Tenemos el derecho a defendernos

 

 

Roberto González Sehwerert

 

 

Discurso pronunciado en la Conferencia Internacional de la Juventud en Solidaridad con los Cinco, el 29 de abril, 2007, en La Habana.

 

 

Yo quería un poco retomar una idea que me planteaba René durante la última visita que le realicé  junto a nuestro padre en el pasado mes de marzo y que tiene que ver con el agradecimiento a ustedes. Nosotros hablamos en esa  visita con René del valor de la solidaridad.  Pero no sólo el valor de la solidaridad hacia ellos, sino de lo que implica para cada persona que da solidaridad, ser solidario.

 

Hablamos de lo que se puede valorar en una persona que sea capaz de —en un ambiente de desinformación, en un ambiente de manipulación— salir por encima de todo eso, y dar solidaridad. Porque si usted ve la televisión en la mayor parte del mundo, es imposible dar solidaridad, pues lo que se ve o es un comercial, o es “puedes comprar un automóvil”, o es “nos quieren matar” o es, “el mundo nos ataca”…

 

Es mucha la manipulación; y nosotros hablamos en la cárcel hace poco sobre eso.  Es como si ustedes lo que hacen es ver el televisor, en lugar de por la parte de adelante, por la parte de atrás. Es como si ustedes buscaran otra cosa distinta a lo que les están diciendo, y distinta a lo que quieren que ustedes entiendan.

 

Nosotros en Cuba somos solidarios, hemos sido solidarios. Pero cuando nosotros damos solidaridad, nosotros lo damos sobre un colchón, nosotros contamos con un apoyo colectivo para dar solidaridad. El estado cubano es el primer apoyo que tenemos para dar solidaridad.

 

Pero cuando ustedes dan solidaridad, ustedes la ofrecen  sobre ustedes mismos, sobre sus propios recursos, sobre sus propias convicciones, sobre su sacrificio, sobre sus esfuerzos. Y por eso es que se valora tantísimo esa solidaridad. Y aunque estoy reiterando, me gustaría nuevamente en nombre de las familias darles muchísimas gracias por estar aquí, y por seguir ofreciendo esa solidaridad.

 

Hoy hemos estado escuchando hechos, hechos que incluso muchos de ellos  no se conocen.  En su intervención el profesor Hevia, investigador especialista en el tema del terrorismo nos preguntaba, si desde el  punto de vista ético o desde el  punto de vista moral, nosotros no tenemos derecho a  defendernos.

 

Yo creo que todos estamos claros en que sí tenemos el derecho de defendernos. Pero vamos allá de la cuestión ética y moral.


Nosotros tenemos también el derecho a defendernos, y por eso es legítima la labor que los Cinco realizaban desde la perspectiva de la ley de los Estados Unidos.  Aquella acción de los Cinco no es delito de acuerdo a la ley en los Estados Unidos.

 

¿Por qué? En el sistema judicial de los Estados Unidos, como en cualquier sistema jurídico, lo que más se valora es la vida de las personas.

 

El bien jurídico superior, lo que todos los códigos penales defienden por encima de cualquier otra cosa, es la vida humana. Y se hacen las prisiones y los sistemas penales para reprimir a quienes atacan la vida humana, o atacan los bienes materiales y afectan la convivencia humana.

 

Las cárceles y los sistemas penales no están diseñados para ser utilizados contra personas que se dediquen a salvar la vida humana.

 

Nadie puede ser encarcelado por salvar seres humanos, cuando no se daña a nadie y cuando no se lastima un solo bien. Esto tiene una traducción en el derecho, y es la doctrina de la justificación y necesidad, doctrina de derecho reconocida por el  sistema jurídico de los Estados Unidos.

 

¿A que se refiere? Pongamos un ejemplo. Usted recibe una amenaza de muerte, usted está bajo el peligro inminente de que su vida sea lastimada. Usted recurre a la autoridad competente, que tiene la obligación legal de protegerlo para que resuelva ese problema y le salve la vida, pero la autoridad no lo hace, y a usted no le queda otro recurso que hacerlo por sus propios medios.

 

¿Qué nos pasa a nosotros en Cuba?

