LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO Y EL SOCIALISMO

 (II): reflexiones a partir del proyecto de desarrollo territorial en Yaguajay
 

Dr. Agustín Lage Dávila
Centro de Inmunología Molecular

 

La identificación de este artículo como Parte-II se debe a que en un trabajo precedente también titulado “La Economía del Conocimiento y el Socialismo” (Revista Cuba Socialista, No 30, 2004, pag: 2-28) analizamos el tema a partir de la experiencia de la Biotecnología Cubana: un conjunto de instituciones de investigación-producción surgidas en la década de los 80 y que rápidamente se convirtieron en un nuevo sector de nuestra economía estatal socialista, basado en productos directos de la investigación científica, exportador, económicamente sostenible y aportador de recursos financieros a la economía nacional.

En aquel trabajo expusimos las regularidades y conclusiones principales que pueden extraerse de esa experiencia sobre la integración de la producción de conocimientos (ciencia y tecnología) en la cadena de valor de las organizaciones productivas y sobre las particularidades (y ventajas comparativas) de dicho proceso en el contexto de las relaciones de producción del Socialismo.

La continuidad del tema en el actual segundo artículo es consecuencia de que el autor tuvo la oportunidad de participar, simultáneamente en los mismos difíciles años 90, de otra experiencia aparentemente (sólo aparentemente) diferente que fue el surgimiento de un conjunto de proyectos de desarrollo socioeconómico en el municipio de Yaguajay, también basados en la “gestión del conocimiento” y en la interacción de entidades municipales con las Unidades de Ciencia y Técnica.

También de esos proyectos pudieron extraerse regularidades y conclusiones, como se verá más adelante, pero el hallazgo fundamental, inicialmente sorprendente, fue constatar como muchas de estas regularidades y conclusiones, extraídas de experiencias en un municipio rural, convergen con las que extrajimos del estudio de los grandes Centros de la Biotecnología; lo cual nos permite comprender a ambas experiencias como expresiones diversas de un mismo proceso subyacente que es el nuevo papel del conocimiento (y de la gestión del conocimiento) en los sistemas económicos, y la dependencia de este proceso del contexto sociopolítico en que ocurre.

Intentaremos entonces llevar al lector por la misma ruta que transitó el autor, partiendo de la descripción de los proyectos concretos de Yaguajay, para identificar primero sus regularidades y después sus simularidades con otras experiencias de la “economía del conocimiento”, y finalmente intuir como podemos reforzar y acelerar en Cuba estos procesos, mediante el despliegue de las enormes potencialidades de desarrollo económico que contiene el Socialismo.

Manténgase alerta y prevenido el lector de que el autor de este artículo no es un economista, ni experto en estos temas, sino solamente un compañero que por razones circunstanciales tuvo la singular oportunidad de participar al mismo tiempo en ambos “experimentos” socioeconómicos (la Biotecnología y el Proyecto Yaguajay), lo cual le dio la oportunidad de hacer determinadas observaciones que se siente ahora en la obligación de compartir con los lectores de Cuba Socialista. Ello pudiera estimular un debate, generador de nuevos instrumentos de trabajo.

Eso es todo.

ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO: LO ESENCIAL y LO FENOMÉNICO

El término “Economía Basada en el Conocimiento” comenzó a usarse ampliamente en la década de los 80 para englobar un conjunto de fenómenos nuevos tales como el crecimiento de sectores industriales (microelectrónica, software, nuevos materiales, biotecnología, telecomunicaciones, etc.) que generan constantemente productos novedosos con un alto contenido de conocimiento  en el precio, en los que el acceso al conocimiento es el determinante principal de la competitividad; y en los que la competencia tiende a ser por diferenciación de productos, más que por escala y costo. A ello se añaden otros rasgos  tales como el uso masivo de la computación en la industria; la expansión de los sectores de servicios con la concomitante reducción de la fuerza de trabajo empleada directamente en la manufactura; el incremento de los precios de servicios intensivos de conocimiento (como la educación y la salud), con la consiguiente reducción relativa de los precios de productos manufacturados; la necesidad de una fuerza de trabajo cada vez más calificada; el aumento de las transacciones sobre “activos intangibles” (patentes, marcas, tecnología, etc.); y otros, todo lo cual nos va anunciando un rol creciente y nuevo de la generación y explotación del conocimiento en la creación de riqueza y el bienestar.

Los procesos esenciales que subyacen todos estos fenómenos son dos:

En primer lugar está la integración de la investigación científica como parte de la “cadena de valor” de los procesos productivos lo que obliga a las empresas a internalizar la investigación científica y el desarrollo de tecnologías, como parte de su actividad cotidiana y de sus costos. Esta “conexión directa” de la ciencia con la producción es a su vez consecuencia de la reducción constante del tiempo que media entre las innovaciones y sus aplicaciones.

El segundo proceso esencial, derivado del anterior, es la necesidad de una mayor y creciente calificación, motivación y creatividad de los trabajadores, lo cual crea una segunda “conexión directa” en este caso entre la productividad, y los determinantes del capital humano, es decir, la educación, la cultura y la salud.

Estas conexiones realmente siempre han existido, vinculando de alguna forma el conocimiento y la productividad. Lo realmente nuevo a partir de finales del Siglo XX es la inmediatez con la que ocurren, y la ampliación de la influencia de la generación, circulación y utilización del conocimiento, en la productividad de los sistemas económicos.

La identificación de estos procesos esenciales a su vez nos permite identificar que ellos no son privativos (aunque sean más visibles ahí) de los sectores habitualmente acuñados como “alta tecnología” (computación, telecomunicaciones, biotecnología, etc.); sino que extienden la influencia del conocimiento en mayor o menor medida e inmediatez a todas las producciones y servicios; lo cual se hará cada vez más evidente a medida que nos adentremos en el recién estrenado Siglo XXI.

La comprensión de esta realidad tiene, como veremos a continuación, enormes implicaciones prácticas.

Precisamente la motivación principal del presente artículo está en el hecho de que los proyectos de desarrollo que describiremos en el municipio de Yaguajay, aunque aparentemente muy diferentes, exhiben varios rasgos que son comunes entre ellos, y más aún, exhiben similaridades con los del desarrollo de la biotecnología en Cuba.

Estas similaridades están precisamente en los procesos subyacentes de “gestión del conocimiento”.

 

LA EXPERIENCIA CONCRETA: Los PROYECTOS de YAGUAJAY

Yaguajay es un municipio con un 34% de población rural y una actividad económica mayoritariamente agropecuaria y azucarera, de 1 041 Km2 de extensión, al norte de la provincia de Sancti Spiritus; y con algo más de 59 000 habitantes.

