Antonio de la Cova: de terrorista a informante del FBI

La historia de un soplón

 

Raúl Álzaga Manresa

 

 

A la memoria de Enrique “El Chino” González, presidente de la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico.

 

 

En la madrugada del 6 de mayo de 1976, Antonio De la Cova, un joven delgado, de piel blanca, con aspiración a patriota, se dirigía junto con sus dos cómplices en un auto compacto, modelo Ford Pinto del año 1974, a la tienda de pornografía localizada en la Calle Ocho y la Avenida 34 del South West de Miami.  El propósito de De la Cova y de sus dos cómplices era colocar un artefacto explosivo en ese negocio por suponerlo un centro pro-castrista.

 

También en Miami, en 1975, Vicente y Eliseo, dos de los fundadores de la revista Areíto fueron víctimas de atentados terroristas en sus respectivas residencias.  Antes del primer atentado, en marzo de 1975 y, probablemente antes del segundo atentado, en noviembre de ese mismo año, ese mismo grupo terrorista ya había sido infiltrado por un informante del FBI, Miguel Ángel Peraza.  Peraza era miembro de la Brigada 2506 y llevaba varios años como informante del FBI. 

 

En los casos de los atentados contra los miembros del equipo de Areíto el FBI tenía conocimiento previo de ambos, y no tomó ninguna medida preventiva para evitar que se realizaran.

 

Durante el año 1975, Miami se convirtió en una zona de guerra.  Antiguos compañeros de lucha se mataban o se agredían mutuamente por rencillas personales, rivalidades en los negocios del tráfico de drogas o por el control político de la comunidad, en momentos cuando el control político de ésta por parte de los hasta entonces líderes tradicionales del exilio cubano se desmoronaba como consecuencia de su derrota por la revolución cubana.

 

Más de 47 atentados con explosivos, innumerables intentos de colocación de bombas y varios asesinatos fue el saldo terrorista del año 1975 en la ciudad de Miami.

 

Para esa fecha De la Cova escribía artículos para el periódico Libertad, cuyo dueño y director era Rolando Mansferrer, personaje siniestro de la dictadura batistiana, con quien De la Cova tenía amistad.  Mansferrer había sido jefe de los “Tigres de Mansferrer”, organización para-militar, al estilo de los escuadrones de la muerte, que durante la dictadura de Fulgencio Batista se caracterizó por perseguir, torturar y asesinar, en la provincia de Oriente, a decenas de revolucionarios e, inclusive, a muchos ciudadanos no comprometidos en la cuestión política.

 

El arresto de Antonio De la Cova y su grupo, en 1976, fue el primer golpe que las autoridades federales norteamericanas infligieron contra el terrorismo contrarrevolucionario cubano.  El 6 de agosto de ese año, De la Cova fue declarado culpable de varias violaciones a la ley de armas y explosivos y sentenciado a un total de 65 años de cárcel.  En la lectura de la sentencia se suscitó una situación poco común cuando el propio abogado de la defensa, Robert Josefsberg, dio lectura a una declaración que decía: “…No ha sido fácil, señor juez.  Hemos tenido muchos desacuerdos, y disiento por completo de las manifestaciones que del señor De la Cova me ha pedido leer.  He tratado de enseñarle a Tony que colocar bombas para atraer la atención a una causa no es la forma de hacerse oír en este país.  Para mí la forma de hacerse oír en este país es en un Tribunal libre, como éste”.

 

En agosto de 1978, desde la cárcel, De la Cova, comenzó a ser publicado en el La Crónica –semanario contrarrevolucionario cubano publicado en San Juan de Puerto Rico- en un principio en forma de cartas y, más tarde, en una columna permanente.

 

Cabe resaltar una de esas cartas escrita en prisión en agosto de 1979, en la cual, reflejando su odio y desprecio a los miembros de la revista Areíto y de la Brigada Antonio Maceo, De la Cova señala que si él y su grupo de terroristas no hubiesen sido arrestados en mayo de 1976, la Brigada Antonio Maceo y la revista Areíto no existirían en aquel momento.

