Nostalgia de por la tarde

Rosa Miriam ElizaldeRosa Miriam Elizalde

26 de septiembre de 2006

 

Cuando el poeta español Juan Ramón Jiménez vio a las dos hermanitas, preguntó: «¿De qué colegio son estas niñas?». Bella y Fina García Marruz llevaban zapatos parecidos, faldas del mismo corte, boina ligeramente ladeada. No habían cumplido los 20 años. «Usábamos unas boinas que papá nos trajo de París, eran muy lindas... Nosotras nos acercamos a Juan Ramón para preguntarle por García Lorca, que acababa de morir», comentó Bella en la única entrevista que al parecer concedió.

Que solo conociéramos algunos poemas suyos publicados hace más de 60 años en Clavileño, la revista que antecedió a Orígenes, no la hace menos trascendente en el cuerpo de la generación que se formó en torno a José Lezama Lima. Más visible de lo que parece y de lo que ella misma intentó impedir, Bella es inseparable de ese espléndido grupo de escritores y, en particular, de la obra de Eliseo Diego, para quien «...tú eres tú y eras la vida y todo/ cuanto va desde el júbilo a lo trágico, / desde el alba a las fiestas de la tarde». Fue poeta y musa desde los días de la tertulia de «El turco sentado», como llamó otro querido origenista, Agustín Pi, a las reuniones literarias en Neptuno 308, la casa donde vivían las dos hermanitas, y donde comenzó a nacer el Grupo.

En 1941 las hermanas conocieron en el Centro Hispano-Cubano de Cultura a dos amigos, Cintio Vitier y Eliseo Diego. Fina se casó con Cintio, y Bella, en 1948, con Eliseo, que solo a partir de entonces, comenzaría a escribir poesía: «Ya te veo venir, ligera y leve,/ volando las escalas del teatro,/ la boina al sesgo de tu pelo lacio,/ radiante y feliz, hecha de aromas.// Das a mi amigo un libro, me sonríes,/ después te vuelves y tu esbelta espalda/ escaleras abajo es música/ y es una puertecilla hacia la dicha».

De todos los versos que le dedicara Eliseo, junto a estos que recordaban a la preciosa muchacha de la boina, quizá los más amados por Bella eran los que él incluyó en esa obra monumental de la literatura cubana, En la calzada de Jesús del Monte. En Nostalgia de por la Tarde, el poema de ese libro dedicado a su esposa, se encuentra el verso más hermoso de toda la poesía cubana del siglo XX, según Lezama, el alma fundadora de Orígenes: «Porque quién vio jamás las cosas que yo amo». Pero este no es solo un verso hermosísimo, sino un acto de justicia y de amor por una mujer excepcional.

En el Cementerio de Colón, en el mismo nicho que guarda los restos de Eliseo Diego, ayer fue depositado el cuerpo de Bella. Los que estábamos allí, acompañando a su familia y sus amigos, a Fina y a Cintio que iban de la mano bajo el sol inclemente de la tarde despidiendo a la hermanita, entendimos perfectamente que sobre la lápida quedara la breve inscripción en mármol:

«Porque quién vio jamás las cosas que yo amo». Eliseo a Bella, en Nostalgia de por la