Los proyectos de desarrollo socioeconómico que vamos a describir a continuación comenzaron a concebirse e implementarse uno a uno, a partir de 1994.

Antes de describirlos son necesarias 3 precisiones:

·        La primera es que estos proyectos no ocurren aislados, sino en el contexto del esfuerzo nacional por construir la sociedad socialista a que aspiramos, y tampoco “parten de cero”, sino que se apoyan en la sólida base de capital humano y de valores creada por la Revolución en más de 30 años. No obstante la experiencia de Yaguajay tiene, como se verá más adelante, elementos de innovación que la singularizan en el contexto nacional y justifican su estudio específico.

·        La segunda es que estos proyectos, que empiezan hoy a cristalizar en una estrategia de desarrollo socioeconómico municipal, no surgieron realmente a partir de un diseño estratégico integral a largo plazo, por demás imposible en 1994. La historia real es que fueron surgiendo uno a uno, como respuesta a problemas y a oportunidades específicas. Después se fueron creando (de manera dirigida) conexiones entre uno y otro, que originaron un cambio cualitativo en la visión del desarrollo territorial que pudiéramos situar aproximadamente en el año 2001; proceso este que continua hoy.

·        La tercera precisión consiste en no olvidar la tremenda complejidad del año 1994 en que la crisis económica provocada por la desaparición de la URSS y el campo socialista europeo, sumado al oportunista reforzamiento de la guerra económica del imperialismo norteamericano contra Cuba, crearon aquella situación en la cual el Producto Interno Bruto (P.I.B) de nuestra economía se redujo más de un 35%, el peso cubano se cambiaba a 150 por dólar, teníamos 16 horas diarias de interrupción eléctrica, el consumo percápita de calorías se redujo por debajo de 1 800 y el de proteínas por debajo de 36 g; por solo mencionar algunos de los indicadores del impacto de Período Especial. A los efectos del tema de este artículo sin embargo, esto implica que analizaremos un conjunto de proyectos de desarrollo socioeconómico que partieron de las condiciones más complejas imaginables en tiempo de paz.

Recordemos que aquella etapa Fidel expresaba la voluntad de “Resistir, Vencer y Desarrollarnos”, sembrando así la idea de no renunciar al desarrollo, y de que el desarrollo socioeconómico es parte integrante de la propia resistencia. Sin embargo sabíamos que sería un desarrollo distinto al que antes teníamos diseñado. Seguiría siendo, irrenunciablemente, un desarrollo socialista, justo y solidario. Pero ahora deberíamos diseñarlo y hacerlo solos, sin la integración económica con el campo socialista con la que constábamos previamente.

En esas condiciones el primero de los proyectos de Yaguajay fue un “Proyecto de Salud”. Recordemos que en la historia de nuestra Revolución la Salud (junto con la Educación) nunca fué considerada como una consecuencia distal del desarrollo económico, como proponen otros modelos desarrollistas, sino que fue asumida, en el concepto y en la práctica, como un derecho humano de ejercicio inmediato, y como un pre-requisito para que cualquier intento de desarrollo económico fuese viable. Más adelante veremos las enormes consecuencias de esta idea para el tránsito a la economía del conocimiento.

Así, la construcción del Sistema de Salud, de acceso universal y gratuito, y la lucha por mejorar los indicadores de salud heredados del capitalismo neocolonial, estuvieron entre las primeras tareas de la Revolución desde los primeros años de la década del 60

El momento que marcamos para el estudio de los proyectos de Yaguajay (1994) es también un momento especial para las ideas sobre el desarrollo de la Salud Pública, en Cuba y en el mundo, en dos planos diferentes.

Para Cuba se planteaba la pregunta de si los excelentes indicadores de salud logrados en 30 años de construcción socialista serían capaces de resistir el embate de la crisis económica del Período Especial. Cuba se había distanciado en sentido positivo de los indicadores de salud previsibles para países con producto económico equivalente. Ahora el Período Especial pondría a prueba la robustez de nuestros indicadores.

También hay a inicios de los 90 un momento especial para la Salud Pública mundial. Fue el momento en que comenzó a comprenderse que los objetivos de “Salud Para Todos en el año 2000” trazados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no serían alcanzados por la mayoría de los países, y se comenzó a hablar de la “Crisis de la Salud Pública” conceptualizada como una creciente disociación entre las necesidades y expectativas de salud de las poblaciones y la respuesta social organizada, que ha inhabilitado a muchos países para alcanzar los objetivos de Salud para Todos en el 2000.

En esas condiciones el Proyecto Yaguajay de Salud se planteó ir con sus mediciones e intervenciones más allá del tratamiento a la enfermedad y más allá del enfoque de riesgo, para incursionar en el campo de la “Salud Positiva” en plena coherencia con la definición de Salud de los documentos fundadores de la OMS (1948) de que “La Salud es un estado de completo bienestar físico, psíquico y social; y no es solo la ausencia de enfermedad”.

La idea de llevar las acciones de salud al plano de la construcción de salud positiva obligó a incursionar en temas tales como el rendimiento físico e intelectual de las poblaciones, la calidad de la nutrición, la cohesión social, la funcionalidad de los núcleos familiares, y otros; lo cual a su vez impuso un enfoque multisectorial, con tareas a ser conducidas no solo por el sector salud, sino por las organizaciones de cultura, deportes, educación, las empresas del territorio y las propias colectividades de los Consejos Populares.

Un esfuerzo de este grado de integralidad solamente podía ser lidereado por el Gobierno Municipal.

Este enfoque también creó la necesidad de un enorme esfuerzo de capacitación, asesoría científica y “gestión del conocimiento”, dado que la mayoría de los protagonistas carecían de una preparación previa para esta estrategia de trabajo.

También se realizaron encuestas que produjeron nuevos indicadores de salud, y se diseñaron e implementaron las intervenciones necesarias para modificar esos indicadores. Varias instituciones científicas del MINSAP, principalmente el Instituto Nacional de Higiene y Epidemiología, y el Instituto de Nutrición, asesoraron este proyecto.

El análisis de la evolución de los indicadores de salud en Yaguajay, de la resistencia o vulnerabilidad de cada uno, y de la eficacia de cada intervención, requerirá un amplio estudio dedicado al tema, lo cual no es el objetivo de este artículo.

Limitémonos aquí a mencionar que se han cosechado resultados. Así, entre el 1995 y el 2002 la mortalidad general bajó de 8.2 a 7.2 por 1 000 habitantes, el % de la población mayor de 50 años de edad subió de 23.8 % a 27.9 %, el bajo peso al nacer se redujo de 8.1 a 4.1 por 1 000 nacidos vivos, la lactancia materna aumentó de 61 % a 83.3 %,  el indicador de familias funcionales aumentó de 85 % a 92 %, el índice de sedentarismo bajó de 37 % a 14 % y la prevalencia de hipertensión actual comenzó también a disminuir.

