Félix murió deshidratado

 

 

 Ilse Bulit

 

 

Dice el hijo sobreviviente, piel quemada y 45 libras menos de peso, que Félix el gordo  era hueso y pellejo cuando, después de un día tirado en la borda, lanzaron su cuerpo al mar. Goloso empedernido, bebedor de cerveza de famosa  marca, tres hijos de diferentes enlaces, excelente mecánico de equipos de refrigeración y  apreciado en el barrio porque no cobraba caro, él, gran devorador de manjares, fue un  festín para los tiburones. La lancha los había recogido  en la playa Cajío, al sur de provincia Habana, a mediados de octubre. El posible destino era Cancún. Y después, el paso de México a los Estados Unidos. Como ciudadanos cubanos, remedio santo, el favoritismo de  la Ley de Ajuste Cubano les aseguraba la residencia.


Nunca oí a Félix el gordo hablar de política, ni siquiera de béisbol. Con placer casi erótico narraba sus desayunos con tortillas inmensas de seis huevos que ahogaban las papas.

El motor de la lancha que les transportaba se descompuso sin remedio. Dieciséis  días a la deriva. Solo agua y algún alimento para los primeros cinco. Luego, sol y desesperación. Félix miraría al cielo y las nubes tomarían la forma de sus viandas favoritas. Ya no exigiría  su marca preferida de cerveza, cualquiera le vendría  bien. Sobre todo, la más aguada del mundo.

El primero en morir fue el que enloqueció y se lanzó al mar. Otros murieron, deshidratados como mi vecino  hasta que aquel barco los encontró y los trasladó a la Guardia Costera.

Será por el calor, por estas ventanas y puertas abiertas a la calle, el cubano es de corazón y palabra fácil. Cuenta sus alegrías y desgracias de esquina en esquina, de casa en casa. Y hoy se escucha como en un coro esta exclamación: ¡Fue una locura! Y lo piensa y dice, aquel que le carga al bloqueo hasta el peso incompleto en la bolsa de arroz; y el otro, quien  culpa a la Revolución hasta  del embarazo de las chicas adolescentes.

El tráfico de personas  aumenta en el mundo como aumentan las causas principales  que lo provocan:

-difíciles condiciones de vida en los países menos desarrollados.
-endurecimiento de las políticas migratorias en los países industrializados.
-en la cuestión cubana, estas causas presentan zigzagueos especiales.

Si bien el bloqueo no es culpable del robo en el kilo de arroz por el bodeguero, sí lo es por el  cierre a numerosas posibilidades económicas y al desarrollo social, y  sí es un feroz obstáculo  ese brutal engendro crecido día a día desde su nacimiento.

Si el endurecimiento a la entrada legal en los Estados Unidos incita a estos viajes sin final, la existencia de la Ley de Ajuste Cubano que acoge en sus brazos a quienes tocan tierra fraudulentamente, ¿no es un  acicate mayor?

Félix, así de simple, murió deshidratado.


 

Isle Bullit es periodista de larga trayectoria en los medios más importantes de Cuba.  Perdió la visión  en 1992 y se mantiene ejerciendo en la radio habanera.