La Sociedad de Amigos de la República,
Jorge Mañach y los "intelectuales-políticos"
 
Jorge Renato Ibarra Guitart| La Habana


Surgimiento de la SAR

A partir de la elección presidencial de Ramón Grau San Martín, la creciente pérdida de influencia y fuerza electoral de los partidos políticos tradicionales constituyó una evidencia más de la crisis política e institucional que abatía a la sociedad neocolonial. El hecho de que la burguesía se viera obligada a sacrificar importantes intereses para conservar su preeminencia política durante los gobiernos de Batista y Grau, fue también otra manifestación de la difícil situación que atravesaba la hegemonía de las clases dominantes.

El régimen del laissez faire vigente durante los primeros treinta años de vida republicana dio paso a un régimen de intervencionismo estatal. La burguesía dependiente se vio obligada a reconocer en contra de su voluntad a la CTC fundada por los comunistas, favoreció el intervencionismo estatal en los conflictos laborales, emprendió una nueva política fiscal, y promovió la regulación estatal de los precios y de los alquileres de viviendas.

Un último factor condicionante de la crisis política e institucional burguesa se expresó en el desprendimiento de una importante fracción del PRC(A), dirigido por Eduardo Chibás, que se organizó como un nuevo partido político: el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos). La crítica implacable, sin concesiones de ningún tipo, a las corruptelas del gobierno de Grau y la orientación básicamente populista de la crítica de la prédica chibasista, despertó profundos temores y recelos en la intelectualidad orgánica de la burguesía dependiente.

Los factores anteriormente enumerados condicionaron poderosamente la fundación de la SAR. No obstante, el carácter político dual de su fundador, Jorge Mañach, dirigente del Partido Ortodoxo y Presidente de la SAR a un mismo tiempo, pudiera dar lugar a una hipótesis distinta sobre el origen de esta institución.

Una primera conjetura pudiera, a justo título, plantear que Mañach concibió la SAR como una organización altamente representativa de la intelectualidad nacional, cuya principal función fuera dar cobertura, o avalar moralmente, las campañas políticas del recién fundado Partido Ortodoxo. Sin embargo, en la política, como gustaba decir Martí, lo real es lo que no se ve. Una aproximación a la relación de personalidades que integraban la SAR nos revela que en su mayoría eran intelectuales orgánicamente vinculados a las corporaciones e instituciones de la burguesía dependiente cubana, cuya trayectoria ideológica en la vida republicana había sido determinada por la defensa de estos intereses, bien como testaferros jurídicos, consejeros económicos o funcionarios estatales. El ingreso de los más destacados ideólogos de la burguesía dependiente de la época, hombres como Ramiro Guerra, secretario de Machado, representante de la Asociación de Hacendados de Cuba y Director del Diario de la Marina; Cosme de la Torriente, cuyo bufete representaba los más importantes intereses británicos en la industria azucarera y había sido secretario de Estado en el gobierno Caffery-Batista-Mendieta, o  de Raymundo Menocal, el más reaccionario pensador de la burguesía cubana, no se producía por el provecho que pudiera rendirle su alineamiento con el Partido Ortodoxo, caracterizado por su fuerte inclinación populista y la estridencia de sus métodos de agitación. Para muchos de los intelectuales que se nuclearon en la SAR algunas de las campañas políticas de Chibás constituían una fuente de desorden y de perturbación social.

Independientemente de cuáles pueden haber sido los designios de Mañach al fundar la SAR, la mayoría de los grandes intelectuales nacionales que la integraban, en una coyuntura crítica de difícil ejercicio de la hegemonía por parte de la burguesía dependiente, la concebían como una institución rectora que debía trazar pautas de conducta cívica a las dirigencias políticas nacionales. La mayor garantía de independencia de criterios de la intelectualidad agrupada en la SAR lo constituía el hecho de que la mayoría de estos no participaban en las lides electorales, ni en las luchas partidarias por el control de posiciones políticas. De ahí que se encontrasen en condiciones de impartirle orientaciones imparciales a las fuerzas políticas en pugna, tendentes a reforzar el consenso de las clases fundamentales del pueblo en torno al sistema de la democracia representativa. El dirigente comunista italiano Antonio Gramsci estableció la categoría de “intelectuales-políticos” para identificar la función que cumplen estos en la conquista de la hegemonía social y del gobierno político. Son los sectores más letrados asimilados al sistema de hegemonía capitalista  los  encargados de  garantizar el consenso espontáneo que las grandes masas de la población le conceden al grupo social dominante. (1)

