Bienal Habanera


Pablo Espinosa


Enviado de La Jornada

                   

 

 Responde categórico Abel Prieto, Ministro de Cultura de Cuba: sí, hacer crítica al sistema desde el arte es un acto revolucionario hoy día. “Estamos fomentando un arte crítico, de reflexión, que nos ayude a descubrir nuestras distorsiones, a defender la utopía. Cuando se hace la crítica desde una posición de compromiso con el país, los resultados son realmente fecundos”.


Cumplida la primera semana de la décima Bienal de La Habana, el funcionario hace una evaluación preliminar, aborda temáticas sensibles y vislumbra nuevas rutas para la cultura cubana, en entrevista con La Jornada.

 


¿Cuál sería su balance preliminar, una vez que está en su apogeo la décima bienal?


Estamos muy satisfechos. Se ha cumplido uno de los propósitos, que La Habana se convirtiera en una gran galería. Uno de los principios de la política cultural nuestra es combatir de manera inteligente cualquier concepto elitista del arte y democratizarlo.


En ese sentido, las instituciones son débiles frente al talento. Hay una desproporción entre la fuerza, el vigor y la exigencia del talento, y las posibilidades reales de las instituciones.


Operamos en situaciones a veces ruinosas, hay que decirlo crudamente. Con problemas financieros, una notable falta de recursos. Cuando tú sacas las cuentas, te percatas de que esta bienal se hace con centavos, a base de milagros. Amigos que conocen de estos actos nos dicen, oye, las bienales son multimillonarias.



 

Foro de la pobreza irradiante


Ésta es una bienal de la pobreza –prosigue Abel Prieto–. De la pobreza irradiante, como decía Lezama (Lima), tomando esto como una cualidad, una actitud positiva.
Y precisamente el área más desventajosa en términos económicos para nosotros es en las artes visuales, porque las instituciones no tienen los resortes para colocar al artista en el gran mercado.


A pesar de eso, el artista Kcho, por ejemplo, reconoce que la Bienal de La Habana ha sido la plataforma de lanzamiento de los principales artistas cubanos de los pasados 20 años.

 


¿Está en la naturaleza de esta bienal la conciencia de integrar respuesta al arte de mercado?


Es uno de sus principios. Construir una alternativa frente a las concesiones del mercado. A las estafas, porque hay obras que tienen tremendo éxito, pero sin sustento artístico y mucha propaganda de por medio.


¿Qué significado tiene la presencia, en estos días, como parte de la bienal, de artistas y obras provenientes de Estados Unidos, con un sentido de crítica política en esas creaciones?

 

Ejerce una presión simbólica sobre el gobierno de Obama y sobre las políticas de hostilidad y de bloqueo. Hay todo un movimiento entre artistas y promotores culturales en Estados Unidos para levantar todas las trabas al intercambio en el campo de la cultura. Incluso gente del mundo del espectáculo, personas muy poderosas, con cargos importantes en esa industria.


Lamentablemente, viste que hace unos días Joe Biden dijo que el bloqueo no se iba a levantar. No esperamos ningún cambio espectacular en la política de Estados Unidos hacia Cuba, pero al menos esta exposición Chelsea visita La Habana levanta una bandera simbólica después de los años de silencio de Bush. Antes de él venían muchos artistas estadunidenses. Jack Nicholson, Robert de Niro, Steven Spielberg.
La Compañía Nacional de Danza de Cuba viajaba cada año a Estados Unidos, al igual que el conjunto Van Van. Claro, en situaciones desventajosas, porque ni la compañía de Alicia Alonso ni el grupo de Juan Formell podían cobrar por su trabajo. Era desventajoso para los artistas cubanos, pero al fin y al cabo era intercambio cultural.
Hubo una Bienal de La Habana a la que concurrieron 3 mil artistas de Estados Unidos.


Bush cortó radicalmente eso, lo redujo a cero. Dejó de dar visas. A Chucho Valdés, fundador de Irakere y a Juan Formell, director de Van Van, les pusieron en el pasaporte una leyenda delirante, que dice algo así como que son un peligro para la seguridad nacional. Bush llevó su paranoia y su odio a extremos.


Por eso también resulta relevante la exposición Chelsea visita La Habana. Es lo primero que se hace en la era pos-Bush de la cultura estadunidense. En Cuba, y hay que resaltar esto siempre, no hay un sentimiento de rechazo hacia el pueblo de Estados Unidos ni hacia los artistas de ese país, al contrario.



 

Crítica sana desde la revolución


En esta bienal destaca la participación de la artista cubana Tania Bruguera, con la cátedra Arte Conducta, en la que participan artistas muy jóvenes con obras severamente críticas con el sistema cubano. ¿Se tolera, se fomenta o se cultiva este espíritu francamente crítico al sistema?


No sólo en el proyecto de Tania, sino en general en los jóvenes artistas cubanos hay un énfasis en un arte crítico, analítico, que reavive aquel espíritu de la vanguardia con su papel transformador de la sociedad, de la persona, del entorno.


Es sano, es una crítica desde la revolución, desde una posición comprometida con la revolución y muchas veces esas críticas coinciden con el análisis que estamos haciendo para lograr una mayor eficiencia, luchar contra las mismas trabas burocráticas que nosotros mismos hemos creado.

 


En el Taller Arte Conducta hay obras donde Fidel Castro aparece como muñequito de peluche, de ésos que se “pescan” por unas monedas con unas pinzas en los malls, y se critica también la glorificación de los atletas cubanos como una cosificación utilitaria, ¿eso también se tolera o se fomenta?


En esas obras asociadas a la Cátedra Conducta hay un interés desacralizador, que para los jóvenes artistas resulta muy atractivo. Pero ocurren cosas como ésta: lamentablemente el domingo por la noche, en un performance que Bruguera presentó, hubo una provocación. La muchacha bloguera ésta muy famosa (Yoani Sánchez) tomó el micrófono para hacer un discurso en contra de la revolución. Ella dijo que la Internet era una grieta en la censura cubana.


Lo que planteó es algo que hemos considerado importante: crear un clima apropiado para la recepción de ese tipo de arte. Sucede que en Cuba estamos sometidos a una vigilancia mediática que distorsiona permanentemente la realidad. Lo del domingo fue utilizado por personas inescrupulosas y por los medios de Florida.


Ése es uno de los temas del arte crítico en Cuba. Estamos fomentándolo para reflexionar, que nos ayude a descubrir nuestras distorsiones, que nos ayude a defender la utopía.


Cuando se hace crítica como lo hace Tania Bruguera, desde una posición de compromiso con el país, los resultados son realmente fecundos.