Carlos Alberto Montaner y la castrofobia obsesiva

 

Raúl Gómez

 

Más fácil se coge a un obsesivo-compulsivo que a un cojo. Esa parece ser una de las tantas verdades freudianas. Basta, dijo el inminente siquiatra austriaco, con seguir, detenidamente, lo que escriben, dicen o realizan, para que salte la neurosis –que no la liebre—; o les salga el culillo, como dirían irreverentemente los cubanos. Eso, precisamente, podría ser lo que acaba de pasarle al periodista hispano-cubano-norteamericano Carlos Alberto Montaner, con el tema de la salud del presidente cubano Fidel Castro.

Hagamos un poco de historia. El 5 de agosto de 2006, a las 09:32 horas, el medio digital Folha Online publicó un artículo de Kennedy Alencar, corresponsal del diario Folha de Sao Paolo en Brasilia, bajo el título “Lula foi informado de que Fidel está mal[1]”, en el que grosso modo podía leerse: las autoridades cubanas transmitieron esta semana al presidente Luis Inácio Lula da Silva y a miembros de la cúpula del PT la información de que el estado de salud de Fidel Castro es peor de lo que admiten públicamente y que puede quedar inhabilitado para retomar el poder real, aunque se recupere de la enfermedad, un tumor maligno en el abdomen, según la versión con la cual el gobierno brasilero trabaja.

El propio día 5 de agosto, a las 15:00 horas, en el mismo medio digital, el gobierno brasilero, a través de una Nota de la Presidencia de la República[2], desmintió el artículo de Alentar en los siguientes términos: “No tiene la menor procedencia las informaciones publicadas hoy en la Folha de Sao Paolo bajo el título”Cubanos dijeron a Lula que Fidel tiene cáncer”. El presidente de la República, que sigue la situación del presidente cubano, por medio del Ministerio de Relaciones Exteriores, en ningún momento fue informado por autoridades cubanas, o ninguna otras, sobre el supuesto diagnóstico referido en el diario”


Sin embargo, en un artículo publicado en el Nuevo Herald, de Miami, el pasado 27 de agosto[3], Carlos Alberto Montaner –a sangre fría, a sabiendas que estaba mintiendo—, escribió: “La primera confirmación procedió de Lula da Silva: Fidel Castro tiene cáncer. Luego la cancillería brasilera desmintió al presidente, pero era verdad. El Comandante sangró, lo abrieron, y le encontraron un cáncer extendido e incurable”. Nos sale al paso la pregunta: ¿Por qué un periodista tan inteligente y bien informado como Carlos Alberto actuaría de esa manera?

Confieso que –después de darle vueltas y vueltas al asunto, en busca de una respuesta que me satisficiera—, no tuve otra salida que refugiarme en la Siquiatría. En todo caso, el propio Sigmund Freud, –al hablar de los obsesivos-compulsivos—, decía que estos podían sentir la necesidad de actuar de una manera socialmente inapropiada o sorprendente; como gritar obscenidades en una iglesia. Quien quita que este trastorno se le haya colado a Carlos Alberto por la trastienda. Lo mejor, para no caer en especulaciones estériles, será que lo pasemos por el tamiz que sugiriera el celebre sicoanalista.

Curiosamente, en un artículo que publicara, en el diario El Miami Herald, el 4 de noviembre de 1985 –hace casi 21 años, sí, 21 años!!!— Montaner escribió[4]: “Castro hace bien en designar sucesor. Ya tiene 59 años (…) El cáncer y el infarto pueden presentarse en cualquier momento (…) esas arritmias cardíacas que padece –y que alguna vez lo han obligado a abandonar precipitadamente la pesca submarina— no son un buen síntoma”. Este hallazgo –coincidirán conmigo—, indica que, probablemente, no estemos muy descaminados.

El 19 de enero de 1986, en el propio El Miami Herald, especulando sobre un supuesto cambio de rumbo en Cuba, –como si fuera presa de un estado rumiativo obsesivo—, escribió[5]: “Y esto ocurrirá, comenzará a ocurrir, con la desaparición de Fidel Castro. Da igual que el cáncer que hoy anuncian no sea cierto. Lo será mañana o pasado mañana, porque no hay próstata que dure cien años ni aorta que lo resista”.

Menos mal que la obsesividad no es una enfermedad contagiosa; pues, en el diario español ABC, del jueves 19 de noviembre de 1987 –casi 19 años atrás— Carlos Alberto escribió: “Los problemas del señor Castro empeoran por día. Tal vez no sea cierto lo del cáncer en el recto, pero en ese caso –siempre por llevar la contraria— el extremo de su intestino debe ser casi lo único que hoy no huele mal en el inquieto manicomio antillano”. Me pregunto: ¿sería un padecimiento transitorio, de finales de la década de los ochenta, provocado, tal vez, por las influencias gorvachevianas de entonces?.