Como bien señalara Gramsci, “Una de las características de los intelectuales como categoría social cristalizada... es la de vincularse, en la esfera ideológica, a una categoría intelectual precedente, a través de una misma nomenclatura de conceptos”. (2) En el caso de los grandes intelectuales nacionales de la SAR, el propósito de continuidad ideológica-conceptual se evidenció cuando la nueva asociación se denominó a sí misma Sociedad de Amigos de la República. Como es bien sabido, la primera institución rectora del pensamiento criollo, dirigida por Francisco de Arango y Parreño, se llamó Sociedad Económica de Amigos del País. De manera parecida a los ideólogos criollos de la primera mitad del siglo XIX, la intelectualidad republicana agrupada en la SAR se propuso orientar la vida política e institucional del país al margen de las concupiscencias de los que gobernaban. La misión que se habían propuesto era, como veremos, la de trazarle “el deber ser” a los hombres e instituciones de la República, de modo que el sistema democrático representativo de la burguesía, funcionara sin fricciones que pudieran amenazar su integridad física.

La SAR se fundó el 28 de abril de 1948, pocos meses antes de las elecciones y, como ya hemos señalado, por una iniciativa de Jorge Mañach. (3) En su primer “Manifiesto al País” los “Amigos de la República” dieron a conocer las razones de su fundación e hicieron un análisis general de la situación política nacional. En primer término proclamaron la necesidad de que los próximos comicios electorales fuesen asegurados en su limpieza y honradez, tanto por los electores mismos como por las autoridades oficiales de la República; de modo alentador daban al nuevo gobierno que fuese electo “amplio crédito de confianza y respetuosa expectación”. (4) Se preocupaba la SAR porque los más graves problemas de la colectividad se perpetuaban y de modo enfático le mortificaba  que la ciudadanía, en medio de la crisis que vivía el país, iba dejando de participar en los asuntos públicos, políticos. Denunciaba, asimismo, lo que llamaba “El continuo espectáculo de modo de gobernación incompetentes, irresponsables y a menudo delictuosos sobre los que no cae sanción alguna”. (5)

Ante este vacío en la responsabilidad pública se pronunciaban por dos soluciones:

1-     Que se cumpliesen los preceptos de la Constitución.

2-     Que se aplicasen democráticamente las facultades de la Constitución en lo administrativo y lo político.

La nueva asociación se propuso no manifestarse en política a favor de ningún partido en específico: “La SAR adopta como norma general la de abstenerse preelectoralmente, de dar su respaldo oficial a ningún partido, dejando a sus miembros en libertad de pronunciarse por las instituciones y los hombres que representen mejor los ideales de la Sociedad”. (6)

Esta posición la fundamentaban del modo siguiente cuando se referían a los objetivos de la asociación: “Su objeto no es la propaganda  sectaria, sino mantener movilizada a la opinión       pública con un sentido de civismo crítico efectivo, ya sea para la censura o para el aplauso; para la defensa organizada de una buena medida o para la impugnación, por todas las vías lícitas, de cualquier medida o actitud inconveniente a los altos intereses de la República”. (7)

La SAR, en su estructura organizativa, se proponía ser una organización nacional y engrosar sus filas “con cubanos de todos los lugares de la Isla y de todas las posiciones sociales”. (8)

Los “Amigos de la República” encaminaban sus funciones al mejoramiento de la vida pública de la nación que en esos momentos se encontraba profundamente deteriorada. La acción de esta organización cívica era  de tipo divulgativa y legalista y se planteaba crear un estado de opinión crítica a todo tipo de decisiones perjudiciales a las instituciones republicanas. Por esta vía pretendía desplazar de la escena pública a elementos irresponsables, promoviendo a la dirección de los partidos políticos a personas que tuvieran conciencia plena de la necesidad que tenían los sectores dominantes de obtener un mínimo de consenso público. De esa manera se fijaban sus propósitos y tareas:

1-     Estudiar y aportar solución a los problemas que afecten o se refieran al desarrollo del espíritu público y laboral por el mejoramiento de nuestras costumbres públicas y privadas, actuando a ese efecto como organización cívica.

2-     Analizar y enjuiciar cuantos casos y cuestiones surjan y se estimen de interés público.

3-     Propiciar la celebración de debates públicos sobre materias y problemas de interés general, actuando la asociación por sí misma o utilizando el concurso de otras asociaciones o entidades con fines análogos.

4-     Estudiar o impugnar los actos y decisiones públicas cuando una consideración detenida y responsable los muestre perjudiciales al interés general o contrarios a la ley, a la moral o la cultura.

5-     Hacer uso, a ese fin, de cuantos medios y recursos franqueen la Constitución y las leyes.

6-     Recomendar a los partidos políticos que, respetando nuestro sistema de gobierno republicano-democrático, desenvuelvan sus actividades cívicas en forma que resulten nominados y elegidos para las altas posiciones de la administración pública los mejores ciudadanos.

