Después de una larga y extraordinaria vida murió en La Habana, el pasado 18 de junio, Vilma Espín, distinguidísima patriota cubana de la estirpe de todas las mujeres cubanas luchadoras incansables por la libertad y la justicia plenas que en nuestra historia el arquetipo es la insigne Mariana Grajales.  Vilma es parte de ese ejemplar cuarteto de revolucionarias que lo forman: ella, Celia, Aidé y Melba.  Ahora, sólo Melba vive. En verdad todas viven y vivirán siempre por su obra, entrega y sacrificios en pos del bien común en la memoria colectiva del pueblo cubano revolucionario.

 

Queremos recordarla en este número de nuestra revista reproduciendo una entrevista a ella que tuve el privilegio de hacerle en julio de 1990 y publicada en Areíto en noviembre de 1990, hace ya 17 años.

 

Andrés Gómez

 

 

Entrevista a Vilma Espín

Una lucha que tenemos que librar todos

 

Publicada en Areíto, Vol. 2, Número 4, Segunda Época, Noviembre de 1990.

 

Entrevistó Andrés Gómez

 

 

 

Vilma Espín es la Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas.  Durante la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista fue combatiente de la lucha clandestina y de las guerrillas de la Sierra Maestra, en el Segundo Frente Oriental, Frank País.  Actualmente es diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular, miembro del Consejo de Estado y del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

 

Esta entrevista se realizó en la sede de la Federación de Mujeres Cubanas, en La Habana, el 24 de julio de 1990.

 

 

 

Históricamente, ¿por qué hubo la necesidad de crear la Federación de Mujeres Cubanas?

 

Desde los primeros días del triunfo revolucionario, en enero de 1959, las mujeres desearon trabajar, de sumarse a la Revolución, de ser útiles en el proceso revolucionario.  Como tú sabes hubo una muy importante participación femenina en la lucha revolucionaria.  Durante esos años de lucha contra la dictadura, sobre todo durante los dos últimos años, durante el 57 y el 58, la mujer participó intensamente en la clandestinidad e incluso en las montañas.  Además, muchas mujeres ayudaron a la lucha desde sus hogares.

 

Esta lucha por parte de la mujer no fue nueva en nuestra historia.  En nuestras guerras de la independencia contra España, en el último tercio del siglo XIX, tuvimos capitanas y coronelas del Ejército Libertador que murieron en combate.

Como también hubo importantes aportaciones de mujeres a lo largo de los primeros 59 años de este siglo en las luchas obreras y campesinas en nuestro país.

 

En 1959, entonces, se crearon asociaciones de campesinas, de maestras, de madres mártires; se crearon secciones políticas femeninas de los partidos políticos que existían entonces y que apoyaban a la Revolución.  Existía, al mismo tiempo, la movilización constante de la mujer en el trajín revolucionario de aquellos tiempos.

 

Esta decisión de la mujer participar de lleno en las tareas revolucionarias conllevó a un planteamiento por parte de las mujeres revolucionarias sobre la necesidad de crear una organización propia de las mujeres cubanas. Y de este planteamiento surgió la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

 

Fueron las tareas propias del proceso revolucionario de aquel período.  El apoyo a las tareas de la salud, las tareas de la educación; ayudando a construir hospitales, ayudando a construir escuelas, especialmente donde nunca habían habido hospitales ni escuelas: en las montañas, en los lugares olvidados. 

 

Inclusive, en la misma constitución de la Federación se planteó la creación de los círculos infantiles para la mujer trabajadora.

 

La gran mayoría de las mujeres cubanas de aquella época eran amas de casa.  De ellas surgió la necesidad de que se les ofrecieran clases de corte y costura, clases de primeros auxilios, de cómo aprender a utilizar las armas…  Aquellos momentos eran muy difíciles.  Ya en los últimos meses del año 1960 empezamos a sufrir ataques contrarrevolucionarios… Y, bueno, así se hizo.

 

Además, la construcción de los círculos infantiles no contaba con presupuesto estatal. Las mujeres nos lanzamos a recoger dinero para los círculos; construimos los círculos, cuidamos los círculos, ya que a veces la contrarrevolución nos hacía sabotajes por las noches en esas obras.

 

La Federación fue, junto con la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños) una de las dos primeras organizaciones revolucionarias que funcionaron en el campo. En el caso nuestro educando a las campesinas en las montañas del Escambray y en las montañas del norte de Oriente, donde se habían infiltrado bandas contrarrevolucionarias.

 

Este esfuerzo coincidió con el inicio de la Campaña de Alfabetización, en la cual también participamos de lleno. En aquel momento la mayoría de los maestros eran mujeres, pero también el 55% de los analfabetos en nuestro país eran mujeres.

 

También, en aquel entonces, nos responsabilizamos con la escuela de corte y costura para muchachas campesinas que trajimos a La Habana y que funcionó en el Hotel Nacional.