Tampoco es el objetivo de este trabajo discutir la significación de cada uno de estos y otros indicadores. Nuestro interés ahora es resaltar que el Proyecto Yaguajay de Salud con su enfoque de “salud positiva” tuvo un efecto multiplicador, dando origen a otros proyectos que abordaron problemas relacionados con la alimentación, el empleo, la vivienda, el medio ambiente y otros.

En la producción de alimentos se recibió asesoría y tecnologías del Cenpalab, el CIGB, el INIFAT, el ICIDCA, el Centro de Investigaciones Porcinas, el Centro de Investigaciones de la Avicultura y otros, y se trazaron objetivos de incremento de las producciones de carne bovina, ovina, caprina, porcina, cunicola y de aves. Se identifican hoy más de 33 proyectos en el sector agropecuario.

A los proyectos que ya estaban en curso desde los años 90, se adicionaron después las acciones derivadas de la tarea “Alvaro Reynoso” para el redimensionamiento de la industria azucarera, que incluyó la recuperación de la producción porcina a partir de miel y torula, la construcción de nuevas vaquerías, el desarrollo de la producción de carne y leche de búfalo, un proyecto de desarrollo forestal y otras tareas.

El municipio mantuvo su condición de referencia nacional en la agricultura urbana.

Para el desarrollo del Turismo, con asesoría del CITMA y del MINTUR, se concibió una estrategia basada en las riquezas ecológicas, arqueológicas e históricas del municipio, incluyendo el mejoramiento de los productos turísticos existentes en la Villa San José del Lago y el Parque Nacional Caguanes, así como el desarrollo de nuevos productos; buscando capturar un mercado de visitantes opcionales a partir de las capacidades habitacionales existentes o en planes en Cayo Coco, Cayo Santa María y Trinidad. Se trata de un esquema de baja inversión inicial, que capture un turismo más especializado y de mayor nivel cultural, lo cual induzca a su vez al desarrollo de una fuerza de trabajo en el municipio para esta actividad, también de alto nivel cultural.

En la vivienda se buscó asesoría del Centro Técnico de Materiales de la Construcción, para la creación de un taller a partir de materiales existentes en el municipio y con bajo consumo energético. Debe destacarse que en el período que se analiza, aunque no producto del taller antes mencionado sino del esfuerzo nacional y territorial desplegado por múltiples vías, la cantidad de viviendas catalogadas en estado “bueno” pasó de 45% a 68%, y la cantidad de viviendas electrificadas de 96.2% a 98.1%.

También en la actividad de servicios comunales, y con asesoría del CITMA se desarrolló un proyecto de producción de flores que rápidamente demostró su viabilidad económica.

Un proyecto de amplio efecto catalizador fue el de Informatización. Asesorado por el MIC y por INFOMED, se comenzó a crear, desde mediados de los 90 una red territorial que incluye hoy más de 250 computadoras y más de 40 puntos de correo electrónico, que vinculan al Gobierno Municipal con las empresas y otras entidades del territorio y con las redes nacionales, así como un Portal Municipal (http://localhost/yaguajay), y comenzó ahora a incorporar el Sistema de Información Geográfica.

Este esfuerzo inicial se vio enormemente potenciado por el desarrollo de la computación impulsado en la Batalla de Ideas.

Yaguajay es actualmente uno de los municipios que marcha a la vanguardia en la Informatización de la Sociedad.

La preparación de los cuadros del municipio recibió en el contexto de estos proyectos una atención especial. Un total de 394 cuadros de dirección del municipio y sus entidades participaron en actividades de capacitación formal en el período 1996-2003. El Ministerio de Educación Superior asesoró directamente esta tarea.

La experiencia de este grupo de proyectos permitió en el 2002 el tránsito a una etapa superior dada por la construcción de una “Estrategia de Desarrollo Municipal” para lo cual se constituyó un Grupo Ejecutor bajo la dirección del Consejo de Administración Provincial, que realizó un diagnóstico de la situación actual y definió acciones y objetivos en las tres áreas principales: sector industria, agropecuario y turismo. Este programa busca entre otros objetivos mantener un crecimiento de un 30% anual en la producción mercantil y alcanzar un crecimiento acumulado de 50% para el año 2006.

 

LAS REGULARIDADES DE LOS PROYECTOS DE YAGUAJAY

Independientemente de los elementos particulares de uno u otro proyecto, esencialmente diferentes, en los Proyectos de Yaguajay podemos hallar 8 rasgos comunes, identificables en cualquiera de ellos, trátese de salud, ganadería, turismo, vivienda u otros.

Estos son:

1.     Diseño de Proyecto: Todos partieron de un diagnóstico de situación actual de su área, con mediciones cuantitativas, y se plantearon objetivos precisos a alcanzar y acciones conducentes a esos objetivos. No es casual que una de las principales y más intensas acciones de capacitación para los cuadros del municipio haya sido precisamente en “Dirección de Proyectos”. Dirigir un proyecto es dirigir una transformación. Eso fue precisamente lo que aprendieron a hacer e hicieron.

2.     Gestión del Conocimiento: Todos los proyectos contienen elementos de innovación y asimilación de tecnologías que eran novedosas en el territorio. Se trata esencialmente de proyectos de innovación, más que de inversión, aunque varios de ellos indujeron a su vez movilización de recursos y pequeñas inversiones.

Debe destacarse el hecho de que en la casi totalidad de los proyectos el conocimiento y las tecnologías necesarias existían en el país, en determinados centros científicos, o universidades, o en otras empresas. Los proyectos de Yaguajay simplemente construyeron aceleradamente conexiones y catalizaron la circulación y utilización de conocimientos acumulados.

3.     Asesoría por Unidades de Ciencia y Técnica: El conocimiento y las tecnologías necesarias se fueron a buscar donde estuvieran. Este lugar fue en muchos casos, alguna de las más de 200 Unidades de Ciencia y Técnica de que dispone el país, o de las Universidades. Aquí ocurrió una inversión del modelo tradicional de “introducción de resultados” que coloca la UCT como agente central en busca de territorios o empresas “introductores”, y comenzó a surgir un modelo que coloca al Gobierno del territorio en la posición central, haciendo prospección y conexión con las UCT o las Universidades donde se encuentre el conocimiento que necesita.

