Una ocasión excepcional de contentura general

Andrés Gómez

 

Marzo del 2006

 

 

Hay ocasiones excepcionales que deleitan.  Una de éstas fue la ceremonia de entrega de la Distinción Félix Elmuza que me concediera la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).  Esta Distinción es la más alta que pueda conceder esa prestigiosa institución nacional. La ceremonia de entrega tuvo lugar el lunes, 27 de marzo pasado, en el Salón de Actos de la sede de la UPEC en La Habana.

 

Fue un acto solemne, caracterizado por una evidente alegría general. Presentes estaban decenas de entrañables amigas y amigos. El acto comenzó con el Pase de la Bandera y el Himno Nacional. Seguido hizo uso de la palabra  , Juan Marrero, vicepresidente de la UPEC, quien tuvo la responsabilidad de hacer la introducción y explicación del acto.  Después que Juan terminara sus palabras en las cuales dejara saber la decisión de otorgarme la Distinción, Tubal Páez, presidente de la UPEC me impuso la medalla la representa. Una vez de habérseme impuesto la medalla hice uso de la palabra. Me sentí profundamente honrado y emocionado.  Al concluir un emotivo discurso, hizo uso de la palabra mi viejo amigo, Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, quien hizo el resumen del acto.

 

Entre los otros amigos que me acompañaron esa tarde se encontraban importantes personalidades de la cultura, la universidad, la política y la prensa. Amigos que he tenido la inmensa suerte de conocer y querer a lo largo de los años. Entre éstos, además de lo ya nombrados, estaban Abel Prieto, ministro de Cultura; Fernando Remírez de Estenoz y Rolando Alfonso, jefes de los Departamentos de Relaciones Exteriores e Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba respectivamente; Carlos Zamora, director del Departamento de Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior  (DACCRE) del Ministerio de Relaciones Exteriores; Nancy Morejón y Pablo Armando Fernández, Premios Nacional de Literatura; mis gordas queridas, Sara González –fundadora de la Nueva Trova- y Diana Balboa –prestigiosa artista plástica; Amaury Pérez y Marta Valdés, queridos y renombrados cantantes y compositores; José Omar Torres, Alicia Leal, Juan Moreira y Lesbia Vent Dumois, también prestigiosos artistas plásticos; Miriam Talavera, respetada realizadora; Lázaro Barredo, Rogelio Polanco y Frank Gónzalez, directores de Granma, Juventud Rebelde y Prensa Latina, respectivamente; mis queridas Susana Lee y Arleen Rodríguez Derivet, así como los entrañables, Pedro Martínez Pírez, Randy Alonso, Roger Ricardo, Pedro de la Hoz, Luis Sexto y otros formidables colegas periodistas; Darío Machado y Jesús Arboleya, valiosos investigadores académicos; Irma, Mirta, Magalys, Elizabeth, Olga, Adriana, Rosa Aurora, Roberto, Maruchi madres, esposas y hermanos de nuestros Cinco queridos compatriotas y compañeros, Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René.  Además de otros muy queridos amigos y amigas, muchos de ellos reconocidas personalidades en distintas actividades de la vida nacional, el nombrarlos a todos es innecesario.

 

A aquellos que he nombrado lo he hecho para resaltar lo que para mí es la importancia fundamental del otorgamiento de esta prestigiosa Distinción. Y esta es que a través de la decisión de la UPEC  se reconoce por vez primera en la vida nacional la patriótica y meritoria labor que de manera constante, diaria y efectiva hemos llevado a cabo en Estados Unidos y en Puerto Rico, especialmente en Miami, aquellos que componemos el sector más consciente de la emigración cubana en esos dos países a favor de causas esenciales. 

 

Entre estas están, en primer lugar, la defensa de la independencia y de las libertades del pueblo cubano y su derecho a vivir y a desarrollarse en paz; también laboramos por desarrollar una relación justa y satisfactoria entre la nación y su emigración; abogamos por la normalización de todas las relaciones que deben existir de manera digna y respetuosa entre los pueblos de Estados Unidos y Cuba, y para lograrlo exigimos el fin de la política de agresión permanente, incluyendo la política genocida de Bloqueo, así como la otra que ha utilizado al terrorismo como arma y política de Estado contra el pueblo cubano, amparando y brindando impunidad a los terroristas de la extrema derecha de origen cubano radicados principalmente en Miami quienes han sido criminales ejecutores de tanta violencia y maldad contra el pueblo cubano.  También hemos nos hemos esforzado en reclamar la revocación de las prohibiciones de viaje a Cuba impuestas por administraciones estadounidenses, especialmente las que impiden que los cubanos emigrados en Estados Unidos puedan viajar a estar y compartir con sus familias, otros seres queridos, y relacionarse y compenetrarse normalmente con el resto de la sociedad cubana, derecho que es tanto natural como constitucional.