7-     Interesar a todos en el respeto y acatamiento de la ley como norma esencial de las sociedades civilizadas, y propender la derogación o modificación de cuantas leyes, disposiciones y prácticas políticas y administrativas resulten notoriamente lesivas al interés colectivo y, en general, al mejoramiento de nuestro sistema legislativo.

8-     Cooperar con cualesquiera otras organizaciones cívicas de fines concordantes, coadyuvando con ellas al cumplimiento de los mismos. (9)

El primer grupo que se reunió el 28 de abril de 1948 y fundó la SAR, firmando su primer manifiesto estuvo integrado por:

-Manuel Piedra Martell.

-Loynaz del Castillo.

-Cosme de la Torriente.

-Miguel Varona Guerrero.

-Ramiro Guerra.

-Aurelio Portuondo

-Emeterio Santovenia.

-Pierre Abreu.

_Porfirio Franca.

-Santiago Gutiérrez de Celis.

-Alberto Blanco.

-Medardo Vitier

-José Roussinyol.

-Salvador Massip.

-Piedad Maza.

-Raymundo Menocal.

-Vicentina Antuña.

-Honorato Colete.

-Gustavo Urrutia.

-Sara Isalgué de Massip.

-Mario Guiral Moreno.

-Juan Francisco Zaldívar.

-Félix Lizaso.

-Julián Modesto Ruiz.

-Mario Recio.

-P. Chacón.

-Luis A. Baralt.

-Rogelio Pina.

-Jorge Mañach.

La Sociedad, poco tiempo después de fundada, organizó su directiva, la que estuvo integrada por:

Presidente: Jorge Mañach.

Vice-Presidente: Piedad Maza.

Tesorero: Porfirio Franca.

Vice-Tesorero: Mario Recio

Secretario: Rogelio Pina.

Vice-Secretario: Miguel Varona.

Vocales: Cosme de la Torriente, Enrique Loynaz del Castillo, Ramiro Guerra, Aurelio Portuondo, Emeterio Santovenia, Raúl de Cárdenas, Santiago Gutiérrez de Celis, Alberto Blanco, Gustavo Urrutia, Julián Modesto Ruiz, Honorato Colete, Francisco Ichazo, Mario Guiral Moreno, Vicentina Antuña, Salvador Massip, Juan Francisco Zaldívar, José Roussinyol.

Perfil Ideológico del grupo:

A los efectos de definir ideológicamente al grupo de intelectuales que integraban y dirigían la SAR, tomé como fuente principal la serie de conferencias que sobre asuntos de la actualidad social cubana impartieron sus miembros más representativos en la Universidad del Aire de octubre de 1949 a junio de 1950. Si bien estas conferencias están lejos de constituir el universo ideológico total de dicha asociación, nos permite analizar las diversas corrientes ideológicas que existían dentro de ella y definir las proyecciones de sus más connotados dirigentes. A partir de esta valoración inicial podríamos determinar cuál era la corriente ideológica predominante. La Universidad del Aire era considerada en la época  uno de los principales órganos de expresión de las posiciones de la SAR,  Mañach le había asignado a los medios de difusión masivos un papel decisivo en la divulgación de los principios ideológicos del importante núcleo de la intelectualidad nacional que dirigía: “La SAR se propone distribuir su actividad en tareas internas, de estudio y deliberación y actos externos en la prensa periódica, escrita o radial, en la tribuna o en el libro, ante los tribunales y en el parlamento”. (10)

Las conferencias de la Universidad del Aire eran unos de estos “actos externos” que nos dan la dimensión de lo que se discutía internamente. Mañach, rector y animador principal de este movimiento intelectual de proyecciones públicas, era el Director de la Universidad del Aire y, a la vez, Presidente de la SAR.

Por tratarse de intelectuales y tener que definir a qué interés de clase respondían, partí de la siguiente definición de Gramsci que nos  despeja el camino y orienta a definir directamente cuáles eran los grupos que representaban estos intelectuales y a qué ideología respondían:

“¿Cuáles son los límites “máximos” que admite el término intelectual? (...). El error metódico más difundido, en mi opinión, es el de haber buscado este criterio de distinción en lo intrínseco de las actividades intelectuales y no, en cambio, en el conjunto de sistema de relaciones que esas actividades mantienen (y por lo tanto los grupos que representan) en su situación dentro del complejo general de las relaciones sociales”. (11)

El análisis particularizado de los miembros de la SAR nos llevó de la mano a las conclusiones siguientes: la clase social que se veía representada mayoritariamente dentro de la SAR era la burguesía dependiente. Ahora bien, dentro de este núcleo mayoritario hay matices diferenciadores. Si bien es cierto que en última instancia se defiende y lucha por un Estado burgués ordenado y coherente, con sólido prestigio público, no lo es menos que en la búsqueda de este objetivo una minoría estaba interesada en un sincero adecentamiento público del país, cumplimentando una de las más importantes demandas populares de la época. O sea, se planteaban solucionar necesidades y aspiraciones dentro de los marcos de aquella República.

