Apuntes para el estudio del desarrollo del movimiento obrero puertorriqueño entre 1898 y 1940: una reflexión preliminar 
 

Alejandro Torres Rivera

24 de junio de 1999 [Revisado 15 de junio de 2011]

 

       Sugerir como base de la discusión el desarrollo económico, político y social de Puerto Rico, desde la llegada de los norteamericanos, hasta la década de 1940 supone una tarea de síntesis que no siempre es posible acometer con éxito. Más aún, pretender presentar a un grupo de trabajadores una síntesis de este periodo histórico dentro del marco del tiempo limitado que nos provee este tipo de seminario, donde sabemos será intensa la cantidad de datos que pretendemos les llegue como parte del proceso de educación sindical, es tarea por demás difícil. Sin embargo, si pretendemos identificar hacia dónde debemos dirigirnos en el desarrollo de nuestras estrategias de lucha sindical, justo es conocer la historia de aquellos y aquellas que nos precedieron en sus luchas de manera que no solo inspiren las actuales, sino que en sus aciertos y desaciertos encontremos lecciones que nos sirvan para nuestras tareas futuras. Por eso la historia hay que conocerla, sabiendo que en ocasiones, la primera vez, los hechos se nos presentan como verdad, la segunda, como tragedia.

Condiciones existentes en el país a finales del Siglo XIX:

      Los  años transcurridos entre el momento de la Invasión de Estados Unidos a Puerto Rico y el inicio de la década de 1940, constituye un período crítico en nuestra historia. En él se establecen los cimientos de los diferentes modelos de dependencia económica,  política e ideológica en nuestro país. Para entender los mismos resulta necesario ubicarnos en lo que era el contexto socio económico de Puerto Rico al cierre del siglo pasado.

      Algunos datos que ilustran las condiciones prevalecientes  al  momento de la Invasión, son los siguientes: de una población cercana a un millón de habitantes, el 21.4% residía en zonas urbanas, mientras el 78.6% lo hacía en zonas rurales. La fuerza de trabajo, compuesta mayormente por campesinos, era virtualmente analfabeta. De hecho, a la altura de 1899, el analfabetismo en el país alcanzaba el 79.6% de la población. 

      En ese Puerto Rico al cual nos  referimos,  en el grupo de trabajadores asalariados  que lo componían 657,738  personas, incluyendo niños, tan solo la mitad tenía un empleo regular. En el país solo el 11.8% de la población sobrepasaba los 45 años.

      La mayoría de los que trabajaban estaban sujetos a un jornal diario. En las plantaciones de azúcar era entre 35 a 50 centavos  en  moneda provincial, aunque en el caso de las mujeres y los niños, el mismo  era entre 25 a 30 centavos.  Los trabajadores del tabaco tenían un ingreso de 40 centavos, mientras  los del café  25 centavos. Las jornadas de trabajo eran desde el amanecer hasta el anochecer. Los empleados diestros, que eran más afortunados, devengaban un ingreso de 60 a 75 centavos.

      La vestimenta del campesino, en el mejor de los casos, la componían dos mudas de ropa, aunque en el caso de los niños, era usual que estuvieran desnudos. De la población existente, 700 mil carecían de zapatos, 150 mil los usaban esporádicamente, y solo 50 mil de manera permanente. No existían sistemas sanitarios, la dieta era pésima y las condiciones de vivienda no eran mejores. Véase Gonzalo F. Córdova, Santiago Iglesias: Creador del Movimiento Obrero de Puerto Rico, Capítulo 1, págs. 13-19.

      Las primeras manifestaciones de organización obrera en Puerto Rico las encontraremos años antes.  Estas primeras expresiones se encuentran vinculadas a organizaciones de asistencia mutua y solidaridad, como también a aquellas con fines recreativos desarrolladas por parte de los grupos artesanales que ya, desde 1868, existían en el país. La realidad de un movimiento obrero con características más clasistas, sin embargo, surge ya en las postrimerías del siglo XIX.

      Hacia el cierre del  siglo XIX existe una correspondencia en tiempo en tres eventos  que marcarán el inicio del desarrollo de un verdadero movimiento obrero visto éste como fuerza social y política: el primero de ellos, la llegada a Puerto Rico de Santiago Iglesias Pantín el 26 de diciembre de 1896; el segundo de ellos, la instalación del Gabinete Autonómico, resultante de la Carta Autonómica del 25 de noviembre del 1897,  el 11 de febrero de 1898 ; y finalmente, el inicio de la hostilidades militares en Puerto Rico a raíz de la Guerra Hispano-cubano-americana de 1898 y el eventual cambio de soberanía entre el poder colonial español y el estadounidense.

La presencia de Santiago Iglesias Pantín y su importancia para el movimiento obrero:

      Iglesias Pantín llega al país precedido por un historial de militancia obrera dentro de las corrientes anarco-sindicalistas en boga en España a partir del año 1868. El anarquismo, de donde tiene origen esta corriente, constituyó inicialmente una de las principales tendencias  del pensamiento socialista que convergían en la Asociación Internacional de los Trabajadores, también conocida como la “Primera Internacional Comunista”. Su influencia en España fue tal que al surgir en 1873  la polémica al interior de dicha Asociación entre las  propuestas de acción impulsadas por Bakunin frente a aquellas defendidas por Marx y Engels sobre el papel del movimiento obrero, la Sección española tomó partido por el sector bakunista o anarquista. El anarquismo como tal impulsa la tesis de la absoluta libertad del individuo, la abolición de la propiedad privada y del Estado. Plantea un rechazo categórico a todo tipo de autoridad.

      La palabra “anarquismo”proviene del griego anarchia, que significa “sin principio, sin autoridad”. Como tal, esta corriente niega el papel del Estado como estructura organizadora de la sociedad.

      El anarco-sindicalismo por su parte, atribuía a los sindicatos un papel fundamental en la lucha emancipadora de los trabajadores, en la revolución social y en la creación de una nueva sociedad que fuera capaz de reemplazar a la sociedad capitalista. Mientras considera a los sindicatos como la única expresión de organización de la clase trabajadora, rechaza así la necesidad de que los trabajadores se organicen en un partido del proletariado con miras a la toma del poder gubernamental para así, desde el control del Estado, promover leyes que transformen las condiciones materiales de vida de la clase obrera. Dentro de sus principios esenciales, propugnaba por el apoliticismo respecto a los partidos tradicionales, por la acción directa en la cual los trabajadores resolvieran a través de la negociación colectiva con los patronos, sin mediación del Estado, sus conflictos. Para esta corriente del pensamiento anarquista,  la “huelga general” constituía el instrumento de cambio idóneo en la sociedad.

      Tanto para  anarquistas como comunistas, los obreros no tenían por qué guardarle lealtades a conceptos tales como “ la patria”o “ la nación”. Tales visiones, a juicio de ellos, tan solo eran el producto de la ideología burguesa en la sociedad dirigidas a perpetuar la dominación del capital y a dividir a los trabajadores en el plano de la lucha de clases. La única lealtad reconocida era la de su clase; la única patria reconocida por los  trabajadores  era su centro de trabajo. De ahí que en el Iglesias Pantín que llega a nuestras costas en 1896, ni las lealtades a la Corona Española; ni la lealtad al país que le acogía desde el punto de vista nacional y de sus nuevas instituciones; ni la lealtad al poder económico entonces en manos de hacendados y comerciantes extranjeros o peninsulares, fuera un factor político de importancia que le hiciera distinguir entre españoles, criollos, o estadounidenses, en el contexto de un futuro conflicto político y militar entre las potencias imperialistas que representaban en aquel momento Estados Unidos o España.