 

Asimismo, en el año 1961, creamos, aquí en La Habana, en algunas de las casas dejadas por los burgueses que se iban al extranjero, en los barrios de Miramar y Cubanacán, escuelas para las empleadas domésticas que se quedaron sin empleo y sin oficio.  A estas mujeres, muchas de ellas jóvenes, les ofrecimos preparación en la administración de los círculos infantiles.  Más de 1,200 mujeres fueron preparadas como directoras de los círculos, de orientadoras de salud y asistentes de salud de los círculos.

 

Ya, después, fuimos creando nuevas escuelas para que la mujer que necesitaba o quería trabajar aprendiera un oficio. Oficio que le hiciera posible trabajar en fábricas, en la horticultura, en la floricultura, como tractoristas… Hicimos escuelas para las muchachas más jóvenes para estudiar oficios no tradicionales de la mujer, como por ejemplo, torneras, prensadoras, soldadoras.

 

El abanico en el cual la mujer podía participar como trabajadora fue variando y fue ampliándose rápidamente.

 

Y, claro, no puedo dejar de mencionarte la participación de la mujer en la defensa militar de la Revolución desde aquellos tiempos hasta la fecha.  Pero, bueno, en aquellos años sobresalen su participación en las milicias revolucionarias e, inclusive, en las mismas batallas de Girón.

 

 

Vilma, ¿cuán difícil les resultó a ustedes emprender todos estos cambios, treinta años atrás, en un país como el nuestro, con patrones de comportamiento social tan tradicionalistas, o sea, tan machistas?

 

Bueno, ha requerido de una labor político-ideológica muy fuerte.  Muy fuerte porque, como tú bien sabes, el espíritu machista, y podríamos decir, hasta paternalista, de la familia cubana está muy arraigado.

 

En 1964, los padres de estas muchachas, o sus maridos, pues decían: ¿pero, bueno, por qué mi hija, o mi mujer, tiene que ir a trabajar, ahora que yo tengo trabajo y sueldo y ella puede estar tranquila en la casa?  Eso muchos no lo entendían, incluso habían mujeres que no lo entendían tampoco.

 

Pero la gran mayoría de las mujeres sí querían un oficio, un trabajo.  Lo necesitaban desde el punto de vista de su conciencia social y política. Ya por el 1964, o sea, cinco años después del triunfo, nos encontrábamos que teníamos que discutir más bien con los hombres, porque la mujer sí quería ir a trabajar.

 

Y, claro, todos estos cambios en relación a la mujer no ocurrieron en un vacío.  Esos fueron los años de la lucha contra bandidos en las montañas del Escambray, los años de las infiltraciones de grupos de sabotaje desde los Estados Unidos, los años de Girón y de la Crisis de Octubre.  Fueron años muy fuertes, de luchas de todo el pueblo, en los que eran movilizados muchos miles de hombres, y la mujer ocupaba el lugar del hombre en la fábrica, en el campo, en donde fue necesario.  La producción no paraba.  En realidad la mujer dio un paso al frente en todo momento, con los muchachos a cuestas… La mujer y la sociedad cubana toda se fue forjando entonces en ese crisol.

 

Pero, fíjate, lo fuerte que es el hecho que históricamente en nuestra sociedad a la mujer siempre se le había dado un papel secundario, y la problemática específica que este hecho implica, es que aún hoy en día hemos seguido sintiendo.

 

Te doy un ejemplo.  Hoy cuando el 38,7% de la fuerza laboral del país son mujeres, todavía nos encontramos que en muchos hogares la mujer tiene una doble carga: la de su trabajo y después la de toda la responsabilidad de la casa y los muchachos…

 

 

 

Entonces, ¿cómo se logra ir cambiando esa mentalidad?

 

Lo hemos planteado no como una lucha de la mujer solamente sino como lo que realmente es, una lucha que tiene que librar toda la sociedad.  Y en esta lucha está volcada toda la sociedad revolucionaria, especialmente a partir del Primer Congreso de nuestro Partido, que tuvo lugar en el año 1975, que fue donde se planteó la tesis sobre el ejercicio de la plena igualdad de la mujer.

 

Este es un proceso educativo muy abarcador y muy complejo.  Partimos que para corregir estos patrones de conducta la tarea fundamental tiene que hacerse en el hogar.  El hombre y la mujer, como padres y madres, tienen, ambos, que ser mejores educadores de sus hijos.  Comenzando porque tienen que compartir mejor las responsabilidades de la familia.  Y no hablo solamente de las tareas diarias de llevar una casa, sino de algo aún más básico, que es la educación de los hijos en el hogar.

 

En estudios que la Federación hace de nuestra sociedad nos hemos dado cuenta que al hombre, por regla general, se la ha dado poca participación en la educación de los hijos.  Ha sido la madre la que ha tenido la responsabilidad principal en educar a los hijos.  Y se cría a los muchachos en ese espíritu de que el hombre no tiene responsabilidades en las cosas de la casa, en las cosas del hogar, y muchos así se quedan atrás…

 

Por ejemplo, muchos hombres no se sienten con la responsabilidad de tener que ir a la escuela a preocuparse sobre el desarrollo del hijo, porque eso le toca a la madre.  Si el muchacho se porta mal, la madre es la que tiene la culpa…

 

Pero ahora padre y madre están fuera del hogar trabajando, y cuando vuelven los dos son igualmente responsables de educar a los hijos; y educarlos bien.