A la tendencia predominante en la SAR no le interesaban tanto los problemas y necesidades del pueblo como tal, sino denunciar las deficiencias del sistema político con la finalidad de consolidar las posiciones de la burguesía, y rebasar la crisis de las instituciones republicanas. El rescate de estas instituciones era lo que más le preocupaba, su objetivo fundamental era superar el desprestigio público del Estado burgués, sin mediar mucho en otras consideraciones acerca de los problemas de fondo del país. Pienso que este último grupo fue el predominante porque cuantitativamente era mayoritario y cualitativamente más pujante, en tanto dominaba los cargos principales de la SAR.

Analicemos a este grupo más interesado en salvaguardar a ultranza los intereses de la burguesía dependiente. Hasta qué punto defendía los intereses de esta clase dominante y cómo, al mismo tiempo, le criticaba esa falta de consenso y prestigio a la que nos hemos referido, lo podemos apreciar en la conferencia impartida por Medardo Vitier y Ramiro Guerra que significativamente se tituló “¿Qué saldo acusan los primeros 46 años de la República?”. Al formular sus conclusiones Jorge Mañach señaló: “ Me parece que una cosa quedó comprobada como resultado de la discusión: la intuición primordial que teníamos que si la República ha sido un éxito razonable en el orden práctico y material está, en cambio, marcando un alarmante declive en cuanto a valores sociales y morales más delicados y más trascendentes”. (12)

En otras palabras, defendían y justificaban la estructura social notoriamente injusta, destacando un progreso en el orden material, al que no habían tenido acceso las clases fundamentales del pueblo, pero se veían obligados a criticar la descomposición moral y social imperante, en tanto amenazaba la estabilidad del orden existente.

Una cuestión de primer orden era concederle prioridad al adecentamiento público, puesto que la hegemonía social de la burguesía se encontraba en peligro en la medida que las masas se decepcionaban cada vez más de los gobiernos de turno. Rogelio Pina, ejerciendo una aguda crítica planteaba:

“Gobierno de traficantes y gozadores, sin hondo sentido de la vida y de sus altos y gratos deberes, es gobierno de equivocados e ineptos que proscriben la filosofía, el derecho, la moral (...). Luchar denodadamente por un buen gobierno, un verdadero gobierno, es hoy el más imperativo de los deberes para todo buen cubano. He aquí el principal, casi pudiéramos decir el único remedio de la venalidad administrativa”. (13)

Raymundo Menocal, enemigo jurado de las conquistas sociales de la Revolución de 1933, las que atribuía a la “demagogia” del gobierno Grau-Guiteras y del reformismo burgués de los regímenes constitucionales de Batista y Grau, comentaba que estos representaban exclusivamente los intereses de la pequeña burguesía y del proletariado, sin que la burguesía cubana estuviera representada en dichos gobiernos. Esta visión deformada e interesada de un partidario del régimen del Laissez Faire, se proyectaba también contra las leyes de beneficio social pretextando la corrupción administrativa de los gobiernos referidos:

“Tan irresponsables han sido los gestores de la clase media en el gobierno, que cuando han accedido a las reivindicaciones de la clase trabajadora creando retiros, pensiones y ventajas para la clase obrera, con la contribución por parte de esta de descuentos de sus jornales, han contraído la enorme responsabilidad de colocar esos fondos, a lo cuales también han contribuido los patrones, en cuentas especiales en el tesoro, a sabiendas de lo que había ocurrido constantemente en el pasado y han propiciado, por las propias clases gobernantes a que ellos pertenecen, el desfalco casi total de esos ahorros obreros”. (14)

Ahora bien, la verdadera razón de la oposición de Menocal al régimen de beneficencia social, instaurado después de la Revolución de 1933, no se encontraba en el temor a los desfalcos de las cajas de retiros, sino en la posición de principios intransigentemente reaccionaria que identificaba los beneficios sociales con el comunismo: “El régimen de beneficencia —firmaba Menocal— es la negación de la libertad, por lo que tiene de comprometedor para los espíritus que han renunciado a la lucha por la vida. El colectivismo, o sea el socialismo de Estado, es la dependencia del hombre y su sumisión a una burocracia despótica bajo nuevas formas de esclavitud”. (15)

Mañach, ideólogo burgués por excelencia en tanto era capaz  de ver más allá de la situación inmediata de su clase, plantearía, preocupado por el creciente descalabro de la imagen pública de las clases dominantes: “lo que nos interesaba no era denunciar una situación política en particular. Lo que nos preocupaba y preocupa era el visible deterioro de ese orden de intereses y de valores que tocan a la vida pública y a la conciencia ciudadana”. (16)

