La guerra en el Caúcaso entre Rusia y Georgia: la antesala a un conflicto mundial

5 de septiembre de 2008

 

Alejandro Torres Rivera                                                                                   

 

 

            Durante las pasadas semanas hemos escuchado las incidencias de un conflicto entre la Federación Rusa y la República de Georgia, ambos estados remanentes de lo que fue hasta 1991 la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En Puerto Rico las discusiones han versado sobre las mismas categorías con que se solía abordar los conflictos en la época de la Guerra Fría. Casi de manera automática el nombre de Rusia se asocia con el nombre de la Unión Soviética y el comunismo, y hasta se menciona a la República de Georgia, con la pronunciación que utilizamos para referirnos de un estado de la Unión  estadounidense, como si la mención en inglés de la palabra fuera el anticipo a las simpatías u odios por las partes en el conflicto.

 

            La situación que desata los acontecimientos en la región del Caúcaso es no solo en extremo compleja, sino también, apareja  importantes repercusiones tanto  para los que hoy son los actores directos del drama que se vive en la región, como también para toda la humanidad. Posiblemente en el Caúcaso se anida hoy un conflicto superior a cualquier otro que hubiéramos podido anticipar en plena Guerra Fría cuando se enfrentaban Estados Unidos y la Unión Soviética teniendo como terreno común para su enfrentamiento Europa. Hoy sin embargo, no es Europa donde se debate el conflicto principal entre Occidente y Oriente. Hoy el escenario principal se ha trasladado a Asia Central.

 

            La Unión Soviética emerge como país de las cenizas del antiguo Imperio Ruso, abolido por la Revolución Bolchevique en 1917 y más adelante, por el triunfo de las fuerzas revolucionarias tras la Guerra Civil durante los años 1918-21. En su origen, la Unión Soviética,  fundada en diciembre de 1922, la conformaron cuatro repúblicas. Al momento de decretarse su disolución, no obstante, eran quince. Bajo las disposiciones de su Constitución, su Artículo 72 proveía para que las repúblicas federadas pudieran declarar su soberanía sobre sus territorios y separarse de la federación.

 

            En el año 1990 fue aprobada una Ley mediante la cual se legitimó una vía para ejercer el derecho a la separación de cualquier república que así lo interesara. El método era una consulta a los residentes de las repúblicas en la cual dos terceras partes de los residentes votaran en favor de la secesión. Mediante referéndum efectuado el 17 de marzo de 1991, nueve de las quince repúblicas votaron en favor de mantener la Unión. Sin embargo, fue con la firma del Tratado del Belovesh el 8 de diciembre de 1991 que se viabilizó declarar disuelta la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo cual ocurrió el día 25, pasando a establecerse entre las ex repúblicas federadas, la Comunidad de Estados Independientes.

 

            Las ex repúblicas de la extinta Unión Soviética optaron, sin embargo, por establecer sus propios gobiernos y constituirse en estados nacionales. En la región del Caúcaso surgieron las repúblicas de Georgia, Armenia, Azerbaiyán quienes en conjunto con la Federación Rusa, Turquía e Irán coexisten como estados independientes en la región.

 

            La región colinda también con dos importantes mares: el Mar Negro y el Mar Caspio. En la porción que incluye la Federación Rusa y colindante con la porción norte de Georgia, se encuentran a su vez varias repúblicas autónomas integradas en la Federación Rusa donde se manifiestan diversos conflictos entre nacionalidades: Chechenia, Osetia del Norte, Ingushetia, Karbardino-Balkaria, Karacháevo-Cherkesia, Adiguesia y Dagestán.  Algunos de estos conflictos han provocado estados permanentes de guerra con el estado ruso como es el conflicto en Chechenia.

 

            En la región del Caúcaso coexisten cinco religiones principales: ortodoxa, judía, islámica (suni y chiita), el monofisismo (una religión católica que indica que Jesucristo solo tiene naturaleza divina y no humana) y la budista.

 

            Si bien desde el punto de vista etnológico, las poblaciones pueden agruparse en tres conjuntos principales (caucásicos, indoeuropeos y persas); desde el punto de vista etno lingüístico, la variedad es extraordinariamente amplia. Entre las lenguas caucásicas solamente se estima en setenta las lenguas existentes. En la región viven actualmente cerca de 30 millones de personas, representando cerca de sesenta etnias diferentes.