Infelizmente, parece que no hay coartadas posibles. El 14 de enero de 2001, ya en franco siglo XXI, Montaner escribía[6]: “Hay dos conjeturas razonables que se desprenden de las declaraciones de Raúl. La primera es que se agrava el estado físico del Comandante. Se habla de cáncer intestinal, se sabe que ha sufrido un par de accidentes cerebro-vasculares (…) y se conoce que sufre de presión alta, divertículos y otra media docena de dolencias propias de un hombre de setenta y cinco años…” .

A estas alturas del relato me parece oportuno recordarles que el rasgo esencial de la obsesión y la compulsión es que ambas son recurrentes. En mayo del propio año 2001, a propósito de una gira efectuada por el presidente cubano por Medio Oriente y Asia, escribió[7]: ¿Para qué ese viaje agotador en un hombre tan enfermo, golpeado por el cáncer y zarandeado por dos derrames cerebrales?

Finalmente, para no abrumarlos con las innumerables evidencias encontradas, ahí les va la del estribo. El 24 de octubre de 2004, Carlos Alberto escribió[8]: “La noticia de la mala salud de Fidel Castro, de quien cuentan que padece un avanzado cáncer de próstata –lo que de ser cierto, explicaría su delgadez y ese color pajizo que le colorea la piel— le preocupa a Chávez tremendamente, pero parece agradarle la idea de convertirse en la cabeza visible de la izquierda latinoamericana. Va a ser, sin duda, un velorio interesante cuyas consecuencias se sentirán en toda la cuenca del Caribe. Ya están preparando los ritos funerarios”. Sin comentarios.

Digo como el refrán español: “No hay más cera que la que arde”. Es obvio, para mi es obvio que –si acreditamos en la metódica y en la clasificación diagnóstica clásica de Freud—no hay dudas que hemos atrapado a un periodista obsesivo-compulsivo… y quien quita que algo más. Después de todo, Freud nunca dijo que este trastorno siquiátrico no pudiera aparecer asociado a otros comportamientos sociales repudiables.

Por demás, ahora sabemos, con absoluta certeza, que Montaner estaba bluffeando cuando decía que “siempre es preferible ser intelectualmente honesto antes que simpático[9]”, o cuando escribía: “no mienta nunca. Equivóquese, aún exagere, pero no mienta ni difame[10]”. Ha quedado en evidencia que él --siquiátrico o sinvergüenza— ha distorsionado la verdad hasta hacerla irreconocible.

Aunque no es el propósito de este artículo, quiero hacer una acotación al margen: si la salud del presidente cubano Fidel Castro, no fuera una de las obsesiones principales de Carlos Alberto Montaner; y, realmente, llevara más de 20 años con cáncer de colon, tendríamos que concordar en la excelencia de la medicina cubana.

A modo de diagnóstico presuntivo: El celebre profesor Carlos Mentepollo Gonzalo, cuando se leyó la historia clínica –digo, el artículo—, me espetó: “este es un caso típico de Castrofobia; donde el paciente tiene una sicopatología obsesivo-compulsiva, a consecuencia de las alteraciones del funcionamiento normal de sus defensas”. Nada, que irremediablemente –para desentrañar todos los culillos de Carlos Alberto—, tendremos que acostarlo en el diván; pero, eso será, en otra ocasión y con ayuda de un Siquiatra.
 


 

[1] “Lula fue informado de que Fidel está mal”.

[2] La nota estaba firmada por André Singer, secretario de Prensa y Portavoz de la Presidencia de la República

de Brasil.

[3] Montaner, Carlos Alberto. Artículo “La lenta muerte del comandante”, El Nuevo Herald, 27 de agosto de

2006.

[4] Montaner, Carlos Alberto. Artículo “Raúl Castro, el heredero”. El Miami Herald, 4 de noviembre de 1985.

[5] Montaner, Carlos Alberto. Artículo “Por qué Castro intentó el secuestro en Madrid”. El Miami Herald 19 de

enero de 1986.

[6] Montaner, Carlos Alberto. Artículo “Raúl se prepara para enterrar a Fidel”. El Nuevo Herald, 14 de enero de

2001.

[7] Montaner, Carlos Alberto. Artículo “El testamento de Fidel Castro”. El Nuevo Herald, 20 de mayo de 2001.

[8] Montaner, Carlos Alberto. Artículo “Chávez tras la muerte de Castro” El Nuevo Herald, 24 de octubre de

2004.

[9] La Nación de Costa Rica. “La receta montaneriana”, 26 de octubre de 1986.

[10] Ibidem.