 

Ha ocurrido durante casi 50 años que a nosotros ni siquiera nos amenazan de muerte. A nosotros, simplemente, nos matan. No sabemos que hay que hacer para morirse. No sabemos donde hay que estar para morirse. A nosotros nos mataron a un joven de 18 años por enseñar alfabetizar a un campesino, y también mataron al campesino.

 

Los matan, y nadie les avisa. Nadie les amenaza. A nosotros nos han hundido barcos pesqueros sin previo aviso. Simplemente nos los hundieron y, además, asesinaron a algunos pecadores y secuestraron a otros.

 

A nosotros nos vuelan un avión en pedazos sin previo aviso. Se colocaron las bombas, nos volaron el avión en pedazos.

 

A nosotros nos mataron un turista en un hotel sin previo aviso. Simplemente un cenicero explotó y nos mataron al turista en el hotel.

 

¿Pero, entonces, qué hay que hacer para morirse?  ¿Dónde hay que estar para morirse?

 

Más claro aun, ¿cuál es el lugar para salvar la vida?

 

No existe.

 

Porque si eres pescador te pueden matar.  Porque si eres diplomático te pueden matar. Porque si eres esgrimista te pueden matar.  Porque si eres piloto te pueden matar.  De cualquier manera te pueden matar.

 

Y la clave está en que los Estados Unidos las autoridades que tienen la obligación de proteger la vida, que tienen la obligación de impedir que los terroristas, que desde su territorio planifican y financian destruir vidas, no lo hacen.  El FBI, que tiene como función descubrir y evitar acciones criminales y hacer que se cumpla la ley en los Estados Unidos, simplemente no cumple con esa función.

 

Y entonces no queda otra alternativa de acuerdo a la ley norteamericana, que ir a buscar la información y evitar las muertes de personas inocentes.

 

Eso es derecho en los Estados Unidos.

 

¿Y cómo se hace?  Sin  dañar a nadie. No se lastima a nadie. Simplemente se observa, se informa y se evita la acción terrorista. ¿No les aplica a los Cinco entonces esa doctrina de derecho norteamericana? Sí les aplica. Lo que pasa es que la jueza en el caso de los Cinco no permitió a los abogados de la defensa llevar a juicio esa doctrina de derecho. No permitió presentar como pruebas todos esos elementos que el profesor Hevia nos ha explicado antes, y no permitió que esa historia saliera a través de las evidencias que pretendían presentar los defensores.

 

Y los Cinco fueron entonces juzgados en Miami en el ambiente hostil de la propia ciudad donde están los grupos terroristas. Los Cinco fueron entregados a los terroristas.

 

Vamos a ejemplificar un poco esta doctrina en base a la situación actual de Posada Carriles. No vamos a hacer la historia muy larga. Vamos a empezar en el año 2000.

 

En el año 2000 Posada estaba en Ciudad de Panamá con un grupo de personas conspirando para asesinar a Fidel Castro. Pero no sólo a Fidel Castro. La explosión estaba prevista que ocurriera en un paraninfo universitario con cientos de jóvenes panameños dentro del paraninfo junto a Fidel Castro.

 

Hubo una cámara que le tiró una foto a Posada y a sus acompañantes en una calle de Ciudad Panamá. Una cámara es un elemento, con un visor, que es capaz de apuntar bien a una persona. Tiene un obturador. Esa cámara pudo haber sido en vez, algo parecido.  Un fusil, también con un visor óptico y un gatillo.  Y no fue un fusil, fue una cámara.  Y la persona que apretó el obturador de la cámara pudo haber apretado el gatillo de un fusil…

 

Más de una persona pudo sentirse feliz si alguien hubiese apretado en Ciudad Panamá el gatillo de un fusil.  Pero no se buscaba venganza. No se quiso cometer un crimen, se buscaba  justicia.  El gobierno de Cuba hizo la denuncia.

 

En lugar de las autoridades panameñas ir a recoger a la calle el cadáver de Posada Carriles, lo que se les dio fue una foto de Posada Carriles y sus cómplices. Y se les dio el plan de Posada Carriles.

