Desde Baracoa

De Punta a Cabo el pueblo consciente, firme y resuelto

3 de agosto del 2006

 

 

Baracoa.-  Hace ya varios días que estoy de recorrido por tres de las provincias orientales cubanas.  Desde antier me encuentro en Baracoa, extraordinariamente bella región del oriente cubano.

 

Comencé esta gira por Santiago de Cuba a la cual llegué en tren desde La Habana.  El viaje en tren fue largo y lento.  En carro viajé de Santiago a Baracoa.  Es un viaje de ensueños.  El viaducto de La Farola, construido en el primer lustro de los años sesentas, el cual atraviesa las grandes montañas del sureste insular es una extraordinaria obra de ingeniería.

 

Esta antigua pequeña ciudad fue en 1511 el primer asentamiento permanente fundado en esta isla por los conquistadores españoles.  En menos de dos semanas, el próximo 15 de agosto, en la Festividad de la Asunción de María, cumplirá 495 años de fundada.

 

La villa de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa vivió por siglos aislada del resto del país por lo intricado de sus montañas, las cuales por siglos también sirvieron de refugio a los negros esclavizados, quienes prefirieron la libertad que ofrecían los montes a la esclavitud, como también fue el lugar de la Isla donde por más tiempo vivieron como grupo los descendientes de los aborígenes de Cuba.

 

Baracoa, con sus estrechas calles, se extiende a lo largo de la orilla de una bellísima ensenada limitada en sus extremos por dos bellos lomeríos que se adentran en el mar.  Por siglos sus habitantes vivieron del mar, y por mar se comunicaban con el resto de la Isla y con otras tierras antillanas.  El contrabando, –llamado entonces convenientemente comercio de rescate—, pieza angular de su comercio, les permitió sobrevivir.  Cercana a una de esas dos lenguas de tierra que limitan la ensenada, llamada Bahía de Miel, se encuentra el poblado de Yara.  Este Yara, y no el otro que se encuentra en la región de Manzanillo, fue donde los conquistadores españoles finalmente capturaron y quemaron vivo al bravo cacique taíno, Hatuey, quien organizara la primera gran resistencia isleña a la invasión española.

 

Ayer visité la playa de Duaba, lugar por donde desembarcara la gloriosa expedición de la goleta Honor, la cual trajera, el 1 de abril de 1895, para dirigir la última de nuestras guerras de independencia de España, a los bravos generales, Antonio y José Maceo y Flor Crombet.  Un obelisco de mármol gris marca el lugar. 

 

El día anterior camino de la ciudad de Guantánamo a Baracoa, visité Playita de Cajobabo, lugar donde días después del desembarco de la expedición de la Honor, el 11 de abril de 1895, desembarcaran, para también dirigir aquella guerra, el General en Jefe, Máximo Gómez, y el Apóstol, en compañía de cuatro expedicionarios más. Una gran tarja de mármol incrustada en la superficie de un farallón marca aquel otro histórico lugar.

 

También ayer visité el Parque Nacional Alejandro de Humbolt, el cual se encuentra a unos 60 kilómetros, por la costa, al noroeste de Baracoa.  Este parque cubre unos 700 kilómetros cuadrados de superficie, es el más grande de su tipo en Cuba.  En el se encuentran más de tres mil plantas florecidas, más de 700 de éstas propias solamente de esta región. Mañana me dirijo a la Punta de Maisí.

 

En Santiago estaba la noche del 31 de julio pasado cuando se dio a conocer al país la gravedad de Fidel y su histórica decisión de delegar temporalmente sus funciones oficiales, principalmente, como corresponde por ley constitucional, en Raúl.

 

A pesar de lo inesperado de esa conmocionante noticia, después de las primeras horas de intensa emoción y preocupación, todo aquí ha seguido su curso normal, siempre alerta y al tanto todos de la salud de Fidel. Recorrí las principales avenidas santiagueras esa noche de intensos aguaceros, y a la mañana siguiente, y la población, aunque consternada y comentando la situación, seguía el curso cotidiano de su vida.