      Es por esto que al sobrevenir apenas unos catorce meses después de su llegada la instalación de un Gabinete Autonómico, constituido mediante la Carta Autonómica de 1897,  para Iglesias, dicho cambio no presentaba un evento de real importancia. El nuevo Gobierno no conllevaba modificaciones que implicaran rupturas políticas en las relaciones de España respecto a Puerto Rico. 

      Desde el punto de vista económico, lo cierto es que dicho cambio por sí mismo, es decir la llegada de un gobierno autonómico, tampoco significaba una modificación en las relaciones de producción, ni un mejoramiento en las condiciones materiales de vida de los sectores trabajadores del país.

      Esta percepción vino a ser corroborada por Iglesias el 25 de marzo de 1898, cuando tiene efecto en San Juan la primera demostración obrera de carácter público convocada por trabajadores organizados en Puerto Rico.  Allí,  alrededor de 3 mil trabajadores reunidos en el Teatro Municipal, demandaron del nuevo Gobierno Autonómico el reconocimiento de sus derechos civiles, políticos y sociales. Esta Asamblea, sin embargo, fue disuelta por orden del entonces Ministro de Gobernación, el Sr. Luis Muñoz Rivera.

      Hay  quien indica que esta actitud de Muñoz Rivera era indicativo del distanciamiento existente entre los intereses económicos defendidos por Gobierno Autonómico de una parte y los sectores trabajadores, en particular los urbanos, de otra. La misma contribuía a sembrar en la conciencia de los trabajadores en relación al nuevo gobierno autonómico, la misma suspicacia y falta de confianza que antes tenían en relación al ejercicio colonial directo por parte del Gobierno Español.

      El 1ro. de mayo de 1897 había visto la luz el primer periódico obrero en Puerto Rico, titulado “Ensayo Obrero”, en cuya dirección se encontraba Iglesias Pantín junto a otros de sus compañeros.  El “Grupo de Estudios Sociales “, nos indica Córdova en la citada obra, “era el foro creado para ofrecer conferencias y en el cual se discutía sobre las ideas de reivindicación social y la personalidad del trabajo...” Igualmente en esa fecha se celebró en San Juan, por primera vez, el Día Internacional de los Trabajadores.

Santiago Iglesias Pantín y el cambio de soberanía:

      El 27 de marzo de 1898 fueron las primeras elecciones del nuevo Gobierno Autonómico autorizadas por el nuevo estatuto de 1897. Ese mismo día, el Gobierno emitió una orden de arresto contra Iglesias Pantín. Luego de este permanecer oculto por dos semanas, mientras intentaba salir fuera del país en un barco rumbo a Santo Tomás, Islas Vírgenes, fue arrestado. Permaneció encarcelado por espacio de siete meses hasta que por exigencias del Gobierno de Estados Unidos a España demandando la excarcelación de los presos políticos, fue puesto en libertad. Nuevos esfuerzos de parte de las autoridades del Gobierno Autonómico fueron llevadas a cabo para encarcelarle a su salida de prisión por lo que, ante  sus actividades sindicales, opta por huir hacia la zona en poder de las tropas de ocupación de Estados Unidos en Puerto Rico a la fecha en que había sido decretado el Armisticio. Permaneciendo allí bajo la protección de los invasores, Iglesias Pantín figurará más tarde entre aquellos ciudadanos y residentes de Puerto Rico  que entraron jubilosos a San Juan el 18 de octubre de 1898 junto a las tropas de Estados Unidos al momento de formalizarse y oficializarse el cambio de soberanía. 

      Creemos que estos eventos influyeron en él contribuyendo al  cambio de posiciones políticas, particularmente con relación a su percepción en cuanto a sus ideas anarco sindicalistas y el papel que deben jugar los trabajadores en sus luchas sindicales y políticas. Es decir, en el Santiago Iglesias Pantín de aquel momento, ya puede perfilarse una aproximación distinta en torno a la lucha sindical y política de los trabajadores, el papel del “Estado” y el papel jugado por los partidos políticos en la organización del mismo bajo los nuevos conquistadores.

      El 23 octubre de 1898 Iglesias fundó un nuevo periódico de nombre “Porvenir Social” y contribuirá a partir de entonces a la  fundación ese mismo día de la “Federación Regional de los Trabajadores”. 

Surgimiento de la Federación Libre de los Trabajadores:

      Hacia abril de 1899 el Partido  Obrero Socialista de Estados Unidos le dirigió una carta a Iglesias  exhortándolo a fundar un partido político obrero afiliado a su homólogo en Estados Unidos. Es por eso que no es de extrañar que a lo largo de todo el Siglo 20 y en lo que va del presente siglo, no haya habido una década en la cual esté ausente la presencia en el movimiento obrero puertorriqueño del sindicalismo estadounidense. Luego de varios meses, finalmente, el 18 de julio de 1899, fue fundada la Federación Libre de los Trabajadores de Puerto Rico y el Partido Obrero Socialista.

      A partir de entonces, y durante esas primeras décadas del Siglo 20,  encontraremos una estrecha vinculación entre dos polos, que aunque antagónicos  en el sentido clasista del término, a su vez se entrelazan en el desarrollo de las opciones de “status político” para los puertorriqueños: la clase trabajadora y los sectores provenientes de las clases dominantes.

      El Profesor Gervasio García en su libro Desafío y Solidaridad: breve historia del movimiento obrero puertorriqueño, nos indica en las páginas 30-31, lo siguiente:

“... es decir, en la antesala del 98 la clase obrera criolla estaba a punto de crear nuevas organizaciones de lucha. Con o sin invasión de los Estados Unidos era inevitable el surgimiento del movimiento obrero puertorriqueño pues solo faltaban la estructura y el nombre formales. Aún así, es evidente que el alumbramiento y el bautismo-- pero no la gestación-- fueron acelerados por la nueva dominación americana. 

...

En Puerto Rico, los Estados Unidos... permitieron desde el comienzo de su dominación la libre  asociación de los trabajadores. Este derecho se otorgó, no como una concesión a un movimiento poderoso, sino a unas organizaciones embrionarias en cuyo seno no se agitaba todavía el sentimiento nacionalista. En realidad, no existía -- a corto plazo -- la amenaza de que la lucha social desembocara en una independentista y más cuando la conciencia nacional de la clase propietaria criolla estaba diluida en un autonomismo tímido. 

Por su parte, los trabajadores puertorriqueños mostraron gran admiración por el desarrollo económico y las instituciones políticas y educativas de los Estados Unidos y aceptaron de buen grado la nueva dominación. Sin derramar una lágrima por  el antiguo régimen colonial español -- símbolo para muchos de siglos de ignorancia y servidumbre-- los obreros albergaron la esperanza de que -- en palabras de unos tabaqueros de Cayey-- ‘al pertenecer a una nación tan poderosa cambiaría la suerte del trabajador honesto.” 

      Es importante, no obstante, indicar que la vinculación del capital estadounidense con  el país, como tampoco fue el caso en nuestra hermana Cuba, no se inició con la Guerra del 1898, mucho menos como resultado de la Invasión.

