La conciencia económica en el socialismo

Darío L. Machado Rodríguez
 

 

Se ha repetido -y con razón- que el socialismo se construye de modo consciente. En tal sentido, cabe la expresión “socialismo científico”, tan maltratada por aquella concepción lineal, de puras certezas, con final anunciado, en cuyo futuro solo habría victorias y que en el fondo aletargaba y desmovilizaba.

Las lecciones de la historia son duras, pero en igual magnitud útiles. Hoy se ve con total claridad (salvo para quienes hayan quedado petrificados en el pasado) que no hay certezas absolutas, que tampoco hay modelos puros y acabados y que el pensamiento de la construcción está en desarrollo constante, tiene que dar cuenta de los imprevistos y mantenerse sometido a la crítica de la vida.

Cada nueva conclusión salida de la practica tiene que volver a ella a través de los protagonistas de las transformaciones socialistas, es decir, el pueblo trabajador. En otras palabras, hay que socializar las nuevas conclusiones, hay que mantener la información, hay que educar en múltiples direcciones, entre ellas en los asuntos económicos y laborales, que resultan fundamentales.

La educación económica y laboral tiene su horizonte en la transformación cultural integral que implica la decisión de superar la realidad capitalista por una nueva y esencialmente distinta, camino complejo, difícil y necesariamente dilatado que requiere cambios no solo económicos y políticos, sino culturales en general, ideológicos, éticos.

Si la ética capitalista justifica el predominio de la propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre, el individualismo, el consumismo hedonista y la competencia despiadada, profundizando las desigualdades, la enajenación, y el peligro incluso de la extinción del ser humano, el socialismo, en tanto acción superadora, debe fundarse en el predominio de la propiedad social socialista, en el trabajo en beneficio de todos, en el colectivismo, en un concepto socialista del bienestar y de la justicia social, en la cooperación y en la solidaridad. Al socialismo no pueden servirle la manera de reproducción ni la moral del capitalismo.

Una transformación social tan radical y profunda como es el caso de la experiencia socialista cubana, tiene que construir un sistema económico integral y abarcador, y una manera de regularlo, así como aprobar la asignatura del difícil pero imprescindible aprendizaje de la administración eficiente, mientras que la transición socialista tiene que ganar crecientemente en integralidad para que pueda ser eficazmente sostenida hasta superar la mentalidad propia de la sociedad capitalista a la par que se instala una nueva, socialista.

Este es un proceso gradual y complejo que no depende solamente de las buenas intenciones ni puede librarse a la improvisación y el voluntarismo, aunque necesita creatividad y voluntad revolucionaria. El modo de producir y reproducir la vida social, los estímulos, la distribución del producto social tienen que ser funcionales al ser humano realmente existente que irá gradualmente modificando su modo de reaccionar, de pensar y de actuar, junto con todo el desarrollo económico y social.

Tal propósito es obligadamente experimental, en primer lugar porque para cualquier sociedad en transición de un modo capitalista de producir y reproducir la vida social a uno socialista, la transformación es de tal envergadura y complejidad que no puede ser prevista en su totalidad y en ese sentido es un camino ignoto que se transitará con el auxilio indispensable de principios que han sido generalizados a partir de la propia experiencia capitalista y que con el proceso de transición al socialismo pueden y necesitan irse modificando y enriqueciendo.

En efecto, principios tales como el del predominio de la propiedad social socialista como fundamento socioeconómico de la transición, parten del conocimiento de la naturaleza explotadora de la propiedad privada capitalista, un principio como el de la planificación se deriva de la caótica experiencia del capitalismo y así sucesivamente. Pero hay ya sobradas experiencias que dan cuenta de lo difícil que resulta organizar y hacer eficiente la propiedad social socialista y planificar de modo flexible y eficiente.

En consecuencia, guiarse por tales principios no significa, ni mucho menos, la solución de los problemas sino la clave para solucionarlos en un camino en el que la flexibilidad en su utilización, la capacidad de aceptar su cambio y enriquecimiento, o lo que es lo mismo, que den cuenta de lo nuevo para asimilarlo como mecanismo de superación de dificultades y problemas complejos, es tan importante como el poder tenerlos identificados y definidos como herramientas de trabajo.

Si el socialismo es un proceso consciente, su eficiencia depende de la preparación de quienes son sus protagonistas en todos los ámbitos y niveles del proceso social. Al ejercicio económico socialista corresponde una ética socialista, pero también a la inversa: si esperamos del ciudadano en el socialismo una ética socialista, el ejercicio económico y el entorno social en los que esta existe deben corresponderse con ello.

El humanismo socialista impone a la distribución del producto social determinados imperativos guiados por su ética. Desde la política social del Estado socialista pueden y deben asegurarse fórmulas básicas de distribución del producto social a través de los servicios de educación y salud y otros como la atención especial a sectores vulnerables, que transcurren bajo una forma comunista que no las hace depender del aporte individual, lo que de hecho significa un enorme esfuerzo económico particularmente para un país subdesarrollado y bloqueado como es Cuba. Las restantes vías de distribución tienen que estar obligadamente sujetas a la fórmula de distribución socialista que hace depender la remuneración de los resultados del trabajo aportado. Las personas rinden según su capacidad y reciben según lo que rinden.

Ahora bien., mientras se avanza en el desarrollo sistémico de la economía para garantizar una medida social del valor, en la articulación eficiente de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política, así como en la organización y funcionamiento de los colectivos laborales en dirección al desarrollo del necesario sentimiento de propietario colectivo, es imprescindible lógicamente continuar constantemente produciendo bienes y servicios con la calidad requerida y trabajar por crear vías de socialización de contenidos sobre la temática económica y laboral, que deben pensarse en sistema y abarcar desde la más temprana edad y a todos los ciudadanos.