Y ha sido esto precisamente lo que ha sido la atención primaria de la Federación, sobre todo desde nuestro congreso en 1980: cómo lograr una responsabilidad paterna y materna bien compartida, y bien comprendida, por ambos.  Porque es a veces la madre la que sigue manteniendo criterios machistas, y creyéndose que es solamente ella la que puede hacerlo todo en el hogar, porque así ella misma lo heredó.  No es fácil; es una tarea muy laboriosa.

 

Mira, te voy a dar otro ejemplo para que se entiendan mejor estas contradicciones que se suscitan como resultado de nuestra herencia cultural, y de las diferencias reales, prácticas, que existen entre la mujer y el hombre.

 

No hay duda que la que pare es la mujer, y que en los primeros meses después del parto la madre, y no el padre, es la que amamanta al niño.  El padre ni puede parir ni puede amamantar al hijo.  Ahí sí que no somos iguales…

 

La madre trabajadora está protegida por la Ley de Maternidad porque, además de la protección a la mujer, interesa a la sociedad que los niños sean sanos.  Y durante los primeros tiempos, especialmente los primeros seis meses, cuando el niño está lactando, la madre es imprescindible.  Y la ley protege el puesto de trabajo y el sueldo de la mujer.

 

Pero tenemos que hacer al padre también responsable de ese hijo. Esta misma protección a la mujer, a su sueldo y a su puesto de trabajo, facilita que el hombre se recueste, se acomode, a que sea la mujer la que se responsabilice por el niño, y no él.

 

Porque es a ella a quien se le da la licencia, y es la madre la que tradicionalmente se ocupa del recién nacido.  Y aunque la ley permite al padre licencia en el segundo semestre de la vida del niño, para el cuidado de éste, socialmente todavía no hay aceptación, en verdad, más bien hay un rechazo por parte del hombre, y también a que el hombre asuma esta responsabilidad de cuidado del niño, y a ausentarse de su puesto de trabajo para hacerlo.

 

 

Una pregunta que sirva de aclaración al marco general en que se realizan estos cambios en Cuba.  ¿Cuán sólido es el respaldo jurídico e institucional del Estado a estas tareas?

 

Absoluto.  Si no fuera así resultaría inútil.

 

Estas tareas, estos planteamientos, son producto de una visión revolucionaria general.  Son otra manifestación más de nuestra Revolución.

 

El Partido y las demás organizaciones revolucionarias están completamente comprometidas con estas necesidades y con estos planes y objetivos.  Las leyes del país, comenzando por la Constitución, prohiben la discriminación de la mujer, desde el punto de vista penal y desde el punto de vista civil.  Y así también todos los mecanismos administrativos y laborales.

 

Claro, que en la práctica, en la vida diaria, producto de las situaciones concretas que se presentan, nos damos cuenta que hay leyes que necesitan perfeccionarse, y en otros casos, tenemos que mejorar la aplicación de la ley.

 

Pero no hay duda que estas tareas siempre han tenido el respaldo absoluto del Estado revolucionario.  De hecho, son parte esenciales de la razón de ser de la Revolución misma.

 

 

 

Dado que el 38.7% de la fuerza laboral del país son mujeres, y tengo entendido, que más de la mitad de las federadas son trabajadoras, ¿tiene la Federación mecanismos que se responsabilizan específicamente de cuidar para que la ley sea respetada y que así la mujer trabajadora no sufra discriminación laboral, u otro tipo de abuso, por su condición de mujer?

 

Sí.  Existe la Comisión de Empleo Femenina. Esta Comisión está compuesta por dos organizaciones políticas, la Federación y los sindicatos, o sea, la CTC (Central de Trabajadores de Cuba), y un organismo administrativo, el Comité Estatal de Trabajo y Salario.  Aquí se plantea, a nivel de base y municipal, cualquier error o discriminación, así como cualquier exceso o abuso del que ha sido objeto la trabajadora.  La mayoría de los casos que se presentan son cuestiones de falta de promoción a la trabajadora.

 

Tenemos problemas.  Por un lado todavía esta Comisión no tiene toda la autoridad que debe tener.  Por otro lado, la mujer se inhibe en presentar las quejas que debería presentar.  Estamos muy conscientes de esta situación.

 

Tanto es así que la Federación tiene esta cuestión como una política permanente dentro de sus planes de trabajo, inclusive, con delegaciones que los atiende a niveles municipales, provinciales y a nivel nacional. Esto es parte de las condiciones subjetivas que existen en nuestra sociedad.  De los prejuicios que todavía existen en la mente de la gente y, como tal, es otra forma de lucha nuestra.

