Elogio del ganadero

 

Dr. Walfrido López González

 

 

 

Hace apenas un par de  años, visitaba a un colega al que mucho admiro e incluyo entre los grandes hombres de ciencia de la veterinaria cubana de todos los tiempos.

 

Mi compañero, de sólida formación científica, fue enviado a Francia durante sus años mozos para  preparar su maestría y en el transcurso de la conversación, le manifesté mi desconsuelo porque pese a mi dominio del idioma, nunca pude estar en ese país.

 

Mi amigo sonrió, llevó el vaso de ron a sus labios, bebió un sorbo y  me contestó:

 

-Tú hablas de  París  con su Montparnasse, el Moulin Rouge y la torre Eiffel.  Una Francia que tampoco conocí, porque estuve casi dos años trabajando y estudiando  con los ganaderos franceses.

 

Volvió a beber y tras una pausa, retomó la palabra:

 

-Mira, el trabajo del ganadero es desde la mañana a la noche, todos los días, todo

el año. No hay día festivo, ni noche despreocupada, porque a  las vacas hay que darle de comer y ordeñar a diario; cubrir, cuidar y prestar otras  mil atenciones  para obtener la leche y la carne, es decir la producción deseada.

 

Cuánta carga  de vivencias profesionales  habían en su discurso, más próximo al de un ganadero ilustrado que al de un científico de laboratorios. El hombre, a modo de colofón, concluyó:

 

-En la ganadería todo está establecido porque es el comportamiento del animal ante las variaciones de alimentación, régimen de explotación, mejoramiento racial y otros elementos imposibles de pasar por alto como el bienestar que le propicies y, al menos, una  mínima atención veterinaria. Nada se puede improvisar. El ganadero se parte el lomo por  igual en Francia, en Cuba o cualquier otro país. Detrás de cada vaca alta productora, detrás de cada toro de ceba o semental, está el trabajo del ganadero durante meses,  ¡Durante años!

 

 

 

                                                                                      II

 

 

Hoy estuve en la Feria  Ganadera Nacional de Cuba 2007 la cual se realiza cada año en el parque ferial de Boyeros.  Un evento que comenzó en los años cuarenta y con sus altas y bajas se ha mantenido hasta el presente.

 

Mi visita es obligada  -salvo me encuentre fuera de La Habana- y cumple  intereses que van desde la búsqueda de información y actualización de las tecnologías de crianza, estado actual de la   ganadería, avicultura, cría porcina  y pequeños rumiantes;  pasando

                                     

Por mi pasión por todos los animales de granja, para culminar con el disfrute de una ración de lechón asado acompañada de plátanos fritos, ensalada y cervezas.

 

Allí encuentro viejos amigos, ex alumnos y siempre  conozco  nuevas personas que de inmediato incorporo a mi círculo de amistades. Así  se ha repetido una y otra vez por muchos años.

 

Los ganaderos que acuden a estas citas son los encargados de cuidar y alimentar sus animales. Algunos vienen acompañados de sus familias a la gran fiesta. Unos permanecen en las cuadras mientras otros sostienen  contacto de trabajo e intercambio de experiencias con colegas y visitantes; todos  vestidos por igual: camisa a cuadros, botas, pantalones vaqueros y el inseparable sombrero. 

 

 

 

                                                                                 III

 

 

La tradición ganadera de Cuba data desde los mismos inicios de la industria azucarera en el Siglo XVII y  su finalidad era abastecer de bueyes para mover el trapiche y el  tiro de la caña de azúcar, que al decir de Moreno Fraginals  “Pronto se convirtió en un negocio paralelo y rentable por sí mismo.”

 

Así, cuando llegó la maquina de vapor y la caña comenzó a transportarse por ferrocarril y el número de bovinos necesarios a esta agroindustria  disminuyó sensiblemente, ya estaban establecidas las bases para una ganadería la cual progresaría  sin la intervención ni de la caña ni del central.