El socialismo, ya lo recordamos al principio, se construye con la participación de todos y hay que pensarlo. Simultáneamente, por su significado estratégico, es imprescindible fomentar la conciencia económica en todos los sectores de la sociedad, pues de ella depende especialmente la comprensión acerca de sus potencialidades reales para el desarrollo, los límites que establecen las realidades económicas y financieras del mundo de hoy, los imperativos de salvaguardar el equilibrio ecológico y la necesidad de elaborar y difundir un concepto socialista de bienestar. Es que la construcción socialista pasa por un sistema dinámico de decisiones y acciones sociales pensadas, sopesadas y aplicadas con un sentido siempre experimental que permita mantener y desarrollar lo que resulte positivo y útil y superar o suprimir lo negativo. La eficiencia en la participación de todos los ciudadanos, en particular de los trabajadores en ese sistema de decisiones y aciones, estará en gran medida en dependencia del nivel de su conciencia económica y laboral. De ahí también su enorme importancia.

Pensar en el desarrollo de un sistema integral de educación económica y laboral que sea el correlato socializador de los esfuerzos por consolidar un sistema económico socialmente eficiente, requiere acometer numerosas tareas. A su vez, este sistema debe tener entre sus principales objetivos de formación el de fomentar desde la más temprana edad la disciplina, el ahorro y la laboriosidad, el colectivismo y la cooperación, así como el cuidado de la propiedad social, dando continuidad a este objetivo en los sucesivos niveles educacionales y a través de todos los institutos socializadores; enriquecer la perspectiva de la ciudadanía acerca de las realidades económicas comerciales y financieras del mundo de hoy, poniendo énfasis en las fluctuaciones de los precios, en particular los de los portadores energéticos, las materias primas y las tecnologías; los problemas del financiamiento y las inversiones, así como de los enormes problemas medioambientales que presenta hoy el planeta como resultado de la explotación irracional de sus recursos; explicar la necesidad e importancia de desarrollar formas de colaboración internacional que como el ALBA constituyan modos de asegurar la sobrevivencia y el desarrollo en las difíciles condiciones que se presentan a los países subdesarrollados; formar a la población en el concepto de que solo tendremos lo que seamos capaces de producir y que el bienestar duradero solo será posible a partir de nuestro propio esfuerzo laboral; fomentar la responsabilidad ciudadana en la construcción económica y hacer conciencia acerca del papel determinante del ahorro y la eficiencia como las más inmediatas y más seguras fuentes de recursos de que disponemos para impulsar el desarrollo económico y social sostenible.

Asimismo debe ponerse especial énfasis en la argumentación de la nocividad e inviabilidad del consumismo, así como fomentar conceptos de bienestar, de calidad de vida y de felicidad que se correspondan con los principios socialistas de vida y convivencia y con una nueva ética solidaria; educar a la población en la necesidad de restablecer donde sea necesario y mantener el equilibrio ecológico en el territorio nacional, instruir acerca del concepto de desarrollo sostenible, explicar los límites que el equilibrio sociedad naturaleza impone al desarrollo económico y divulgar los contenidos de la legislación medioambiental vigente en Cuba.

Incluye asimismo la capacitación de la población y especialmente de los trabajadores en los contenidos de la legislación laboral, informar acerca del estado de su aplicación en los diferentes niveles y sectores de la actividad económica nacional.

Argumentar la importancia de la educación económica y laboral para acompañar como correlato socializador de conocimientos y recuperador de valores, todo el proceso de recuperación acelerada, reordenamiento y reorganización de la economía nacional, de recuperación del valor del trabajo a través de fórmulas de remuneración que articulen con un mercado interno que tiene aún muchas potencialidades por revelar y cuya estructuración hasta niveles de equilibrio aceptables tendrá que ser un proceso relativamente dilatado.

El sistema debe además instruir en los aspectos específicos de la organización del trabajo, de los convenios laborales, de las realidades del financiamiento y de la comercialización, de las formas de capacitación, la protección e higiene del trabajo, las formas de remuneración, la aplicación de los logros de la ciencia y la técnica y otros aspectos relativos a cada centro de trabajo.

Si el socialismo se construye, la nueva economía que pretende desarrollar el tiene que estar acompañada de una nueva ética, la misma que fundamenta la ideología revolucionaria socialista. El bienestar en el socialismo no puede construirse sobre el materialismo vulgar que ha generado el capitalismo tardío, tiene que consistir en la satisfacción de necesidades materiales y espirituales, pero desde una ética que ponga en su centro al ser humano y estas se educan desde la más temprana edad y tienen que tener su contrapartida en la realidad social, que incluye el modo cotidiano de producir, el metabolismo económico de la sociedad en transición al socialismo.

La educación económica y laboral del ciudadano deberá situarse en un primer plano de la Batalla de Ideas, el cubano debe cobrar plena conciencia de las realidades económicas del mundo de hoy, de las potencialidades de nuestra sociedad, del papel del trabajo y en esa dirección de su propio aporte personal en el sostenimiento de lo que hoy tiene y en la construcción del futuro, así como de la persistencia de desigualdades que solo podrán ser superadas gradualmente en un dilatado proceso de desarrollo material y espiritual de la sociedad en la que debemos trabajar y vivir de un modo socialista.

 

 

Agosto/2006