Tampa, Florida

 

José Martí se topa con Jim Crow*: cubanos en el Sur

Maura Barrios

 

 

 

. *Jim Crow es el nombre dado al estado de segregación por el cual se le privó a los estadounidenses negros y mulatos de muchos de sus derechos constitucionales, principalmente en los estados sureños de los Estados Unidos, que vino a ratificarse alrededor de 1890 [después de la Guerra Civil (1861-1865) y el período de Reconstrucción que le siguió] a raíz de la decisión de Plessy vs. Ferguson del Tribunal Supremo Federal, la cual estableció la doctrina jurídica de “Separados aunque Iguales” (“Separate but Equal”), de hecho, el apartheid.

 

 

Como el título sugiere este ensayo trata sobre el drámatico choque de ideas y valores por el que atravesaron los emigrados cubanos, a final del siglo XIX y principio del siglo XX, en su migración transnacional y transcultural de Cuba a Estados Unidos.  El camino de ser cubano a ser americano requirió substanciales ajustes de identidad y valores culturales.  Este ensayo trata cómo la identidad de los emigrados cubanos fue afectada en esa transición por un ambiente racial hostil, como también por otros  conflictos sufridos por los tabaqueros cubanos emigrados que vivían en la ciudad floridana de Tampa.

 

¿Cómo pudieron adaptar su identidad, cultura y valores para adaptarse a vivir a un nuevo orden racial en el Sur estadounidense?  Sabemos que los cubanos de Tampa cuestionaron, confrontaron y se resistieron a aceptar ese nuevo orden; aunque también tuvieron que negociar espacio, idioma, políticas, familia, identidad y valores.  Muchos de los conflictos en las ciudades tabaqueras en los alrededores de Tampa se basaron en intereses de clases; pero la dinámica del racismo –aquel prevaleciente en su nueva patria- impuso el apartheid en la comunidad cubana de Tampa tan pronto como en el año 1900.  El apartheid separó familias, compañeros de escuela y vecinos, así como a organizaciones sociales y políticas.

 

Los inmigrantes cubanos que vivieron en Tampa, a principio del siglo XX, vivieron en Ybor City y West Tampa, y sus vecinos en esos enclaves eran españoles, judíos, sicilianos y afroamericanos.  Los obreros cubanos emigrados de aquel entonces -hombres y mujeres- fundaron instituciones que perduraron por largos años, al mismo tiempo que mantuvieron contacto con Cuba a través de sus relaciones familiares y sus frecuentes viajes a la Isla.  Fundaron sociedades mutualistas, centros culturales, clubes revolucionarios, librerías, teatros, escuelas y clubes sociales con el propósito de mantener su cultura cubana. Recrearon La Habana en el Sur, al mismo tiempo que auxiliaban una guerra independentista en Cuba que propugnaba por la justicia social y racial.  Gerald E. Poyo llegó a la conclusión que durante aquel período independentista, “las comunidades cubanas en los Estados Unidos, y particularmente en la Florida, estaban en la vanguardia de aquellos cubanos que aceptaban y luchaban una versión multirracial de la cubanidad”.  José Martí hizo fundamental el llamado a la unidad racial en mucho de sus discursos en Tampa. Aunque Paulina y Ruperto Pedroso, ambos cubanos negros, sus más íntimos colaboradores en Tampa, están ahora en el olvido. Sólo se les recuerda por medio de una placa de bronce en el terreno donde se levantaba su casa -en la cual residía Martí durante sus estancias en Tampa-, lugar donde hoy se encuentra el “Parque Amigos de José Martí”, en Ybor City.  

 

Durante aquel período los cubanos de Tampa –tampeños- se esforzaron para hacer realidad los ideales martianos; pero aquellos anhelos de unidad racial tuvieron corta duración. Por ejemplo, el club social patriótico revolucionario, Club Nacional Cubano 10 de Diciembre, se reorganizó en el año 1900, expulsando a sus miembros cubanos que eran negros y mulatos, convirtiéndose en una entidad exclusivamente para cubanos blancos. [Ver el libro, More than Black: Afro-Cubanos en Tampa  (Más que Negros: Los Afrocubanos en Tampa) de Susan Greenbaum].  Los cubanos de color fundaron entonces el club La Unión Martí-Maceo, mientras que los cubanos blancos cambiaron el nombre al Club Nacional, nombrándolo Círculo Cubano. Se desconocen las razones que motivaron este hecho segregacionista.  Muchos viejos tampeños mantienen que fueron las leyes y costumbres sureñas estadounidenses las que “los forzaron” a ese cambio. El Ku Klux Klan era muy activo y numeroso en Tampa en aquel entonces.  En aquellos tiempos, la segregación racial era ordenada por las leyes del estado de la Florida, las leyes Jim Crow.  Aunque también habría que recordar la situación racial imperante en Cuba durante aquella época para verificar cuánto la segregación en la comunidad cubana en Tampa se debía exclusivamente a la segregación que existía en el Sur. Armando Méndez, quién ha estudiado la historia de West Tampa, mantiene que la segregación racial era práctica normal en los clubes sociales cubanos de aquel tiempo, tanto en West Tampa, como en Cuba. ¿Cuáles, entonces, fueron las razones por las que la “vanguardia martiana” decidió sumarse a la segregación racial imperante en Tampa?  

