El Salvador, el FMLN y las elecciones del 15 de marzo de 2009

 

 

Alejandro Torres Rivera

 

4 de marzo de 2009

                                                           

                                                                 

         El Salvador es la más pequeña de las repúblicas que componen América Central y la única que no tiene costa Atlántica. A pesar de ser el país más pequeño de la región es uno de los más densamente poblados. Entre los años 1900 a 1966 su población se triplicó pasando de 1 millón a más de tres millones. Hoy alcanza 5.8 millones de habitantes. Para finales de la década de 1970 se estimaba su población en un 70% de mestizos, un 20% amerindios y 10% criollos. Poblado entonces fundamentalmente por mayas, la conquista del territorio por los conquistadores españoles se inicia hacia 1524.

 

         Los primeros movimientos emancipadores se registran entre los años 1811 a 1824. Cuando en 1821 Guatemala proclama su independencia y al año siguiente decide integrarse al Imperio Mexicano de Iturbide, El Salvador se opuso por lo que fue invadido en 1823. A la caída del Imperio de Iturbide en 1824, El Salvador pasa a formar parte de las “Provincias Unidas de América Central”. En 1859 se declara un “Estado Libre”, procediendo nuevamente Guatemala a invadirle, lo que volverá a repetirse en 1906.

 

         Hacia finales de la década de 1920 y comienzos de la década de 1930 la situación económica del país, agravada por la baja en los precios del café, único pilar económico de la República, desató un incremento sin precedente en la desocupación, la miseria y el hambre. Múltiples huelgas y movilizaciones se desarrollaron bajo la dirección de la “Federación Regional de Trabajadores” fundada en 1924, del “Partido Comunista Salvadoreño” y del “Socorro Rojo Internacional”, fundados en 1930. Los movimientos de protesta llevaron al derrocamiento del gobierno en 1931. Ante el fraude electoral en las elecciones municipales y legislativas de 1932 en las cuales participó el Partido Comunista Salvadoreño, su liderato organizó un levantamiento popular. Unos de sus dirigentes principales fue Agustín Farabundo Martí. Dada la alta participación de indígenas en el levantamiento, la oligarquía y los sectores militares ordenaron la matanza de todo indígena sospechoso de estar vinculado con el levantamiento popular, produciendose la muerte de entre 10 a 30 mil indígenas. También ese año fue fusilado bajo acusación de traición y rebelión, junto a los estudiantes Mario Zapata y Alfonso Luna, el dirigente comunista Agustín Farabundo Martí.

 

 

         La Dictadura establecida entonces fue sacudida en abril de 1944 por una rebelión militar. Al baño de sangre que siguió a la intentona, el pueblo respondió con una huelga de brazos caídos que paralizó el país. Para evitar el avance de los comunistas al frente del movimiento sindical a través de la “Unión Nacional de Trabajadores”, se produjo otro golpe militar. A partir de éste se sucedieron distintos gobiernos militares hasta que en 1961 estos sectores castrenses fundaron el Partido de la Conciliación Nacional, el cual se mantuvo en el poder hasta 1979.

 

         Durante cuarenta años desde su fundación el Partido Comunista de El Salvador fue la única organización de izquierda que opero en El Salvador. En las elecciones efectuadas en 1977 participaron tanto el Partido de la Conciliación Nacional frente a la Unión Democrática Opositora, la cual estructuró un cuartelazo en 1972 denominado como “golpe constitucionalista”. Se indica que en estas elecciones de 1977 el fraude no tuvo precedente.

 

          Para 1974, sin embargo, habían comenzado a operar en El Salvador algunos destacamentos guerrilleros. A la altura del año 1976 operaban en El Salvador  las siguiente organizaciones guerrilleras:

 

(a) El Frente Popular de Liberación “Farabundo Martí” (FPL) fundado en abril de 1970. Fue el primer movimiento guerrillero, fundado por disidentes del Partido Comunista Salvadoreño que en 1970 se decidieron por la lucha armada como eje de la lucha política dentro de una concepción de guerra popular prolongada. Planteando una visión de un gobierno revolucionario hegemonizado por la clase obrera en alianza con el campesinado, impulsaban un programa socialista.

 

(b) El Partido de la Revolución Salvadoreña (PRS), mejor conocido como el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).  El ERP surge en marzo de 1972 aunque su origen puede trazarse también a 1970. Postulaban la creación de un partido de la Revolución Salvadoreña, la dictadura del proletariado y la alianza obrero-campesina.