      En un trabajo que publicamos en la Revista de la Universidad de América, titulado Puerto Rico 1898-1998, Año 10, Número 1, mayo 1998, pág. 8, indicamos lo siguiente:

“En Puerto Rico, al igual que en Cuba, la economía del país había ido gradualmente, desde mucho antes de la Guerra, integrándose al mercado de Estados Unidos. La Invasión y con ella el cambio de soberanía en el país, pasando Puerto Rico a ser una colonia típica de Estado Unidos, integró aún más nuestra economía al capital estadounidense transformándola en distintos momentos de acuerdo a sus necesidades e intereses. Por ejemplo, mientras en 1897 Puerto Rico importaba de Estados Unidos el 21% de sus productos, ya en 1901, apenas tres años después de la Invasión y a solo un año de implantarse el gobierno civil, el total de importaciones había ascendido a 78.1%. en 1897 Puerto Rico exportaba el 15.2% de sus productos Estados Unidos; ya en 1901 era el 65%. Mientras en 1899 el número de cuerdas sembradas de tabaco y caña de azúcar era de 5,693 y de 72,146 respectivamente, ya en 1909 era de 22,142 y 145,433 respectivamente. Se ha indicado que después de 1898 entre el 80 a 85 por ciento de la manufactura en Puerto Rico pasó a ser controlada por el capital estadounidense. En 1930 el 23.7% de toda la tierra cañera y el 46.3% de la tierra organizada en corporaciones pertenecía a cuatro corporaciones azucareras de capital estadounidense. Para entonces, se calcula que mas del 27% de la riqueza total de Puerto Rico estaba en manos extranjeras. Como se ha indicado, en dicho período la economía de Puerto Rico transitó de un régimen de hacienda a un régimen de plantación. Véase para una discusión más completa sobre dicho asunto la obra de James L. Dietz, Historia económica de Puerto Rico, capítulo 2, págs. 98-152" 

      Como podrá verse mas adelante, en Puerto Rico encontraremos una situación inusual dentro de lo que representa esa lucha histórica que se manifiesta en la contradicción trabajo-capital. En el  eje de esta contradicción principal encentraremos cómo la misma se desdoblará en otra faceta adicional, ésta última dividida en la tres opciones históricas de status político en las cuales se ha dividido desde el pasado siglo nuestro país.

       El nuevo proceso de colonización al cual se ve sujeto el país con la Invasión de Estados Unidos, supone inicialmente la entronización del modo de producción capitalista, fundamentalmente en la agricultura llevando a la proletarización del campesinado, sustituyendo la ya arcaica economía de hacienda por la nueva economía de plantación donde el jíbaro gradualmente dejará de ser una agregado en las haciendas cafetaleras o en la producción de otros cultivos del dueño de la hacienda, para pasar a ser un obrero que trabaja a base del pago de su fuerza de trabajo mediante un salario o jornal  en las plantaciones, fundamentalmente las cañeras.  Esto desatará intensos procesos de lucha de ese nuevo proletariado agrícola contra los grandes capitales azucareros.    Sin embargo, esas luchas emergentes no se inscribieron como parte de una lucha nacional-colonial de los trabajadores agrícolas puertorriqueños contra el dominio del nuevo poder  imperialista en el país. Por el contrario, dentro de un abierto proceso de integración y anexión al que nos vemos sometidos por parte de Estados Unidos, los trabajadores y sus organizaciones, las políticas y las sindicales, a la par que desarrollan sus luchas económicas y reivindicativas frente a los llamados pulpos económicos, se unen simultáneamente con estos  intereses capitalistas, sobre todo los del sector  azucarero, en un proyecto de estadidad federada.

      Contradictoriamente, sin embargo, aquellos que fueron desplazados por el capital norteamericano a raíz de la Invasión,  y que antes representaban los intereses económicos de los hacendados, son los mismos que pasarán, bajo el nuevo régimen, a ser los opositores a la asimilación cultural  y a la anexión política del país.

Las primeras manifestaciones de lucha:

      Es importante destacar, por ejemplo, cómo una medida implantada por Estados Unidos durante el primer año de gobierno civil, cuyo propósito fue afectar a la clase propietaria criolla reduciendo el valor de la moneda provincial emitida para el Gobierno Autonómico en relación a la estadounidense, en un 40 %, en su reflejo colateral sobre los trabajadores no trajo de parte de éstos movilizaciones en contra del gobierno que había decretado dicho cambio. Esto a pesar de que también la reducción en el valor de la moneda también tenía su efecto sobre el ya precario ingreso del trabajador puertorriqueño.

      Por el contrario, el llamado fue a la organización de los trabajadores para canalizar sus demandas ante el nuevo gobierno estadounidense en Puerto Rico en reclamo de una jornada de trabajo de 8 horas y  aumentos en los salarios que entonces se pagaba a los trabajadores.

      Nos dice Juan Ángel Silén en su libro Apuntes: Para la Historia del Movimiento Obrero puertorriqueño, pág. 59-60:

      “La implantación de la ley Foraker y el canje de moneda llevaron a una baja en las propiedades y salarios de un cuarenta por ciento que habrán de contribuir al proceso de trastoque de la sociedad tradicional. 

El 1 de agosto de 1900 los obreros se lanzan a un primer intento de huelga general, en protesta contra los bajos salarios y la falta de representación obrera en el Gobierno. La burocracia gubernamental lanzó junto a la Policía toda la fuerza y violencia de sus “turbas” contra los huelguistas... 

                  ... 

Buscando una alianza que la fortaleciera frente a los desmanes  de los alcaldes, los atropellos de la policía y el poder de los hacendados, en septiembre de 1901 la Federación Libre se afilia a la American Federation of Labor. Los contactos iniciales estuvieron a cargo de Santiago Iglesias durante su estadía en Washington. Comienza a dejarse sentir de esta manera la influencia de Samuel Gompers y el trade unionismo conservador de la A.F. of  L. Para ese mismo tiempo, Iglesias es nombrado organizador general de la American Federation of Labor en Puerto Rico.” 

            Sobre este último extremo, nos dice Córdova, Op. Cit. a la página 51, lo siguiente:

“Finalmente, el 14 de octubre de 1901, el Presidente Gompers [en referencia al Presidente de la American Federation of Labor], nombró a Santiago Iglesias como Organizador General de la Federación Americana del Trabajo para Puerto Rico y Cuba. Al día siguiente, Gompers llevó al recién nominado a conocer al Presidente Roosevelt, y sugirió al antiguo ‘Rough Rider’ que la misión de Iglesias requería garantías de seguridad y protección legal. El Presidente Roosevelt inmediatamente dictó una carta dirigida al Gobernador Hunt garantizando protección a Santiago Iglesias. La Prensa Asociada informó a sus lectores  este nuevo acontecimiento. Tres semanas más tarde Santiago Iglesias salió para San Juan vía Nueva York. 

Después de más de un año de ausencia de Puerto Rico, Iglesias regresó lleno de esperanzas y planes para la liberación socio-económica de las masas trabajadoras. En el bolsillo traía una carta del Presidente Roosevelt que garantizaba su seguridad y le otorgaba protección legal contra sus enemigos reaccionarios...” 

  Es importante señalar que durante los años siguientes, al amparo de las garantías que esa protección y apoyo de parte de la A.F.L. brindaba, la Federación Libre de los Trabajadores desbordó el cause limitado que hasta entonces se había logrado al interior de la clase obrera, desarrollando un proceso organizativo sin precedente en nuestra historia en la organización de los trabajadores en sindicatos.  

Nuevas perspectivas en la F.L.T. y el surgimiento del Partido Socialista: 

      Simultáneamente, sin embargo, el carácter combativo y contestatario de los primeros años iba cediendo paso a un sindicalismo más domesticado. Así por ejemplo, en 1910 ya encontramos a la Federación Libre renunciando a la celebración del 1 de mayo como Día Internacional de los Trabajadores y en su lugar, apoyando al Gobierno en la celebración de Día del Trabajo.