 

            La base económica principal de la región está directamente vinculada a sus recursos naturales: el petróleo y el gas natural, lo que la coloca en medio de la actual rivalidad entre Rusia y Estados Unidos por el control político-militar de la región. Se indica que en torno al Mar Caspio se encuentran 25 mil millones de barriles de petróleo y que las reservas de Kazajstán, Turkmenistán y Uzbekistán, localizadas en el extremo oriental de este Mar, son similares a las de Kuwait y superan a las de Alaska y el Mar del Norte en conjunto. Allí se encuentran también el 50% de las reservas de gas natural. Irán, uno de los países fronterizos con la región, posee las reservas de gas natural más grandes después de las de Rusia así como el 11% de las reservas de petróleo del mundo.

 

            Como parte del interés de Estados Unidos y la Unión Europea en el periodo post Guerra Fría por el control de estos recursos, estos dos bloques económicos y militares han ido integrando dentro de la órbita de su influencia las economías de países europeos del Este que antes formaban parte junto a la extinta Unión Soviética del Pacto de Varsovia y del Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON). En el proceso también han ido integrando en su órbita a las  ex repúblicas soviéticas en la región del Mar Báltico y Ucrania promoviendo y facilitando su ingreso en la Comunidad Europea e integrándolos militarmente dentro de la Alianza del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

 

            Al hacerlo, junto a Turquía, han logrado el control de gran parte de las costas del Mar Negro. En la pasada década, el interés de Estados Unidos ha sido ir creando un nuevo cerco sobre la Federación Rusa. Para lograrlo, además del Mar Negro, han ido logrando acceso al control del Mar Caspio reforzando sus relaciones con la República de Georgia y amenazando con acciones militares sobre Irán.

 

            La República de Georgia tiene una extensión territorial relativamente pequeña. Con 69,500 kilómetros cuadrados de territorio y una población de apenas 4.6 millones de habitantes, resultaría absurdo pensar que estuviera dispuesta a enfrentarse a un país como la Federación Rusa, con vastos recursos económicos, territoriales y militares si de antemano no aseguraba algunas garantías de seguridad en sus acciones. Es por eso que a la hora de analizar las causas inmediatas de este conflicto amerita reflexionar sobre las expresiones escritas hechas por Fidel Castro el pasado 11 de agosto cuando indica: “El Gobierno de Georgia no habría lanzado jamás sus fuerzas armadas contra la capital de la República Autónoma de Osetia de Sur al amanecer del 8 de agosto, para lo que denominó el restablecimiento del orden constitucional, sin la concertación previa con Bush, quien el pasado mes de abril en Bucarest comprometió su apoyo al Presidente Sakashvili para el ingreso de Georgia en la OTAN, lo que equivale a un puñal afilado que se intenta clavar en el corazón de Rusia”.

 

            ¿Qué es la República Autónoma de Osetia del Sur y cuál es su relación con este conflicto? Al hablar de Osetia del Sur nos referimos a una región consistente en una superficie de 3,900 kilómetros cuadrados, menos de la mitad de Puerto Rico, donde viven 82 mil personas de las cuales 58 mil son osetas y 22 mil son georgianos. Se trata de una región que colinda con Osetia del Norte, que forma  parte de la Federación Rusa y que desde 1922 fue integrada como región autónoma dentro de Georgia. Su frontera se encuentra a unos 100 kilómetros de la capital georgiana de Tiblisi.

 

            Cuando se produce la disolución de la Unión Soviética, su parlamento que en 1989 había proclamado la región como una República Autónoma, decide el 20 de septiembre de 1990 proclamar su soberanía como estado independiente. Más adelante, en 1992,  mediante referéndum, el pueblo oseta decidió  integrarse junto a Osetia del Norte para en conjunto, como un solo pueblo, formar parte de la Federación Rusa.

 

            Esta decisión provocó la invasión militar de Georgia al territorio de Osetia del Sur hasta que finalmente, mediante la firma del cese de fuego en julio de ese año, se acordó desplegar allí una fuerza de paz integrada por efectivos rusos, osetas y georgianos. El 12 de noviembre de 2006 nuevamente se efectuó otro referéndum en Osetia del Sur con un 91% de participación, en el cual el 99% votó en favor de la independencia de Georgia y la integración con Osetia del Norte. Dos semanas después que Kósovo declarara su independencia, la cual ha sido reconocida por Estados Unidos y la Unión Europea, Osetia del Sur reclamó el reconocimiento de la suya. Al presente, ni la Unión Europea ni Estados Unidos han accedido a la petición hecha por el Parlamento.