Precisamente, alertando sobre la pérdida de prestigio de las clases hegemónicas ante el pueblo-nación, Mañach señalaría: “Por lo pronto, resulta muy grave que casi todos los cubanos tengamos la sensación, o al menos la aprehensión, de que nos estamos relajando y casi disolviendo como pueblo”. (17)

Para otros, la solución de la crisis cubana se limitaba a contener las prácticas corruptas que degradaban al gobierno como medida efectiva para garantizar la estabilidad social. En muchos, como Loynaz del Castillo, persistía una visión apologética de los problemas de la República:

“Suprimiríamos el peculado y podríamos destacar como fruto valiosísimo de la libertad al campesino de Cuba, mucho mejor retribuido que en la colonia (...). Tiene el campesino escuela para sus hijos, exceptuados, naturalmente, los sitios inaccesibles y solitarios. Si volvemos la mirada a los obreros (...), les veremos la norma mejor de vida, los salarios altos y la disminución de las horas de trabajo, elementos innegables del necesario bienestar social. (18)

Otro apologista del sistema resultó ser Ramiro Guerra, para quien todos los problemas del país estaban prácticamente resueltos. Así señalaba: “¿Imperialismo? Tampoco, ciertamente Cuba es una nación independiente y soberana, con un status y una condición de pueblo libre enteramente reconocidos en el mundo entero”. (19)

Guerra también veía resueltos los problemas generados por el latifundio, el capital extranjero, el monopolio yankee del azúcar y la injerencia norteamericana, así decía: “El imperialismo en Cuba es cosa del pasado”.

Otras de las cuestiones que preocupaban mucho a la intelectualidad burguesa nucleada en la SAR era el peligro latente de que la corrupción existente pudiese desatar una espiral de violencia de la misma naturaleza que había culminado en el gobierno Grau-Guiteras. Raúl de Cárdenas consideraba como muy perjudicial para sus intereses las revueltas revolucionarias: “¿Podremos reaccionar contra el mal? ¿No estaremos ante una trágica disyuntiva; violencia o corrupción?... No lo creemos, entendemos que nuestra sociedad tiene elementos para vivir sin violencias y sin corrupción”. (20) Cárdenas tenía el propósito de defender a las clases hegemónicas de la violencia revolucionaria que eventualmente podría salirle al paso a la corrupción.

Sin embargo, Salvador Massip, conjuntamente con sus colegas del Partido Ortodoxo, Sara Isalgué y Vicentina Antuña, representaban esa otra posición a la que me refería, o sea, la del grupo de intelectuales cuyo objetivo era apoyar una campaña de adecentamiento público en beneficio del pueblo, aún cuando aspiraban al establecimiento de “un equilibrio justo entre el capital y el trabajo y una acción estatal científica y honesta”. (21) Pensaban que ese tipo de gestión gubernamental se podía fomentar  desde una organización como la SAR que fortaleciera la conciencia cívica de los políticos. Por otra parte, reconocía la esencia de muchos de los problemas del pueblo y los denunciaba, así plantearía: “Es la economía colonial que es característica de nuestro país. Dependemos demasiado del capital extranjero”. (22) En Massip podemos apreciar una visión más clara de nuestra economía, refiriéndose al problema del campesino y la tierra diría: “ Podría comenzarse aquí por un reparto equitativo de las tierras, para que las tierras fuesen de quien las trabaje y no solamente de quien las posea por herencia, o por adquisición o por cualquier otra forma”. (23)

También dentro de esta intelectualidad fluctuante y llena de matices que integraba la SAR, se sostenían criterios pequeño-burgueses, ilusorios ante las realidades sociales. Caracterizando ese fenómeno ideológico de la pequeña burguesía, G. Luckacs plantea: “Sus propios objetivos, que existen exclusivamente en su conciencia, toman necesariamente formas cada vez más huecas, cada vez más alejadas de la acción social, formas puramente “ideológicas”. (24)

Esto también lo podemos ejemplificar en una de las conferencias ofrecidas por la SAR en el Lyceum Lawn Tennis donde se abordó el tema del pistolerismo. Al respecto, Bernal del Riesgo, Profesor de Psicología General, indicaba: “Para hacer desaparecer el gansterismo solo podemos contar con el favor del tiempo o con la rápida aplicación de un plan científico. La ciencia, más que la ley, posee medios para erradicar el pistolerismo. No hace falta hacer correr más sangre ni aplicar leyes drásticas. Bastará intervenir psicológicamente en su motivación”. (25)

Se trata de la visión más alejada del problema, que no se detiene en la acción social y política. Sus consideraciones son demostrativas de la impotencia y enajenación de algunos intelectuales horrorizados ante tanto crimen y venalidad. Digamos que es la salida más idealista.