      Hacia 1912 se crea por ley el Negociado del Trabajo, cuya función era investigar las condiciones generales de trabajo, mejorar las relaciones entre patronos y empleados, sugerir legislación laboral y fiscalizar el cumplimento de aquella existente que afectara las condiciones de los trabajadores. Es con posterioridad a dicho año que Iglesias comenzará a cabildear más intensamente en Washington por medidas en beneficio de los trabajadores, aunque también, por medidas que iban dirigidas a afianzar el poder político y económico de Estados Unidos sobre Puerto Rico. Tal fue el caso de la extensión de la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños mediante la Ley Jones de 19l7, como había sido antes, durante sus primeras propuestas, a partir del año 1910.

      Mientras esto ocurría en el escenario de la administración  pública del país,  la que repercutía directamente en las actitudes del movimiento obrero encabezado por la Federación Libre, esta organización laboral avanzaba hacia su Octavo Congreso, efectuado el 18 de marzo de 1915. Allí se decide revivir el programa de aquel Partido Obrero fundado por Iglesias Pantín en 1899 . Bajo el nombre de Partido Socialista de Puerto Rico, afiliado al Partido Socialista de Estados Unidos, se inicia un nuevo ciclo en el desarrollo de lucha política en el país.

      Indica Bolívar Pagán en su libro Historia de los partidos políticos puertorriqueños (1898-1956), Tomo I, pág. 170, citado por Córdova, Op. Cit., pág 77-78, en relación a lo que eran las demandas políticas de esta nueva organización, las siguientes:

“...los derechos de huelga y piquetes; más altos salarios; ocho horas de jornada de trabajo; pedía la contratación colectiva entre patronos y obreros; vacaciones con paga a los obreros; pensiones a la vejez y las viudas; mejora en las viviendas y establecimiento de barriadas obreras; extensión e intensificación de la instrucción pública; mejoras sanitarias y de salud pública; rehabilitación y compensación a obreros lesionados en accidentes del trabajo; fomento de cooperativas; insularización de esenciales servicios públicos; combatía los monopolios la ‘explotación’ de las corporaciones y empresas industriales y agrícolas; exigía que se pusiera en vigor la disposición federal sobre tenencia de tierras por corporaciones en exceso de quinientos acres; favorecía un sistema de tributación rigurosa e [sic] equitativa; y reforma de la sociedad para establecer la llamada ‘democracia social’. Daba énfasis a protección de los derechos individuales. Denunciaba las aspiraciones de status político de Estado o Independencia, como mentiras, convencionales que dividían a los trabajadores y que distraían al pueblo de urgentes necesidades económicas y sociales. En la prédica de Santiago Iglesias y la prensa y demás oradores y agitadores socialistas defendían la americanización y la vinculación permanente de Puerto Rico a Estados Unidos, como suprema garantía para la protección de los derechos individuales y de las esperanzas de democracia y civilización en Puerto Rico.” 

      No deja de destacar en estas demandas el carácter político de algunas de ellas.

      En las elecciones de 1917, las primeras bajo la Ley Jones, el Partido Socialista concurrió a las urnas obteniendo 24,468 votos. Esto era poco menos del 10% del electorado registrado en Puerto Rico para 1916. A pesar de lo anterior y del número de votos obtenidos por el Partido Socialista como resultado de dicha elección, Santiago Iglesias Pantín fue electo a un escaño por acumulación al Senado.

      Para el año 1920 ya la Federación Libre había alcanzado una matrícula de 28 mil trabajadores. Durante la campaña electoral de ese año, debutó en la política puertorriqueña y en calidad de orador en diferentes actos del Partido Socialista, Luis Muñoz Marín. Estas elecciones fueron cruciales en la historia política puertorriqueña. No solo duplicaron el número de votos obtenidos dos años antes por el Partido Socialista, sino que Iglesias Pantín fue re-electo al Senado junto a otros tres representantes del Partido. Por primera vez en dichas elecciones, ocho gobiernos municipales pasaron a ser dirigidos por representantes de un partido obrero.

      Viene a nuestra memoria un pasaje escrito por Nemesio Canales en la prensa de Puerto Rico en sus famosas columnas publicadas bajo el título de Boberías, donde nos dice lo siguiente:

“Existiendo como existe en Puerto Rico el sufragio universal, que significa gobierno de las mayorías, JUAN BOBO hace este silogismo: Es así que la mayoría de la Cámara es designada por la mayoría del país; es así que la mayoría del país corresponde sin duda alguna a los trabajadores: Luego, la mayoría de la Cámara es designada exclusivamente por la mayoría de los trabajadores. Si esto es así, ¿cómo se explica que sean los trabajadores precisamente los que menor representación tienen en la Cámara? ¿No priva aquí el sufragio universal y no son ellos precisamente la mayoría? Una de dos: o la clase proletaria no se quiere a sí misma y es suicida, o la lógica es la cosa más ilógica del mundo.

 

Los trabajadores se pasan el año celebrando mítines, organizando huelgas y sudando la gota gorda par protestar de ciertas leyes que les son nocivas. Y yo pregunto: ¿por qué en lugar de sufrir tantísimos sinsabores y de ser muchas veces macaneados, arrestados, enjuiciados y reventados no hacen lo más fácil, que es ir a la legislatura, y hacer ellos mismos las leyes? Si a mi JUAN BOBO, me siguiesen cien mil bobos dotados del sufragio, indudablemente que, no obstante mi bobería nativa, designaría 35 bobos para constituir una cámara de bobos (parecida, por cierto, a la actual) y no haría más que leyes bobas en beneficio de los bobos. ¿Por qué no hacen esto los trabajadores de Puerto Rico que son la mayoría? ¿Serán acaso más bobos que yo?” 

      En su Undécimo Congreso, efectuado en julio de 1923, el número de afiliados a la Federación Libre era ya de 31 mil trabajadores. Las elecciones del año  siguiente reflejaron en favor del Partido Socialista un apoyo de 34,576 votos.

Una década desastrosa para el país

      Los sucesos con los cuales fue recibida la nueva década de 1930 encuentran su génesis en la caída de la Bolsa de Valores de Nueva York en octubre de 1929. Esa fecha vino a rematar el estado de crisis en el cual el país ya había quedado, sumido en desgracia como resultado del Huracán San Felipe del 13 de septiembre de 1928. La situación, a su vez, llega a niveles  inimaginables luego del Huracán San Ciprián cuando golpea nuestra Isla en 1932.

       Para tener una idea del daño causado al país por este Huracán basta examinar  algunos datos aportados por Córdova, Op. Cit., págs. 99-101, en su libro cuando nos dice que en un momento en que el presupuesto fiscal de Puerto Rico apenas era de $12 millones de dólares, los daños materiales ocasionados solamente por San Felipe ascendieron a $85.3 millones. Los renglones económicos principales en los cuales descansaba la producción agrícola como eran  el café, el azúcar y el tabaco, reflejaban las siguientes pérdidas: en el café, el 44% de los árboles de café y el 59 % de los árboles de sombra, con una pérdida del 80 al 90 por ciento de la cosecha, equivalentes a su vez a $8.7 millones de dólares; en el azúcar,  la cosecha se perdió en un 32%, equivalentes a $17.3 millones de dólares; y en el tabaco, las pérdidas fueron  estimadas en $1.9 millones de dólares.