 

            Durante los días 7 y 8 de agosto de 2008 Georgia atacó Tsinjival, capital de Osetia Del Sur, mediante una ofensiva donde participaron con tropas de tierra, tanques y aviación, y en la cual murieron cerca de 2 mil personas, la mayoría civiles. En los ataques fallecieron 15 militares rusos y fueron heridos otros 30 que formaban parte de las fuerzas de paz desplegadas en el territorio. Rusia reaccionó desplazando en territorio oseta y luego en Georgia efectivos del 58 Ejército destacado en el Caúcaso Norte, entrenados para pelear en las montañas, cuerpos élites de paracaidistas, la División 76, los regimientos Pskov, Ivanovo y de la región de Moscú reforzados con artillería y unidades blindadas. Este despliegue de fuerza militar en la región  ha permitido detener el avance de tropas georgianas, pasando Rusia a la ofensiva,  atacando a su vez importantes objetivos militares y de infraestructura dentro de Georgia. El resultado ha sido la solicitud de un alto al fuego por parte del presidente de Georgia que permita el retiro de las tropas rusas de su país.

 

            Mientras de desataba la ofensiva de Georgia sobre Osetia del Sur, a la vez  tropas georgianas iniciaron el desplazamiento de efectivos militares en la frontera con Abjasia, otra región que había proclamado su independencia de Georgia. Lo ocurrido en Osetia del Sur llevó al gobierno de Abjasia a desplazar sus tropas en la frontera temiendo una nueva invasión de su territorio.         

         

            Como Osetia del Sur, Abjasia es también una región pequeña en extensión geográfica con apenas 8,600 kilómetros cuadrados y con una población que apenas alcanza 44 mil personas. Localizada en la costa del Mar Negro y en la porción más al norte de Georgia, en el pasado fue una república autónoma de la Unión Soviética. A diferencia de Osetia del Sur, en las postrimerías de la URSS el 23 de agosto fue declarada independiente por el parlamento soviético. Sin embargo, cuando sobrevino la disolución de la Unión Soviética, a pedido de la mayoría de su parlamento que era  en ese momento de origen georgiano, pasó a formar parte de Georgia.

 

            Para los abjasianos, la integración dentro de la República de Georgia  significó ver cómo desaparecía el reconocimiento de su independencia. Esta situación fue el detonante para el inicio de una cruenta guerra donde se produjeron acciones de limpieza étnica por ambas partes y que al final conllevó la muerte de más de 10 mil personas y el desplazamiento de entre 250-300 mil georgianos  fuera del territorio abjasiano.  Abjasia proclamó su independencia de Georgia el 23 de julio de 1992. En el año 2006, sin embargo, nuevamente fue invadida por tropas georgianas.

 

            Recientemente, luego de la guerra entre Rusia y Georgia, las dos cámaras legislativas de la Asamblea Federal de la Federación Rusa han pedido al Presidente Dmitri Medvédev que reconozca la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. El Ministro de Relaciones Exteriores interino de Osetia del Sur, sin embargo, planteó que no se encuentra en los planes inmediatos de su país el ingreso en la Federación Rusa. A pesar de lo anterior, el Presidente de la Federación Rusa ha expresado el reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia.

 

            Mientras se desarrolla el conflicto y se busca una salida diplomática, buques de guerra de la OTAN han entrado en el Mar Negro portando más de un centenar de misiles cruceros Tomahawk y Harpoon, algunos con capacidad militar nuclear, dirigidos a destruir blancos en tierra. Entre los buques se encuentran la fragata polaca General Kasimierz Pulasky, el destructor estadounidense McFaul, la fragata alemana Lubeck, la fragata española Almirante Juan de Borbón y el guardacostas estadounidense Dallas. De acuerdo con la Agencia Rusa Ria Novosti, el conflicto también ha involucrado a Ucrania, otra de las ex repúblicas soviéticas y  actualmente parte de la OTAN. El Jefe Adjunto del Estado Mayor General ruso, Anatoli Nogovstin denunció que un grupo ucraniano de defensas aéreas han derribado ya cuatro aviones rusos que cumplían misiones de reconocimiento en la ciudad georgiana de Gori, donde se encuentra el principal centro de mando de las fuerzas armadas de Georgia.