4.     Mucha capacitación: Hay un componente explícito e intenso de capacitación en todos los proyectos. Así, entre 1996 y  el 2002 se realizaron, en el marco de estos proyectos, 181 actividades de capacitación formal, entre cursos, talleres y conferencias, que involucraron a más de 11 000 personas (en un municipio de 61 000 habitantes).

En algunos casos se crearon dispositivos permanentes tales como la “Unidad de Desarrollo Tecnológico” de la Empresa Pecuaria  “V-Congreso”.

Esta intensidad de capacitación incluyó, como ya se mencionó anteriormente, una atención especial a los cuadros del gobierno y sus diferentes sectores, así como de las empresas estatales. Ellos son “la columna vertebral de la Revolución”, como los caracterizó el Che.

5.     Multisectorialidad: Los proyectos se identificaron por sus objetivos, no por las organizaciones o sectores que los administran. Así, un objetivo como el de elevar el nivel nutricional de las embarazadas, desborda el sector salud; y un objetivo como el de la construir un potencial turístico a partir de valores ecológicos, arqueológicos e históricos del municipio requiere la participación de varios sectores.

6.     Participación: El “Proyecto Yaguajay” es conocido por la población. Ha sido divulgado y discutido, en las empresas y en los Consejos Populares. La participación popular no funcionó solamente como mecanismo de transmisión de orientaciones, sino que ocurrió desde la misma construcción de los proyectos.

7.     Conducción por el Gobierno Municipal: Proyectos multisectoriales y participativos de este tipo, que dependen mucho de la construcción de conexiones entre diversos actores sociales solamente pueden ser conducidos por el propio pueblo a través de su representante en ejercicio del poder: El Gobierno Municipal.

El Gobierno Municipal obviamente, no lo administra todo, pero tiene una insustituible función de facilitador y supervisor; identificando permanentemente tanto las oportunidades como las distorsiones; y garantizando la máxima potenciación entre actores y acciones aparentemente distantes, así como la coherencia con las estrategias de la provincia y del país. En el caso de Yaguajay esta función incluyó la creación de la “Oficina de Proyectos” del Gobierno Municipal, como grupo asesor del Presidente. De hecho, el Gobierno Municipal funciona como el principal catalizador de las interacciones entre centros científicos,  entidades docentes  y las empresas del territorio.

8.     La emergente función de la Sede Universitaria Municipal: Finalmente incluimos este fenómeno que no podemos todavía decir que se ha expresado en los proyectos en curso, pues en el momento en que se escribe este artículo es que comienza a manifestarse (las SUM surgieron hace apenas 2 años) pero que estimamos que puede tener una importancia extraordinaria.

Desde el surgimiento de la SUM en Yaguajay, esta se manifestó como uno de los actores principales de los proyectos de desarrollo socioeconómico, asumiendo una función de “captación y distribución de conocimientos” que se expresa, además de la masiva formación de recursos humanos, en la atención diferenciada a la capacitación de los cuadros de dirección, en la participación de los profesores de la SUM en todos los debates y análisis sobre el desarrollo socioeconómico del municipio y sobre los proyectos de desarrollo de las empresas, y en la orientación dirigida del plan de post-grado y de investigaciones de los profesores permanentes y adjuntos hacia los problemas de la producción y los servicios y hacia los indicadores socioeconómicos del territorio. La reciente creación dentro de la SUM de una Unidad de Análisis de la Economía Municipal (ya con 8 profesores) es una expresión concreta de esta función.

La SUM está llamada a convertirse en la institución docente y científica principal del municipio, en el “constructor de conexiones” para la circulación del conocimiento entre las instituciones del municipio y las de otros territorios, incluyendo los centros científicos de carácter nacional, y en el principal asesor del Gobierno para la expansión en el territorio de la “economía del conocimiento”.

El tránsito hacia una economía basada en el conocimiento tiene una importante dimensión cultural, que bien pudiera llegar a convertirse en el factor determinante de la velocidad del proceso general. Este es precisamente el campo de trabajo de la SUM.

Aquí termina la parte descriptiva de este artículo. Ya sabemos que lo ha estado sucediendo. Intentaremos ahora interpretarlo a la luz de las ideas actuales sobre la economía del conocimiento, e identificar las oportunidades creadas, así como los desafíos que nos plantea el aprovechamiento de esas mismas oportunidades.

 

LOS PROYECTOS DE YAGUAJAY Y LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO

Frecuentemente cuando se piensa en el término “Economía Basada en el Conocimiento” se produce una conexión mental con la imagen de laboratorios biotecnológicos, fábricas de computadoras o empresas de Internet.

Pero si logramos evadir la trampa de confundir la forma y el contenido; podremos atisbar que los elementos esenciales de la economía del conocimiento están también presentes en los proyectos de Yaguajay.

Veamos cuáles son:

-        Cambios tecnológicos rápidos en las empresas.

-        Viabilidad económica de las empresas dependiendo cada vez más de productos nuevos (diversificación y diferenciación de productos).

-        Desarrollo de productos de mayor valor añadido.

-        Vinculación de las empresas con Universidades y Centros de Investigación

-        Presencia permanente en las empresas de Proyectos de transformación, que requieren de los dirigentes una atención a la dirección de proyectos, añadida a la atención a los procesos básicos de reproducción ampliada de la producción y los servicios.

-        Necesidad de capacitación intensa y permanente de todos los trabajadores, y en especial de los cuadros.

-        Generación de nuevo conocimiento (frecuentemente generalizable) en las propias empresas, lo que se expresa en los casos más avanzados en el surgimiento de dispositivos de I+D dentro de las empresas.

-        Actividades sistemáticas de “circulación del conocimiento” dentro de las empresas, entre empresas y entre estas y las instituciones docentes y científicas; dentro y fuera del territorio.

-        Desarrollo de sistemas de aseguramiento de la calidad en todas las empresas, como forma de “capturar” y estructurar el conocimiento nuevo.

-        Informatización de la sociedad, y uso creciente de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

Se trata de procesos esenciales similares a los que hemos visto desplegarse en otros sectores tales como la Biotecnología; pero que ahora los vemos expresarse en la empresa pecuaria, en cultivos varios, en la vivienda, en el turismo, en servicios comunales y en muchos otros sectores.

La comprensión de esta realidad nos permite ver enormes oportunidades: la economía del conocimiento no es un fenómeno privativo de determinados sectores e instituciones, sino una transformación que puede y debe penetrar en todos los sectores de la producción y los servicios, en todos los territorios del país.