      El ingreso anual per cápita, que en 1929 había alcanzado la suma de $116.00, ya en 1933 había bajado a $82.00.  Aún diez años después, para 1939, dicho ingreso en Puerto Rico apenas alcazaba $107.00.

      Al comienzo de 1930, el analfabetismo, a pesar de los modestos progresos habidos, se mantenía en 41.4 %; el 68.1% de los niños en edad escolar no asistían a clases; y el 80.6% de la población no hablaba inglés.

      En cuanto al desempleo, para 1927, en un Informe rendido por el Gobernador Towner,  se indicaba  era de 60%.

      Estos índices, constituyen un botón que como muestra nos  indican las condiciones que precedieron, durante comienzos de la década de 1930, los sucesos que llevaron a las históricas jornadas de la Huelga Cañera de 1934; a la represión inmisericorde del Gobierno de Estados Unidos contra el Partido Nacionalista; a los reagrupamientos  políticos que condujeron en 1934 a la formación del Partido Comunista de Puerto Rico;  a la fundación   en 1938 del Partido Popular Democrático; y finalmente, al surgimiento en 1940 de la Confederación General de Trabajadores.

El Partido Nacionalista y el movimiento obrero:

      Electo Albizu Campos Presidente del Partido Nacionalista, en la Asamblea General del Partido efectuada en el Ateneo el 13 de mayo de 193011 el tema de los trabajadores y sus luchas es abordado. A tales efectos se indica:

“Libremos al obrero inmediatamente del caudillaje del obrerismo desorientado de origen yanqui, que, bajo la sugestiva denominación de socialista, pero sin definición política alguna, y, por tanto, los más hábiles y eficaces defensores del coloniaje, lo han hecho portador de la bandera norteamericana, bajo cuya sombra impera este coloniaje que nos ha convertido en esclavos de las corporaciones y empresas norteamericanas.” 

      A partir de dicho manifiesto, el Partido Nacionalista plantea, como primer punto en su programa económico, el siguiente propósito o aspiración:

“Organizará a los obreros para que puedan recabar de los intereses extranjeros o invasores la participación en las ganancias a que tienen derecho, asumiendo su dirección inmediata, poniendo hombres de talla, responsabilidad y patriotismo para dirigirlos.” 

      Establecida la anterior premisa, toma un giro distinto en el seno del Partido Nacionalista de Puerto Rico los conceptos en torno al desarrollo de la lucha por la independencia y al desarrollo de la lucha por las conquistas de los trabajadores. Queda establecido en su Programa  la formulación de una línea de trabajo en la cual ambas luchas, la política y la económica, se conciben  vinculadas y entrelazadas una de la otra como parte de una lucha común en la lucha de independencia. En los movimientos sociales más trascendentales de esa época en las cuales estuvo involucrado la clase trabajadora y el pueblo en general, el nacionalismo no estuvo ausente.

      Nos dice la compañera Marisa Rosado en su libro Las Llamas de la Aurora, al respecto:

“Albizu Campos con su incesante prédica generó una serie de movimientos huelgarios contra el abuso de las compañías gasolineras. Los carros públicos se paralizaron y una huelga general contra el alto costo de la gasolina amenazó por primera vez el monopolio gasolinero.  

      Hacia el 1933 venían sucediendo en el país diferentes movimientos huelgarios, los cuales incluían al transporte  público y protestas contra los abusos de las compañías gasolineras. Luego, surgieron otros movimientos huelgarios vinculados al alza en el precio del pan y,  finalmente, otros vinculados  a las condiciones de trabajo prevalecientes en la industria del azúcar. Nos dice la escritora Marisa Rosado en su libro, a la página 118, lo siguiente:

      “En enero de 1934 los trabajadores de la caña de la Central Fajardo declaran huelga por mejores salarios y en rechazo al Convenio Colectivo firmado entre los líderes de la Federación Libre (Partido Socialista) y los azucareros. El liderato obrero ocupaba en ese momento posiciones en el gobierno colonial, hecho que le impedía representar a los obreros en forma adecuada, por ser ellos mismos parte de la clase dominante. Esta huelga iba dirigida no a los patronos, sino contra el propio liderato obrero que los había traicionado firmando un contrato muy por debajo de sus aspiraciones.” 

      Por su parte, el Taller de formación Política, en su libro Huelga en la Caña: 1933-34, pág.119, expresa la preocupación que representaba para las clases propietarias la vinculación del movimiento social de los trabajadores con las concepciones políticas e ideológicas del nacionalismo. Así indica:

“La participación del nacionalismo -- que era el único movimiento claramente anti-imperialista en  la isla-- en el seno de la propia protesta obrera, creaba una situación explosiva que ponía en serias dificultades al gobierno. La huelga había nacido desde las entrañas mismas de las masas proletarias. Y desde esas mismas entrañas había surgido el llamado al dirigente máximo del nacionalismo.” 

      Ese mismo año, en el mes de enero, el Partido Nacionalista de Puerto Rico específicamente el día 12, funda en Guayama durante una manifestación obrera a la cual concurrieron 6 mil trabajadores, la Asociación de Trabajadores Puertorriqueños (ATP), pasando a presidir la misma el Doctor Eugenio Vera. Capítulos adicionales de la ATP se fueron organizando en diferentes asambleas convocadas por trabajadores en Fajardo, Yabucoa, Luquillo, Canóvanas y Guánica. En esas asambleas participaban miles de trabajadores.

      En sus estatutos, la ATP expresaba que era su finalidad la siguiente:

“1. Organizar a todos los trabajadores en una organización genuinamente portorriqueña capaz y en condiciones de hacer valer los derechos de todos y cada uno de sus asociados; 2. defender los intereses de todos y cada uno de los trabajadores de Puerto Rico en sus luchas contra la fuerza del capitalismo y contra cualquier fuerza que ilegal e inhumanamente le respalde en detrimento del obrero y de sus derechos a vivir una vida decorosa y decente mediante el recibo de un jornal adecuado por sus labores; 3. cualquiera otros fines análogos a los ya enumerados y no incompatibles con ellos y con el espíritu de esta asociación.” 

      Indica el Taller de Formación Política en su libro La cuestión Nacional: El Partido Nacionalista y el movimiento obrero puertorriqueño (aspectos de las luchas  económicas y políticas de la década de 1930-40) 22:

   “El nacionalismo no pretendía controlar el movimiento obrero, como tampoco, temía a la movilización independiente de los trabajadores. Confiaba que el obrero conciente y dispuesto a defenderse comprendería que el imperialismo era su enemigo. Después de identificar a su enemigo el obrero actuaría por su propia iniciativa, complementando la lucha nacional.” 

      Más adelante, en el Capítulo XIII, titulado ¿Por qué no se vincularon sólidamente el nacionalismo y el movimiento obrero?, nos indica a la página 152 lo siguiente:33 

“La organización de los trabajadores en lucha por sus intereses históricos y la formación de una organización rebelde eran dos tareas que el nacionalismo no veía en términos conflictivos. Si el liderato nacionalista estuvo dispuesto a participar de la gran huelga de 1934, lo hacía porque era coherente con su ideología. A su vez, los obreros pidieron a Albizu que participara en la huelga y en su sentido más profundo querían que sustituyera el liderato obrero. Este es el significado histórico de los telegramas de cientos de obreros, dirigidos por Albizu en los primeros meses de 1934...” (Énfasis en el original) 

      Si bien para el “Taller de Formación Política”, no se trababa de una aproximación clasista que postulara un programa anti capitalista, la vinculación del  movimiento nacionalista con la luchas obreras le imprimían a esta última un potencial de lucha antiimperialista. Esto, unido a la posibilidad del desarrollo de un proletariado industrial en el curso de una revolución democrática, era capaz de proyectar e impulsar esas luchas en forma ininterrumpida hacia el socialismo.