     

          El  proceso de secesión en Osetia del sur y Abjasia, junto con los enfrentamientos más recientes entre la Federación Rusa y Georgia,  tienen el efecto de cuestionar la posición rusa con relación a los reclamos de independencia hechos por Chechenia en la guerra sostenida contra Rusia. ¿Cómo explicar hoy la Federación Rusa su rechazo al proceso de secesión de Chechenia mientras respaldan el de Abjasia y Osetia del Sur? De igual manera, la negativa de la Unión Europea y Estados Unidos en reconocer los derechos de Abjasia y Osetia del Sur a su independencia y secesión con relación a Georgia, coloca en entredicho su respaldo a los procesos de desmembramiento de Serbia, con su apoyo a las reivindicaciones de Macedonia, Kósovo y Montenegro en la antigua Yugoeslavia.

 

            Aunque en estos momentos pudiera avizorarse la disipación del humo de los bombardeos georgianos en Abjasia y Osetia del Sur, en parte por la salida forzada de las tropas georgianas de estos territorios, y a pesar de la virtual retirada de la mayoría del contingente ruso que participó de las operaciones militares hacia su lugar de origen, el peligro sigue presente. Por un lado, tras el reconocimiento por parte de la Federación Rusa de las independencias de Abjasia y Osetia del Sur,  estos nuevos Estados han iniciado negociaciones de naturaleza económica, política y militar con Rusia que bien pudieran culminar en los próximos meses con el establecimiento de bases militares rusas en sus territorios. De otro lado, a ambos lados de la frontera, sus efectivos militares se encuentran en alerta permanente ante un nuevo brote de violencia.

 

            De acuerdo con Komstantin Makeinko, del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías en Rusia, dicho país se propone eventualmente establecer en Osetia del Sur un contingente militar de cinco mil efectivos, mientras que en Abjasia se propondría mantener diez mil efectivos. En Ucrania, una ex república soviética que impulsa el ingreso de Georgia en la OTAN, específicamente en la península de Crimea, se encuentra la sede naval de la Flota Rusa en el Mar Negro. Sin embargo, el convenio militar suscrito entre ambos países vence en el 2017. Ante una negativa de Ucrania a prolongar el acuerdo militar con Rusia, Abjasia aparenta ser la alternativa para una vez vencido el referido convenio, trasladar a allí el componente naval ruso en el Mar Negro. En estos momentos se discute un acuerdo militar con la República de Abjasia (reconocida al presente solo por la Federación Rusa), en el cual ambos países se comprometen a asistencia militar mutua en caso de una agresión del exterior.

           

            El ex Presidente de la Federación Rusa y actual Primer Ministro, Vladimir Putin, ha adelantado que Rusia no permanecerá cruzada de brazos ante la amenaza a su seguridad en la región y que actuará con relación a la presencia de la OTAN en el Mar Negro. Rusia ha sido enfática en denunciar que en estos momentos tanto la OTAN como Estados Unidos insisten en rearmar a Georgia. Más aún, voceros rusos han denunciado que detrás de la llamada ayuda humanitaria que Estados Unidos ha enviado a Georgia mediante buques de guerra y aviones de la Fuerza Aérea, se encuentra la entrega de ayuda militar.  Estados Unidos ha rechazado tal imputación.

 

             Como resultado de la reciente guerra, Georgia ha sido acusada por organismos internacionales como “Human Rigths Watch” de haber empleado bombas de racimos en su campaña militar contra Osetia del Sur. De acuerdo con la agencia rusa de noticias Ria  Novosti, “[U]na munición de racimo consta de varias decenas de elementos explosivos que antes de detonar se dispersan para crear un área de mayor impacto. El peligro de este tipo de munición consiste en que una parte de sus elementos queda sin detonar y se convierte en minas listas para matar civiles.” Durante la pasada invasión de Israel en el Líbano múltiples denuncias fueron levantadas a nivel internacional por el uso de este tipo de municiones y sus efectos mortales en la población civil, principalmente en la porción sur de dicho país y en su capital Beirut.