 

(c ) Las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional (FARN), fundada en mayo de 1975. Surgen a raíz de un debate en el seno del PRS en torno a la conducción del proceso revolucionario. Planteaban que para poder pasar a una etapa de desarrollo socialista en El Salvador, era necesario primero un periodo de transición donde se realizaran cambios indispensables. Este “etapa” la  denominaban  como periodo de la “revolución democrática popular”. En el marco de esta división es que se produce el asesinato de uno de sus antiguos camaradas del poeta y revolucionario Roque Dalton.

 

(d) El Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), fundado el 25 de abril de 1976.

 

         En el movimiento de masas operaban distintas organizaciones entre ellas el Bloque Popular Revolucionario (BPR), vinculado a las FPL, fundado el 30 de julio de 1975 y el Frente de Acción Popular Unificada (FAPU), vinculada con las FARN, fundada en septiembre de 1974; la Ligas Populares “28 de febrero”, vinculadas con el ERP, fundadas en marzo de 1977; la Unión Democrática Nacionalista, frente político del Partido Comunista; y la Liga  para la Liberación, vinculada con el PRTC, surgida en abril de 1975

 

         Las FAPU agrupaban a la Federación de Campesinos Cristianos, la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños, la Asociación de trabajadores Agropecuarios y Campesinos de El Salvador y el Frente Universitario de Estudiantes Revolucionarios Salvador Allende. Sin embargo, un debate en torno a si existían o no condiciones para un Frente Amplio unificado de toda la izquierda provocó la salida de la Federación de Campesinos Cristianos y la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños pasando estos a formar el 30 de julio de 1975 el Bloque Popular Revolucionario (BPR). Las Ligas Populares 28 de febrero de 1977 fueron formadas por las LP obreras, por las LP de estudiantes de secundaria, por las LP universitarias y las LP campesinas.

 

         Hasta el año 1979 cada agrupación guerrillera y cada organización de masas trabajaba independiente una de las otras. No es sino hasta el 10 de enero de 1980 que se inicia el proceso de unificación de las diferentes organizaciones revolucionarias en una instancia común de coordinación dentro del marco de una ofensiva general de las fuerzas político-militares revolucionarias dando así inicio a una etapa superior de lucha denominada Guerra Popular Revolucionaria. En mayo de ese año se funda el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y se crea el Directorio Revolucionario Unificado Político-Militar (DRU-PM) compuesto por: (a)  las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL), cuyo brazo militar será la Fuerzas Armadas Populares de Liberación (FALP); (b) Resistencia Nacional (RN) y su brazo militar la Fuerzas Armadas de Resistencia Nacional (FARN); (c ) el Partido de la Revolución Salvadoreña (PRS) y su brazo militar el Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP); y (d) el Partido Comunista de El Salvador.

 

         Igualmente como parte del esfuerzo de coordinación revolucionaria, se creó el Frente Democrático Revolucionario (FDR) al cual se adscriben dos estructuras adicionales de coordinación consistentes en: (a) La Coordinadora Revolucionaria de Masas, que incluía las estructuras de masas vinculadas con las agrupaciones político-militares y (b) El Frente Democrático, que agrupaba el resto del conjunto de las organizaciones sociales (cristianos, sindicales y estudiantiles y como observadores, la Federación Nacional de la Pequeña Empresa y la Universidad Católica José Simeón Canas.

 

         En este esfuerzo unificador de las diferentes tendencias y corrientes revolucionarias jugó un papel importante la Revolución Cubana. Las condiciones emergentes de una guerra civil en El Salvador impusieron a éstas, si querían avanzar hacia una etapa superior de desarrollo, la necesidad de la búsqueda del consenso y la unidad política en esa izquierda fragmentada por décadas. En efecto, la llamada Guerra Civil en El Salvador, que se estima duró entre 1980 y 1992 cuando las partes en el conflicto con la mediación de la Organización de las Naciones Unidas suscribieron los “Acuerdos de Paz de Chapultepec”el 16 de enero de 1992, pusieron oficialmente fin a un conflicto que costó la vida de más de 75 mil salvadoreños.  Sin esa unidad revolucionaria jamás se hubieran alcanzado los acuerdos de paz.

