Entrevista con Alfredo Guevara

Música y cine, génesis cubana de estrechas relaciones

 

Yinett Polanco

 

El tema central del Simposio que se lleva a cabo dentro del espacio del CUBADISCO 2007 es la música y el cine. Sobre las relaciones entre estas dos manifestaciones artísticas, sus vasos comunicantes y sus interdependencias existen las más disímiles opiniones, aunque ninguna se atreva a negar a estas alturas del siglo XXI que el cine es imagen, pero también es sonido. En el caso cubano estas relaciones se revisten de un carácter especial; muchos de los más importantes músicos cubanos han compuesto temas expresamente para filmes nacionales, e incluso en algunos casos han diseñado completamente las bandas sonoras de los mismos. Para algunos compositores este trabajo se ha convertido prácticamente en una segunda vertiente de su carrera. De cómo se originaron estas estrechas relaciones y cuáles son sus opiniones particulares acerca de ellas nos habla Alfredo Guevara, fundador del Instituto de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), actual presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y Premio de honor del Cubadisco 2007.

 

En Cuba la relación música-cine ha estado muy marcada por la experiencia del Grupo de Experimentación Sonora que se fundó en los años primigenios del ICAIC cuando usted lo dirigía.

La concepción y las primeras ideas alrededor del Grupo de Experimentación Sonora tienen otro origen, pero la vida siempre da sorpresas. Resulta que la convivencia de los músicos con los directores de cine, con el ambiente de la realización cinematográfica y muy particularmente con los sonidistas (les llamamos ingenieros de sonido, pero quiero decirles sonidistas para acercarlo más a ese artesanato-arte que es el cine) provocó una relación casi simbiótica y favoreció tremendamente la calidad sonora del cine cubano. Tener a Leo (Brower) al lado nuestro, tener al Grupo de Experimentación Sonora, donde se reunieron gente de tanto talento, realmente fue una bendición, porque de un modo extraño se mezclaron las dos cosas.

 

La experiencia del Grupo de Experimentación Sonora fue un punto de partida…

Por supuesto, sucedió no solo con el Grupo de Experimentación Sonora, sino también con otros creadores musicales que fueron incorporándose o que se acercaron precisamente por esa vocación de los cineastas de trabajar con el compositor desde el momento en que echaba a andar, a veces hasta la idea, en la primerísima fase de concepción de una película. Es decir, hacer este trabajo se convirtió en una convicción estética, y el director busca siempre el músico que le es más afín. En el primer instante fueron sobre todo los del Grupo de Experimentación Sonora, pero después se sumaron otros que no fueron del grupo como Frank Fernández, Harold Gramatges, José María Vitier, aunque Sergio sí era parte del Grupo. Aquellos cineastas jovenzuelos, que empezaban su vida artística, se educaron musicalmente, se cultivaron, y significó una opción por el buen gusto, por eso esa afinidad entre los compositores y los realizadores.

 

Entonces en su opinión ¿qué rol juega la música dentro del cine?

Desde que el cine pasó a ser sonoro, desde que el desarrollo de la técnica y la madurez de la elaboración del lenguaje hicieron que el cine llegara a ser un lenguaje y no solamente la explotación de una nueva tecnología, los primeros que lo pensaron y lo hicieron tenían una concepción que está en todo el arte de vanguardia de los años iniciales del siglo pasado: en el mismo momento en que el cine va construyendo su lenguaje, músicos como Stravinski, pintores como Kandinsky, Malévich, cineastas como Eisenstein, desarrollaban la idea de que los códigos de la música y de la imagen tenían claves que se podían traducir ―aunque en mi opinión esa traducción es básicamente emocional. Por ello en el lenguaje de la música se habla de color y en el lenguaje de la pintura se habla de tono, pero Eisenstein llegó a hacer las claves de una cosa y otra, y Kandinsky también lo hizo como pintor. Eso que parecía una locura de vanguardia, se ha probado cuando se logra integrar el compositor, el fotógrafo y el guionista, que en mi concepción del cine debe ser el director también, creo en el cine de autor y creo que el ideal ─aunque no haya que lograrlo siempre─ es que el director sea el guionista, haya concebido la idea de la película en su conjunto; pero no por fuerza tendría que ser un músico. Si empieza desde el principio a trabajar con el músico, con el sonidista ─que si es en el caso del cine como arte mayor suele ser un ingeniero de sonido, es decir, alguien con verdadero dominio de la tecnología, pero además con una sensibilidad cultural o una fineza de espíritu suficiente─ esa alianza espiritual entre el grupo creador es lo que hace la obra de arte. Porque aunque esta suele ser individual, el cine exige trabajar en grupo el cual solo se puede formar por afinidad. Por eso establecí en el cine cubano, mientras lo dirigí, el principio de que el equipo no lo forma el productor, lo forma el director y debe haber una afinidad entre el grupo básico, el grupo de creación propiamente dicho.