 

            Ilia Krámnick, de la agencia de noticias rusa, en un artículo titulado “Rusia y la OTAN comienzan de nuevo ‘el Gran Juego”, señala que con la decisión de Occidente de emplazar el escudo anti misiles en Europa y el manejo de la situación en Serbia, Occidente cruzó su Rubicón. El Rubicón, como sabemos, es el río que en la antigua Roma se consideraba la frontera norte natural de la República. De acuerdo con la leyenda, todo ejército que cruzara el río en dirección a Roma, equivalía la declaración de guerra contra el Senado romano y la República que representaba. Cuando Julio César regresó con sus legiones desde la Galia, hoy Francia, el cruce del río sin la autorización del Senado representó la declaración de guerra al Estado. Dicho en sus propias palabras, para Kramnick está claro que las relaciones entre Occidente y Rusia después de los acontecimientos recientes en Georgia, no podrán ser como antes. Indica el autor, solo la cordura y el buen juicio entre las partes impedirán un agravamiento de la situación.

 

            Dentro de la formulación de la nueva política exterior rusa, particularmente aquella surgida luego de los recientes acontecimientos en el Caúcaso, y de cara a Occidente y la OTAN, sus dirigentes han delimitado cinco puntos esenciales: (1) Rusia reconoce la primacía de los principios fundamentales del derecho internacional que determinan las relaciones entre los pueblos; (2) contrario a lo que ha venido ocurriendo desde la disolución de la Unión Soviética, el Presidente de la Federación Rusa afirma que en adelante, el mundo debe se multipolar; (3) Rusia no pretende aislarse y va a fomentar en lo posible relaciones amistosas con Europa, Occidente y otras naciones”; (4) Rusia va defender la “vida y dignidad de sus ciudadanos” dondequiera que estos estén; (5) Rusia, al igual que otros países, tiene ciertos derechos a zonas de intereses privilegiados.

 

            Este último principio auto afirma para la Federación Rusa su pretendido derecho a mantener dentro de su órbita de influencia a las demás regiones y países de su entorno y como parte de ello, sus vitales recursos energéticos (gas natural y petróleo), como otros recursos igualmente vitales para el desarrollo de los pueblos a su alrededor como son el agua y todo tipo de minerales. Para disputar a Rusia el control de los recursos de gas natural y petróleo, Occidente necesita que sus buques operen sin interferencia alguna en el Mar Negro y el Mar Caspio; para posicionarse adecuadamente en sus planes de invasión de Irán, donde se encuentran las reservas de gas natural más grandes del mundo después de Rusia, Estados Unidos y la OTAN necesitan asegurar su presencia militar y la lealtad de gobierno como los hoy existentes en Ucrania y Georgia.  Es por eso que a juicio de Krámnick es en el territorio ucraniano donde pudiera surgir el enfrentamiento mayor entre la Federación Rusa y la OTAN.

 

            La tregua temporal alcanzada en estos momentos en el conflicto entre la Federación Rusa y Georgia está aún lejos de solucionar el problema entre ambos países. La determinación de Rusia al reconocer formalmente la independencia de Abjasia y Osetia del Sur; las negociaciones de tratados entre estos nuevos estados y Rusia; el desplazamiento que en estos momentos viene produciéndose por parte  de tropas especiales georgianas a la frontera con Abjasia; la negociación de Rusia con el propósito de establecer bases militares permanentes en estas en estas nuevas repúblicas que hoy han proclamado abiertamente su independencia; y sobre todo, la advertencia rusa a Occidente que uno de los principios en que de cara al futuro descansará su política exterior le reserva a Rusia el derecho a ejercer su hegemonía en lo que considera son sus zonas de intereses; todo ello plantea una nueva propuesta de redistribución del mundo en esferas de influencia.

 

             Así como tal redistribución del mundo por las potencias imperialistas fue la causante en el pasado siglo de dos guerras mundiales, cualquier paso en falso dentro del nuevo conflicto puede representar mañana un paso al vacío que nos lleve a una nueva conflagración mundial. Esperemos no sea así.

 

            Ciertamente el desenlace de este conflicto está muy lejos de una pronta solución. La región del Caúcaso es hoy un barril abierto de pólvora en torno a cual muchos actores políticos colocan velas encendidas.

           

 

 

Alejandro Torres Rivera, abogado laboral puertorriqueño, es profesor del Instituto de Relaciones del Trabajo de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y Secretario de Educación Política del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano de Puerto Rico.  Es un querido asiduo colaborador de nuestra revista.