 

         En esta epopeya de lucha por parte de fuerzas armadas irregulares que se estiman entre 8-10 mil guerrilleros, armados con fusiles de asalto y armamentos artesanales; frente a una fuerza militar profesional, compuesta por 50 mil efectivos, incluyendo unidades élite entrenadas por Estados Unidos y apertrechadas con todo tipo de armamento ligero, misiles, artillería, vehículos blindados, helicópteros, aviación de combate y apoyo logístico de expertos en guerra irregular de Estados Unidos e Israel, se escribieron importantes páginas de la lucha revolucionaria contemporánea.

 

         Al final del conflicto, donde conforme a los acuerdos de paz se regresa a la institucionalidad del país, se sustituyó la policía de la oligarquía por una policía mixta, con la participación de efectivos de ambas partes en el conflicto; se depuraron las Fuerzas Armadas de aquellos violadores de derechos humanos, torturadores, asesinos y criminales; se legalizaron los partidos políticos y se abrieron espacios democráticos que propiciaron el avance hacia elecciones limpias; se comienza a atender, aunque aún en forma limitada, el problema de la reforma en la tenencia de la tierra y las libertades civiles, junto con la reconstrucción de las zonas destruidas por la guerra. En este nuevo espacio el FMLN se transforma en un partido político. Desde entonces, el FMLN ha venido participando activamente en la vida política democrática salvadoreña, avanzando en la lucha por el poder político, elecciones tras elecciones. Al presente, habiendo ganado las elecciones en la mayoría de las alcaldías y departamentos; y habiendo perdido, ganado y vuelto a perder aunque dentro de denuncias de fraude electoral en las pasadas elecciones de enero de 2009 la capital del país, San Salvador, el FMLN avanza de cara a las próximas elecciones presidenciales hacia un triunfo electoral.

 

         De acuerdo con dos de las más recientes encuestas efectuadas en El Salvador y dadas a la publicidad a finales del mes de febrero, la victoria del FMLN se estima permitiría en un primera vuelta un triunfo contundente del Frente que evitaría una segunda vuelta en unos comicios donde compitan los dos partidos que obtuvieran una mayoría de los votos en la primera ronda de votaciones. Así, se estima que de un total de 4.2 millones de electores, el resultado de las votaciones arrojaría entre aquellos que participen una ventaja para el FMLN de 49.3% frente a un 31.7% de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Otra encuesta ofrece unos porcientos muy similares, dando al FMLN un 43.80% y a ARENA un 32.9%. En todo caso el margen de la victoria del FMLN sería por más de un 10% de los votos.

 

         A pesar de lo anterior, Medardo González, Coordinador del FMLN ha alertado sobre el fraude electoral, sobre todo a partir de la experiencia de las pasadas elecciones municipales de 18 de enero, donde el FMLN perdió el poder en la capital del país, San Salvador. Se indica que entre los factores que influyeron en tal resultado fue el traslado a votar desde Estados Unidos de miles de salvadoreños que han emigrado de El Salvador, en un contexto donde cerca de una tercera parte de la población salvadoreña reside en este país; así como la entrada de extranjeros a los cuales se les otorgó un Documento Único de Identidad como si estuvieran nacionalizados a los cuales se le permitió votar.

 

         De acuerdo con otras encuestas, un 44.9% de la población opina que lo que más conviene al país es un cambio en estas elecciones frente a un 34.6% que se sostiene en la negativa a tal cambio. De hecho, dentro de la campaña desarrollada por el FMLN en estas elecciones es presentarse al país como el Gobierno del Cambio con un programa para cinco años que incluye, entre otros aspectos fundamentales los siguientes: (a) sacar a El Salvador de la crisis en que está sumido; (b) tomar la ruta del desarrollo; y (c ) construir y consolidar la democracia y el Estado de derecho.

 

         Considerando los Acuerdos de Paz de 16 de enero de 1992 como el “triunfo popular de mayores alcances después de la Declaración de Independencia”, el FMLN, reconociendo que a su vez los resultados desde el punto de vista de las reivindicaciones sociales, económicas y políticas aún han sido insuficientes, proponen cuatro ejes esenciales en su Programa: (a) Reforma Social hacia una sociedad justa y solidaria; (b) Reforma económica para el bienestar; (c ) Sustentabilidad ambiental hacia una sociedad en armonía con la naturaleza; y (d) Reforma política.