      En su artículo La Huelga Agrícola44 Albizu Campos indica que no debía extrañar a nadie que los trabajadores optaran por organizarse corporativamente. De esa manera, señala, nadie tendría que hablar a nombre de ellos. Si los profesionales, empleados gubernamentales, industriales y otros se organizaban, por qué entonces los trabajadores no habrían de hacerlo. De acuerdo al Albizu Campos que asume las riendas de dicho proceso huelgario, los trabajadores “son el verdadero poder y la verdadera fuente de riqueza que tiene la patria”. Identificando al gobierno colonial como un gobierno “rompe huelga”que está al servicio de los intereses yanquis, es decir, como capataz de las empresas del capital estadounidense en Puerto Rico, Albizu vinculaba directamente la situación del pueblo y la de los trabajadores con la dominación y dependencia colonial.55

      Finalmente, Albizu Campos, en otro escrito de fecha 19 de enero de 1934, publicado en el periódico El Mundo a la página 6, el cual figura también recogido en sus Obras Escogidas,66 indicaba lo siguiente: 

“ ... lo único que puede salvar al obrero de la explotación capitalista es la implantación de un respetable salario mínimo y de menos horas de trabajo en virtud de ley.”

      Recordemos que aquella gran huelga tenía como aspectos reivindicativos principales los siguientes: (a) el repudio a la implantación de salarios más bajos; (b) el reclamo de una verdadera participación de los trabajadores en la riqueza que estos producían; es decir, una mejor redistribución de la riqueza; (c ) aumentos salariales y el rechazo de la influencia e injerencia del capital estadounidense en el gobierno colonial; (d) el rechazo al uso de “tickets”o vales por parte de las centrales azucareras como instrumento en sustitución del pago en efectivo de los salarios de los obreros.

      Indica una vez más el “Taller de Formación Política” en sus investigaciones recogidas en el libro ¡Huelga en la Caña! 1933-34:

      “Albizu no venía a romper la huelga. Venía a insuflarle energía a un proceso desorganizado que se batía en múltiples frentes, sin dirección, y que ya daba muestras de agotamiento en algunas regiones, mientras se extinguía en otras.” 77

      Probablemente, sin embargo, donde queda ilustrado de manera más diáfana el impacto que la participación de Albizu tendría en la Huelga Cañera, fue en las declaraciones periodísticas aparecidas en el periódico El Imparcial 88 donde se indica lo siguiente:

“La entrada de Albizu Campos en la lucha proletaria señala un cambio trascendental en el temperamento de los huelguistas y amenaza seriamente la existencia de la subsidiaria local de la American Federation of Labor. Al entrar en el campo obrero el líder nacionalista, se inicia una consolidación de los elementos izquierdistas del Socialismo y de todos aquellos grupos que no siendo radicales, estiman sin embargo, que sería saludable nacionalizar el obrerismo puertorriqueño con vistas a intensificar la lucha contra el dominio que ejercen en el país las corporaciones norteamericanas. 

...La opinión general es que si Albizu se hace cargo de la reorganización de la huelga y se pone frente a la misma, junto a los líderes que aún están firmes, a los propagandistas del nacionalismo, la huelga continuará y asumirá las proporciones de un verdadero conflicto. El Partido Nacionalista cree en la lucha de clases y tiene tendencias de renovación social de acuerdo con su credo político. Además favorece la resistencia militante en cualquier forma efectiva contra el Gobierno.” 

      Esta afirmación, en nada difería con aquella expresada por un sector disidente dentro del Partido Socialista – disidente respecto a la huelga, aunque no disidente respecto a su identificación con el Partido propiamente–. Este sector, auto denominado “Afirmación Socialista”, indicaba en un Manifiesto publicado el día 15 de enero de 1934:  

“Al entrar en el campo obrero el líder nacionalista, se inicia una consolidación de los elementos izquierdistas del Socialismo y de todos aquellos grupos que no siendo radicales, estiman sin embargo, que sería saludable nacionalizar al obrerismo puertorriqueño con vistas a intensificar la lucha contra el dominio que ejercen en el país las corporaciones norteamericanas.”99

      Ramón Medina Ramírez1010, por su parte, nos indica al respecto:

“En 1934, la población agrícola, esclavizada con jornales de hambre en los enormes latifundios cañeros, se levanta en huelga general. Albizu Campos es llamado urgentemente por los trabajadores para que les dirija nuevamente. Los trabajadores rechazan es esta ocasión la intervención solapada de los líderes socialistas, entregados hace ya mucho tiempo al capitalismo explotador.”

      Más adelante indica que “cada discurso de Albizu Campos– en referencia a su participación en la Huelga– es un incentivo de fervor revolucionario contra el poder ilegal impuesto por los Estados Unidos.”

      Juan Antonio Corretjer, señala1111 que el programa del Partido Nacionalista aprobado en 1930 demuestra de principio a fin la conciencia que tenía Albizu en relación a la importancia que representaba para la lucha anti colonial precisamente ésa lucha reivindicativa de los trabajadores. Al respecto indica:

“Todas las grandes cuestiones sociales empiezan por plantear un problema filosófico que finalmente se resuelve en el campo de batalla.” 

      Eso era lo que precisamente implicaba en aquel momento para Estados Unidos, desde la perspectiva de la propuesta del nacionalismo albizuista, la participación de dicho sector político en el conflicto huelgario contra los dueños de las centrales azucareras yanquis, contra los intereses económicos imperialistas en Puerto Rico, contra la dominación de Estados Unidos sobre nuestro país: un conflicto que solo podría encontrar solución en el campo de batalla de los intereses nacionales del capital absentista y aquellos de los trabajadores y trabajadoras puertorriqueños enmarcados dentro de un reclamo de independencia y soberanía política.

      En aquel momento la población de Puerto Rico era apenas de dos millones de personas de las cuales 137 mil eran trabajadores empleados en las fases agrícola y fabril de la industria del azúcar. Como indica Corretjer,1212 “en una población de menos de dos millones, algunos 700 mil puertorriqueños dependían de la agricultura y elaboración fabril del producto.” Más adelante, a la página 26, nos indica:

“El llamamiento hecho por los trabajadores a Albizu Campos para que liderara la huelga alertó al imperialismo que la organización de los trabajadores agrícolas de la principal explotación del país ya no podía ser diferida. Era probable que esa organización se hiciera con una orientación independentista, anti imperialista quizás.” 

      Las coordenadas, estaban delimitadas. Independientemente de cualquier apreciación sobre el carácter de clase pequeño burgués que se atribuya al movimiento nacionalista en ese momento, la vinculación de la reivindicación nacional de la independencia, la soberanía y la libertad política con una clase social como la clase trabajadora, vinculada a un reclamo social y económico que empalmara con el reclamo político de tal libertad, soberanía e independencia, comprometía el proyecto colonial e imperialista de Estados Unidos en Puerto Rico. Es a partir de tal experiencia que Estados Unidos re define sus planes de dominación política en Puerto Rico.

      Dentro del contexto del desarrollo de la huelga Albizu compareció a una tribuna en Guánica y encontró la misma rodeada de policías, supervisados personalmente por el Coronel a cargo de la Policía de Puerto Rico,  Francis E. Riggs. El propósito era impedir que los trabajadores pudieran acercarse a la tarima. En dicha ocasión, Albizu lanzó una severa advertencia a la Policía cuando indicó que “si por las balas de la policía muere un obrero, morirá el gobernador Winship. Y si por las balas de la policía muere un trabajador, morirá Riggs”. Finalizó indicando: “Si aquí suena un tiro, matamos al gobernador inmediatamente.”

