“Todo es preferible a llevar consigo el vergonzoso baldón de no haber luchado sin tregua ni descanso por nuestras libertades.”

7 de diciembre del 2005

 

 

 

 Este 7 de Diciembre es el 109 Aniversario de la caída en combate del Mayor General, Lugarteniente del Ejército Libertador, Antonio Maceo y Grajales. En esta penosa, aunque gloriosa, fecha la Patria agradecida no sólo conmemora al impar general sino también, desde 1903, por Ley promulgada por el Congreso de la República, a todas las cubanas y cubanos muertos luchando por la Revolución, desde que comenzaron en 1868 las gestas heroicas de nuestro pueblo por su liberación así como por la de otros.

 

En esta oportunidad quisiera citar de un escrito del General Maceo para que sean sus propias palabras las que nos permitan conocer mejor de las razones por las que luchó por lograr hacer posible las libertades de nuestro pueblo y, de esta manera, hacernos más dignos de las enseñanzas de su ejemplo, sus convicciones y  su valentía.

 

La cita proviene de una carta enviada por el general, desde San José de Costa Rica, con fecha de 22 de agosto de 1894, al patriota emigrado Enrique Trujillo, en ese entonces desafortunadamente envuelto en una perniciosa campaña en contra del Apóstol.

 

Lee así: “Mi amigo querido: Placer y tristeza me produjo el contenido de su carta, de 12 de junio del corriente año. De un lado me hace usted el cariñoso recuerdo de mi santa madre que le agradezco infinito, y del otro, me trae a la memoria nuestros sagrados principios, profanados por mercaderes y por tanta gente inútil que sirve sólo a los que esclavizan la patria, que hacen papel en la política cubana para vergüenza y mengua de patriotas honrados que no los entienden.

 

Su salpicada carta, de tendencias disolventes y de impurezas que no debe abrigar un corazón honrado que dañan, sin Ud. pensarlo, la elevación de espíritu y la sincera devoción que debemos a la causa de la libertad, peca de fatídica y aviesa, de poco política y antipatriótica.  No parece suyo el contenido de esa carta.  ¿Qué diablo lo atormentaba cuando la escribió?

 

En ninguna época de mi vida he servido bandería política de convenciones personales; sólo me ha guiado el amor puro y sincero que profesé, en todo tiempo, a la soberanía nacional de nuestro pueblo infeliz.  Cualquiera que sea el personal que dirija la obra común hacia nuestros fines, tiene, para mí, la grandeza y la sublimidad del sacrificio honrado que se imponga.  Que el Sr. Martí no quisiera ayudarnos en el 87 no es para que yo deje de servir a mi patria ahora, luego y siempre que sea propicio hacer la guerra a España.  Estoy y estaré con la revolución por principio, por deber.

 

¿Quién la ha dicho a Ud. que esos “imposibles” que Ud. dice, no tienen término? Es cómodo y corriente, entre nosotros, echarlas de profetas y condenar pueblos enteros a perpetua degradación contra toda dignidad y decoro personal, debiendo preferir para éstos la muerte a filo de los tiranos y asesinos de cubanos indefensos, a vivir como salvajes humillados bajo plantas impuras.  A esta situación de Cuba esclava, pisoteados sus derechos por gente extraña y rapaz, vilipendiada en medio de tantos latrocinios, explotada por esbirros inmundos y politicastros serviles, son preferibles el infierno de las hogueras, los suplicios eternos, las cadenas y tormentos continuos, los cadalsos y las prisiones insanas, los calabozos y las violaciones infames de los españoles a nuestras mujeres; todo es preferible a llevar consigo el pesado, el vergonzoso baldón de no haber luchado sin tregua ni descanso por nuestras libertades.  ¿Para qué queremos la vida sin el honor de saber morir por la patria? ¿Por qué imitar a los españoles en todas sus desvergüenzas y miserias, y no es sus virtudes de unión y consumado españolismo?

 

La guerra que Ud. hace al Sr. Martí es un crimen de lesa patria.  La revolución que se agita sufre las consecuencias con la incertidumbre que se apodera de la gente floja. ¿Cómo tacha Ud. al Sr. Martí, porque consuma ahorros de tabaqueros, que Ud. también explota con su publicación? Si es verdad que lo ameno y variado de El Porvenir lo hace a Ud. acreedor a recoger esos frutos de su trabajo, no es menos cierto que la labor revolucionaria no puede hacerse con sólo el pensamiento.  El Sr. Martí consagra todo su tiempo a la causa, sin otra recompensa que la censura imprudente.

 

Me gustaría verlo ocupando su puesto lejos de rencillas personales, que puedan llevarlo al abismo de malas apreciaciones.

 

Quiera y admire tanto a Martí como en 1887, en la seguridad de que Cuba ganaría con el auxilio bueno de Ud. y vendría de ello más prestigio para su periódico. (…)

 

Perdone la rudeza de mi estilo, y acepte la seguridad del aprecio y cariño de su paisano. 

 

 Antonio Maceo.