Dentro de las actividades de la SAR destinadas a combatir el robo de los fondos públicos, hay que destacar la conferencia de Noviembre de 1949 en el Lyceum Lawn Tennis sobre el empréstito que pidió la administración de Grau. En esa conferencia se destacó la voz de Rogelio Pina, quien denunció las maniobras del gobierno para lucrar con el dinero prestado y recomendó fórmulas de uso racional. En su denuncia expresó:

“Después que el gobierno solicitó y el senado acaba de concederle festinadamente, no un empréstito de 100 millones, sino hasta de 200, destinado a obras que el proyecto de ley enuncia en forma tan genérica e imprecisa que no es posible juzgar si todas son de urgente necesidad y conveniencia pública (...). No hay un plan para la inversión de los fondos de préstamo. Sin una severa reorganización administrativa, controlada por organismos hoy inexistentes o que funcionan mal, que ponga fin a los desmanes de la política más pervertida que haya sufrido nuestro país, no podrá el ejecutivo hacer buen uso del crédito que disfruta la nación. Ponga el Presidente mano recia y justa en el adecentamiento de la cosa pública y entonces podrá disponer de cuanto dinero necesite”. (26)

El análisis de las causas de la crisis política, moral y económica que sufría Cuba debía partir del grado de dependencia en que se encontraba la nación ante el imperialismo norteamericano ya que los intereses propios de desarrollo industrial eran frustrados por la acción de Washington. En segundo lugar, el otro factor que acrecentaba la crisis era la estructura clasista que prevalecía. Las clases y sectores  más antinacionales, dependientes por completo del imperialismo, eran las que ejercían una mayor influencia social. (27) La esencia parasitaria, frágil e improductiva de la burguesía que ejercía el poder político en Cuba demuestra el carácter subalterno de los intereses económicos nacionales. En ello radicaba el germen del fenómeno de la corrupción política y administrativa si analizamos la sociedad desde una perspectiva más amplia, en su totalidad concreta.

Para barrer con la corrupción administrativa era preciso revolucionar la sociedad golpeando tanto al imperialismo como a sus apéndices en Cuba. De no tener lugar esa transformación, al menos era necesario partir de reconocer esas realidades para asumir la crisis ética imperante en la Isla. Sin embargo, la SAR a lo máximo que aspiraba era a contener la degradación moral reinante a través de reformas en las instituciones republicanas apelando a la lucha cívica y legalista. Al respecto Mañach señalaba: “Hay que pasar del simple anatema que satura el ambiente de escándalo sin provecho alguno a la acción legal ante los tribunales de justicia y a la acción cívica difusiva, capaz de penetrar en los partidos políticos y formar conciencia en ellos”. (28)

El fenómeno de la corrupción administrativa no lo combatían señalando la responsabilidad del imperialismo y de las clases hegemónicas cubanas, sino que se remitían a la carencia de una opinión cívica como causa originaria. El objetivo de los ideólogos burgueses de la SAR no era producir una transformación social profunda que pudiese afectar al imperialismo y a la oligarquía, sino contener la crisis moral mediante reformas en las instituciones teniendo como fuerza motriz a la opinión cívica.

Así Mañach plantearía: “Aquí los gobiernos actúan irresponsablemente porque frente a ellos no hay más que una opinión pública dispersa e inerme, unos partidos políticos a quienes esa opinión rara vez respalda, pues no tienen fe en ellos, y una prensa la más de las veces equívoca, que con una mano denuncia y con la otra hace el juego”. (29)

En ningún momento Mañach se planteó crear un frente que combatiese activamente la esencia verdadera de estos males, su intención era fomentar pacientemente  una opinión cívica que fuera capaz de influir en el perfeccionamiento de las instituciones públicas. Sin embargo, esta no era la vía para un cambio efectivo y la visión de los ideológos de la SAR, limitada por su carácter burgués, impedía que pudiesen ir al origen real de la crisis política e institucional cubana.

Para dar un ejemplo del tipo de soluciones legalistas que proponían los miembros de la SAR, veamos la siguiente propuesta de Rogelio Pina:

 “-Mejoramiento del gobierno por la vía democrático-electoral, mediante el esfuerzo coordinado de las fuerzas vivas y de la masa ciudadana bien dispuesta. Es lo primordial.

-Plan de origen legislativo a realizar por todos los gobiernos, que incluya solamente obras y servicios de reconocida necesidad y utilidad pública (...), y que establezca los medios de financiamiento y una rígida fiscalización, para dar fin a la arbitrariedad, al desorden infecundo y al despilfarro que entraña la existencia de un plan y de un empréstito en cada gobierno.

