Entrevista con Félix Masud

Jurado del Premio Extraordinario Latinos en EE.UU.: Construyendo Puentes

 

Johanna Puyol

 

 

El investigador y ensayista Félix Masud Piloto (Cuba, 1950), uno de los Jurados encargados del Premio Extraordinario de Estudios sobre los Latinos en los EE.UU., ha hecho de la emigración cubana hacia EE.UU. una de las principales aristas de su trabajo como estudioso y profesor de la Universidad DePaul, en Chicago, donde imparte clases de Historia. Director del Center for Latino Research de esta universidad desde 1992, es además editor de las revistas Diálogo y Nuestra América. Es autor de With Open Arms: Cuban Migration to the United States (1988) y de una edición ampliada titulada From Welcomed Exiles to Illegal Immigrants: Cuban Migration to the U.S., 1959-1995 (1996). Prepara además el libro Contesting Asylum: Cuba, Peru, the U.S., and the Mariel Boatlift of 1980. Ha colaborado además con artículos y ensayos en reconocidas publicaciones periódicas y en libros dedicados al tema migratorio como Immigration and Asylum: From 1900 to the Present (Randall Hansen y Matthew Gibney, eds., 2005) y Cuban Socialism in the New Century: Adversity, Survival, and Renewal (Max Azicri y Elsie Deal, eds., 2004), entre muchos otros. Fue coeditor del volumen Plebiscite: Puerto Rico at a Political Crossroad (1991). Recibió en 2007 la Distinción por la Cultura Nacional que entrega el Ministerio de Cultura de la República de Cuba.
    

 

En el Aniversario 50 de Casa de las Américas y de su Premio, estrena como Jurado una importante rama que acerca a los latinos de EE.UU. a este certamen de todo el continente, ¿cómo ha sido la experiencia?

 

Para mí ha sido un gran honor. Pensé que era una broma de algún amigo que me había mandando una carta firmada por Roberto Fernández Retamar. Me quedé muy sorprendido y contentísimo. En la Universidad DePaul donde trabajo tenemos un Festival de Poesía que a última hora se cambió de fecha porque coincidía con el Premio. Los amigos me decían: olvídate del Festival y vete para La Habana, que el Aniversario 50 de Casa de las Américas es único. Pero a última hora se pudo cambiar la fecha y estoy aquí.

Es un reconocimiento tremendo de Casa de las Américas que en 50 años ha sacado a la luz pública lo mejor de la literatura latinoamericana. El prestigio que tiene Casa es tremendo.

 

Estoy aquí, como se sabe, como Jurado de un Premio Extraordinario. Es un gran reconocimiento para las comunidades latinoamericanas en EE.UU. que una institución como Casa de las Américas se interese por ese fenómeno que está ocurriendo.


 

¿Qué importancia tiene este Premio Extraordinario y el reconocimiento que hace a las comunidades latinas en EE.UU. al insertarlas en un certamen latinoamericano como este?

 

Existe el debate en la academia norteamericana de que una cosa son los estudios sobre Latinoamérica per se y otra los estudios de las comunidades de lo que llaman “latinos” en EE.UU. Hemos estado debatiendo eso en la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), que es la más grande que hay en el mundo de especialistas latinoamericanos, de la cual somos sección ahora. Esta sección ha ido creciendo muy rápidamente. Ha sido una lucha para lograr eso, así que ha sido muy significativo para nosotros que Casa reconozca este grupo, Casa que es, por sus características, su trabajo y su espíritu, de América Latina.
 

¿Qué sucede con las obras en competencia este año? ¿Existen temas generales que resalten en lo que ha estudiado hasta ahora?

 

Por ser primera vez se incluyeron muy pocos concursantes, pero hay calidad. Una de las cosas que vamos a discutir es este asunto: la promoción llegó tarde, la gente no se enteró. Yo mismo no sabía nada de esta competencia hasta que me invitaron. Las obras son muy buenas y es seguro que va a haber un Premio, ya estoy acabando de leer lo que me toca.

 

Para hablar más general sobre esto, las bases del Premio eran solamente para trabajos de no-ficción, que no fueran literatura, que se produce mucho allá, sino estudios académicos, sociológicos e históricos. Por eso muchos que estaban dispuestos a enviar trabajos de ficción y poesía —tengo varios colegas que lo deseaban— no pudieron.

 

Los temas principales de estos estudios son la inmigración, la cuestión de la identidad en los diferentes grupos, hay mucha literatura sobre las fronteras, lo mismo en ciencias sociales que en novela. Hay muchísimas novelas de calidad, de buenos escritores latinos, que se han escrito recientemente, pero no entran en este certamen. Sin embargo, como he dicho, el entusiasmo para competir en este premio existe. Espero que continúe y sé que va a crecer muchísimo. El talento está ahí.
 

¿Existe un puente cultural vivo, real, entre la literatura que escriben los estadounidenses de descendencia latina y la literatura latinoamericana?