 

Opuesto, y anterior, a esta práctica fue lo ocurrido en la comunidad cubana emigrada en West Tampa en 1895.  El rápido crecimiento de West Tampa puso en aprietos a las autoridades del Condado Hillisborough, en la que ésta se ubica, en cuanto a la necesidad de más escuelas.  La Junta Escolar de ese condado intentó resolver esta necesidad incorporando algunas escuelas privadas al sistema escolar público. Una de estas escuelas privadas era la Escuela Céspedes (Céspedes School), una escuela integrada racialmente perteneciente a emigrados cubanos. En 1895, el diario The Tampa Tribune reportaba que “la Junta Escolar del condado encuentra dificultades al tratar de reconciliar los reglamentos de ciertas instituciones comunitarias con las leyes del estado de la Florida”.  A pesar de las presiones ejercidas por las autoridades, la comunidad cubana de West Tampa se resistió por cuatro años a aceptar la segregación racial.  Líderes comunitarios instaron al alcalde de West Tampa, el veterano patriota cubano de la Guerra de los Diez Años, Fernando Figueredo, a negociar la situación.  Finalmente, en 1899, la Junta Escolar compró la Escuela Céspedes, y obligó a los estudiantes cubanos de color a matricularse en diciembre de 1901 en la Escuela Para Personas de Color No.2.

 

El activismo obrero y el internacionalismo reforzaban la solidaridad de los tabaqueros cubanos de Tampa con los obreros españoles y sicilianos que y vivían y trabajaban en West Tampa, Ybor City, y otros enclaves tabaqueros.  Décadas después los tabaqueros lograron una identidad “latina” que unió obreros de diferentes naciones de origen; aunque a los obreros cubanos de color no se les incluyó en la definición de una identidad “latina”.  (Ver artículo sobre Tony Pizzo en la publicación Tampa Bay History Quarterly).

 

Igualmente los conflictos raciales “anglo-latino” fueron prominentes en la historia de la comunidad cubana emigrada. Muchos tuvieron como razón de ser asuntos relacionados a cuestiones anti-inmigrantes y anti-obreras durante el período conocido como la “Amenaza Roja” (Red Scare).  Ese período se caracterizó por la violencia y los ahorcamientos públicos (fuera de la ley) de varios anarquistas italianos en West Tampa. Los conflictos raciales “anglo-latino” muchas veces forman parte de la lucha de clases. Las élites “anglo” organizaban las campañas anti-inmigrantes, utilizando algunas de las mismas tácticas con las que brutalizaban a los afroamericanos en el Sur. Dirigían sus ataques tanto contra los dirigentes sindicalistas como contra los lectores de tabaquerías.  Apoyados por los editores y los dueños del diario The Tampa Tribune, ciertos individuos organizaban “comités de vigilantes” con la participación de miembros de la fuerza de policía local y del Ku Klux Klan.  [Este reino del terror es el tema del libro Urban Vigilantes in the New South: Tampa, Florida, 1886-1936  (Vigilantes Urbanos en el Nuevo Sur: Tampa, Florida, 1886-1936) de Robert P. Ingall]. El movimiento anti-inmigrante y las leyes anti-inmigrante de 1923-1924 dieron fin en Tampa a la inmigración de los tabaqueros cubanos. Los tampeños recuerdan la existencia de la discriminación en lugares públicos, como por ejemplo, carteles en playas públicas que leían, “No se permiten perros, ni cubanos”; o tiendas por departamentos que no empleaban a cubanos. En aquel entonces un insulto racial favorito de los “anglos” hacia los cubanos y sus descendientes era el de “Cuban Nigger” (“niche cubano”).

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, los cubanos de Tampa comenzaron a mudarse de los enclaves históricos como Ybor City y West Tampa a zonas donde tradicionalmente habían vivido los “anglos”, dando fin a la “Era Dorada del Tabaco”.  Los conflictos “anglo-latino” continuaron durante las décadas de 1950 y 1960, éstos se manifestaban principalmente a través de las luchas entre pandillas.  Estas ocurrían por lograr el control de ciertas zonas o territorios, tal como se representa en la película West Side Story.

 

En Tampa, las generaciones posteriores, descendientes de los inmigrantes cubanos, diluidas y perdidas en esta sociedad, poco conocen de la historia de Cuba, y nunca han leído a José Martí. A los tataranietos de la vanguardia martiana les es difícil revindicar su identidad cubana; están separados de ella, y de Cuba, por varias generaciones, la pérdida de sus identidades raciales y étnicas, cuestiones de política, el Embargo y las restricciones de viaje a Cuba. Durante la era en el Antiguo Sur del apartheid, los inmigrantes cubanos de Tampa vivieron en una situación precariamente negociada, geográfica y socialmente.  Negaban su identidad cubana para distanciarse de cualquier conexión a África; soñaban en blanco solamente…

 

 

Maura Barrios Álvarez,  Máster en Artes,  es la Historiadora de la Comunidad Cubana de Tampa y directora del proyecto Voces de West Tampa, una autobiografía de la comunidad cubana/latina de West Tampa.