 

Ese pichón de terrorista ignoraba, probablemente ignora aún hoy, que los procesos políticos iniciados por la revista Areíto y por la Brigada Antonio Maceo no se detienen ni con bombas ni con muertos.

 

Debe ser señalado que el periódico La Crónica fue la publicación que dirigió los más fuertes ataques contra nuestro compañero, Carlos Muñiz Varela, durante los cinco meses previos a su asesinato, ocurrido en San Juan en abril de 1979, y que, además, luego de su muerte, propagó infundadas razones de su asesinato con el obvio propósito de encubrir a los culpables y desviar la atención de la investigación.  No hay que olvidar que dos de los principales sospechosos de ese asesinato son Julio Labatut, co-director y relacionista público de La Crónica y el ex teniente coronel de la Policía de Puerto Rico, Alejo Maldonado, íntimo de Labatut, quien llegara a cumplir 24 años en prisión por delitos de robo y asesinato.

 

En agosto de 1982, luego de dos años de gestiones realizadas por Gloria Gil, co-directora de La Crónica y por sus aliados de la extrema derecha puertorriqueña, entre los que se encontraban el senador Nicolás Nogueras y el representante Freddy Valentín, ambos miembros del Partido Nuevo Progresista (PNP), anexionista, De la Cova sale de prisión y vino a residir a Puerto Rico.  Sirvió sólo 6 de los 65 años a los que fue condenado.

 

Una vez en San Juan, De la Cova es nombrado director de La Crónica y, apenas después de cuatro meses de ocupar esa posición, recibe, en enero de 1983, una notificación de la Oficina Federal de Probatoria de San Juan, prohibiéndole escribir o participar en cualquier actividad que exacerbara los ánimos políticos.  De la Cova entonces comenzó a utilizar diferentes seudónimos para continuar escribiendo, entre los que se encuentra el de Armando André, su preferido.

 

A la celebración de la Cena Martiana en San Juan de ese año de 1983 fue invitado Armando Valladares.  La presencia de Valladares  provocó denuncias por parte de los sectores intelectuales puertorriqueños.  El gobierno insular, temiendo problemas en la Cena Martiana, envió cinco agentes de la División de Inteligencia de Puerto Rico para que dieran protección.  De la Cova aprovechó la presencia de esos agentes para establecer una relación aventurera que lo convertiría meses más tarde en periodista confidente de la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico.

 

Una de esas aventuras lo llevó a presentarse el 22 de septiembre de 1983 en el Instituto de Medicina Forense de Puerto Rico, identificándose al patólogo forense, Dr. Rafael Criado, como el agente de la policía, Antonio González Abreu.  De la Cova le solicitó al Dr. Criado toda la documentación que tuviera sobre el asesinato de Carlos Muñiz Varela.  Criado, quien siempre ha estado presto a colaborar con todo lo que tenga olor a policía, sin pedir identificación u autorización alguna, le entregó a De la Cova la información, incluyendo, todos los negativos de las fotografías del cadáver de Muñiz Varela.

 

Utilizando su seudónimo de Armando André, De la Cova, a finales de abril de 1984, coincidiendo con el aniversario del asesinato de Carlos, publicó en La Crónica grotescas fotos del cadáver de Muñiz Varela, después de habérsele realizado la autopsia, acompañando un artículo titulado, “Vinculan sexo y Mafia en muerte de Muñiz Varela”.  El propósito perseguía dos objetivos: intentar confundir y así proteger a los asesinos, y amedrentar y desmoralizar a los compañeros de Carlos Muñiz.

 

Al contrario de las expectativas de este sicópata, en septiembre de 1984, la viuda de Carlos Muñiz radicó una solicitud de interdicto preliminar y permanente en contra del periódico La Crónica, de manera que éste se abstuviera de continuar publicando dichas fotos, la cual tuvo efecto inmediato.  Además, se radicó una demanda civil por daños y perjuicios ante los Tribunales.

