Las elecciones legislativas en Haití: ¿una salida hacia dónde?

 

Alejandro Torres Rivera

 

12 de febrero de 2009

 

                                                         

         El 7 de febrero de 2006 se efectuaron elecciones presidenciales en Haití. Ganó las misma su actual Presidente, René Preval habiendo obtenido un amplio margen de ventaja de 48.76 % de los votos sobre su rival más cercano, Leslie Manigat, quien obtuvo el 11.83%. Preval ya había ocupado la presidencia del país como resultado de elecciones efectuadas el 7 de febrero de 1996.

 

         Haití es un país que comparte el territorio de la Isla de la Española con la República Dominicana. Abarca en extensión territorial 27,750 Kms. cuadrados lo que equivale a una tercera parte de la Isla. Su independencia fue declarada el 1 de enero de 1804 luego de una guerra contra Francia que se extendió desde 1793 teniendo el beneficio de ser la segunda república establecida en el Hemisferio Americano, solo precedida por Estados Unidos y ser, además, la primera nación donde los esclavos lograron abolir el sistema esclavista por acción propia revolucionaria de éstos. Fue en Haití donde fueron derrotadas originalmente las tropas napoleónicas previo a su derrotas definitivas en el continente europeo.

 

         Esta afrenta histórica a las fuerzas imperiales le ha costado mucho al pueblo haitiano. Las potencias imperialistas nunca han perdonado al pueblo haitiano la derrota infligida ni la eliminación por la vía revolucionaria del régimen esclavista.

 

         El pasado 7 de febrero, dentro del marco de la conmemoración del tercer año del mandato del actual presidente Preval, mediante Decreto Presidencial, se ha anunciado la convocatoria a elecciones para seleccionar una tercera parte, doce en total, de los integrantes del Senado en dicho país. En el proceso hacia las elecciones de un total de 105 aspirantes, han sido descalificados cuarenta de ellos, incluyendo la totalidad de los candidatos del Partido Lavalas dirigido por el ex Presidente Jean-Bertrand Aristide quien fue electo originalmente en 1990. Aristide gobernó hasta 1991 cuando fue depuesto mediante un Golpe de Estado. Luego de tres años en el exilio regresó al poder el 15 de octubre de 1994 para concluir su mandato siendo sustituido en 1996 por Preval. En las elecciones de 2001 Aristide fue nuevamente electo presidente de la República para ser depuesto nuevamente el 29 de febrero de  2004 con la anuencia de Estados Unidos y Francia en medio de serias acusaciones por corrupción.

 

         A la salida de Aristide del gobierno su sucesor Boniface Alexandre solicitó  el envío al país de una fuerza militar multinacional integrada por efectivos de Estados Unidos, Francia, Canadá y Chile como resultado de la falta de gobernabilidad del país y la situación de violencia generalizada. Esta fuerza militar, bajo el nombre de “Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití”(MINUSTAH), cuenta al presente con 9,000 efectivos militares bajo el mando de Brasil, quien aporta 7,265 soldados. Simultáneamente, bajo la dirección de Canadá, permanecen destacados en Haití 1,741 efectivos policiacos. Aportan dentro de este esfuerzo militar-policiaco efectivos de Chile, Uruguay, Argentina, Ecuador, de la OTAN (España, Canadá, Francia y Estados Unidos).

 

         Haití es hoy uno de los países más pobres del mundo. Ocupa la posición número 157 de 177 en bajos índices de educación con un 85% de analfabetismo; salud; expectativa de vida. Con una población estimada de 8.5 millones de los cuales el 90% vive en condiciones de pobreza, la mayor parte sobreviviendo con un ingreso diario equivalente a $1.00 o menos. La destrucción de su medio ambiente, la deforestación del país, la violencia, la falta de oportunidades de empleo, la destrucción de su estructura productiva, el narcotráfico y la falta de gobernabilidad hacen de Haití un país con serias deficiencias de viabilidad.

 

         En estos momentos la emigración masiva ha sido una de las válvulas de escape a la situación económica. Mientras cerca del 80% de los sectores educados y profesionales se plantean abandonar el país ante la falta de oportunidades, miles optan por las salidas ilegales principalmente hacia Estados Unidos y Canadá desde donde envían anualmente al país cerca de $1 mil millones en remesas monetarias.