 

Depende de qué grupo se esté hablando, que es algo que en EE.UU. no se reconoce. Es una comunidad muy diversa, con veintitantos países latinoamericanos con emigraciones hacia EE.UU. Los grupos grandes, por ejemplo México, el mayor, están produciendo su literatura desde hace cien años, en inglés principalmente. La migración mexicana de los últimos 20 años, los no nacidos en EE.UU. que todavía mantienen sus vínculos con México, en la mayoría de los casos cuando emigran lo hacen pensando en regresar. En Chicago, donde vivo, hay más de 300 000 mexicanos. Se organizan por colonias y les ponen los mismos nombres de las que dejaron en México. Son clubes sociales que hacen para reunirse y mantenerse al tanto de todo lo que les pasa. Algo que juega un papel fundamental en esta relación son las remesas: los mexicanos enviaron el año pasado 30 000 millones de dólares a México, es uno de los principales renglones de la economía en ese país.

 

Los puentes entre los diferentes grupos son muy difíciles. Culturalmente, sí: la música crea ciertos puentes, el idioma también, pero somos culturas diferentes. Siempre pongo el ejemplo de Cuba: es una isla pequeña en el Caribe, pero tenemos unos regionalismos tremendos, uno sabe quién viene de dónde según como hable. Imagina cómo será en un país gigantesco como México o Brasil.

 

Regreso al idioma, porque el idioma es uno de los dos puntos de conflicto para los cuales se han creado coaliciones y se han dejado de lado las diferencias políticas o de cualquier otro orden: uno es la emigración, porque todos los emigrantes están en el mismo bote y los van a sacar a todos de un viaje y no van preguntar quién es mexicano ni quien es dominicano; y antes de esto, ya se dio otra gran coalición para defender el idioma. En los años 90 había un movimiento con bastante fuerza en EE.UU. para hacer del inglés el idioma oficial, cosa que nunca ha existido, y era por la “amenaza” que implicaban los latinos que hablaban español. Había todo tipo de mitos como que EE.UU. se iba a convertir en un país hispano parlante, que es ridículo.

 

O sea, se pueden crear puentes, pero no son permanentes, y eso no tiene nada que ver con odios ni enemistades, simplemente es que somos diferentes.
 

¿Cree que este premio marcará alguna diferencia en esa situación?

 

Estoy seguro de que este premio crecerá rápidamente. Yo por lo menos me he dado a la tarea —y he estado hablando aquí con los compañeros y las compañeras— de promoverlo mejor. Tengo muy buenos vínculos con las universidades para eso. Definitivamente no volverá a pasar que sean tan pocas obras.

 

Hablábamos de que sería bueno incluir la literatura en este premio, porque se crea mucho. Entonces tendremos el problema contrario: demasiadas obras, pero debe hacerse porque se está produciendo mucha narrativa y poesía de calidad. Tengo una colega que es una excelente poeta y cuando me llegó la invitación hablé con ella, pero al ver las bases no le fue posible participar, y es una poetisa maravillosa.
 

¿Es fuerte la presencia latina en los ámbitos académicos y en las publicaciones e investigaciones de este ramo?

 

Sí, hay muchos centros que se especializan en los estudios de las comunidades latinas en EE.UU. Yo soy director de uno de estos centros de estudios académicos, el Center for Latino Research de la Universidad DePaul. Han proliferado por todo el país y hay también muchos especializados, por ejemplo, como es de esperarse, en Miami hay dos de estudios cubanos, con polos opuestos ideológicamente. En Nueva York hay estudios puertorriqueños; en el sureste del país hay un gran número de centros de estudios chicanos, porque son las poblaciones que dominan allí. Pero se están desarrollando más los centros de estudios generales. Por ejemplo, soy cubano y he dirigido mi centro hace más de 15 años, y siempre dije desde el principio que aunque mi especialización y mi pasión es Cuba, no iba a ser un centro de estudios cubanos. Tengo mucho cuidado siempre en mantener un balance en la programación que se lleva, trato de que ninguna cultura domine. Ahí está el detalle, como diría Cantinflas.

 

Chicago es una ciudad especial. Las comunidades en EE.UU. están organizadas por zonas: en el sur-suroeste los chicanos, para el norte-noroeste los puertorriqueños y los dominicanos, y en la Florida los cubanos y los centroamericanos, entre otros. Chicago es diferente, hay de todos los grupos y reflejan el mismo perfil que las comunidades nacionales, por ejemplo, los mexicanos son el mayor número, seguidos por los puertorriqueños, luego los centroamericanos y los cubanos. Más razón todavía para tener un balance en los estudios.
 

Recibir la Distinción por la Cultura Nacional Cubana, ¿qué representó para usted en términos de identidad?

Fue para mí una gran sorpresa. Estaba en Chile y venía a La Habana de todas formas porque soy copresidente de la Sección Cuba en LASA y todos los años homenajeamos a un intelectual que tenga una labor sólida sobre Cuba, ese año se había escogido Roberto Fernández Retamar y como no pudo viajar a Montreal le traje la placa que se le entrega. Me habían engañado con ese viaje. Me dijeron: “Cuando vengas a La Habana debes venir con un traje”. Jamás en mis viajes he traído un traje, nunca he venido con esa formalidad. Llegué y me dieron la sorpresa los amigos. Fue para mí un gran honor.

 

Johanna Puyol periodista cubana se especializa en temas relacionados a la cultura.