 

El 12 de marzo de 1985, el juez del Tribunal Superior de San Juan, Peter Ortiz, luego miembro del Tribunal Supremo de Puerto Rico, falló a favor de la viuda de Muñiz y en contra de La Crónica, Gloria Gil y De la Cova.  Al referirse a De la Cova en su decisión el Juez Ortiz dijo: “Nunca antes en nuestra función judicial nos habíamos encontrado con un testigo que, aunque evidentemente inteligente, declara de una manera tan evasiva, tratando de encajar sus testimonios a un plan preconcebido de sostener la legalidad de sus actuaciones y evitar a toda costa que se dicte un remedio en su contra.  Hasta en su tono de voz se palpaba el desprecio y odio que tenía hacia la demandante, sus abogados y las ideas que estos representan.  En un país democrático como el nuestro, con instituciones judiciales amparadas en la protección de los derechos constitucionales de los ciudadanos, esa clase de persona no merece crédito alguno”.

 

Semanas después, la Oficina Federal de Libertad Bajo Palabra arrestó a De la Cova por violación de su probatoria.  Después de dos meses y medio de ese arresto, la Oficina de Probatoria Federal decidió no presentar evidencia que justificara la permanencia de De la Cova en prisión.  Hoy se sabe, inclusive a través de sus propios abogados, los licenciados Sergio Ramos y Guillermo Toledo, que la razón por la cual en esa ocasión no se le retiró su probatoria y no fue enviado a terminar de cumplir su condena original, fue porque De la Cova aceptó ser reclutado por el FBI, convirtiéndose en informante de esa agencia.

 

No sólo informante de los que el FBI considera ser subversivos, sino, también, informante de sus propios compañeros.

 

Así se entiende por qué, por primera vez en Puerto Rico, una publicación de la contrarrevolución cubana – La Crónica-  publicaba artículos relacionados con la política puertorriqueña, mientras en sus páginas, disminuyó la publicación de artículos relacionados a Cuba.  Esos artículos suscitaron una dura confrontación con determinados sectores del independentismo puertorriqueño.

 

En agosto de 1985, el FBI asestó un duro golpe al Ejército Popular Boricua, Macheteros, al arrestar a unos quince miembros de dicha organización.

 

Las páginas de La Crónica intentaron desprestigiar y aislar a ese sector del independentismo y De la Cova, de acuerdo a su nuevo rol, se convirtió en uno de los artífices de dicho plan.

 

El asesinato de dos jóvenes independentistas en el Cerro Maravilla, en julio de 1978, provocó una investigación por parte del Senado de Puerto Rico la cual descubrió de que los miembros de la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico fueron los que llevaron y luego asesinaron a sangre fría a los dos jóvenes independentistas.  Hechos que provocaron el progresivo desmantelamiento de dicha División la cual dejó de existir a partir de 1987.

 

A finales de mayo de 1987, De la Cova visitó la residencia del ex agente de la División de Inteligencia, William Colón Berríos, con el propósito de hacerle una entrevista para La Crónica.  Berríos había sido condenado a cinco años de prisión por perjurio y había sido uno de los agentes de esa División que se encontraba presente en el momento de los asesinatos en el Cerro Maravilla.

 

Menos de dos semanas después, el 7 de junio de 1987, el ex policía y después periodista, Abraham González Laboy, le hizo una entrevista también a Colón Berríos para la radioemisora, WKAQ.  La entrevista radial a Colón Berríos se trasmitió el 14 de junio, mientras que la hecha por De la Cova a Colón fue publicada dos días después.

 

En ambas entrevistas el mensaje principal era la acusación que hizo Colón Berríos de que existía una persecución por parte del partido gobernante, el Partido Popular, en contra de los ex agentes de la División de Inteligencia.  Implicaba que el propósito de esa campaña era terminar de desmantelar la División de Inteligencia.  Colón Berríos también acusó al entonces superintendente de la policía, Carlos López Feliciano, de tener una carpeta de subversivos en la División de Inteligencia que contenía los nombres de más de 60 mil puertorriqueños.

 

Días más tarde, el 18 de junio, en el programa radial, Foro, en la radioemisora, WKAQ, De la Cova alardeó de sus vastos conocimientos sobre lo que llamó el terrorismo puertorriqueño y sobre la gran amenaza que este representaba para Puerto Rico.  En el transcurso entre el 18 al 30 de junio, esa misma radioemisora, WKAQ, recibe un listado de alrededor de mil separatistas y supuestos subversivos puertorriqueños. La radioemisora decidió no darla a la publicidad y, en vez, se la entrega a la agencia noticiosa, Prensa Unida Internacional (UPI), la cual decidió hacer publico –parcialmente-, durante el fin de semana de ese 4 de julio, información incluida en esa lista.

