Hay que derogar las restricciones de viajes a Cuba

7 de marzo del 2007

 

 

 

Miami.-  Es el parecer general que los próximos seis meses son de crítica importancia para lograr en el Congreso los cambios necesarios en las actuales restricciones de viajes a Cuba.

 

Principalmente la derogación de la más cruel e injusta de éstas: la que prohibe que los cubanos que vivimos en este país podamos viajar a Cuba.

 

Desde junio del 2004, cuando el presidente Bush en alianza con el sector más reaccionario de la extrema derecha cubanoamericana, decretó las prohibiciones de viajes, decenas de miles de cubanos han sido impedidos de poder visitar a los suyos en Cuba.

 

Aquellas medidas establecieron que sólo podríamos viajar a Cuba una vez cada tres años. ¡Una vez cada tres años!  Y no se permite excepción alguna.  No importa enfermedades graves; no importa la edad de nuestros padres y hermanos. 

 

Nada importa. A ellos, los que inventaron estas prohibiciones, no les importa nada. Ni nosotros, ni nuestras familias, ni nuestras relaciones con nuestras familias.

 

No sólo se atrevieron a decretar y mantener desde entonces tan salvajes medidas, sino que, además, osaron, contra la decencia, definir quiénes son y quiénes no son nuestras familias.

 

De acuerdo a estos salvajes, no son nuestras familias en Cuba nuestras madres, padres, hermanas y hermanos de crianza; nuestras tías y tíos; nuestras primas y primos y nuestras sobrinas y sobrinos, y todos los demás…

 

¿Bajo que derecho constitucional puede un gobierno en este país decretar semejantes medidas?

 

No existe ese derecho constitucional.  Pero este gobierno lo decretó en mayo del 2004 y por casi tres años ha estado violando impunemente nuestros derechos más fundamentales.

 

Pero, además, conformarnos con regresar a una situación anterior a mayo del 2004, es conformarnos a que el gobierno, cualquier gobierno, tiene el derecho a restringir cuántas veces al año podemos ir a visitar y compartir con los nuestros en Cuba.

 

Porque si bien recuerdan, por años, antes del 2004, el gobierno solamente nos permitía viajar una vez al año.  Aunque es verdad que durante los últimos tiempos antes de mayo del 2004, el Departamento del Tesoro, concedía licencias de manera muy flexible, para que uno pudiera viajar más de una vez al año.

 

Pero, ¿por qué el gobierno puede tener el derecho de poder determinar cuántas veces puede una persona viajar para visitar y compartir con los suyos en Cuba?

 

¿Por qué? Ningún gobierno tiene ese derecho.

 

Estas prohibiciones de viaje en pie desde mayo del 2004, también han tenido como resultado el excesivo e inmoral aumento del precio de los viajes a Cuba.

El precio del boleto, de ida y vuelta, de Miami a La Habana, en marzo del 2004, antes de las prohibiciones actuales, hace ahora tres años, comprándosele directamente al charteador, era de $299.  Hoy ese boleto cuesta $434.

 

Hoy, los charteadores sólo pueden vender ese boleto a las personas que viajan con las licencias del Departamento del Tesoro.  Los demás, que son  la inmensa mayoría, decenas de miles, tienen que comprar su boleto en una agencia de viajes y, además, obtener –como puedan—una licencia religiosa.

 

Actualmente, el precio de un viaje de ida y vuelta, Miami-La Habana, incluyendo la licencia religiosa, es como promedio, $650.

 

¡$650 antes de uno montarse en el avión!  Una diferencia de $350 entre el precio actual y el precio del boleto antes de las restricciones de viajes.

 

Ese precio también es consecuencia directa – y bien pensada—de las restricciones de viajes a Cuba impuestas por la Administración Bush y sus aliados de la extrema derecha cubanoamericana: los Díaz Balart, la Iliana Ros y Mel Martínez, en primera fila.

 

Tenemos que organizarnos y movilizarnos para lograr que este año deroguen estas crueles restricciones.

 

Y lo haremos.//