De hecho en varios países del sur hay experiencias fallidas de implantación de grandes instituciones de investigación científica, muy bien equipadas y con buenos cuadros por cierto, que han quedado yuxtapuestas pero no integradas a su propia realidad. Han continuado interactuando con sus pares en el norte, frecuentemente con buenos resultados académicos, pero no han logrado crear por si mismas una transformación en las capacidades de generación, circulación y utilización del conocimiento en las sociedades subdesarrolladas y fragmentadas por la propiedad capitalista que las rodean. La existencia de tales instituciones, en principio una buena idea, se revela así como una condición necesaria, pero no suficiente para el desarrollo socioeconómico.

 

LA ECONOMIA DEL CONOCIMIENTO Y EL SOCIALISMO

En el artículo precedente (Cuba Socialista No 30, 2004) desarrollamos la idea de que a medida que se vayan expandiendo los sectores de la economía en que el conocimiento es el insumo principal del proceso de reproducción ampliada de la producción y los servicios, se hará más aguda e insostenible la contradicción fundamental del capitalismo entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación; y la propia “economía de mercado” se irá convirtiendo en un freno al desarrollo de las fuerzas productivas, tal como lo previó Marx.

Al ser el conocimiento cada vez más el insumo principal y el determinante principal de la competitividad, la reacción previsible del capitalismo está siendo el intento de privatización del conocimiento, creando barreras de propiedad intelectual y barreras técnicas y concentrando cada vez más y en menos manos los dispositivos de investigación científica; todo lo cual va generando enormes costos de transacción y contradicciones en el proceso de circulación y recombinación de los conocimientos; que acabarán convirtiéndose en una barrera al progreso tecnológico mismo. En el momento actual, la velocidad a la que se generan nuevos conocimientos sobrepasa la velocidad a la cual pueden explotarse las consecuencias de cada pieza nueva de conocimiento o de tecnología en sectores e instituciones diferentes a aquellas en que surgió, y ello crea un potencial de creatividad en la “recombinación de conocimientos” y tecnologías provenientes de campos e instituciones diversas; incluso distantes. Pretender que ello suceda mediante relaciones “de mercado” entre “propietarios” de cada pieza de conocimiento implicará cada vez más un sacrificio de la eficiencia en aras de la propiedad privada.

La conclusión que se hace cada vez más evidente es que en la economía del conocimiento, la cooperación es más eficaz que la competencia.

A las contradicciones generales por el intento de privatización del conocimiento se suma también el abandono de la inversión social propio del capitalismo neoliberal, en el preciso momento en que la educación, la cultura y la salud se vinculan cada vez más directamente con las posibilidades de crecimiento económico.

De hecho, en la medida en que la producción y acumulación de conocimientos se convierte en la tendencia predominante del desarrollo de las fuerzas productivas, la clásica distinción entre inversión social (orientada al largo plazo) e inversión en sectores económicos buscando retorno directo e inmediato, va dejando de tener sentido. Ciertamente todavía necesitamos esa distinción, pero la tendencia que se vislumbra es a su borramiento. En la experiencia concreta de Yaguajay, el hecho de que el proyecto inicial y catalizador haya sido uno de “Salud” y que la implementación de éste haya creado necesidades de desarrollo y conexiones con otros sectores productivos, con la informatización, el cuidado (y uso) del medio ambiente, el empleo, y otros procesos, es indicativo del nuevo rol que adquieren los sectores llamados “sociales” como catalizadores del crecimiento económico.

Para muchos países la carencia de capital humano, y del clima de cooperación y cohesión social (que se comienza a caracterizar por algunos autores como “capital social”) se convertirán en los obstáculos principales para el tránsito hacia una economía basada en el conocimiento.

Este problema además es poco sensible a soluciones de urgencia. Hay en esto un problema de velocidades. La velocidad del desarrollo tecnológico genera demanda de capital humano tan rápidamente, que una acción de capacitación identificada después de la demanda tecnológica no logra darle respuesta. Solamente un esfuerzo pretérito acumulado en educación, cultura, salud y ciencia, puede garantizar que el capital humano esté disponible para responder a necesidades y a oportunidades que son poco previsibles.

Aún los países más industrializados comienzan a enfrentar esta contradicción, que deriva directamente aunque no puedan o no quieran reconocerlo, de las relaciones capitalistas de producción. Hay un intento en marcha de solución “por saqueo” del nuevo recurso limitante, que se expresa en las políticas de “robo de cerebros” implementadas explícitamente por varios países capitalistas industrializados. Puede ser que logren un paliativo por esta vía, pero no una solución de fondo; que requerirá transformaciones sociales profundas que ellos no pueden emprender.

Todas estas conclusiones, que extraíamos antes de la experiencia de la biotecnología cubana, se hacen aun más evidentes cuando analizamos la experiencia de Yaguajay como embrión de la construcción de una economía basada en el conocimiento a nivel territorial.

Los especialistas y cuadros necesarios para los proyectos de Yaguajay en su mayoría estaban ahí. El nivel cultural y la motivación de los trabajadores también. Los centros científicos y universidades que asesoran los proyectos igualmente existían.

Ahí estaba la obra de la Revolución de 40 años de creación de capital humano y de conciencia social.

Igualmente formaban parte de la realidad previamente construida la voluntad de cooperación e integración entre todos los actores sociales, y la legitimidad y experiencia del Poder Popular para conducir el proceso.

Acciones de cooperación concreta tales como  las que se dieron  y se dan en Yaguajay entre  Unidades de Ciencia y Técnica (Cenpalab, Inifat, Icidca, CIGB ),  Universidades y Empresas del territorio (CAI azucarero, Cultivos Varios, Empresa  Pecuaria, etc.) hubiesen sido imposibles en el contexto de relaciones “de mercado” y de la competencia por la ganancia.

El  viejo mito (ideológicamente sostenido) de la superioridad del mercado para guiar las acciones de los  actores sociales hacia el máximo rendimiento de la inversión, a medida que la sociedad se adentra en una economía basada en el conocimiento, sencillamente no funciona.

 

LOS RETOS Y LAS OPORTUNIDADES

La tendencia objetiva en las economías más avanzadas a transitar hacia una economía basada en el conocimiento es una oportunidad para Cuba por dos razones:

La primera es que el Socialismo crea un contexto de relaciones de producción mucho más capaz que el capitalismo neoliberal para responder a las necesidades de desarrollo del capital humano, de circulación de conocimientos y de participación e integración social que presupone el tránsito a la nueva economía.

La segunda es que esto no es en Cuba un descubrimiento del 2004, sino que hay 4 décadas de trabajo pretérito en desarrollo humano, garantía de la equidad social y consolidación de relaciones socialistas de producción, que han dado frutos en muchos terrenos y que en el campo concreto de la creación de sectores de la economía basados en la ciencia, ya han generado la experiencia exitosa del sector de la Biotecnología.