-Enérgico proceder del poder judicial en la represión del peculado, para que sus reos sufran el condigno castigo, por altos e invulnerables que se consideren. El Tribunal Supremo, máximo rector de este poder independiente, debe depurarlo a fin de eliminar a los convictos de incapacidad, prevaricación o tolerancia.” (30)

Medardo Vitier, otro de sus miembros, consideraba que  el origen de la venalidad administrativa radicaba en: “La herencia colonial, en la falta de credos que rijan la conducta  y en la provisionalidad de la época. Provisionalidad significa, en este caso, lo inestable que ha llegado a ser la organización clásica del Estado”. (31)

Se trataba de impartirle coherencia al Estado burgués. La SAR saludó y elogió al gobierno de Prío cuando aprobó las leyes complementarias, entendía que las mismas tendían a perfeccionar y regular las funciones administrativas y económicas del Estado.

Otra vía de solución que defendió la SAR fue la relacionada con la instauración de la carrera administrativa. En un acto del Lyceum, Julián Modesto Ruiz plantearía: “La carrera administrativa es un valladar que se opone al favoritismo en el amplio sentido de otorgamiento de cargo al amigo, familiar o al agente político, en perjuicio de la administración”. (32)

Las razones por las que la SAR propugnaba la carrera administrativa se concretan en la necesidad de independizar la gestión administrativa del Estado de las pugnas políticas partidarias que daban lugar a las cesantías de miles de empleados cada vez que tenía lugar un cambio de gobierno. La eficiente administración del Estado era incompatible con la inestabilidad e inseguridad en que vivía la empleomanía. En la medida en que los funcionarios estatales fuesen designados por su competencia profesional, se limitaban las posibilidades de que estos se convirtieran en instrumentos de los grandes desfalcos promovidos por los ministros.

Epílogo

Con el golpe de Estado del 10 de Marzo de 1952 se agudizó la crisis política nacional debido a la consolidación en el poder de una dictadura castrense encabezada por Fulgencio Batista, y la incapacidad demostrada por  los partidos políticos tradicionales para superarla mediante un movimiento de resistencia activa. En ese momento, cuando no se podía alcanzar una concertación política, la “Sociedad de Amigos de la República” pasó a jugar un papel protagónico, esta vez bajo la dirección de Cosme de la Torriente  quien había reemplazado a Jorge Mañach en la presidencia de esta asociación cívica. Durante los años 1955 a 1956 la SAR condujo todo un complicado proceso de mediación política que fracasó, pero que puso de manifiesto el rol que juegan  las instituciones de la sociedad civil.

Al respecto, el ejemplo histórico de la actuación en el panorama político cubano de la “Sociedad de Amigos de la República” y del conjunto de las instituciones cívicas cubanas es bien ilustrativo, en  Cuba la clase dominante  tenía ante sí el Leviatán de una revolución  en plena efervescencia, y estaba compulsada a soluciones que impusieran un retorno inmediato al régimen de la democracia representativa burguesa como  único paliativo a la crisis vigente. Batista no se dio cuenta que reprimiendo a las instituciones cívicas, que en alguna medida representaban el sentir de las clases dominantes, estaba llevando a la sociedad neocolonial a un punto muerto. (33)

Según el profesor cubano Jorge Luis Acanda, que sigue  las conclusiones teóricas  de Antonio Gramsci, la línea de defensa más sólida de la burguesía se encuentra en la sociedad civil. (34) Gramsci entendía que la causa fundamental de la pervivencia del Estado capitalista radicaba en la complejidad y fortaleza de la sociedad civil donde se arraigase. En la Cuba de los años 50 no se crearon las condiciones para que las fórmulas de solución políticas propuestas por la SAR y el conjunto de las instituciones cívicas cubanas, que expresaban los intereses de más largo alcance de la burguesía, fueran tenidas en cuenta. La línea de defensa más sólida de la burguesía recibió el duro golpe de una dictadura embriagada de poder.

Notas:

1.      Gramsci, Antonio: Los intelectuales y la organización de la cultura. Editorial Lautaro, Buenos Aires, 1960 p.14.

2.
      Ibídem p.10.

3.
      Jorge Mañach  Robato: Nació en Sagua la Grande en 1899. Se graduó como abogado en 1924. Perteneció al Grupo Minorista, donde se destacó en actividades intelectuales. Hacia los años treinta ingresa en el ABC y participa en el proceso mediacionista. Ministro de Educación en el gobierno Caffery-Batista-Mendieta. Fue Director del periódico Acción, órgano del ABC. Participó en la Asamblea Constituyente de 1940. Posteriormente se integra al Partido Ortodoxo, luego del golpe de Estado de 1952 pasa a formar parte del Movimiento de la Nación, durante esa etapa emigra de Cuba a Europa. Después del triunfo de la Revolución regresa a Cuba y la abandona nuevamente para morir posteriormente en Puerto Rico.