 

 

 

Vilma, usted mencionó el problema que la mujer confronta en la sociedad cubana con sus tres responsabilidades: la laboral, la del hogar y la política…

 

Es cierto, no es doble jornada; son tres las responsabilidades.

 

 

¿Cuáles son los planteamientos que hace la Federación para comenzar a darle solución a este problema que confronta la mujer cubana?  Sobre todo, por ejemplo, en un momento como el actual, que es uno de escacez.  Porque si la mujer trabaja y tiene también que conseguir los mandados en distintos lugares, con sus colas respectivas, para que la familia pueda comer, inevitablemente, si lo hace en la mañana, va a llegar tarde y muerta de cansancio al trabajo.

 

¿Cómo responde la Federación para que esa mujer no sea penalizada en su centro de trabajo por cumplir esas necesidades?

 

 

Así mismo está en nuestra tesis.  Además, como fue planteado en el proceso de discusiones, estas responsabilidades, que en la mayoría de los casos sólo la mujer cumple, tiene como consecuencia una serie de otras injusticias.

 

Como por ejemplo, es el preferir hombres cuando de una promoción se trata como resultado de todas estas otras responsabilidades naturales de la mujer, como a veces se les llama.

 

Porque, claro, como tú mismo dices, ¿qué tiempo tiene la mujer disponible si tiene ella que hacer todas esas otras cosas?

 

Alegándose evitarle a la mujer nuevas sobre cargas de trabajo no se le promueve a cargos de dirección.  Como también estas cuestiones le afectan sus posibilidades de estudio superior en cualquier área, porque de nuevo, implica más responsabilidades.

 

Aquí la cuestión está muy clara: esas responsabilidades naturales son naturales para todos: mujeres y hombres, madres, padres, hijas e hijos.

 

Las cartas están sobre el tapete, boca arriba. Esta cuestión está planteada con mucha fuerza, con mucha agudeza.

 

 

 

Considerando que el trabajo para lograr los cambios en la actitud y en la mentalidad de la población es uno de índole político-ideológico, como usted misma plantea, una labor eminentemente educativa, ¿cómo participa la Federación en la formulación de la política que se establece con relación a los medios masivos de comunicación y como éstos son utilizados para, precisamente, influir en los cambios que son necesarios?

 

 

Es una batalla permanente. En todos nuestros congresos, en los de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), y en los del Partido, en todos, se ha venido planteando que tenemos que utilizar mejor los medios en función de los objetivos de la Revolución, y para corregir las cosas que se ven quedando atrás…

 

 

¿Las cosas que se van quedando atrás…?

 

Sí, yo llamo las cosas que se van quedando atrás a todo aquello que no cambia acorde a los logros objetivos que ha alcanzado nuestra sociedad.  Todo lo que no cambia acorde a una mentalidad que corresponde al resultado del esfuerzo colectivo de cambio de todos estos años de proceso revolucionario.  ¿Está claro?

 

Entonces, como te decía, hay inconformidad  con lo que se ha logrado con los medios de comunicación.  Y en el seno de la Federación existe inconformidad con el tratamiento que los medios le han dado al tema de la mujer, y esta crítica es expuesta con mucha fuerza.

 

Y no sólo existe esta crítica en cuanto a la cuestión de la igualdad, sino que la Federación ha sido muy vigilante en cuanto a la educación de las nuevas generaciones a través de los medios.

 

En nuestros propios congresos, desde nuestro segundo congreso, en 1974, se ha criticado con mucha fuerza la chabacanería en los programas de radio y televisión, en el lenguaje y en la forma. Y lo hemos venido combatiendo desde entonces.  Y esto sólo es un ejemplo.

 

En cuanto a los cambios que hemos creído necesarios hemos tenido resultados positivos, sobre todo en la radio.

 

Ahora tenemos una comisión, en la cual muchas veces participo yo misma, conjunto a la dirección de los medios televisivos y a la secretaría Ideológica del Partido, precisamente para tratar estos asuntos.

 

No es fácil, ¿sabes?  Sobre todo en cuanto a la televisión, por la importancia que ésta tiene. No se acaba de resolver de manera satisfactoria la representación en pantalla de lo que debe ser el comportamiento cotidiano normal de personas en nuestro país, sobre todo de manera atractiva.  Realmente tenemos bastante atraso en cuanto a la proyección de imágenes que capten la imaginación de la audiencia.  No es cuestión de querer resolver estos problemas, sino de cómo resolverlos.

 

En la prensa escrita hemos logrado mayor avance.  Por ejemplo, cuando se decidió introducir el asunto de la educación sexual de manera más abierta, más realista, más científica, hubo que librar una cruenta batalla, por los prejuicios, las tradiciones, las ñoñerías y la cosa heredada un poco a través de conceptos religiosos mal interpretados.

 

 

 

¿Y en cuanto a la utilización o explotación de la mujer como “mujer objeto”, como objeto sexual en imágenes públicas, por ejemplo, en anuncios y afiches?