 

         Un Informe de la Comisión Dominicana de los Derechos Humanos, publicado el 14 de enero de 2009, denuncia cómo el anti-haitianismo sigue percolando los estamentos de poder de la sociedad dominicana donde incluso se plantea la desnacionalización de aquellos hijos(as) de inmigrantes no documentados nacidos en la República Dominicana revocándoles su ciudadanía por nacimiento como dominicanos y privándoles de los derechos que como ciudadanos del corresponde dentro del Estado dominicano.

 

         Ya en la época del Dictador Leónidas Trujillo, se desarrolló en la República Dominicana programas xenofóbicos contra el pueblo haitiano que incluyeron la eliminación física a machetazos de miles de inmigrantes haitianos en las región fronteriza con Haití como una forma de limpieza étnica. Estas políticas contra la población haitiana no desaparecieron con el ajusticiamiento del Dictador. Son muchas las denuncias hechas sobre los abusos a los que son sometidos los trabajadores haitianos en los campos y comunidades agrícolas, especialmente aquellas denominadas popularmente como “bateyes”.

 

         Como indicamos, tanto en el pasado y aún al presente, uno de los países receptores de inmigrantes haitianos es la República Dominicana. Un estudio de la Organización Internacional de las Migraciones publicado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLASCO) titulado “Encuesta sobre inmigrantes haitianos en la República Dominicana”, aporta importantes datos sobre ése componente migratorio sus características más pronunciadas. Nos indica el Estudio que la inmigración haitiana en el Siglo XXI, a diferencia del siglo anterior, va de la mano con el cambio en el modelo económico de la República Dominicana al pasar “de una economía agro exportadora a una de servicios abierta hacia el exterior”, lo que lleva a generar una “amplia movilidad de la fuerza laboral dominicana, y una migración hacia el exterior que ha dejado espacio a la mano de obra extranjera.” Este elemento ha propiciado que hoy día la fuerza de trabajo haitiana haya penetrado sectores productivos en la República Dominicana en la construcción, las obras públicas, el comercio ambulante, el servicio doméstico, el transporte, el turismo y la agricultura, tanto de plantaciones como de medianos propietarios.

 

         Continúa indicando el referido Estudio, que a diferencia del proceso migratorio haitiano del Siglo XX, el cual estaba basado en contratos de trabajo a partir de un modelo estacional donde el Estado y los conglomerados privados vinculados a la producción azucarera de braceros en Haití que iban a trabajar en labores agrícolas, recogían en centros de acopio en Haití a los trabajadores y luego los conducían en camiones, custodiados por fuerzas militares dominicanas; este nuevo componente migratorio se desplaza hacia centros urbanos, procediendo a su vez desde áreas urbanas en Haití.

 

         Al entrar en la República Dominicana, una gran parte de éstos lo hacen con pasaporte haitiano, con visados de turista expedidos por los consulados dominicanos, para posteriormente quedarse en el país como trabajadores; otros lo hacen a través de la frontera por vías clandestinas dirigidos a empleos ilegales.

 

         El Estudio nos indica siguiente:

 

“A diferencia de cómo acontecía hasta finales de los 80, la inmigración ya no está bajo control gubernamental, ni se hace mediante el reclutamiento colectivo, con los mencionados contratos inter-gubernamentales. Ahora la contratación, al igual que muchas otras actividades se ha privatizado, está en manos de actores privados y operan las redes o los buscones de nuevo cuño o las empresas contratan directamente.”

 

         A pesar de estos cambios, sin embargo, el inmigrante haitiano en República Dominicana, al discrimen por origen nacional del cual son objeto por la sociedad dominicana, pasan a ocupar las posiciones menos remuneradas y claro está, bajo las peores condiciones de trato y trabajo.

 

         Otra de las deficiencias señaladas al actual gobierno de Preval es su incapacidad aparente para producir opciones de cambio en la situación económica del país. Mientras su gobierno continúa aplicando en Haití medidas de corte neoliberales que ya han demostrado su fracaso en otros países, mediante nuevos préstamos sigue endeudándose el país.

 

         A lo anterior también se suman los problemas relacionados con la presencia en su suelo del componente militar de la Organización de las Naciones Unidas como fuerza pacificadora.

 

         La presencia de la “Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití”, junto a la crisis política, la reforma del poder judicial y el impacto de la crisis económica, a juicio de Mariano Aguirre y Amélie Gauthier en su breve ensayo titulado “Haití frente a grandes desafíos” son los cuatro factores que marcan la situación haitiana en estos momentos.