 

No puedo dejar de mencionar en esta apretada síntesis, como cuestión de honor, la tarea que por 27 años, bajo la dirección de nuestro compañero Raúl Álzaga, hemos venido realizando para que se esclarezca el asesinato de nuestro inolvidable compañero, Carlos Muñiz Varela, y se lleve ante los tribunales y se castigue, como la ley establece, a sus cobardes asesinos. Y la otra que más recientemente hemos llevado a cabo ante el gobierno, los tribunales de justicia y la opinión pública estadounidenses exigiendo que se liberen, haciéndose así justicia, a nuestros Cinco hermanos injustamente presos por precisamente combatir a ese nefasto terrorismo que antes mencioné.

 

Es entonces esta la primera vez que una institución nacional este tipo de reconocimiento a un emigrado cubano en el ámbito de una labor no relacionada directamente con el quehacer cultural.

 

Anteriormente, el sabio cubano, por largas y fructíferas décadas catedrático de la Universidad de Yale, José Juan Arrom, recibió, en 1981, el título de Profesor Honoris Causa en Letras y Artes de la Universidad de La Habana, y en 1983 le fue concedida la Orden Félix Varela, la máxima orden que se otorga a ciudadanos cubanos en reconocimiento a aportes extraordinarios realizados a favor de los valores imperecederos de la Cultura Nacional e Universal.

 

La Casa de las Américas, venerable institución cultural, ha hecho entrega de premios en tres ocasiones a emigrados cubanos residentes en Estados Unidos.  La primera fue en 1978 cuando un jurado de ella concedió a un grupo de jóvenes emigrados cubanos, agrupados alrededor de la revista Areíto, el Premio Extraordinario “La Juventud en Nuestra América” en la categoría Testimonio por el libro “Contra Viento y Marea”.

 

La segunda ocasión, en 1981, fue la entrega póstuma a nuestra, también inolvidable, compañera, Lourdes Casal, primera directora de la revista Areíto –muerta ese mismo año- del Premio de Poesía Casa de las Américas por su poemario “Palabras Juntan Revolución”. 

 

El tercero de estos premios, el Premio Extraordinario de Literatura Hispana en Estados Unidos, le fue concedido en 1997 a mi querida amiga, Sonia Valdés-Rivera, por su libro de cuentos “Las Historias Prohibidas de Marta Veneranda”.

 

Insisto en señalar, por la importancia que tiene, que la entrega de esta Distinción, por su propia naturaleza, reconoce entonces lo que ha sido un trabajo colectivo de miles de nosotros en Miami y en el resto de Estados Unidos, que venimos realizando desde antes del triunfo revolucionario de Enero, a través de los emigrados cubanos que en Nueva York fundaran la Casa Cuba, después convertida en la Casa de las Américas.  Después, desde 1974, cuando se fundara la revista Areíto, por aquellos que salimos después de 1959, revista, ahora en su tercera época con el nombre de Areíto Digital, que he tenido el honor de dirigir desde 1986. Imprescindible en esta ardua labor ha sido la responsabilidad que ha tenido en el mismo la Brigada Antonio Maceo, fundada en 1977 y que desde entonces, hace 29 años, viene desarrollando su labor patriótica.

 

Hoy ese trabajo se desarrolla en Miami por las organizaciones que integran la coalición Alianza Martiana:  la Alianza Martiana, como organización individual, la Alianza de Trabajadores de la Comunidad Cubana, la Asociación Cultural José Martí  la Asociación de Mujeres en Defensa de la Familia, el Círculo Bolivariano de Miami y la Brigada Antonio Maceo.

 

El aspecto de este trabajo que se encauza a través del periodismo se ha enriquecido y multiplicado con la difícil labor que diariamente realizan en el mismo Miami dos programaciones radiales diarias: Radio Miami, que dirige nuestro compañero, Max Lesnik, y la otra, más antigua, Radio Progreso Alternativa, dirigida por Francisco González Aruca.

 

Esta memorable ocasión brinda la impostergable necesidad de continuar desarrollando y profundizando el mutuo conocimiento y compresión –para el bien de todos- de esa fundamental comunidad de intereses y preciados afectos que es la relación entre la nación y su emigración. fin