 

Bueno, nosotros en esto salimos rápidamente a la palestra cada vez que se cometen esos errores.  Llevamos un tiempo luchando contra este concepto.  Muchas veces ocurre en la divulgación de servicios y productos que se ofertan al turismo extranjero y al exterior en general.

 

Una vez, hace unos años de esto, se montó aquí en La Habana una exposición de comercio exterior, de estas que ahora hacemos frecuentemente. Llegué al primer kiosco, que era de mariscos, y me encontré este anuncio que tenían allí que era bastante grotesco. Era la fotografía de una muchacha sujetando una langosta en un sitio poco apropiado de su cuerpo. Y estallé.

 

Les dije a los responsables: vamos a ver, si lo que vamos a hacer es vender gente, entonces vendemos hombres también.  Así que pónganme a un hombre en cueros en otro afiche con un cangrejo en el mismo lugar de su cuerpo… Si ustedes en lo que están empeñados es en vender gente, entonces, vamos a vender a hombres y mujeres.

 

Oígame, se formó un corre-corre… un revuelo enorme.  Mandaron gente que se me adelantaron que iban quitando carteles para que yo no los viera.  Pero fue en vano.  Primero, porque eran muchos los carteles que tenían que quitar y, segundo, porque yo también mandé gente por delante para ver lo que estaba pasando…

 

Te repito estamos conscientes que el trabajo en relación a todas estas cosas es uno que es constante, porque los prejuicios son muy grandes, y hay gente que no se da cuenta de las implicaciones que tienen todas estas cuestiones. Pero sí se ha logrado en adelantar en esto también.

 

 

 

Entiendo que en las discusiones de la Federación preparatorias a su V Congreso el cual se celebró en marzo pasado, formó parte de las mismas el análisis de que dado la composición socio-económica de la población femenina cubana ha cambiado radicalmente desde 1959 al presente, la estructura de la Federación no facilita la participación de la mujer trabajadora de una manera fructífera en el trabajo de la organización.

 

Y que por tanto estos mismos cambios y logros obligan a un replanteamiento de cómo mejor organizar a la mujer para consolidar y avanzar en cuanto a sus derechos y a los nuevos papeles que le corresponden en la sociedad cubana actual y del futuro.

 

¿Pudiera comentarnos sobre esta situación?

 

 

Sí.  En realidad ya nosotras veníamos analizando esto en la Federación desde nuestro IV Congreso.  Y como tú bien dices formó parte importante de las discusiones preparatorias a nuestro último congreso.

 

Es evidente que una delegación de la Federación de Ciudad de La Habana es muy diferente a una delegación, por ejemplo, de la Sierra Maestra, en Buey Arriba. En la Sierra va a haber muchas más amas de casa y en la de Ciudad de La Habana va a haber más trabajadoras y profesionales.

 

Para el V Congreso se planeó un análisis de las estructuras de la Federación pero el Partido nos planteó posponer las decisiones en cuanto a nuestra reestructuración de nuestra organización, para poder compaginarla con la reestructuración general de las otras organizaciones de masas como la UJC, los CDR, los sindicatos, la del mismo Partido, y del Poder Popular, como parte de este período del proceso de rectificación, que está en función del proceso de discusiones preparatorio al IV Congreso del Partido a celebrarse el año próximo.

 

Nosotras en la Federación estamos muy conscientes que tenemos que cambiar nuestras estructuras; que tenemos que ser mucho más flexibles; que tiene que haber contenidos diversos de acuerdo a las distintas características de la base y de los problemas de su comunidad.

 

Así que en este momento estamos un poco como en el aire, esperando poder hacer una reestructuración global de todas las organizaciones fundamentales del Estado.  Aunque, claro, hay cosas que se modifican en la marcha y no hay que esperar el Congreso del Partido para cambiarlas.  Pero básicamente una reestructuración general y de fondo será parte de los acuerdos que se tomen en el Congreso del Partido.

 

 

 

Con respecto a las asambleas de discusión preparatorias al IV Congreso del Partido, tengo entendido que entre las críticas y señalamientos que se han hecho, se ha planteado el problema de la duplicación y, aún multiplicidad, de funciones y responsabilidades de las diferentes organizaciones de masas y la falta de tiempo por parte de los miembros de estas organizaciones y de la mujer en particular para poder cumplir todos  sus compromisos organizativos.

 

¿Puede referirse a esta situación?

 

Está planteado en el llamamiento al IV Congreso del Partido que todo el mundo discuta todo. Que se discuta, como todo el mundo está discutiendo en todo el país, todas nuestras estructuras, nuestras políticas, la forma de hacer las cosas, qué cosas hacer, en fin, todo.

 

De estas discusiones es que salen los señalamientos de sobrecarga de responsabilidades debido a una mala organización de las tareas a realizarse.  Y esto ha sido una queja, una crítica, muy generalizada y esgrimida con mucha fuerza.  Es necesario programarnos mejor, organizarnos mejor, de acuerdo a las realidades que confronta el país.  Este proceso nos llevará a un mejoramiento de todas nuestras estructuras, de nuestros planes de trabajo, y de las coordinaciones de estos trabajos.

