Hace 10 años, el primero de los atentados de La Habana

Jean-Guy Allard

 

Hace 10 años, el 4 de abril de 1997, explotaba la primera bomba de la campaña de terror que desencadenó entonces en La Habana Luis Posada Carriles, desde América Central. Una década después, esta serie de crímenes se mantiene impune aunque su protagonista esté preso en territorio norteamericano, enredado en procedimientos que buscan evitarle una inculpación por terrorismo.

 

Posada Carriles fue el responsable de la ola de atentados contra instalaciones turísticas cubanas

Ese 4 de abril, una bomba estallaba en un baño de la discoteca Aché del hotel Meliá Cohíba, en la capital cubana, causando importantes daños materiales. El autor fue más tarde identificado como Francisco Chávez Abarca, un salvadoreño reclutado personalmente por Posada para esa tarea en su país de origen.

Durante meses, medios de comunicaciones internacionales tergiversaron los hechos, en coro con la prensa de Miami.

El 11 de agosto de 1997, en un anuncio pagado, publicado en la prensa miamense, titulado "A la opinión pública: mensaje de la junta de directores de la Fundación Nacional Cubanoamericana", (FNCA) se afirmaba que "los incidentes de rebeldía interna que durante las últimas semanas se vienen sucediendo a través de la isla (…) apuntan a elementos altamente organizados dentro del país, quizás dentro de las propias fuerzas armadas".

Precisamente cinco meses después, el 4 de septiembre, ocurrió la trágica explosión del Hotel Copacabana que provocó la muerte del joven italo canadiense Fabio di Celmo y ocasionó heridas a otras siete personas. Arrestado, el autor del atentado, el salvadoreño Raúl Ernesto Cruz León, confesó de inmediato su vinculación con Luis Posada Carriles.

 

La FNCA y el FBI, cómplices del terror

El 12 de julio de 1998, en un artículo del diario The New York Times se publicaron declaraciones del cubano americano Antonio Jorge Álvarez, según las cuales el FBI había ignorado sus denuncias acerca de Luis Posada Carriles. Álvarez afirmaba que había sido testigo, en su fábrica en Guatemala, de que Posada Carriles y un grupo de sus mercenarios preparaban las explosiones de La Habana. "He arriesgado mi negocio y mi vida y ellos no hicieron nada", declaró entonces.

Los días 12 y 13 de julio de 1998, en entrevista con el propio rotativo, Luis Posada Carriles confesó ser el autor de la campaña de atentados y revelaba explícitamente que los jefes de la Fundación Nacional Cubano Americana, habían orientado y financiado sus operaciones.

Finalmente, en septiembre de 1999, el Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos, Enrique Bernales Ballesteros, personaje por encima de cualquier sospecha, después de una visita a La Habana, confirmó oficialmente en su informe que la campaña terrorista ejecutada en Cuba en 1997 fue urdida, preparada y financiada por encargo de la FNCA desde territorio estadounidense.

Diez años después, mientras Posada se encuentra en manos del gobierno de Estados Unidos, las investigaciones sobre estos criminales atentados se limitan a los modestos esfuerzos de un Gran Jurado, supuestamente reunido en Newark, Nueva Jersey.

No sólo el FBI nunca tuvo la elemental decencia de interrogar a un Posada Carriles que detuvo el Departamento de la Seguridad de la Patria, sino que este cuerpo policiaco supuestamente incorruptible jamás tomó la iniciativa de acercarse a los que el propio terrorista designó como los padrinos de su campaña asesina.

Peor aún, tal como ha revelado recientemente la periodista norteamericana Ann Louise Bardach en The Washington Post, el expediente de Posada, guardado en las salas de pruebas del propio FBI de Miami, fue desaparecido por el agente especial Ed Pesquera, el hijo del ex Jefe de esta sección regional de la policía federal, Héctor Pesquera.

Al limitar su búsqueda de cómplices de Posada a unos cuantos sospechosos de Nueva Jersey, el Gran Jurado ha dejado de lado, de manera incomprensible, a los miembros del Grupo Paramilitar de la FNCA cuyo apoyo fue decisivo en la ejecución de sus acciones.

El Gran Jurado ha estudiado en particular la participación de dos ex directores locales de la FNCA, Abel Hernández, residente de Cliffside Park, y Oscar Rojas, quien fue contador durante 20 años del fallecido negociante y terrorista de Fort Lee, Arnaldo Monzón Plasencia, también cabecilla de esa misma organización.

Otros cómplices de Posada, igualmente vinculados a la FNCA, fueron asimismo identificados por la prensa en relación con esta pesquisa: Ángel Alfonso Alemán, ex empleado de Monzón, implicado en 1997 en el intento de asesinato de Fidel Castro, que fracasó con la imprevista captura del yate La Esperanza, y José Alemán, su hijo.

Increíblemente, Ángel Alfonso Alemán trabaja hoy de colaborador del congresista cubanoamericano Albio Sires, ex alcalde mafioso de West New York, elegido en noviembre último a la Cámara baja federal.

Sin embargo, este comité paramilitar que, dentro de la FNCA y bajo orientaciones de sus jefes, se encargaba en 1997 de apoyar a la campaña terrorista que desarrollaba Posada a través de mercenarios centroamericanos, incluye muchos otros elementos criminales a quien nadie molesta.

Según la propia prensa miamense y varios expertos del tema, entre los miembros de este grupo diseñado por organizar acciones terroristas, se encontraban —además del fallecido chairman Jorge Mas Canosa— varios personajes bien conocidos, todos cómplices de los crímenes de Posada, quienes en su mayoría radican a unos pocos kilómetros de las oficinas del FBI de Miami.

Se trata, entre otros, de Roberto Martín Pérez, coordinador del grupo, esbirro e hijo de esbirro batistiano, terrorista fichado, esposo de la locutora Ninoska Pérez Castellón; José Antonio Llama, ex director de la propia FNCA quien confesaba, en junio del 2006, en The Miami Herald la existencia en 1997 de esta sección terrorista de la FNCA; Ángel Moisés Hernández Rojo, ex operativo de la CIA en contrainsurgencia en Bolivia; Juan Bautista Márquez, ex capitán de buque de la CIA, hoy encarcelado por tráfico de droga; y Luis Zúñiga Rey, amigo personal de George W. Bush, quien lo recibió en varias oportunidades en la Casa Blanca.

También pertenecían al Grupo, Gaspar "Gasparito" Jiménez, Pedro Remón y Guillermo Novo Sampoll, libres en Miami después de su desvergonzada liberación de las cárceles panameñas, Félix Ismael "El Gato" Rodríguez Mendigutía, asesino del Che por cuenta de la CIA; el médico Alberto Hernández y José Francisco "Pepe" Hernández; Feliciano Foyo, hoy capo del llamado Consejo para la Libertad de Cuba, su socio Horacio García y unos cuantos más.

Cuando Posada, alias "Solo", solicitaba dinero por fax desde América Central y mientras reclutaba asesinos, son estos individuos los que desde Nueva Jersey y la Florida le proveían de los recursos y le alentaban a desarrollar sus actividades criminales.

Estos personajes siguen parte del honorable establishment mafioso de Miami, cuyos nombres la prensa local no publica sin temblar.

A pesar de reconocer que es el cerebro confeso de decenas de complots terroristas y de sangrientos atentados, el aparato judicial norteamericano no ha declarado formalmente terrorista a Luis Posada Carriles: prefiere consagrarse, ante los tribunales tejanos, a un burlesco show jurídico, debatiendo temas que son de menor cuantía dentro de la sangrienta trayectoria de este agente imperial. //