 

         Dentro del primer eje, Reforma Social, se definen como objetivos prioritarios la reducción sustancial de la pobreza ampliando las oportunidades de empleo; la elevación de los niveles educativos; el freno al alto costo de la vida; la erradicación de la exclusión económica, social y política, así como la disminución de las desigualdades; y elevar la calidad, el rendimiento del gasto y la inversión social.

 

         En el segundo eje, de Reforma Económica, el programa condena las consecuencias que ha dejado para El Salvador dos décadas de desarrollo de políticas estratégicas neoliberales– las mismas que se pretenden profundizar hoy en Puerto Rico– que han llevado a un agotamiento del modelo de desarrollo económico salvadoreño aumentando el desempleo, la pobreza, la desigualdad y el destierro de una tercera parte de la población, convirtiendo a El Salvador en una economía importadora, destruyendo su estructura productiva agropecuaria, desmantelando la industria, debilitando la producción nacional, endeudando al país, facilitando la evasión, destruyendo el ambiente y provocando un déficit fiscal. Ante esto, el FMLN propone como propuesta de primer orden, la creación de nuevas fuentes de trabajo dinamizando la economía a partir de elevar progresivamente el conocimiento, la innovación del proceso productivo y el incremento de la productividad; fortaleciendo las capacidades de los productores nacionales y el mercado interno; estimulando el ahorro, el consumo básico y la inversión productiva; e impulsando la inversión pública social y productiva del país. Un pilar en la estrategia del FMLN es la integración regional de Centroamérica y el Caribe.

 

         En el tercer eje, la Sustentabilidad Ambiental, el FMLN propone la protección, conservación, recuperación y uso racional de los recursos naturales. Así las cosas, la nueva política a impulsar estaría dirigida a “frenar los procesos de deterioro ambiental y lograr niveles efectivos de protección, conservación, restauración, recuperación gradual y uso sostenible de los ecosistemas y el ambiente a través de una política pública consistente y de largo alcance, un marco normativo e institucional eficaz, la coordinación inter institucional, la participación de la ciudadanía y el potenciamiento de una cultura para la edificación de una sociedad sustentable.”

 

         Finalmente, en cuanto al cuarto eje, la Reforma Política, el FMLN propone una Reforma del Estado donde se consolide el Estado Constitucional, social y democrático; la defensa de los derechos de pueblo salvadoreños en el exterior; el reordenamiento territorial, la descentralización y desconcentración política, administrativa, fiscal y económica en forma escalonada y gradual; el fortalecimiento de los gobierno locales; el fortalecimiento, depuración y modernización de las instituciones del Estado, acelerar la integración centroamericana y la democratización del sistema político tomando como punto de partida la democratización del sistema electoral.

 

         El programa del FMLN identifica los desafíos que deberá enfrentar El Salvador dentro de esta propuesta de cambio que proponen. Entre las puntos más acuciantes se encuentran: (a) la necesidad de establecer un mínimo vital para las familias salvadoreña; (b) lograr el crecimiento de la economía; (c ) frenar la inseguridad de la ciudadanía; (d) acortar la brecha del conocimiento; (e) saneamiento de las finanzas públicas; (f) reducción en el impacto de la crisis en los renglones alimentarios, energéticos, cambio climático y los efectos en la recesión en Estados Unidos– que dicho sea de paso, impactan las remesas que el país recibe de parte de aquellos que han emigrado hacia este país–; (g) la unidad nacional del pueblo salvadoreño; (h) derrotar los bloqueos al avance de la democracia; (i) fortalecer el Estado de derecho sobre bases democrática; y finalmente, (j) fortalecer la Unión Centroamericana.

 

         Un triunfo del FMLN sumaría un país adicional al proceso de transformación de la vida económica, política, social, cultural y ambiental que viene desarrollándose en América Latina desde la pasada década donde las posibilidades del sueño bolivariano de una América Latina unida desde la raíz misma de sus pueblos, avance hacia la integración que le permita de una vez por todas la superación de las asimetrías que un pasado colonial y semi colonial han dejado en ella. Tarde o temprano, en ese esfuerzo continental, Puerto Rico también habrá de aportar sus capacidades como pueblo caribeño y latinoamericano.

 

 

Alejandro Torres Rivera, abogado laboral puertorriqueño, es profesor del Instituto de Relaciones del Trabajo de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y Secretario de Educación Política del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano de Puerto Rico.  Es un querido asiduo colaborador de nuestra revista.