 

Conozco de una compañera, militar ella, que en una de estas asambleas llamó, a la forma que hemos venido haciendo las cosas, trabajar en zafarrancho de combate. 

 

Tiene toda la razón, además, no es necesario trabajar así.  Si cada organización tiene su estructura y sus funciones no podemos tirarle todas las cosas urgentes a todas por igual, sino a cada una lo que le corresponde.

 

Esto no es nuevo.  Pero ha existido una cierta tendencia, en momentos que hay muchas dificultades, a plantear las dificultades mayores de lo que en realidad son para que todo el mundo se vuelque a resolverlas al mismo tiempo. 

 

Sin embargo, hay medios de hacerlo de una forma más organizada, y en eso estamos.

 

En cuanto a la mujer, bueno, la mujer es cederista, la mujer es federada, es a veces militante de la UJC o del Partido.  Entonces, la mujer que es más activa políticamente está sobrecargada. Y es esto, precisamente, lo que está saliendo de forma general en estas asambleas.

 

Porque de la manera que se están haciendo las cosas estas mujeres ni pueden atender a sus hijos, ni siquiera pueden recoger las cosas de la bodega, sino que corren detrás de las tareítas que le han mandado a atender, como federada, como militante, como cederista… Y como no tienen el tiempo para atenderlas todas, si atienden a una, desatienden a la otra.

 

 

Ahora, una pregunta sobre un tema diferente.  Se habla, en el trabajo sobre la mujer, de un concepto femenino y de un concepto feminista, a veces en contradicción el uno con el otro.

 

¿Pudiera explicarnos cómo la Federación de Mujeres Cubanas entiende esta cuestión?

 

 

Para nosotras este es un tema que hemos tenido que analizar a menudo y discutir a menudo.  Mira, la década de la mujer, comenzando en el año 1975, marcó el inicio de estos análisis por parte nuestra.

 

Por cierto, esta idea de dedicar una década al trabajo sobre la mujer fue iniciativa de la Federación Democrática Internacional (FEDIM), organización de mujeres que fue decretada por la Organización de Naciones Unidas.

 

Para nosotras las organizaciones femeninas son las que luchan por la participación de la mujer.  Incluso, nosotras nunca usábamos durante los primeros años de la Revolución, de hecho, hasta 1974 o 1975, el lenguaje de la igualdad de la mujer, ni de la liberación de la mujer, sino el de la participación de la mujer.

 

Porque el fenómeno de la Revolución en Cuba ha sido uno de participación, y nosotros lo que queríamos es que la mujer participara en todo, para que quedara demostrado que ella sí podía participar.

 

Fue en el año 1974 que nos planteamos el análisis sobre lo que había ocurrido en los quince años anteriores.  Entonces analizamos a la mujer campesina, a la trabajadora, a las amas de casa, la mujer joven, y su papel en la Revolución.

 

Analizamos a la familia, el papel de la familia en una sociedad socialista.  Y ahí fue donde dijimos, bueno, en definitiva esta ha sido una batalla por la plena igualdad de la mujer.

 

Observamos lo que habíamos logrado objetivamente y subjetivamente, y lo que faltaba por lograr objetivamente y subjetivamente, y como entonces teníamos que librar una batalla subjetiva muy fuerte, una batalla ideológica, educativa, muy fuerte,   como te he explicado anteriormente.

 

Ahora, hay que decir que nosotros en aquel entonces, identificábamos como feminista a toda una serie de tendencias de la cual nos llegaba solamente información sobre ellas a través de la prensa internacional.  Y de ahí que nosotras identificábamos como feministas a las mujeres que luchan contra el hombre, y a las que hacen planteamientos que culpan al hombre por todos los problemas de la humanidad.

 

Y nosotras entendemos que esto es totalmente ajeno a un análisis de clase: elimina la unión mujer-hombre para luchar contra la explotación de la humanidad.

 

Nosotras entendemos que juntos, mujeres y hombres, tenemos que luchar para establecer el socialismo y construirlo.  Si nos dividen, perdemos la mitad de la población en esa batalla antes de comenzar a darla.

 

E identificábamos al feminismo siempre con esas corrientes, con esos planteamientos, que son divisionistas realmente.  Es la separación, la división de las fuerzas que tienen que hacer una revolución.  Las mismas que tienen que enfrentarse a la explotación, a la falta de libertad, a la opresión, a la represión. Nosotras lo vemos como una forma de dividir.  Y nosotras sabemos que los imperialistas usan esta táctica para dividirnos.

 

Y así lo hemos planteado en todo momento.  Y hemos mantenido que nosotras no estamos de acuerdo con esta posición que entendíamos como feminismo.

 

Ahora, ya desde aquel momento y, en la medida que pasó aquella década, ocurrieron cosas muy interesantes.  En aquel momento nos dimos cuenta que habían feministas y feministas. Había feministas de todo tipo. Se consideraban feministas porque consideraban que había que lograr la igualdad de la mujer.

