El regalo que nos queremos hacer

Iroel Sánchez

 

Transcripción de las palabras pronunciadas por Iroel Sánchez, presidente del Instituto Cubano del Libro, en la presentación de la colección 50 Aniversario del Triunfo de la Revolución en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC.

Para nosotros es un enorme honor, una grandísima oportunidad presentar aquí la colección en la que varias editoriales cubanas trabajaron en ocasión del aniversario 50 de la Revolución. Primero quiero decir que nos acompaña aquí detrás un cartel que recoge todos los libros de la colección, por ahora, y también el primer cartel político de la Revolución Cubana que el 1ro. de Enero de 1959 dio a la luz el maestro Eladio Rivadulla. Cuando él supo que íbamos a hacer esta presentación, nos ofreció realizar una gigantografía de este cartel para que lo tuviéramos a disposición nuestra, no solo aquí, sino también en todas las presentaciones de la colección en la Feria del Libro. Porque quizá esta sea la única vez en que vayamos a presentar la colección completa.
 

En la Feria se van a presentar los libros pero por géneros, o por temáticas, y hemos querido reunirnos antes, aquí en la sala Villena, muchos de los compañeros que han trabajado en la colección; estoy hablando de editores, fotógrafos, diseñadores, escritores, periodistas, a quienes les encargamos varios de estos títulos. No hay uno solo de los compañeros a los cuales acudimos para que trabajaran en esta colección que haya puesto un pero, o que no lo haya acogido como un honor. Me refiero a Alberto Garrandés, Yoss, Pedro de la Hoz, Radamés Giro, Marilyn Bobes, Omar Felipe Mauri, Félix Julio Alfonso… entre otros. No hubo uno solo de ellos que no trabajara con pasión e intensidad para cumplir su compromiso con las editoriales, y que no le pusiera a este trabajo la mayor seriedad y el mayor empeño. Creo que eso es una muestra también del compromiso que tienen nuestros intelectuales con la Revolución y con la obra de la Revolución, de la cual indiscutiblemente son parte.

Debemos hacer un poquito de historia: nosotros habíamos pensado en algunos libros que teníamos en el plan del año para dedicarlos al aniversario 50 de la Revolución, y después cuando fue avanzando el tiempo, hubo varios compañeros que nos impulsaron para que saliera esta colección. Ese es el caso de Víctor Fowler, quien siempre está poniéndonos desafíos, y realmente fue para nosotros un catalizador.

Tuvimos varias discusiones con los directores de las editoriales y con nuestros editores. Hicimos un concurso entre los diseñadores del Instituto y el diseño ganador fue el más joven, el de quienes acababan de llegar a la institución. Por ahí está Axel que trabajó en el diseño de la colección, a mi juicio con un enfoque muy contemporáneo, que está a la altura de los textos recogidos.

La mayoría de estos libros fueron elaborados especialmente para la colección —por encargo—, y quiero subrayar que quienes los gestaron han tenido toda la libertad para hacer sus selecciones, que sabemos siempre son polémicas, no tanto por lo que  incluyen sino sobre todo por lo que no incluyen.

Pensamos que es un homenaje a la Revolución gozar de la libertad que ella ha conquistado para los intelectuales, los escritores y los artistas cubanos sin cercenamientos, sin maniqueísmos, y así reflejar la huella indiscutible de la Revolución en todos los aspectos de la creación y de la sociedad. Nosotros pensamos, viendo las selecciones que los compañeros hicieron, ¿cuánto le deben a la Revolución incluso aquellos que han renegado de ella, aquellos que sin la Revolución no hubieran alcanzado la relevancia que han tenido, incluso no estarían hoy en el lugar al que algunos han llegado por mucho que renieguen de esa obra? Pensamos que es un acto también sabio, valiente y consecuente que asumamos eso así y que hoy tengamos la madurez para hacerlo.

En esta colección hay una respuesta a todas las campañas que alrededor de este  aniversario 50 se han tejido. Una de las cosas que ha sucedido es el intento de resurrección de Batista, y en respuesta a ello hay un libro excelente que publicó Unión, Los últimos días de Batista. Ahí están varios textos, algunas reediciones, que aunque no forman parte del diseño de esta compilación sí tienen su identificador, por ejemplo: La historia me absolverá, que recoge el estado de Cuba en el año 1953; El juicio del Moncada, de Marta Rojas; un libro como Los años 50 que recoge los trabajos de Pino Santos y Corrales en Carteles —un material realmente muy revelador—; y está un libro como el de la compañera Silvia Martínez, Hechos más que palabras, que, partiendo del año 1959, recorre en múltiples sectores la obra de la Revolución. Es un constante contrapunteo entre lo que era este país y lo que es hoy, porque  a pesar de todas las inconformidades que tengamos y de todos los problemas, se recoge en estos libros un testimonio de esa transformación que yo calificaría de aplastante.