 

A pesar de toda la evidencia a disposición de las autoridades panameñas esos terroristas no fueron  juzgados por el verdadero crimen que se tramaba. Los presentaron a juicio solamente por la tenencia de explosivos.  Entonces, la presidenta de Panamá, días antes de entregar la presidencia, les concedió un indulto a los cuatro terroristas los cuales habían sido condenados por un crimen mucho menor del que pretendían cometer.

 

Su decisión fue inmediatamente comunicada, por la propia presidenta panameña, a un representante del gobierno de los Estados Unidos.

 

Encubrieron a Posada Carriles y traicionaron al pueblo panameño. Traicionaron a la comunidad internacional, y desaparecieron a Posada Carriles.

 

Después del indulto presidencial, salió de la prisión debidamente identificado como Luis Clemente Posada Carriles lo montaron en un avión y al realizar la aeronave una escala en su vuelo hacia Miami, ya no venía en él Posada Carriles. No, no lo habían tirado al vacío, ni habían montado a otra persona en vez de él.  Venía en el avión el mismo número de gente, y venían las mismas caras, pero le habían cambiado el pasaporte a Posada Carriles.  Y se lo cambiaron las autoridades de países latinoamericanos en complicidad con el gobierno de los Estados Unidos.

 

Después, los otros tres terroristas, cómplices de Posada, aterrizaron en un avión en el aeropuerto de la ciudad de Miami y nadie sabía dónde estaba Posada Carriles.

 

Posada Carriles, tiempo después, entró en una embarcación de manera clandestina en los Estados Unidos. Pero alguien lo vio. Alguien lo vio y alguien hizo la denuncia.  Nuevamente el gobierno de Cuba hizo la denuncia. Y las autoridades norteamericanas pudieron actuar contra Posada Carriles, pero no lo hicieron, declararon desconocer sobre la presencia del prófugo en su territorio a pesar de que el gobierno de Cuba les dio suficiente evidencia para investigar su paradero.

 

Un hombre que no está en los Estados Unidos y está pidiendo asilo político. Un hombre que no está en los Estados Unidos y está compareciendo en una corte. Sus cómplices en la entrada ilegal comparecen ante la televisión y dicen que saben donde está dentro de los Estados Unidos, pero advierten que  no se lo dirán a nadie.  Al final lo llevaron ante  una cámara de televisión para que dijera, en conferencia de prensa, que no era responsable del crimen de Barbados.

 

Después de hacer su declaración, agentes federales se le acercaron, le pusieron unos audífonos y lo subieron a un carrito de golf, para conducirlo, con las manos libres, hacia un helicóptero. Ahí no hubo un arresto. Posada Carriles no fue arrestado, no se crean eso. Posada Carriles se entregó voluntariamente a las autoridades de los Estados Unidos. Eso fue un acuerdo tomado con anterioridad al día del arresto. Ahí no hubo un arresto.

 

Los arrestos en los Estados Unidos se hacen como se hicieron los de los Cinco. Se rompen las puertas, se entra con chalecos anti-balas, se entra con el arma en la mano, y a nadie se le pone un audífono, y nadie en los Estados Unidos es arrestado sin que se le ponga unas esposas. Nadie en Estados Unidos es arrestado sin que la cara toque el piso antes de ponerle las esposas.

 

En Estados Unidos para ser uno arrestado tiene su cara que tocar el piso primero. A usted hay que ponerle una rodilla en la espalda, y después le ponen las esposas.

 

Y después lo llevan para el carro, o para el helicóptero. Pero usted no entra en un helicóptero aupadito por las nalgas por un oficial del FBI.

 

Eso es un cuento. Y ahora, después de un simulacro de proceso por falso testimonio, ponen a Posada Carriles en libertad.

 

¿Que hacer? Habrá que seguir vigilando a Posada Carriles. Habrá que saber donde está y conocer sus próximos planes.

 

Porque, en la fianza que se le dispuso, se dice que él no es un peligro para la comunidad. Puede ser cierto. No es, a lo mejor en estos momentos, un peligro para esa comunidad en Miami, pero sí es un peligro para la comunidad que reside en la isla de Cuba y para quienes la visitan.