 

Claro, nosotras aquí partimos que todas las leyes nos apoyan y que nosotros tenemos que librar una batalla diferente, sobre todo, ideológicamente: en la actitud de la mujer; en la decisión y firmeza de la mujer; buscando formas para hacer participar a la mujer.  Mientras que en los países capitalistas la mujer tiene que enfrentarse a una lucha terrible.

 

Recuerdo un poco antes del encuentro internacional sobre la mujer en México, en 1975, un grupo específico en Italia, se llamaba, Las Mujeres Contra la Maternidad.  Para mí eso era una locura. Pero en realidad, ¿por qué las mujeres en Italia tienen que luchar contra la maternidad?

 

Porque esa sociedad capitalista ha acorralado a la madre totalmente; la mujer no ha podido defenderse. En la gran mayoría de las sociedades capitalistas, en el divorcio, la mujer se queda prácticamente sin nada.  Pierde en muchos casos hasta los hijos.  Además, a una mujer sola con hijos se le dificulta extraordinariamente, a no ser que tenga una posición privilegiada, el encontrar un buen empleo, y una mujer pobre con hijos, en muchas sociedades pobres, tiene a veces que abandonar y hasta vender a su hijo: se destruye.

 

La situación de la mujer en una sociedad capitalista donde la mujer se ve totalmente aplastada, la ha llevado a planteamientos realmente aberrantes, inclusive, al odio al hombre.  Pero esto ha sucedido a consecuencia de la situación existente en esas sociedades, que es de una crueldad tremenda y que destruye al individuo, destruye a la familia.

 

Nosotras nos volcamos a establecer contactos con una gran variedad de organizaciones feministas.  Y por eso dije que había feministas y había feministas. Ya que hay muchas feministas revolucionarias.  Que sí contemplan en el feminismo la lucha de clases y la unión del hombre y la mujer en la lucha de clases.

 

Fuimos, entonces, encontrando muchos puntos de vista en común con muchas de estas organizaciones, y fuimos acercando mucho nuestras posiciones durante toda esa década.

 

Además, se fueron depurando los diferentes tipos de feministas.  Porque entre ellas identificamos quiénes eran agentes de los servicios de inteligencia imperialistas y, también, cómo eran manipulados los individuos y organizaciones por planteamientos del gobierno norteamericano, como por los intereses económicos de Estados Unidos y por otros intereses económicos que no son necesariamente estadounidenses.

 

Nosotras hemos mantenido una gran colaboración y amistad con muchos grupos y figuras feministas.  Pero, además, debo decir que hubo figuras que fueron a México en 1975 con planteamientos feministas a ultranza pero que fueron honestas en sus análisis, y cuando ocurrió el encuentro en Copenhaguen en 1980 esas mismas figuras tenían otro discurso y otro planteamiento.  Mantuvieron su posición feminista pero ahora ese concepto abarcaba el tener conciencia de que es necesario la unidad de la humanidad para resolver los problemas de la humanidad.

 

Hemos podido desarrollar con estos grupos y figuras un lenguaje común en muchos aspectos importantes de la lucha.  Esta conjunción de intereses culminó en la última reunión de la década el año pasado en Nairobi.

 

En Nairobi nos reunimos cerca de nueve mil mujeres delegadas ante ese Encuentro.  Aquello fue extraordinario.  Hubo reuniones por profesión, áreas de trabajo y otros intereses.  Y los acuerdos fueron tremendamente importantes.

 

Cuba fue el primer país que firmó la Convención de la Mujer. Hay que decir que en este movimiento de la mujer hay un profundo reconocimiento a Cuba por todo, inclusive por el trabajo realizado por la Federación en el campo internacional.

 

Y muchísimas de estas organizaciones y países nos piden a nosotros ayuda, nuestras opiniones, nuestros análisis, sean estos dados a través de reuniones, artículos o conferencias.  Y nosotras, en la medida de nuestras posibilidades, ayudamos.  No solamente a través de organizaciones feministas sino, también, a través de organismos internacionales como la Organización Panamericana de la Salud y los diferentes organismos de las Naciones Unidas.

 

Nosotras consideramos que aunque aún tenemos mucho que hacer, las mujeres cubanas hemos también hecho mucho.  La Revolución cubana ha sido muy importante para la mujer y, a su vez, la mujer ha sido muy importante para la Revolución.  Y así es cómo consideramos cuando nos plantean todos estos asuntos.

 

 

 

Vilma, a usted le ha tocado un papel excepcional, de una gran responsabilidad, como persona, como cubana, durante estos últimos treinta y pico de años.  Dentro de todo esto que usted ha visto ir cambiando desde la posición que usted ha tenido, ¿qué es lo que más le ha satisfecho?

 

 

¿En cuanto a la mujer?

 

 

En cuanto a la mujer y en cuanto al pueblo en general.

 

 

Bueno, en realidad, en cuanto a la Revolución, que somos todos, mujeres y hombres, lo que da más satisfacción es ver que nuestro pueblo ha estado a la altura que las circunstancias han exigido, al igual que Fidel. 