Procede recordar aquí que la expresión de Fidel de que “el futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de Ciencia…” es de enero de 1960, es decir, anterior a la Campaña de Alfabetización; y que la obra creadora de la Revolución ha sido constantemente coherente con esa idea partiendo del acceso universal a la educación, la proliferación de universidades y centros científicos, los movimientos masivos de innovación que se expresan en el movimiento obrero (la ANIR), las Brigadas Técnicas Juveniles y los Forum Nacionales de Ciencia y Técnica, pasando por  las inversiones de la Biotecnología en los 80 y 90, hasta la creación más reciente de la Universidad de las Ciencias Informáticas, y las revolucionarias e innovadoras estrategias de la Batalla de Ideas.

La plataforma de despegue que tenemos es alta y sólida. Ahí está la oportunidad, creada por el esfuerzo de nuestro pueblo y defendida tenazmente durante los años duros del Período Especial.

Pero no debemos olvidar que siempre las oportunidades vienen de la mano con retos, que es necesario enfrentar y vencer para poder aprovecharlas.

También debemos tener presentes las experiencias negativas de “injerto” de ciencia sin conexión con la economía en varios países del sur, el saqueo de recursos humanos con el robo de cerebros, el retraso tecnológico que ocurrió en la URSS en algunos sectores a pesar de su innegable excelencia académica y otros hechos similares que nos indican que los desafíos a vencer están ahí; y también son grandes.

La primera tarea es conocerlos bien. La experiencia concreta de los Proyectos de Yaguajay ya nos va permitiendo identificar algunos:

1.    La construcción de ciclos económicos completos en la base. La economía del conocimiento implica un proceso permanente de innovación, de “ensayo y error”, con nuevos productos y tecnologías, proceso que debe ser estimulado.

Ello requiere que las experiencias exitosas puedan retroalimentarse a si mismas directamente con los excedentes de producción y financieros que sean capaces de generar. Es la única manera de conocer, de manera objetiva, si algo realmente funciona.

En el sector de la Biotecnología, la creación de centros “a ciclo completo”, es decir, de investigación-producción-comercialización, creó en los difíciles años 90 las condiciones para que las experiencias económicamente positivas (aun las pequeñas) fueran reforzadas (con recursos), y no se diluyeran en los balances generales.

Este tipo de institución a ciclo completo es una experiencia que habrá que repetir en otros sectores, identificando cuidadosamente las instituciones que tienen condiciones para ello; y  supervisando de cerca el experimento.

También hay que tener en cuenta que en muchos casos, especialmente cuando se trata de productos de la innovación, el ciclo económico habrá que cerrarlo en el mercado exterior, no solo en el mercado doméstico.

Cuba, por su condición de país pequeño, tiene un mercado doméstico también pequeño (excepto para algunos productos y servicios muy masivos) y esos mercados pequeños generalmente no demandan, ni sustentan financieramente mucha innovación. El espacio para financiar desarrollo a partir de la innovación está principalmente en el mercado de exportaciones.

Un desempeño exitoso en las exportaciones nos permitirá además garantizar el acceso de nuestro Pueblo a los productos de la innovación en condiciones de cobertura total de la necesidad y de equidad, implementando en la práctica el importantísimo concepto de que el Pueblo Cubano no es “cliente” sino “dueño socialista” de nuestras empresas.

A las empresas innovadoras que tengan condiciones para ello habrá que irle creando conexiones directas con el mercado exterior (o “de frontera”), y desatarlas de los procedimientos que se lo impidan.

2.    La creación de “capacidad absortiva” de tecnología en las empresas. En el futuro iremos teniendo cada vez más empresas o grupos de empresas que realizan su propia investigación científica; pero en el momento actual la mayoría de las tecnologías e ideas sobre nuevos productos que las empresas necesitan no han surgido ahí, sino que se encuentran en centros científicos o universidades, o en otras empresas. La experiencia indica que la existencia simultánea de la necesidad y de la tecnología no son condiciones suficientes para que la innovación se implemente. La empresa debe tener capacidades de identificar, evaluar, adaptar y mejorar las ideas que se le proponen. Es lo que llamamos “capacidad absortiva de tecnologías”. En el pasado intentamos resolver este problema a partir de los centros generadores de las innovaciones, mediante esfuerzos de “introducción de resultados”. Es importante y necesario; pero tampoco es suficiente; porque este medio considera a la empresa como un ente pasivo, receptor, cuando es realmente la principal responsable de cerrar el ciclo económico de la innovación.

La solución de este problema no tiene “recetas”. Habrá que ir explorando ideas tales como la creación de departamentos “de desarrollo” en las empresas, la rotación periódica de especialistas y cuadros de las empresas por centros científicos, la participación (no-ejecutiva) de científicos y profesores universitarios en los consejos de dirección de determinadas empresas, y otras ideas que vayan surgiendo, para retener aquellas que mejor funcionen.

Será precisamente este proceso de construcción consciente de conexiones, ya sea a partir de la creación de Unidades de Producción en los colectivos científicos como se hizo en la Biotecnología, o a partir de la creación de Unidades de Desarrollo en las empresas, como se hizo en la empresa pecuaria de Yaguajay, el que haga surgir la empresa estatal socialista de alta tecnología, innovadora, exportadora, económicamente viable, y propiedad del Pueblo Cubano, que está llamada a ser el actor principal de la articulación entre la ciencia y la economía, y del tránsito hacia una economía basada en el conocimiento.

Este nuevo tipo de empresa, además de una organización productiva, será también una “organización de aprendizaje”,  donde sus trabajadores reciban capacitación durante toda su vida laboral, y en la que los directivos asuman la “gestión del conocimiento” en el mismo plano de responsabilidad en que asumen hoy la administración de sus procesos productivos y económicos.

3.    Las tareas del sector de la ciencia. Hoy tenemos un “sector”; un conjunto de instituciones administrativamente identificadas como “sector de la ciencia”, y en el futuro debemos seguir teniéndolo, pero su función irá evolucionando, a medida que la investigación científica se convierta cada vez más en un componente estructural de todos los demás sectores y se realice crecientemente dentro de los otros sectores, incluso dentro de las empresas mismas.

La articulación de la ciencia con la economía es, y será cada vez más, la misión principal del sector de la ciencia.

Esta misión se expresará a través de cuatro tareas principales:

a)    La construcción de conectividad para la circulación del conocimiento identificando permanentemente oportunidades de conexión entre puntos de generación y puntos de utilización del conocimiento, a nivel nacional y territorial, hasta crear en cada territorio del país, con sus condiciones particulares, redes locales de innovación.