 

El mensaje que nos envían las autoridades judiciales de ese país es el concepto político de que los que habitamos la isla de Cuba no somos parte de la comunidad humana. Pero nosotros sí somos parte de la comunidad humana. Cuba no es un pedazo de tierra vacía. Cuba tiene personas sobre esa tierra, y las personas que viven en Cuba tienen el derecho de defenderse y tienen derecho de defender sus vidas.

 

A Posada habrá que seguirlo vigilando. Y no serán los Cinco, serán otros cinco, otros diez, u otros veinte, mientras las autoridades de los Estados Unidos no hagan lo que tienen que hacer en la lucha contra el terrorismo. A eso precisamente, a vigilar terroristas, se dedicaban Gerardo, Fernando, Antonio, Ramón y Rene.

 

En lo referente al caso de los Cinco, nosotros recibimos una opinión favorable en la arena internacional. El Grupo de Trabajo Sobre Detenciones Arbitrarias de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el 27 de mayo del año 2005, dictó una opinión donde concluyó que: La detención de los Cinco es ilegal y arbitraria. Le dijo al gobierno de los Estados Unidos, “Tomen las medidas necesarias para poner fin a esa situación”.

 

El gobierno de Estados Unidos respondió, “esa es una opinión ridícula, producto de una manipulación política del gobierno de Cuba  y no la vamos a considerar”. La ignoraron, simplemente la ignoraron. Pero esa sigue siendo una opinión que para nosotros sí tiene validez. Y es una opinión en la que nosotros tenemos que basarnos porque está fundamentada en derecho, en el derecho penal de los Estados Unidos y en los tratados internacionales que este ha firmado.

 

Esa opinión fue ratificada por el panel de tres jueces de la Corte de Apelaciones del Onceno Circuito de Atlanta que apenas tres meses más tarde, decidió revocar las condenas y dispuso la celebración de un nuevo juicio en el mes de Agosto de 2005. A partir de ahí el procedimiento judicial está siendo utilizado para dilatar el encarcelamiento de los cinco sin que se tome una decisión definitiva.

 

Y volviendo a la solidaridad. Me han preguntado aquí en este evento, cual sería la mejor manera de ayudar. Yo sólo les daré una sugerencia.

 

Conéctense. Interrelaciónense. Yo creo que lo más importante que tiene este evento hoy, esto que estamos haciendo, es que todos ustedes están aquí, para poder hacer acciones concretas. A mí me parece que lo más importante es que ustedes aquí, todos, se conozcan.

 

Lo mejor que se puede lograr es que todos se conozcan, y ustedes se identifiquen entre sí; que se digan cuales son sus mecanismos, cuales son sus actividades, cuales son sus tareas. Porque nosotros tenemos al final y como objetivo fundamental, ir hacia los Estados Unidos. Y tenemos que saber lo qué hace el comité de los Estados Unidos, y tenemos que tomarlo como referencia. Estamos hablando de interrelación, de saber la campaña que estamos haciendo. Si los peruanos van a la embajada de Estados Unidos, díganselo al comité de Estados Unidos, para que lo sepan. Y los otros que se lo digan a ustedes.

 

Cada uno de nosotros sólo somos un puntito. Si nos unimos somos una telaraña, y una telaraña es un tejido fuertísimo. Nosotros tenemos que hacer eso. No se vayan de aquí sin saber quién es cada uno de ustedes, dónde están y qué hacen. Si eso se logra hacer, nosotros vamos a salir de aquí con una red en defensa de los Cinco mucho más fortalecida.

 

Quisiera terminar con una reflexión,  volver a René y volver a la solidaridad. René siempre me ha dicho que en esta lucha, él gana o pierde en dependencia de como él salga. Que la lucha está en sus manos, si él sale más fuerte y más inteligente, el gobierno de los Estados Unidos perdió con él. No importa si sale hoy o mañana. Pero si sale más fuerte, más inteligente, el gobierno norteamericano no le ganó. Y yo le puedo decir a ustedes: Los Cinco, gracias a ustedes también, son hoy más fuertes y más inteligentes.

 

Muchas gracias. //

 

 

Roberto González Sehwerert es abogado, miembro del equipo de la defensa de los 5.  Roberto, querido amigo nuestro, es hermano de René González Sehwerert