 

La obra revolucionaria de estos treinta y un años es resultado de una batalla constante y por eso tengo, tenemos, que admirar a nuestro pueblo, quien hoy es, como resultado de este esfuerzo, una tremenda fuerza positiva en el mundo.

 

En esta tremenda lucha que es la Revolución el pueblo ha estado muy unido con sus dirigentes.  Pienso que muchas de las cosas que se plantean en los países socialistas europeos es resultado de la falta de una genuina unidad del pueblo y sus dirigentes.  Es una pena que Lenin se hubiera muerto tan pronto…

 

Fidel, desde los primeros días de la Revolución, en los que por suerte entonces ya había televisión –yo no sé cómo Lenin se las arregló para hacer llegar su palabra, sus ideas, su mensaje, porque ni radio casi había—insistió en hacer llegar constantemente su análisis al pueblo, el significado de la Revolución al pueblo.

 

El papel de maestro de Fidel, partiendo de toda nuestra historia, retomando los hechos y la palabra de nuestros héroes, especialmente a Maceo y a Martí, ha sido de fundamental importancia, desde siempre, desde la Historia Me Absolverá.

 

Yo recuerdo que los discursos de Fidel eran de cuatro hojas.  Pero es que Fidel decía de muy diversas maneras, como un pedagogo, qué significaba cada cosa que íbamos haciendo.  Claro, que el pueblo estaba haciendo sus leyes, sabiendo que esas leyes eran para su beneficio.

 

Es tan impresionante que en dos años, desde 1959 a 1961, en un país como el nuestro donde la penetración yanki era tan fuerte, quizás más de lo que es actualmente en los países de la América Latina, se pudieran haber llevado a cabo los cambios transcendentales que efectuaron aquí.

 

Apenas dos años después de tomar el poder, con los rifles en sus manos, el pueblo entendió lo que Fidel le explicaba, y aquel 15 de abril de 1961, el pueblo escogió, votó, por el socialismo.  Y aquel día, desde allí, desde el cementerio de la capital, el pueblo fue a morir por el socialismo en Girón.

 

Y aquí en Cuba, desde Girón, el pueblo vota con sus rifles en sus manos.

 

¿Y qué otro pueblo de América Latina vota con sus rifles en sus manos?  Y por ahí dicen que aquí no hay democracia…

 

Desde entonces nuestro pueblo está decidido a morir por el socialismo. Cuando Fidel dice, Socialismo o Muerte, no es una consigna solamente. Refleja la realidad de Cuba todos estos años.

 

Porque sabemos que la única opción que tienen los pueblos pobres es el socialismo.  Que el producto de lo que producen los trabajadores tiene que ser para el beneficio de los trabajadores.

 

Sino, ¿cómo van a tener médicos y hospitales?  ¿Cómo van a tener escuelas?  ¿Cómo van a tener seguridad y dignidad en sus empleos?  ¿Cómo van a poder desarrollarse si ellos no controlan esa riqueza para su beneficio?

 

Esto es verdaderamente incuestionable.  Y por más adversa que nos pueda ser la correlación de fuerzas, los pueblos se dan cuenta que este planteamiento es justo y correcto.

 

Por eso nosotros estamos y siempre hemos estado serenos. En las circunstancias actuales para poder vivir hay que pelear, sino los grandes intereses capitalistas se comen la comida de nuestros hijos, es tan sencillo como eso. Que se mire para la América Latina, por citar sólo un ejemplo.

 

Es interesante como hoy, a pesar de todos los horrores que se están diciendo de Cuba, como siempre se han dicho, pero hoy más, nos están llegando más mensajes de solidaridad de todas partes del mundo. Y esto a pesar de la tergiversación de nuestra realidad que hacen los medios de prensa de Estados Unidos, que son maestros en la mentira, y en la falsa representación de la Revolución.

 

Desde el propio Estados Unidos nos escriben, inclusive personalidades de diferentes medios, brindando su respaldo moral a Cuba y manifestando su disposición a ayudar a nuestro pueblo.

 

Fíjense que no sólo son ustedes, los que han llevado esta voz de la verdad de nuestro pueblo, de Cuba, a allá, como ustedes lo han hecho en todo momento, sino que habrá también otras voces, algunas de las cuales resultarán interesantes.

 

 

 

¿Hay algo más, Vilma, que usted quisiera añadir?

 

Que estamos muy orgullosos de los cubanos que están en Estados Unidos que son revolucionarios.  Porque eso es difícil.  Y que lo han hecho a través de más de treinta y un años.

 

Incluso, ustedes que se fueron muy jóvenes, de niños, y que se criaron en aquella sociedad tan hostil, especialmente los que han vivido en Miami, el medio que ha sido más anticubano.

 

Y no se han comportado solamente como cubanos sino como cubanos revolucionarios. Y por eso, entonces, nosotros los admiramos mucho.

 

Les mandamos un abrazo.

 

Muchas gracias, Vilma. //