 

Sí hubo mítines cortos frente a centros de trabajos.  Fui testigo de dos, uno frente al edificio del gobierno provincial y el otro frente al edificio del gobierno municipal, en los que principales dirigentes brindaron información a los congregados allí, principalmente funcionarios y otros trabajadores de esas dependencias.

 

No he visto en todo el curso de mi recorrido de cientos de kilómetros, desde Santiago a Baracoa y después sus alrededores, ninguna manifestación anormal de la vida cotidiana de la población, más allá, como dije, de la preocupación y consternación por la salud de Fidel. La impresión generalizada de la población es que, como siempre ha sucedido, una vez más, Fidel recuperará su salud.  

 

La decisión por parte de la dirigencia revolucionaria, por su supuesto, principalmente por parte de Fidel, de delegar temporalmente sus funciones constitucionales en su sucesor constitucional, ha sido de suma importancia política para el país y para el resto del mundo, especialmente, para los enemigos de la independencia de Cuba.

 

Es mi impresión, después de pensar sobre la misma, que es probable que la decisión que Fidel delegara públicamente, al menos parte, de sus muchas responsabilidades y funciones oficiales en otros altos dirigentes, de acuerdo al orden constitucional establecido, podría haber sido tomada en el curso de este año coincidiendo con su llegada a la venerable edad de 80 años de vida.  Y que se aprovechó ahora la coyuntura de la gravedad de su salud para tomarla.

 

Sin lugar a dudas vivimos un memorable acontecimiento histórico de primerísima importancia. Todos hemos estado conscientes de la edad de Fidel y preguntándonos cómo se haría este cambio de mando en el proceso revolucionario.  Ahora lo sabemos.  Y los cubanos han reaccionado con mucha madurez y confianza.  La solidez de las instituciones nacionales ha quedado demostrada a todos.  Las mismas han demostrado una vez más su robustez y vigor.

 

El país ha demostrado estar plenamente consciente de lo inevitable que es un eventual retiro de Fidel de sus funciones oficiales.  Él mismo ha estado por largos años hablando sobre este inexorable curso de la vida. El país estaba absolutamente preparado, en su psiquis colectiva para este momento, y el otro, inevitable y permanente, de su muerte, que espero no sea por muchos años.  Por lo pronto, aquí todo el mundo está tranquilo y confiado en sus capacidades.

 

He visto por televisión las imágenes de los reportajes de CNN, además de lo contado por amigos en Miami con quienes conversé ayer por teléfono.  En realidad no me ha interesado mucho saber sobre cómo han reaccionado los enemigos de Cuba Libre ante esta noticia.

 

¿Cómo iban a reaccionar sino como lo hicieron?  ¿Qué iban a decir sino lo que dijeron?

 

Las mismas manifestaciones de frustración, odio y venganza de siempre.  Las mismas de cuando Girón –para ellos siempre Bahía de Cochinos—la Crisis de Octubre, los acontecimientos de la embajada del Perú, cuando la desintegración de la Unión Soviética, cuando el secuestro del niño Elián y cuando el desmayo y la caída de Fidel en el Cotorro y Santa Clara.

 

Las mismas que históricamente han manifestado los enemigos de Cuba Libre a través de nuestra historia patria.  Las mismas manifestaciones en carácter que tuvieron las de las turbas, la prensa y las otras instituciones de la colonia cuando fueron anunciadas las muertes de Agramonte, Céspedes, Martí y Maceo.

 

Son las mismas en espíritu y objetivos hoy, que la de los Voluntarios de entonces.

 

Esa gente en Miami ha vuelto a demostrar al mundo los rastrojos morales que realmente son. 

 

Dejen que pase un tiempito y entiendan lo que todo esto significa para el futuro desarrollo de Cuba Libre; dejen que pase un tiempito para que cale, en el poco raciocinio político que tienen, que lo que esta histórica situación demuestra es la continuidad y profundización del proceso libertario del pueblo cubano, y que ellos jamás volverán a formar parte de la Nación cubana. fin