 

El 8 de julio, el diario El Vocero, señalaba en un artículo en primera plana la existencia de otra lista, ésta de cincuenta y cinco cubanos, residentes en Puerto Rico, considerados ser subversivos.  Ese mismo día, el presidente de la Comisión de Derechos Civiles, agencia gubernamental del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, el licenciado, Enrique González y el director del Instituto de Derechos Civiles, Charles Hei, asistieron al programa, Foro, en la WKAQ.  Durante el programa comentaron sobre la circulación en el país de esas listas y, en el caso de la Comisión, anunciar el inicio de una investigación sobre la situación creada que era una clara violación de los derechos civiles de un gran número de personas en el país.

 

Durante la transmisión de ese programa el que escribe llamó por teléfono y luego de identificarse y señalar que era uno de los que se encontraba en la lista de los cincuenta y cinco cubanos considerados subversivos, sugirió una hipótesis sobre los hechos.

 

Planteó que las declaraciones de Colón Berríos pudieran ser parte de una campaña contra el Partido Popular dado que en las semanas previas se habían estado llevando a cabo una serie de juicios contra los ex agentes de la División de Inteligencia vinculados a los asesinatos del Cerro Maravilla.  Esto pudiera estar motivado con el propósito de crear una crisis y desviar la atención pública de los juicios.  Las características de las listas que se habían hecho circular indicaban que los responsables principales de hacerlas circular bien pudieran ser Colón Berríos y Antonio De la Cova dado que la lista de los cincuenta y cinco cubanos residentes en Puerto Rico, supuestamente subversivos, era muy parecida a previas listas publicadas por De la Cova en La Crónica.

 

El 29 de julio siguiente se iniciaron las vistas públicas celebradas por la Comisión de Derechos Civiles.  Durante los primeros días comparecieron a testificar todos los antiguos superintendentes de la Policía, ayudantes a ex gobernadores, líderes de todos los partidos políticos, jueces retirados y directores y agentes de la División de Inteligencia.

 

Lo primero que salió a relucir, de manera inequívoca, fue la práctica, por parte del gobierno insular, desde que los Estados Unidos invadió y ocupó a Puerto Rico en 1898, de almacenar información de todo aquel que a las autoridades le oliera a independentista.  Se escucharon también declaraciones de contrición y sobre la intención de enmendar procedimientos y regulaciones con el propósito de que en el futuro esas situaciones no se repitieran.

 

Después comenzó a saberse, de forma lenta y dificultosa, el estrecho vínculo entre De la Cova y agentes de la División de Inteligencia.  El jefe de la Sección de Extranjeros y Asuntos Sindicales de esa División, sargento Enio Serrano, intentó responder con evasivas, con los “no recuerdo” y “desconozco” de esos casos, tratando, además, de tener poco conocimiento sobre De la Cova. Sin embargo, en esa primera ocasión, el sargento Serrano, eventualmente tuvo que admitir que en sus cinco años de servicio en esa División, había visto a De la Cova en seis diferentes ocasiones.

 

El sargento Serrano testificó por segunda vez los días 29 y 30 de septiembre. En esa ocasión se mostró más cooperador que la vez anterior, aunque siempre tratando de dañar lo menos posible a su amigo De la Cova. El presidente de la Comisión le fue mostrando una serie de memorandos oficiales, nueve en total, escritos por el propio Serrano, los cuales contenían información de cubanos, supuestamente castristas, residentes en Puerto Rico.  En todos ellos se mencionaba “una fuente amiga” como el origen de la información.

 

En esos documentos se señalaban como agentes castristas a personas como los oficiales de la columna del ex comandante del Ejército Rebelde cubano, Huber Matos, quien actualmente es presidente de la organización contrarrevolucionaria Cuba Independiente y Democrática (CID); Raúl Varandela y Vicente Rodríguez Camejo; a José Antonio Herrero, asesor al presidente de la Cámara de Representantes de Puerto Rico; al abogado exilado Carlos López Lay, ex miembro de la junta directiva del periódico Réplica; a los profesores universitarios Ricardo Cobián, Pedro Zervigón y José Ramón Villalón, entre otros.

