Cincuenta años del Premio Literario Casa de las Américas

Lorna Bazán

 

 

Al medio siglo de existencia arribó con muy buena salud uno de los certámenes literarios más antiguos de América Latina. En su más reciente edición concursaron 624 obras y Argentina se alzó como la gran ganadora del Premio. La Casa trasladó en esa ocasión la tradicional celebración de este certamen para la primera quincena de febrero con el fin de acercarse así a la XVIII Feria Internacional del Libro, Cuba 2009, que en esta ocasión está dedicada también a los 50 años de la institución literaria insignia del continente.

 

Mañana es lejos (memorias verdes de los años rabiosos), del argentino Eduardo Rosenzvaig, obtuvo el lauro en Literatura Testimonial, seleccionado por un jurado integrado por Paco Ignacio Taibo II, de México; Hernán Uribe Ortega, de Chile, y José Ignacio López Vigil, de Cuba. En el acta de entrega los jurados afirmaban que habían tomado esta decisión “Debido a la inmensa capacidad para sintetizar la tragedia de la generación rebelde argentina a lo largo de 20 años, la calidad literaria del lenguaje, el brillo de las imágenes y metáforas, y su notable habilidad para narrar que la masacre no solo afectó a muertos y desaparecidos, sino que destruyó el tejido social de todo un país, en un sorprendente ejercicio de reflexión y memoria sobre un tema crucial en la América Latina”. Proveniente de ese mismo país fue la mención de este apartado, Hay que saberse alguna poesía de memoria. Testimonios de una mujer argentina, de Patricia Miriam Borensztejn.

 

La prometida del señor de la montaña o La doncella del Huillallaco, de Yoli Fidanza, también de Argentina, resultó el título premiado en Literatura para niños y jóvenes, al decir del jurado compuesto por Mauricio Paredes, de Chile; Beatriz Helena Robledo, de Colombia, y Teresa Cárdenas, de Cuba: “Por considerarla una obra que aborda la tradición incaica con una visión original sin caer en estereotipos comunes a esta clase de temas; por humanizar un ritual iniciático a través de un lenguaje conciso que genera imágenes con resonancias perdurables, y transportarnos a una realidad lejana en el tiempo, sin perder una conexión emocional con el joven lector contemporáneo”.
El laberinto de las pesadillas, de Ricardo Chávez Castañeda de México; Sala de profesores, de Carla Dulfano de Argentina, y El mar de la selva, de Rodolfo Dada de Costa Rica obtuvieron las menciones.

 

El boliviano Claudio Ferrufino-Coqueugniot se alzó con el Premio de Novela, uno de los más codiciados en el certamen, con El exilio voluntario. El jurado, conformado por Carmen Boullosa, de México; Carlos Noguera, de Venezuela; Grínor Rojo, de Chile; Héctor Tizón, de Argentina, y Lourdes González Herrero, de Cuba, explicó que se trata de una novela “centrada en una importante problemática latinoamericana, la de los desplazamientos que por distintas razones se producen desde nuestros países hacia los centros de poder hegemónico y las consecuencias que ello tiene”. Además, por ser una prosa “formalmente vertiginosa, narrada con enorme vitalidad y dominio del oficio”. Dos argentinos, Enrique Ferrari y Fernanda García Curten, obtuvieron las menciones del apartado con los libros Lo que no fue y La reemplazante.

 

Réquiem, de Lêdo Ivo, obtuvo el lauro de Literatura Brasileña, al decir de los jurados Ana María Gonçalves y Floriano Martins, de Brasil, y Ondjaki, de Angola, por ser un poemario que hace “un recorrido por el mundo de las pérdidas del poeta, en un ambiente ampliado hasta el punto de identificación posible con el dolor general. Su autor —uno de los más destacados de la lírica brasileña— ofrece al lector una musicalidad intensa y original, con fuerza bautismal de lugares simples y silenciosos. Y desde el resplandor del silencio alcanza un ritmo poético que resulta un canto esencial a la vida”.

 

El Premio Extraordinario de Estudios sobre los Latinos en los EE.UU., instaurado por primera ocasión este año, recayó sobre Juan Flores, de Puerto Rico por su texto Bugalú y otros guisos: ensayos sobre culturas latinas en Estados Unidos. El jurado integrado por Roberto Márquez, de Puerto Rico; Félix Masud Piloto, de Cuba, y Antonio Aja, de Cuba, acordó premiar esta obra en la que “la gama temática de los ensayos que componen este guiso abarca los asuntos centrales de las comunidades latinas en los EE.UU., así como la a veces ambigua pero sostenida relación vital con sus diversos países de origen”. Y por tratarse de un “libro sustancioso de ensayos agudos, penetrantes y, en el mejor sentido, provocadores, Bugalú y otros guisos… sobresale por sus excelencias tanto literarias como de investigación y análisis, y nos ofrece ocasión para comprobar una vez más y hacerle justo y merecido honor a la gran contribución de quien ha sido y es uno de los adelantados más notables en el campo de los estudios que con este premio se reconocen”.

 

La Casa de las Américas otorgó su Premio de poesía José Lezama Lima a El alternado paso de los hados, del poeta peruano Carlos Germán Belli; el de narrativa José María Arguedas a La ceiba de la memoria, del narrador colombiano Roberto Burgos Cantor, y el de ensayo Ezequiel Martínez Estrada a Globalización e identidades nacionales y postnacionales… ¿de qué estamos hablando?, del chileno Grínor Rojo.

Creado apenas unos meses después de fundada la Casa de las Américas en abril de 1959, este Premio ha servido como plataforma de lanzamiento a muchas de las figuras más reconocidas en la actualidad dentro de la literatura del Río Bravo a la Patagonia. Este certamen es, al decir de Jorge Fornet, Director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa, el decano de los eventos culturales de la Revolución. Este premio podría considerarse de algún modo el hijo predilecto de la institución presidida durante muchos años por Haydée Santamaría y dirigida en la actualidad por el poeta y ensayista, Premio Nacional de Literatura, Roberto Fernández Retamar. En su discurso inaugural de esta 50 edición del Premio, Retamar afirmaba que “le hemos sido fieles a Haydée del único modo que la complacería: creciendo”. (...) “La Casa de las Américas, con su formidable equipo de trabajadores manuales e intelectuales, equipo orientado directa o indirectamente por Haydée, puede cumplir 50 años porque los ha cumplido la Revolución martiana y fidelista que creó la Casa apenas cuatro meses después del triunfo. Y el balance de esa Revolución está hoy a la vista de todos: lo está haciendo, en actos fundadores, la América Latina y el Caribe, que vive un momento excepcional de su historia. Con cuánto orgullo Haydée hubiera contemplado esta América nuestra que reclama la presencia de Cuba y donde ha vuelto a ponerse de manifiesto el valor de tantos luchadores políticos y sociales, y también el de incontables escritores y artistas cuyas obras ella contribuyó a difundir con generosidad y espíritu abierto.”