      Se indica que a partir de ese momento se elaboraron dos opciones para manejar al nacionalismo: sobornarle como organización o destruirle como organización. Paralelo con este propósito, comienza a llegar a Puerto Rico el resultado de unas recomendaciones económicas que bajo la política del Nuevo Trato se extenderían a Puerto Rico vía transferencias federales; se intensifica la labor de sobornar dirigentes dentro del Partido Nacionalista que solicitaran primero la destitución de Albizu y luego, en el caso de algunos, plantear la eliminación física de Albizu Campos. Riggs levantó como consigna “Guerra, guerra, guerra al nacionalismo”.

       Regresando al comienzo de esta década, algo había venido sucediendo en los años anteriores que había llevado a la Federación Libre de los Trabajadores y al Partido Socialista a perder ese apoyo tan importante en sus propias bases clasistas: los trabajadores urbanos y agrarios del país. Pero también algo importante había estado ocurriendo en el escenario estrictamente electoral en el país.

Alianzas y Coaliciones:

      Desde las elecciones del 1917, el Partido Socialista había resistido los acercamientos  del Partido Republicano para integrar una alianza electoral. En la Convención General del Partido Socialista de 1923, sin embargo, dicho Partido deja la puerta abierta a la consideración de dicha posibilidad. El Profesor Gervasio García, Op. Cit., a la página 102, nos describe este cuadro de la siguiente manera:

“El Partido Unión, que había logrado sólo escasa mayoría absoluta en las elecciones de 1920 (51.5% del sufragio) temía  que se concretizara la coalición Republicano-Socialista. Por otro lado, el Partido Republicano, aunque veía en un pacto la única forma para lograr la victoria electoral que no experimentaba desde 1902, sentía la amenaza obrera a nivel económico y temía por ‘la revolución de las masas’. Ante este cuadro socio-político, el liderato máximo de ambos partidos anunció la formación de La Alianza Puertorriqueña en 1924. Los tradicionales rivales se unían frente al ‘fantasma rojo’. Esta Alianza fue fomentada por Washington, que estaba alarmado también por la creciente ola huelgaria.” 

      Una disidencia dentro del Partido Republicano que rechazó este pacto llevó a una nueva fusión para fines electorales a dicho sector con el Partido Socialista fundando a su vez la lo que vendría a llamarse “La Coalición”. Este experimento sentaría las bases para que el Partido Socialista en 1932, una vez se reagrupan nuevamente las dos tendencias republicanas, integraran la fuerza electoral que derrotó en las elecciones de dicho año al Partido Liberal. En éstas resultó electo al cargo de Comisionado Residente Iglesias Pantín.

      Esta Coalición, que más que un pacto electoral vino a ser un pacto social entre los representantes de los trabajadores y los representantes de la burguesía a costa de los propios intereses de los trabajadores, representó la pérdida del respeto y la  credibilidad de la cual habían gozado por muchos años entre muchos trabajadores los dirigentes de la Federación Libre y su brazo político, el Partido Socialista. De ahí que no deba entonces extrañar el por qué, en contexto de sus luchas en 1933-34, los trabajadores azucareros volvieran sus rostros hacia aquel que dentro de un nuevo tipo de discurso, llamaba a la radicalización del país en el rescate de su soberanía y propugnaba por un programa reivindicativo de carácter nacional que diera al traste con el poder del capital absentista, principalmente estadounidense, en el país.

      Como antes indicamos, mientras los dirigentes de la Federación Libre se burocratizaban en sus puestos y respondían dócilmente a los intereses de la clase propietaria, en un gobierno del cual ellos mismos formaban parte, Albizu reclamaba el 19 de febrero de 1934 la necesidad de reivindicar los derechos de los trabajadores.

Fundación del Partido Comunista de Puerto Rico:

      La disidencia interna organizada en el Partido Socialista en repudio a sus políticas de entrega durante la Huelga del Sector Cañero, al igual que sus insatisfacciones con las posiciones asumidas por dicha organización, llevaron a la fundación por parte de éstos, el día 23 de septiembre de 1934, día del aniversario del Grito de Lares, del Partido Comunista Puertorriqueño. Con dicha fundación, las ideas del socialismo revolucionario empalmaban nuevamente con una corriente claramente independentista.

      El Partido Comunista, no obstante,  reconoció las aportaciones históricas del Partido Socialista en  las luchas obreras del país. Según una  cita tomada por el  el Prof. Gervasio García en su libro de un artículo que fuera publicado por Cesar Andreu Iglesias en la Revista “La Escalera”, bajo el título El Movimiento Obrero y la Independencia de Puerto Rico, a las págs. 111-12 indica:

“Durante este período se luchó dentro y fuera de la Federación Libre de Trabajadores. Allí donde los trabajadores se sentían aún identificados con el viejo liderato socialista, la lucha se llevaba a cabo dentro de las filas de la FLT. Por el contrario, allí donde los trabajadores no estaban organizados, o donde habiendo estado organizados se sentían decepcionados por los viejos líderes, se planteaba la organización de sindicatos  independientes. En una forma u otra, lo que importaba era organizar a los trabajadores para la lucha.” 

      Esta nueva influencia del Partido Comunista se dejó sentir en el curso de la Huelga de Frente Portuario del 1938, la cual envolvió más de 7 mil trabajadores, se prolongó por espacio de 37 días y donde uno de los funcionarios del Gobierno que planteó la alternativa de movilizar la Guardia Nacional en contra de los trabajadores, fue precisamente un viejo líder de la Federación Libre y del Partido Socialista, Comisionado del Departamento del Trabajo.     Sobre el particular, nos dice el Taller de Formación Política en No estamos pidiendo el Cielo: huelga portuaria de 1938, a la página 121,  en referencia a Prudencio Rivera Martínez, lo siguente:

“Las negociaciones entre patronos y obreros no se interrumpieron con la declaración del estado de emergencia. Incluso se dieron reuniones en La Fortaleza. Pero no cabe duda que Rafael Menéndez Ramos buscaba crear un ambiente adecuado para reducir la resistencia obrera. Por su parte, Prudencio Rivera Martínez, Comisionado del Trabajo, también se esforzaba por traer la resistencia obrera al redil del gobierno. Ya vimos como criticaba a los líderes de ser incapaces de imponerse sobre la asamblea de huelguistas y hablaba de  elementos extraños en la huelga, refiriéndose al CIO.  Rivera Martínez utilizaba  una retórica más directa y descarnada que la del propio Gobernador Interino: si fallaba el arbitraje, se apelaría a la Guardia Nacional, y si fallaba la Guardia Nacional, sería inevitable la intervención federal. ‘Siendo la situación como es no debemos dar lugar a que intervenga el Gobierno Federal y a nombre de niños, mujeres, hospitales, y toda esa cantaleta, se nos envía una escuadra aquí de transportes con alimentos para ser descargados por la Guardia Nacional o sabe Dios si nosotros mismos tendríamos que ir a descargarlos.” 

      Como vemos, al decir al comienzo que la historia cuando se repite lo hace como tragedia, no podemos dejar de pensar en lo sucedido en país con el papel que ha jugado bajo la presente Administración el Secretario del Trabajo y Recursos Humanos en su relación con el CAREF y la JREF y los planes de reorganización impulsados por el presente gobierno, incluyendo sus posiciones con relación a las propuestas de desreglamentación de la jornada de trabajo impulsadas por los sectores patronales en Puerto Rico. 