Ya en Yaguajay podemos identificar un embrión de esta red. En esta dinámica de “gestión del conocimiento” a nivel territorial, ha surgido además en nuestro país en los últimos años un actor de tremendas potencialidades: la Sede Universitaria Municipal.

b). La creación de un contexto promotor y regulador para las negociaciones (principalmente las internacionales) basadas en “activos intangibles”; y la creación a partir de éstas, de flujos de financiamiento para la actividad científica.

La tendencia objetiva mundial en la economía basada en el conocimiento es hacia la proliferación de transacciones comerciales basadas en el valor de una patente o de una tecnología, o en el pronóstico de creación de valor de los proyectos, que se caracterizan colectivamente bajo el término de “activos intangibles”.

En este terreno en Cuba tenemos mucho valor creado y podemos crear mucho más. Pero crear un valor es una cosa, y ser capaces de obtener de este una justa realización económica es otra.

El proceso negociador a partir de activos intangibles será inevitable, pero las empresas e instituciones científicas no deben ir solas en estas negociaciones, sino respaldadas por el Estado en un contexto regulador que a la vez promueva que se realicen muchas de estas negociaciones y que éstas se realicen en las condiciones más justas y ventajosas posibles. Las polémicas actuales alrededor de nuestra legislación de propiedad intelectual son una expresión de la complejidad de este proceso.

También habrá que garantizar que la imprescindible protección de nuestros activos intangibles en transacciones internacionales, no complique la circulación de conocimientos y tecnologías entre nuestras instituciones estatales, dentro del país; que responden a otra ideología y tienen todas en última instancia el mismo “dueño”.

c)      La protección del “largo plazo” a través de la gestión de instituciones científicas que actúan en el campo de las ciencias básicas y/o de las innovaciones de muy alto riesgo, a las que es necesario brindar cierta protección contra la presión de “cerrar el ciclo económico”.

Hay que tener en cuenta además, que los cambios que se generan en el mundo de hoy por el desarrollo de las fuerzas productivas son acelerativos. Ello puede cambiar (comprimir) lo que es realmente el “largo plazo”, e introducir dentro de una generación el nivel de cambio que antes ocurría en varias. Lo que hoy son decisiones a largo plazo, pueden convertirse en medidas urgentes dentro de algunos años.

d)    La supervisión y evaluación global de todo el proceso de desarrollo científico-técnico y su interacción con la economía, lo cual es una ciencia en si misma.

La economía del conocimiento en el siglo XXI es un fenómeno global, donde el éxito de las acciones locales depende crecientemente de sus ventajas comparativas con lo que sucede en otras partes del mundo; todo lo cual es una realidad aun más presionante en una economía abierta como la nuestra.

4.    El equilibrio centralización/descentralización. Una economía basada en el conocimiento presupone una gestión económica descentralizada, donde empresas y territorios tengan opciones de explorar alternativas de productos y tecnologías, de innovar, de captar parte de los beneficios de su propia innovación y de utilizarlos para reforzar la innovación misma. Se requerirá una gestión económica que sea capaz de coexistir ventajosamente con el cambio constante de tecnologías y el ciclo de vida corto de los productos y servicios; y que pueda aprender “por ensayo y error” también a nivel local. La época de las producciones masivas y estandarizadas va quedando atrás, como consecuencia objetiva del desarrollo de las fuerzas productivas. Estos fenómenos nuevos, demandan también formas innovadoras de administración.

Tal descentralización es perfectamente coherente con el Socialismo, siempre que nos mantengamos firmes en el principio de la propiedad social sobre los medios de producción, y la distribución socialista (y crecientemente comunista) de los resultados de la producción.

Propiedad social y administración centralizada no son sinónimos, y en la experiencia de otros países que intentaron el Socialismo hay errores lamentables sobre esta relación, en ambos sentidos, primero cuando como consecuencia indebida e innecesaria de la propiedad social se crearon burocracias que limitaron la capacidad de evolución de la economía, y segundo, en sentido inverso, cuando buscando dinamizar las economías hicieron concesiones en el principio de la propiedad social. Los experimentos están hechos y se saben sus desastrosos resultados.

El reto es precisamente construir una gestión económica dinámica y descentralizada, en el contexto de un sistema de propiedad estatal que no se le contrapone, sino que como hemos discutido antes, se convierte en el contexto facilitador ideal para una economía basada en el conocimiento.

Ahora bien, la propia descentralización de la gestión económica que demanda la economía del conocimiento, también tiene sus riesgos; y las ingenuidades se pagan caras. Si en el extremo centralizador están la rutina, la pérdida de oportunidades de innovación, y la falta de capacidad de adaptación al cambio, en el extremo descentralizador están la utilización ineficiente de los recursos, las apropiaciones indebidas de los excedentes, y la prevalencia de los intereses empresariales sobre los de toda la sociedad.

¿Dónde está la zona intermedia de máxima eficacia? Esto habrá que irlo explorando. Lo que aporta en esta polémica la experiencia de Yaguajay es que el Gobierno Municipal puede ser un formidable garante de una gestión económica descentralizada, conjuntamente con una máxima vigilancia y protección de los intereses de la Sociedad Socialista en su conjunto.

Como recuerdo haber oído a Fidel decir en una sesión de la Asamblea Nacional: “mientras el Pueblo tenga el poder, lo tiene todo”.

5.    Dirigir y evaluar el proceso. La transformación de nuestra economía en una economía basada en el conocimiento es un proceso que no podemos dejar a la espontaneidad. Hay que dirigirlo y hay que evaluarlo. El Socialismo es también la dirección consciente de la Sociedad, donde el hombre deja de ser objeto pasivo de los procesos históricos y se convierte en sujeto consciente de la historia.

A esa aspiración nos adherimos todos.

Pero la identificación e implementación de las formas concretas de conducción del surgimiento de una economía del conocimiento, y la selección de los indicadores para medir el proceso no son decisiones triviales, sino desafíos muy complejos.

Más aún porque la construcción de una economía basada en el conocimiento, globalmente competitiva, a partir de las condiciones de un país industrialmente subdesarrollado, es algo que no ha ocurrido nunca y no tenemos muchos puntos de referencia.

Las sociedades humanas son un ejemplo excelente de “sistema complejo” en el sentido científicamente estricto del término, llena de interacciones múltiples, no lineales, entre muchas variables, que pueden generar transiciones de fase, comportamientos regulares o comportamientos caóticos, y cuyo análisis se resiste a predicciones reduccionistas en base a uno o pocos factores determinantes. Pero esa comprensión de complejidad no puede hacernos renunciar a su conducción, pues los seres humanos tenemos, además de nuestra capacidad inteligente de comprensión, también una capacidad moral que nos obliga a identificar lo justo y a luchar por eso. Podemos conocer el mundo como es, pero también debemos luchar por el mundo como debiera ser.