4.
      Mañach, Jorge: “Sociedad de Amigos de la República.” En: Bohemia, 6 de Junio de 1948 p.62.
5.
      Ibídem.
6.
      Ibídem.
7.
      Ibídem.

8.      Ibídem.

9.      Antuña, Vicentina: “Sociedad de Amigos de la República.” En: Revista Lyceum, Febrero de 1949 p.87-88.

10.  Mañach, Jorge: Ob. Cit. p.62.

11.  Gramsci, Antonio: Ob. Cit. p.14.

12.  Mañach, Jorge: “Lo que quiere la SAR.” En: Bohemia, 12 de diciembre de 1948. En: Recortes Varios No.38, Colección Facticia, Biblioteca Nacional “José Martí” p.1.

13.  Pina, Rogelio: “¿Cómo se debe extirpar la venalidad administrativa?” En: Cuadernos de la Universidad del Aire. Tercer Curso (oct. 49-jun.50), mayo de 1950, p.73-74.

14.  Menocal, Raymundo: “¿Hay un problema de la clase media en Cuba?” .En : Cuadernos de la Universidad del Aire. Tercer Curso (oct.49-jun.50), mayo de 1950 p.7.

15.  Ibídem p.8.

16.  Mañach, Jorge: “Lo que quiere la SAR.” En: Bohemia, 12 de diciembre de 1948. En: Ibídem p.1.

17.  Mañach, Jorge: “Introducción al curso.” En: Cuadernos de la Universidad del Aire. Tercer Curso. (oct.49-jun.50), diciembre de 1949, p.6.

18.  Loynaz del Castillo, Enrique: “Los ideales cubanos de la fundación, ¿están siendo realizados?” En: Cuadernos de la Universidad del Aire, Tercer Curso (oct.49-jun.50), diciembre de 1949, p.13.

19.  Guerra, Ramiro: “Nuestra economía,¿Colonialismo?¿Imperialismo?¿Nacionalismo?” En: Cuadernos de la Universidad del Aire. Tercer Curso (oct.49-jun.50), febrero de 1950, p.26.

20.  Cárdenas, Raúl: “¿Tendremos fuerzas para rebasar la crisis moral y política que padece la República?” En: Cuadernos de la Universidad del Aire. Tercer Curso (oct.49-jun.50), junio de 1950, p.60.

21.  Massip, Salvador: “¿Tiene Cuba recursos naturales suficientes para un desarrollo superior?” En: Cuadernos de la Universidad del Aire. Tercer Curso (oct.49-jun.50), febrero de 1950, p.51.

22.  Ibídem, p.52.

23.  Ibídem, p.53.

24.  Luckacs, Georg: Historia y Conciencia de clases. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1970, p.90.

25.  Del Riesgo, Bernal: “El pistolerismo es un cáncer nacional.” En: Bohemia, 20 de febrero de 1949, p.42.

26.  Bohemia, 13 de Noviembre de 1949. En: Recortes Varios No. 38. Colección Facticia. Biblioteca Nacional, p.2.

27.  Rodríguez, Carlos Rafael: “Las clases en la Revolución Cubana.” En: Letra con Filo, Tomo I., Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1983, p.15.

28.  Mañach, Jorge: “Lo que quiere la SAR.” En:Bohemia, 12 de diciembre de 1948. En: Recortes Varios No.38., Colección Facticia, Biblioteca Nacional “José Martí”, p.1.

29.  Ibídem .

30.  Pina, Rogelio: “¿Cómo se debe extirpar la venalidad administrativa?” En: Cuadernos de la Universidad del Aire, Tercer Curso (oct.49-jun.50), diciembre de 1949, p.76-77.

31.  Vitier, Medardo: “¿Hay una crisis de la moral pública y de la moral privada en Cuba?” En: Cuadernos de la Universidad del Aire, Tercer Curso (oct 49-jun.50), diciembre de 1949, p.49.

32.  Ruiz, Julián Modesto: “La carrera administrativa: una necesidad nacional.” En: Bohemia, 26 de junio de 1949, p.54.

33.  Ibarra Guitart, Jorge Renato: Sociedad de Amigos de la República. Historia de una mediación. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2003.

34. Ibarra Guitart, Jorge Renato: El fracaso de los moderados en Cuba. Las alternativas reformistas de 1957 a 1958. Editorial Política, La Habana, 2000.

34.  Acanda, Jorge Luis: Sociedad Civil y Hegemonía. Editorial Centro “Juan Marinello” 2002, p. 257.