 

         Las condiciones creadas por la MINUSTAH en Haití presenta serias  interrogantes para el ejercicio de la soberanía de los pueblos latinoamericanos que en el pasado han sufrido múltiples intervenciones militares por parte de Estados Unidos como son los casos de Puerto Rico, Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Haití, Panamá, Guatemala, por solo mencionar algunas. Se trata de una nueva modalidad de intervencionismo, donde bajo la justificación de desarmar  gangas armadas que siembran la desolación entre la población civil e impiden al Estado asumir sus funciones de orden público, se materializa la ocupación militar de un país por Fuerzas Armadas extrajeras que intervienen directamente en sus asuntos políticos internos, como es asumir posturas en contra de los seguidores del anterior régimen de Aristide, o sencillamente, sustituir en funciones el papel del Estado.

 

         La presencia de MINUSTAH en Haití ha sido también foco de controversias en observadores extranjeros que ven en ella una nueva modalidad de intervencionismo por parte potencias extranjeras. Para algunos el problema haitiano no se resuelve con la ocupación de fuerzas extranjeras sino con la participación efectiva de la comunidad internacional en políticas no imperiales que contribuyan al desarrollo del Estado haitiano y el fortalecimiento de sus instituciones democráticas.

 

         Como ha indicado Mariano Aguirre y Amélie Gauthier en Haití frente a grandes desafíos:

 

“Para algunos sectores dentro y fuera de Haití, la misión de la ONU es una fuerza de ocupación, que está haciendo el trabajo de Estados Unidos y Francia. Pero muy diversos sectores dentro del país consideran que su presencia ha sido clave para disolver las bandas y es necesaria para garantizar la transición hacia una democracia y una institucionalización más permanente. El problema no es si MINUSTAH debe esta en Haití, según otros actores internacionales, sino cómo está. Un funcionario europeo nos dice que la misión es “como un pulpo”que está en todo, y eso debilita la capacidad del Estado en vez de fortalecerlo.”

 

         Esta misión de MINUSTAH estará sujeta a revisión luego de las próximas elecciones generales pautadas para el año 2011, donde a juicio de algunos, se reducirá su componente militar y policiaco

 

         Uno de los elementos que han propiciado la corrupción en Haití ha sido la protección recibida por las potencias imperiales de gobernantes que a lo largo de décadas han consolidado un poder político, económico y militar precisamente al amparo de los propios estados imperialistas. Tal fue el caso de la Dictadura de Francois Duvalier y Jean-Claude Duvalier entre 1957 y 1986, así como el desarrollo de estamentos militares pro oligárquicos, educados en la Escuela de las Américas, todos ellos legados históricos de la ocupación estadounidense de Haití por parte de Estados Unidos durante los años 1915 a 1934.

 

         Una gran parte de la ayuda humanitaria enviada a Haití por organismos internacionales dirigida a atender las condiciones materiales de su población no llegan a sus manos en forma gratuita sino que son interceptadas en algún punto por sectores corruptos de una élite dedicada al comercio que los distribuye tanto en el mercado formal como en las calles a través de la economía informal para beneficio propio. Un mercado natural dada su condición geográfica como es la República Dominicana está también marcado por sería asimetrías. Mientras cada vez más empresarios dominicanos invierten recursos en Haití sobre explotando su fuerza de trabajo en la producción de artesanías y producción manufacturera pagada a precios irrisibles y desarrollada esa producción en condiciones de semi esclavitud, en República Dominicana, donde emigran miles de haitianos anualmente, se les discrimina racialmente y se les explota a niveles insospechados.

 

         Los desastres naturales asociados con huracanes y lluvias torrenciales, que ha llevado a estragos incomesurables en este país con miles de muertos y desaparecidos viene a sumar en su población las penurias causadas por el régimen económico imperante en Haití.

 

         Haití vive un grado de desolación e incertidumbre sobre su futuro y viabilidad como país que cada vez son más aquellos y aquellas que nos preguntamos si las medidas adoptadas hasta el presente por la comunidad internacional propiciarán al final de cuenta su avance como un Estado soberano en el pleno ejercicio de sus poderes políticos al servicio de su pueblo. Si pues presente la interrogante de hacia dónde se dirige Haití en su esfuerzo por encontrar salida a su actual situación.

 

           

Alejandro Torres Rivera, abogado laboral puertorriqueño, es profesor del Instituto de Relaciones del Trabajo de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y Secretario de Educación Política del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano de Puerto Rico.  Es un querido asiduo colaborador de nuestra revista.