desarrollistas; 5) aumentar a 2/3 el número de votos requeridos para poder subir los impuestos, lo que limita a los estados para imponer nuevos impuestos a las empresas para atender las necesidades de la población; 6) limitaciones en cuanto al ejercicio del derecho al voto, imponiendo un carnet de identificación especial para poder ejercer el mismo, algo que al presente nunca ha sido requerido como precondición para poder votar; 7) eliminación de proyectos a ser sufragados con fondos del gobierno federal; 8) prohibición al desarrollo de proyectos de energía alterna como serían los molinos de viento para la generación de la electricidad con el único propósito de proteger las compañías de carbón del estado; 9) cesión de poderes históricamente ejercidos por la Legislatura a favor del Gobernador como es la facultad de reglamentación en algunos departamentos; 10) politización del servicio público mediante la designación de funcionarios de confianza basado en consideraciones partidistas.

Contrasta con Puerto Rico, sin embargo, la manera en que las fuerzas policiacas estatales han manejado en un principio la ola de protesta social en Wisconsin. Mientras en Puerto Rico, se engaña al pueblo que pretende entrar a las facilidades del Capitolio indicando que la Ley sobre Seguridad en los Edificios Públicos prohíbe la entrada a personas cuya indumentaria tengan emblemas alusivos a uniones, federaciones, asociaciones o partidos políticos, lo que en definitiva es falso; y sobre la base de tal alegada prohibición justificar la negativa del acceso del público a las gradas de las cámaras legislativas, lo que resguarda y protege la Constitución de Puerto Rico, justificando así la represión de los que transgredan tal falsa prohibición; en Wisconsin, los trabajadores no solo protestaron en el interior del Capitolio, sino que pernoctaron el él sin un solo incidente de abuso policiaco contra ellos. Este margen inicial de tolerancia, sin embargo, fue descarrilado más adelante como resultado de órdenes impartidas por el gobernador republicano a las autoridades.

La clase obrera estadounidense es una clase obrera que históricamente ha luchado por sus derechos. Es una clase trabajadora multinacional que ha dado grandes ejemplos de sacrificio y combatividad. Desde las gloriosas jornadas de Chicago en el siglo 19, que nos llevan hoy a conmemorar anualmente el Día Internacional de los Trabajadores; pasando por los grandes movimientos de lucha anti imperialista contra la guerra en el contexto de la Primera Guerra Mundial; el sacrificio de cientos de sus hijos en la lucha anti fascista en España durante la Guerra Civil; los grandes movimientos de resistencia contra la persecución Macartista de los años cincuenta; el movimiento de oposición a la Guerra de Vietnam; hasta las importantes expresiones de solidaridad con la lucha del pueblo puertorriqueño en su lucha contra la Marina en Vieques y el apoyo al derecho del pueblo puertorriqueño a su libre determinación.

Los puertorriqueños tenemos que ser solidarios con la clase obrera estadounidense en sus luchas. Si bien para nosotros, sobre todo a partir de nuestra realidad colonial, el gobierno estadounidense es quien nos oprime y violenta nuestros derechos colectivos, lo cierto es que es el mismo gobierno que violenta también los derechos colectivos de su propia clase trabajadora, lo que definitivamente nos une a la hora de la lucha contra la explotación capitalista y colonial. Así las cosas, nuestra lucha no es en contra el pueblo estadounidense sino contra su gobierno que como a nosotros, oprime y sojuzga al pueblo trabajador norteamericano.

En momentos como estos, es importante levantar nuestra voz de protesta, de denuncia contra los abusos que representan las medidas neoliberales implantadas y sobre todo, de solidaridad con las luchas de los trabajadores estadounidenses.

 

 

Alejandro Torres Rivera, abogado laboral puertorriqueño, es profesor del Instituto de Relaciones del Trabajo de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y Secretario de Educación Política del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano de Puerto Rico.  Es un querido asiduo colaborador de nuestra revista