Entre el derroche, la miseria y la muerte.

4 de octubre del 2006

 

En días recientes el Congreso federal autorizó otros 70 mil millones de dólares como fondos de emergencia para costear la guerra en Iraq y Afganistán hasta principios del año entrante.  Como si esto fuera poco, y el dinero creciera como hojas en frondosos árboles en billetes de las más altas denominaciones, la Cámara y el Senado acordaron aprobar un total de 463 mil millones de dólares para el presupuesto --de lo que eufemísticamente se llama el Departamento de Defensa-- para el año fiscal 2007; un aumento del 3.6 por ciento sobre el presupuesto del año anterior.

El costo total de la guerra en Iraq y Afganistán asciende, después de estas aprobaciones, a 507 mil millones de dólares.  Estas astronómicas cifras de dinero, incomprensibles a la mayoría de los mortales, no las desembolsan los representantes, los senadores, ni los asesores, los ministros o el propio presidente, sino que su pago es y será la responsabilidad de la totalidad del pueblo estadounidense, quien vive al margen de estas extraordinarias decisiones, a no ser, claro, a través de transparentes elecciones cada dos o cuatro años, según a quien le toque, garantizadas por este tan democrático sistema político.

Para cualquiera que anteriormente dudara, en el transcurso de las últimas semanas se ha hecho evidente, que a pesar del gasto de esas increíbles sumas de dinero y de la utilización de otros muchos fantásticos mortíferos recursos, la guerra en Iraq está perdida para los Estados Unidos.  La resistencia nacional iraquí a la invasión y ocupación de su país, a un elevadísimo costo para ese sufrido pueblo en vidas y haciendas, ha logrado deshacer las pretensiones imperiales de la Administración Bush, no sólo de dominio iraquí, sino de dominio mundial.

Aunque la suerte está echada, la guerra no terminará pronto. La hecatombe, el carnaje, en Iraq continuará aún. Decenas de miles de más iraquíes, estadounidenses y otros, muy principalmente iraquíes, morirán como consecuencia de la continuación de esa guerra, y otros cientos de miles de millones de dólares se gastarán para continuar manteniéndola. Es así como funciona este tan democrático sistema político imperial bipartidista.

Mientras que el Congreso aprueba estos inverosímiles presupuestos para continuar desarrollando la industria de la guerra todos los programas nacionales de asistencia social, de salud, de educación, de cultura, todos aquellos programas que tienen que ver con el bienestar y el  desarrollo del ser humano sufren profundos recortes presupuestarios.

Entretanto, de acuerdo a las cifras del Buró del Censo, hoy más de 37 millones de estadounidenses viven en la pobreza.  Uno de cada ocho personas en el país.  Un aumento de un millón cien mil personas sobre el año 2005; esta cifra equivale a más que la población del estado de California, el más poblado de la Unión.  Hay más personas viviendo en la pobreza que nunca antes.

Desde el año 2000, cuando es electa por vez primera la Administración Bush, el número de personas viviendo en la pobreza ha aumentado en más de seis millones de personas.

Siempre de acuerdo a las cifras del Buró del Censo, de entre estos 37 millones de personas, 13 millones son muchachos y niños menores de 17 años de edad.  20.5 millones son personas entre las edades de 18 a 64 años; y 3.5 millones son mayores de 64 años de edad.

Entre los latinoamericanos y sus descendientes -los hispanos-, 9.1 millones, el 22%, vivimos en la pobreza.  Y entre los afroamericanos, el 24.7%, 8.8 millones, 1 de cada 4, viven en la pobreza.

7.9 millones de familias, el 10.2% de todas las familias en el país, viven en la pobreza. Y de los 37 millones de personas en la pobreza, según los estudios realizados por el Buró del Censo, 15.6 millones viven en la extrema pobreza.

Y la pobreza en este país también quiere decir que se vive sin seguro médico alguno.

Todo esto a pesar de que 9 de cada 10 estadounidenses considera que el gobierno federal tiene la responsabilidad de aliviar o eliminar la pobreza, según una encuesta realizada este año por la Campaña Católica a favor del Desarrollo Humano, un órgano de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

Y así estamos viviendo, o malviviendo, en este, el más económicamente desarrollado país del mundo, entre el derroche a favor de la industria de la guerra, la miseria que sufren tantos millones de seres humanos y la muerte producto de tanta injusticia. //

Andrés Gómez, director de Areítodigital