 

Trascurrieron tres siglos de progreso apoyado en el trabajo del ganadero, sus familiares y El peón de ganadería  -así llamábamos al trabajador de la rama-. Era  una cría extensiva de ganado cebú que pastaba casi hundido  en la hierba de Guinea; con poca densidad de reses por área, por lo general, menos de 12 cabezas por caballería.

 

Y los tiempos cambiaron; y con el tiempo, el hombre. Ya a finales de los cincuenta del pasado siglo, era difícil encontrar gente laboriosa  dispuesta a trabajar en  la ganadería, digo, para ordeñar, hacer los apartes, arrear las reses y todo el cúmulo de actividades diarias.

 

 Llegada la Revolución, las  oportunidades de estudiar, de mejores ofertas de empleo se abrieron  para todos los hombres de tierra adentro. Una migración interna desde los campos hacia las ciudades fue la primera respuesta de una pléyade de jóvenes campesinos los cuales decidieron cambiar el curso de su historia de pobreza y abandono social,  en ocasiones, heredada mediante varias  generaciones. 

 

 Sucedieron estos y otros cambios  sociales ya tratados en otros artículos; se transformó todo: medios de producción, propiedad de la tierra.

 

Se apostó por la producción lechera y se invirtieron cuantiosos recursos en la compra de ganado lechero canadiense, se iniciaron cruces raciales  y se construyó una infraestructura hasta entonces inexistente que comprendía vaquerías de nuevo tipo, carreteras y caminos, inseminación artificial  a más del 90% de las hembras, construcción de  comunidades ganaderas de todas las provincias del país; en fin, un listado de acciones sociales que humanizó a los trabajadores y beneficio a todos por igual.

 

El desmerengamiento del socialismo en la Unión Soviética y toda Europa Oriental tuvo en Cuba un impacto social desastroso, que próximo a los 20 años,  aún pesa sobre la vida de todos los cubanos y en la esfera de la ganadería fue, en términos exactos, demoledora.

 

Y comenzó a disminuir la masa de manera  alarmante. Para tener una idea de esta  disminución, sólo en  el quinquenio 2000 – 2004 decreció de 4 millones 110mil cabezas hasta 3 millones 942 mil, unas 160 mil cabezas menos  (Anuario estadístico de Cuba 2004).

 

Como es  de esperar, la producción de leche también disminuyó de 614.1 Mt en el 2000  hasta 607.5 Mt. Cuán lejos aquellos días de la primavera de 1980 cuando solo  las provincias habaneras produjeron 1 millón de litros diario a lo largo de toda la estación y ,quizás, algo mayor en el resto del país.

 

 

 

                                                                                  IV

 

 

Para nadie es un secreto que la producción de carne y leche en la mayoría de los países desarrollados es superior al precio de venta. Un tratamiento de subsidio o compensación a estas producciones ha evitado que sus campesinos abandonen la agricultura, la cría de animales.

 

Un ganadero francés, italiano, alemán, norteamericano o de cualquier otro país con estas ventajas, meditaría mucho antes de abandonar su granja y marchar a la ciudad, perdiendo sus prerrogativas de tranquilidad, bienestar  y estabilidad social, dispensas que ni sueñan los ganaderos del Tercer Mundo.

 

Si comparamos los éxitos sociales y económicos de cualquier ejecutivo  de empresa, artista plástico, músico con la vida austera que se ven obligados a llevar  nuestros agricultores y en particular los criadores de animales, las diferencias son  en la práctica, abismales.

 

Pienso, los estados modernos, sean desarrollados, en vías de desarrollo o tercermundistas, tienen que remodelar sus programas económicos y poner al ganadero, al agricultor,  en el pedestal social que merecen. Al fin y al cabo, son los que producen la comida.

 

No hay otro proceder si queremos que nuestros nietos coman carne y tomen leche nacional. ¡Nos vemos!

 

 

 

Walfrido López González es Doctor en Medicina Veterinaria.  Ejerce su profesión como Especialista desde hace 20 años en la Clínica de Animales Afectivos de La Habana. Escribe desde hace muchos años en la revista Bohemia una columna sobre mascotas. Es autor del libro Con mi veterinario.  Es asiduo colaborador de nuestra revista. Es un honor y un placer publicar su contribución.