 

Los documentos también incluían de Ricardo Fraga y Raúl Álzaga, ambos fundadores de la revista Areíto y de la Brigada Antonio Maceo.  Más un informe de vigilancia de la residencia de Ricardo Fraga que duró desde octubre de 1985 hasta febrero de 1986.

 

Y lo más importante, estos documentos incluían una lista de cubanos de cubanos castristas residentes en Puerto Rico, idéntica a la circulada en el país a principios de julio y entregada al sargento Serrano por la “fuente amiga” en febrero de 1986.

 

Finalmente, después de evadir lo que el presidente de la Comisión le preguntaba, Serrano admitió que la “fuente amiga” tantas veces citada era Antonio De la Cova.  Así comenzó a despejarse el camino que llevaría a la Comisión a determinar el origen de las listas de subversivos circuladas en el país.

 

Para lograr que De la Cova testificara ante la Comisión, ésta tuvo que recurrir en más de una ocasión a los tribunales para obligarlo a testificar bajo amenaza de encarcelación.  Al fin De la Cova testificó: en una ocasión en sesión ejecutiva, y en dos otras ocasiones en sesiones públicas.

 

Después de esas tres sesiones la Comisión llegó a las siguientes conclusiones:

 

1. “La estrecha relación de De la Cova con ex miembros de la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico y miembros de dicha División, al punto de considerarlo una “fuente amiga”.

 

2. La forma consistente en que De la Cova ha venido violando las restricciones impuestas por la Oficina de Probatoria Federal al escribir con seudónimos y al envolverse en actividades de vigilancia que conllevan al robo de la propiedad privada del vigilado, actividad que es considerada un delito dentro del Código Penal de Puerto Rico.

 

3. La similitud, casi exacta, entre las listas hechas por De la Cova en el pasado con las de los supuestos cubanos castristas circuladas en el país durante el mes de julio de 1987, la que, a su vez, es similar a la entregada por él a la División de Inteligencia el 10 de febrero de 1986.

 

4. La posibilidad real de que De la Cova, con la ayuda de otras personas de la División de Inteligencia, haya preparado la lista de los mil puertorriqueños, incluso, casi un año antes de haberla circulado entre los medios de comunicación del país.”

 

La Comisión de Derechos Civiles decidió terminar los trabajos de ese día citando la opinión del juez del Tribunal Supremo de Puerto Rico, Peter Ortiz, en la que éste declara a De la Cova una persona sin ninguna credibilidad.

 

Ese mismo día, 23 de octubre de 1987, en horas de la tarde, el Superintendente de la Policía, Carlos López Feliciano, firmó una orden desmantelando oficialmente la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico.

 

Los que circularon las listas de separatistas y subversivos pensaron que con sus acciones evitarían el desmantelamiento de la División de Inteligencia, pero cinco meses después de comenzar su conspiración obtuvieron el resultado contrario.

 

Faltaba una pieza al rompecabezas: la relación de De la Cova con el FBI entre 1985 y 1988.  Esta la descubrirían los propios compañeros de De la Cova a final de 1988, cuando se enteraron que incluso ellos fueron víctimas de la vigilancia de De la Cova.

 

Nuevas interrogantes surgieron de estos hechos, las cuales deberán ser investigadas y aclaradas.  Cabe preguntarse si el FBI jugó un papel en cuanto a la circulación de las listas de separatistas y subversivos en mayo de 1989 y, también, si el FBI asesoró y controló la actuación y comportamiento de De la Cova, quien en aquel momento era un testigo siendo investigado por una comisión gubernamental del gobierno insular.

 

En cuando a De la Cova, las autoridades federales hicieron caso omiso al señalamiento hecho por la Comisión de Derechos Civiles sobre las actividades de De la Cova que demostraba la violación de las restricciones de su probatoria.