Nuevas divisiones en el movimiento obrero organizado:

      Para finales de los años treinta del siglo pasado, el movimiento obrero en Estados Unidos también confrontaba sus dificultades. La American Federation of  Labor a la cual estaba afiliada la F.L.T. y que representaba el sindicalismo tradicional del cual la propia F.L.T. se había convertido en caja de resonancia en Puerto Rico, a la altura de 1936 sufrió una profunda división. Los sectores que impulsaban una renovación en su interior, optaron por separarse de ella, fundando el “Congress  of Industrial Organizations” (CIO). Dentro de la misma aproximación que lo había hecho antes la A.F.L. la nueva entidad sindical visualizaba a Puerto Rico como un territorio sindical del sindicalismo norteamericano, visión esta que, aún al día de hoy, en lo fundamental  no ha cambiado.  Durante dicho conflicto huelgario el C.I.O. hace su principal debut en las luchas sindicales en Puerto Rico.

      Las uniones independientes que habían venido surgiendo en Puerto Rico al margen de la F.L.T., y que en gran medida habían tenido el apoyo entusiasta, tanto del Partido Comunista como del recién creado Partido Popular Democrático, nacido de una disidencia al interior del Partido Liberal y que entonces, al igual que el Partido Comunista apoyaba la independencia para Puerto Rico, finalmente se unificaron dentro de una nueva central sindical, la Confederación General de Trabajadores (C.G.T.), fundada el día 31 de marzo de 1940 con la participación de 112 delegados y 42 uniones obreras.

      Orientaciones de naturaleza ideológica dentro del movimiento comunista internacional, sin embargo, vinculadas al surgimiento del fascismo en Europa y su amenaza hacia la Unión Soviética, llevaron a la Tercera Internacional en su Séptimo Congreso a la  formulación de una nueva estrategia de lucha consistente en impulsar en los países capitalistas, las llamadas políticas de los “frentes populares”.      En Puerto Rico fue precisamente esta visión, empujada por el Partido Comunista de EE.UU. y por su homólogo en Puerto Rico, las que  llevan a este último a brindarle su apoyo electoral al Partido Popular Democrático en las elecciones de 1940. En las mismas el P.P.D. con un claro programa reivindicativo de justicia social y un discurso populista que llenó de esperanzas a los trabajadores del país, obtuvo el 37.8% del electorado, logrando obtener el control del  Senado.

      En las siguientes elecciones de 1944 ya el P.P.D. logra literalmente barrer obteniendo el apoyo del 64.8% del electorado, consolidando así el inicio de un nuevo ciclo  político en el país bajo su hegemonía, el cual se extendería hasta 1968.

El Partido Popular Democrático y el movimiento obrero:

      Juan Ángel Silén, Op. Cit., a la página 108 indica, en referencia al Partido Popular Democrático, lo siguiente:

“Los aspectos principales que llamaban al apoyo del Partido Popular por parte de los trabajadores y del Partido Comunista, respondían a la promesa de reforma agraria y a la legislación social incluida en su programa. La relación del Partido Popular con la CGT se hace más significativa en la medida en que el Partido Popular toma una participación más activa en la defensa de los trabajadores y aumenta entre éstos su oposición al Partido Socialista. También el hecho de que entre sus candidatos a la Legislatura figuraban Ramón Barreto Pérez y Ernesto Ramos Antonini, figuras vinculadas a las luchas del movimiento obrero puertorriqueño.” 

      Los esfuerzos de dichos sectores políticos vinculados al Partido Popular agrupados en la C.G.T. por convertir ésta en un órgano que respondiese burocráticamente a sus particulares proyectos políticos eliminando un artículo de sus estatutos que prohibía a los miembros de su Comité Ejecutivo ocupar posiciones en el Gobierno,  a la larga llevó a una escisión en dicha instancia organizativa de los trabajadores.

      La decisión adoptada por el Partido Comunista en las elecciones de 1944 en términos de su disolución como fuerza política independiente y su respaldo electoral al Partido Popular y a su programa, facilitó el proceso del control de parte de dicho Partido en la C.G.T.  Dicho proceso se consolida aún más con el resultado de estos comicios en los cuales el P.P.D. queda con control absoluto de ambas cámaras legislativas.

      La participación de líderes de la C.G.T. en el Congreso Pro Independencia entró en conflicto con los nuevos rumbos que comienzan a aflorar de parte de los líderes políticos del P.P.D. en cuanto a la situación nacional colonial, lo que añade otro elemento aún más explosivo al conflicto. Finalmente, esta situación hace crisis durante el Tercer Congreso efectuado en marzo de 1944, en el cual la C.G.T queda dividida entre C.G.T. auténtica y C.G.T. gubernamental. A nivel interno dentro del Partido Popular se decretaría la incompatibilidad entre militar en dicho Partido y pertenecer al Congreso Pro Independencia. El Partido Popular, como Julio César a su regreso de la Galia, había cruzado su Rubicón declarando  su desafío a todo aquel proyecto distinto, fuera político o sindical, que se interpusiera en su consolidación como fuerza política. Un nuevo juego político comenzaba.

Los nuevos cambios:

      El período que se abre en nuestra historia a partir de mediados de la década de 1940, período que coincide con el inicio de la hegemonía del Partido Popular Democrático en el escenario político puertorriqueño, será el período a partir del cual se inicia  una nueva etapa en la  transformación de la base económica del país. Catapultados por la Operación Manos a la Obra, comienza a operarse en Puerto Rico nuestra transición como pueblo de una economía agraria a una industrial. El pivote sobre el cual dicho giro se dará será un amplio programa de inversiones económicas, principalmente en el renglón de la manufactura y la industria liviana; con incentivos industriales a las industrias que vendrán a Puerto Rico a establecese basados principalmente en bajos salarios, subsidios gubernamentales y exenciones contributivas para las industrias. Simultáneamente, comenzarán los diseños de nuevas estrategias  políticas dirigidas a promover la emigración masiva de la fuerza de trabajo puertorriqueña no calificada hacia Estados Unidos, como mecanismo amortiguador del desempleo.

      Es también ésta la etapa cuando Estados Unidos define, al calor de la Segunda Guerra Mundial, la importancia estratégica de Puerto Rico designándolo su Gibraltar en el Caribe. Se  intensifica así a partir de ese momento a niveles insospechados hasta entonces, un intenso proceso de militarización del país, del cual  el sufrimiento causado al  pueblo de Vieques por parte de la Marina de Guerra de Estados Unidos, fue tan solo es una de las muchas espinas que carga nuestro pueblo enterradas en su corazón.

      Es también éste, el vórtice que marcará en nuestra historia el momento en el cual  nuevas estrategias económicas y políticas comenzarán a ser elaboradas que aseguren,  concluida la Guerra Mundial e iniciada la llamada Guerra Fría, la consolidación de la presencia económica, militar y política de Estados Unidos  en Puerto Rico. 

      Los efectos de dichos cambios en nuestro país y sus repercusiones al día de hoy, sin embargo, ameritan otro espacio de discusión que esperamos, en un futuro no lejano, podamos compartir junto a ustedes.

      Muchas gracias.

Alejandro Torres Rivera, abogado laboral puertorriqueño, es profesor del Instituto de Relaciones del Trabajo de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y Secretario de Educación Política del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano de Puerto Rico.  Es un querido asiduo colaborador de nuestra revista