¿Qué cosa es en su expresión concreta un “desarrollo socioeconómico sostenible” basado en la gestión del conocimiento? ¿Cómo se dirige? ¿Con cuáles indicadores (no es obviamente el P.I.B clásico) debemos medir nuestro avance en la dirección correcta?.

He ahí nuevos desafíos que por ahora dejaremos como materia de otro artículo, y muy probablemente de otro autor.

 

ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO Y SOBERANÍA NACIONAL

Un componente visible y peligroso del discurso ideológico de la globalización neoliberal es la idea de la dilución de las soberanías nacionales en la “aldea global” y la pérdida de viabilidad de los estados nacionales.

El peligro está en que a globalización económica del capitalismo está ocurriendo sin una globalización equivalente del compromiso social y de la ética. El comportamiento de los países ricos capitalistas sigue siendo depredador y sin controles, pues si bien al interior de las naciones el Estado tiene una responsabilidad (que muchos no cumplen, pero al menos teóricamente la tiene) con el bienestar de todos los ciudadanos y con la reducción de las injusticias distributivas; a nivel de la competencia global entre naciones nadie tiene, ni siquiera teóricamente, esa responsabilidad. De ahí el proceso galopante del Siglo XX de concentración de riquezas y marginación de personas.

Al desplazar la explotación del trabajo fuera de las fronteras nacionales, el imperialismo pone en marcha un proceso regresivo en materia de justicia social; pues sitúa la explotación fuera del alcance de los controles que las luchas obreras llegaran a conquistar dentro de los espacios jurídicos de las naciones.

El ataque ideológico contra el concepto de soberanía nacional busca quitar uno de los pocos frenos que aún puede tener la conducta depredadora del capitalismo global. Su avance generará más injusticia, más destrucción del medio ambiente, más polarización de la riqueza y más marginalidad. Así, el ataque ideológico al concepto de soberanía nacional es una idea profundamente reaccionaria; no un elemento positivo de “post-modernidad” como se le pretende presentar.

Ahora bien, la defensa de la soberanía nacional pasa por garantizar la viabilidad económica de las naciones, como espacio en que se garantiza la reproducción ampliada de la vida material. De lo contrario no habría “naciones” sino reservas etnológicas y folklore.

¿De que depende entonces esta viabilidad económica? La tendencia que estamos presenciando (aún incipiente, pero claramente distingible) es a que depende cada vez menos de los recursos naturales y cada vez más de la capacidad de asimilación, utilización y generación de conocimientos.

No es un proceso completo todavía, y por muchos años para muchas naciones (por ejemplo los países petroleros) el control de sus recursos naturales será el determinante principal de su soberanía.

Pero nosotros no somos un país petrolero. La mayoría de los países del sur no lo son. En esos países pobres (de Africa por ejemplo) la soberanía nacional se asienta sobre sistemas productivos de bajo valor añadido cuya viabilidad depende entonces de la ayuda exterior (o del turismo) y esta viene acompañada de condicionamientos políticos.

La función de la ciencia y la tecnología como instrumentos de explotación en la etapa imperialista (o en sentido inverso, como arma de liberación) está poco estudiada en los textos políticos porque la conexión directa entre la ciencia y la economía es un fenómeno relativamente reciente, y no hay experiencia histórica suficiente para su análisis, pero ya puede intuirse que el desarrollo científico-técnico, y su articulación con la economía (ambas cosas; una sola no es suficiente) se convertirá cada vez más en parte de la lucha por la igualdad, la independencia y las identidades nacionales en el Siglo XXI. Si se continúa polarizando el desarrollo científico-técnico, habrá una polarización equivalente en el ejercicio real de los derechos económicos de la humanidad.

Este problema no se resuelve solo con instituciones científicas, por muy necesarias que estas sean (y lo son).

La construcción de una opción soberana de desarrollo socioeconómico requiere la creación de un aparato productivo capaz de asimilar con rapidez nuevos conocimientos y tecnologías, de adaptarlos y enriquecerlos, y utilizarlos para incrementar el valor añadido y la diferenciación de sus productos y servicios, y de conectarse a través de estos, a los flujos económicos globales.

Esas capacidades tienen que estar en las empresas; y aquellas experiencias que vayan logrando un desempeño en este campo de la economía del conocimiento, hay que expandirlas y hacerlas ocupar espacios crecientes en la economía nacional: no son un lujo de vitrina; son semillas a fertilizar.

En Cuba la experiencia del sector de la Biotecnología, que analizamos en un artículo precedente, nos demuestra, la potencialidad económica de organizaciones de investigación-producción-comercialización de alta tecnología. Pero también la experiencia de los Proyectos de Yaguajay (y de la vinculación entre instituciones científicas y empresas del territorio), que hemos analizado en el presente artículo, nos indica que los procesos fundamentales que determinan el surgimiento de una economía basada en el conocimiento, pueden ocurrir (y ser estimulados) en cualquier territorio, en empresas estatales e instituciones sociales como las que tenemos miles en nuestros 169 municipios. No  hay nada “extraño” en la experiencia de Yaguajay. Esta puede y debe extenderse a otros territorios, teniendo en cuenta las especificidades de cada uno, y el momento histórico en que cada experiencia se inicia. De hecho en el momento en que se escribe este articulo, ya hay un proceso en marcha de intercambio de experiencias con otros municipios. Es un debate que debe ser muy cuidadoso y profundo, pues de lo que se trata no es de imitar las tareas concretas que se emprendieron en Yaguajay, sino de extraer de esas los rasgos esenciales y los fenómenos subyacentes por los que se expresan las ventajas del Socialismo para el transito a una economía basada en el conocimiento, aun a partir de las condiciones de un territorio poco industrializado.

Esperemos que el presente artículo  en Cuba Socialista pueda contribuir a ese debate. 

El proceso es incipiente y habrá mucho que aprender y perfeccionar, y habrá también errores a rectificar, pero ya va conformando una experiencia que estimamos conviene exponer, analizar y someter a crítica.

Más aún, y esto es lo más importante, la experiencia construida, y su comparación con las de otras latitudes, nos indica las enormes potencialidades del Socialismo para la construcción de una economía basada en el conocimiento, creadora de riqueza material y espiritual, que garantice (y sea a su vez garantizada por) la justicia social

El enemigo, aunque no lo reconozca, intuye lo mismo y esa es la razón por la que nos ataca con tanta obstinación.

Y es también la razón por la que nosotros defendemos nuestro Socialismo con firmeza y con éxito.