 

Él, a su vez, desapareció de la escena política y es incierto su actual paradero. Aunque, lo que sin lugar a dudas es cierto, es que el que empezó como aspirante a patriota terminó siendo un alocado pichón de terrorista y vulgar chota de sus propios compañeros. //

 

 

El artículo anterior fue publicado originalmente en Areíto, abril de 1992, Volúmen III, Número 10-11, Segunda Época

 

 

Actualización

 

En 1989, luego de terminadas las vistas de la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico, en las que Antonio De la Cova quedó al descubierto como informante de la División de Inteligencia de Puerto Rico y del F.B.I., éste desapareció de la escena puertorriqueña, dejando atrás a su compañera sentimental y directora del semanario La Crónica, Gloria Gil.

 

No mucho después, De la Cova reaparece cursando estudios para una Maestría en Estudios Latinoamericanos en San Diego State Univesity. Tal pareciera que de la mano lo llevaron de San Juan de Puerto Rico a San Diego de California.

 

En 1994 terminó su doctorado en historia de la América Latina en West Virginia University, muy cerca de Langley, Virginia, sede de la Central de Inteligencia de Estados Unidos.

 

En 1995 se estrenaba como profesor universitario de historia en la Universidad North Florida. Ahí apenas estuvo un año para después impartir clases, también de historia, en la Universidad Jacksonville, Florida.  En esa institución también solamente permaneció un año. Luego entre 1997 al 2002 impartió clases en el Departamento de Humanidades del Rose-Hulman Institute of Technology en Indiana.

 

El Dr. Héctor Romero, profesor en la University of Texas-PanAmerican, en una recomendación que escribiera a favor de De la Cova, dejó saber que éste, al haber estado viajando por la América Latina durante los previos 25 años como “Académico” (Scholar) y periodista, por sus experiencias adquiridas durante todo ese tiempo, hacían que sus clases fuesen muy interesantes… A partir del 2003, De la Cova, comenzó a impartir clases en el Latino Studies Program de la Universidad de Indiana.

 

Pudiera suponerse que al contar a sus estudiantes sobre sus experiencias adquiridas el Doctor De la Cova les relatara sobre sus conocimientos de cómo fabricar y colocar bombas como hizo en Miami durante los años 70, así como sus experiencias adquiridas durante los cinco años que cumplió en prisión de la condena de sesenta y cinco años a los que fue condenado por lo de las bombitas…  Bien pudiera también relatarle el Doctor De La Cova a sus estudiantes cómo se las ingenió para que las autoridades federales le permitieran cumplir sólo cinco de los sesenta y cinco años a los que fue condenado por terrorismo, como sobre sus experiencias en prisión en Puerto Rico en 1985 por violación de sus condiciones probatorias.  Y, sin lugar a dudas, podemos suponer que, el Doctor De la Cova, le contará a sus estudiantes universitarios de sus experiencias adquiridas como informante del FBI y de la tristemente célebre División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico.

 

Y, por último, quizás también el flamante Doctor De la Cova pudiera contarles a sus estudiantes sobre su íntima amistad con dos de los dirigentes políticos puertorriqueños que intercedieron a su favor ante la Junta de Palabra de Puerto Rico para que le devolvieran su libertad condicional. Uno de ellos fue el ex senador anexionista y presidente del Senado de Puerto Rico, Nicolás Nogueras, quien eventualmente fuera expulsado de esa augusta Cámara por el pleno del Senado por actividades delictivas.  El segundo fue, el ex representante insular, Freddy Valentín, quien hasta recientemente cumplía condena en la prisión federal de Englewood, Florida, por delitos de “Venta de Influencias”.

 

En los últimos tiempos se le puede oír y ver a este doctorcito en las radioemisoras y estaciones de televisión miamenses, con su laptop a cuestas, despotricar contra todo aquel que considere su enemigo.

 

De lo que nunca habla es sobre la verdad de quién es él y sobre lo que ha hecho.  Y como sabemos que nunca lo va a hacer por eso hemos decidido publicar nuevamente el artículo original sobre el flamante Doctor en Historias y añadirle esta Actualización. //

 

Raúl Álzaga Manresa es fundador de la Revista Areito. Es un  asiduo colaborador de nuestra revista.