Está el intento de reescribir la historia de la Revolución en estos años, una maniobra que parece una operación de cirugía, financiada por gente aparentemente muy hábil, la cual consiste en sacar a los EE.UU. de la historia de Cuba. Hay alguien que ha llegado a decir (a pesar de lo cual le reconocen el título de historiador) que en Cuba lo que hubo en los años 60 fue una guerra civil entre dos bandos, uno de los cuales fue muy débilmente apoyado por EE.UU., algo que si no se refiriera a  un proceso tan dramático parecería una broma. Sin embargo, ahí están varios libros: el que recoge 50 momentos de la Revolución Cubana, que son, en su gran mayoría, capítulos del enfrentamiento de nuestro pueblo contra la agresión del imperio. El otro libro es de entrevistas a varios de nuestros más relevantes intelectuales, que preparó Pedro de la Hoz, el cual es el único que no ha podido estar a tiempo y tenemos la esperanza de que esté mañana. Hay otro dedicado a Vilma que refleja la transformación y la participación de la mujer cubana en estas cinco décadas. Está la compilación que ya se presentó a raíz del Festival Leer la Historia sobre la pelota en estos años, cómo algo que se heredó y forma parte de la cultura de nuestro pueblo, fue multiplicado por la Revolución;  y la selección que preparó Pedro Álvarez Tabío de 25 discursos emblemáticos de Fidel que sabemos va a ser uno de los tomos más asediados no solo por los cubanos. Están, además, los tres volúmenes de documentos de los primeros años de la Revolución en el poder y que desde hace algunos años se viene publicando como una serie, preparada por un grupo de acuciosos historiadores,  y se reedita ahora en el formato de la colección. Igualmente, hay un tomo que recoge el modo en que la Revolución hizo consciente a nuestro pueblo de la herencia africana y la dignificó y difundió.

Otra de las temáticas que pudieran abordarse a partir de esta colección y de las campañas que se han hecho en los últimos meses, es el tema de si en estos años disminuyó la creación en Cuba, si los mejores intelectuales de este país han abandonado la Revolución. Ahí están las antologías preparadas por Radamés Giro, en el caso de la canción, presentada también en el Festival Leer la Historia; el volumen de ciencia ficción que compiló Yoss —género nacido con la Revolución, o sea, fruto del desarrollo científico, del desarrollo cultural, del desarrollo educacional —,a veces no nos detenemos a hacernos algunas de estas interrogantes; pero deberíamos preguntarnos por qué en otros países de similar tamaño y economía que el nuestro no hay un desarrollo de este  género; igualmente es visible el auge que ha tenido el cuento femenino en la antología que preparó Marilyn Bobes, la eclosión de narradoras cubanas que tenemos, muchas mujeres jóvenes escribiendo y, más en general, el volumen de cuentos que seleccionó Alberto Garrandés. También está la antología realizada por Omar Felipe Mauri de los cuentos del campo cubano, que además de recoger muestras de ese subgénero, da testimonio de las transformaciones ocurridas en el campo cubano en estos 50 años.

Estaba comentando con Francisco López Sacha, antes de entrar, que es impresionante cuando uno ve la cantidad de textos, que la inmensa mayoría de esos narradores han permanecido en Cuba y han echado  su suerte con la Revolución. Por eso, estamos haciendo esta presentación aquí en la UNEAC, porque pensamos que es también el homenaje a los intelectuales y a los escritores de la Revolución.

Por qué le pedimos a Ambrosio Fornet que presentara esta colección, pues porque una vez le escuché decir que siempre se hablaba de los que se fueron, pero no de los que volvieron como él o como Alejo Carpentier cuando escuchó hablar a Fidel en Caracas en Enero del 59 o como Roberto Fernández Retamar —siendo ya un académico reconocido en las universidades norteamericanas— que decidió correr la suerte de la Revolución Cubana o como Fayad Jamís, que estaba en París, o como muchos otros que estaban en Europa, y optaron  por  regresar a su país y nos han acompañado durante estos 50 años. Ambrosio ha dicho: "a los latifundistas la Revolución les quitó la tierra, a mí me devolvió la mía",  y por esos motivos, pensamos en él para presentar esta colección.

Todas esas obras que están ahí han sido publicadas por la industria cultural cubana. Siempre pensamos y nos comparamos con otros; pero en América Latina con excepción de México, Brasil y Argentina —donde por el tamaño de sus economías y de sus poblaciones, el diez por ciento de los habitantes que es el que puede adquirir libros y bienes culturales, crea, por su magnitud, un mercado más grande que el de Alemania, España o Francia para el consumo de esos bienes—, nuestro país posee uno de los mercados más grandes para el consumo de bienes culturales que  prácticamente lo constituye la sociedad completa, y este pequeño país ha sido capaz de crear y sostener eso. Hoy podemos recoger esa obra que está en esas antologías, en las publicaciones, en los discos, en los libros que han circulado en Cuba en estas cinco décadas de Revolución.

Es nuestra intención que los cubanos del futuro tengan aquí una parte importante del testimonio de estos años que nos han hecho distintos y mejores, no solo a nosotros, sino a millones y millones de mujeres y hombres en el mundo, y que dentro de 50 años estos libros estén en todas las bibliotecas, en las casas cubanas, como hoy están los libros con los que comenzó la Biblioteca del Pueblo de la Imprenta Nacional, a la que se refirió aquí Barnet.

Este es el regalo que nos queremos hacer en el cincuentenario de la Revolución, los autores y los trabajadores del libro cubano.

Muchas felicidades.

 

Iroel Sánchez escritor y Presidente del Instituto Cubano del Libro.