Discurso de  José Ramón Machado Ventura, Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, el 24 de septiembre de 2008,  a la Asamblea General de la ONU, en su 63 Periodo de Sesiones

 


   Sr. Presidente:

 

   Vivimos un momento decisivo en la historia de la humanidad. Las amenazas que se ciernen sobre el mundo atentan contra la propia existencia de la especie humana.

 

   La promoción de la paz, la solidaridad, la justicia social y el desarrollo sostenible es el único camino para asegurar el futuro. El orden internacional vigente, injusto e insostenible, debe ser sustituido por un nuevo sistema verdaderamente democrático y equitativo, que se fundamente en el respeto al Derecho Internacional y en principios de solidaridad y justicia, poniendo fin a las desigualdades y a la exclusión a las que han sido condenadas las amplias mayorías de la población de nuestro planeta.

 

   No existen alternativas. Los responsables de este estado de cosas, los países industrializados y, en particular, la única superpotencia, deben asumir sus responsabilidades. No se pueden seguir derrochando fabulosas fortunas mientras millones de seres humanos padecen hambre y mueren de enfermedades curables. No es posible seguir contaminando el aire y envenenando los mares, lo que destruye las condiciones de vida para las generaciones futuras. Ni los pueblos ni el propio planeta lo permitirán sin grandes convulsiones sociales y gravísimos desastres naturales.

 

   Sr. Presidente:

 

   Las guerras de conquista, la agresión y ocupación ilegal de países, la intervención militar y el bombardeo a civiles inocentes, el armamentismo desenfrenado, el saqueo y usurpación de los recursos naturales del Tercer Mundo y la ofensiva imperial para doblegar la resistencia de los pueblos que defienden sus derechos, constituyen las mayores y más graves amenazas a la paz y la seguridad internacional.

 

   Conceptos como los de limitación de soberanía, guerra preventiva o cambio de régimen, son expresión de la pretensión de mutilar la independencia de nuestros países.

 

   El supuesto combate al terrorismo o la pretendida promoción de las libertades, sirven de pretexto a la agresión y la ocupación militar, a la tortura, la detención arbitraria y la negación de la libre determinación de los pueblos, a injustos bloqueos y sanciones impuestas unilateralmente, a la imposición de modelos políticos, económicos y sociales que faciliten la dominación imperial, en franco desprecio a la historia, las culturas y la voluntad soberana de los pueblos.

 

   Cada día se profundiza más el abismo entre ricos y pobres. Los muy modestos Objetivos de Desarrollo del Milenio constituyen un sueño irrealizable para las amplias mayorías.

 

   Mientras que en el mundo se gasta un millón de millones de dólares en armas, más de 850 millones de seres humanos padecen hambre; mil cien millones de personas no tienen acceso a agua potable, 2 mil 600 millones carecen de servicios de saneamiento y más de 800 millones son analfabetas.

 

   Más de 640 millones de niños carecen de vivienda adecuada, 115 millones no van a la escuela primaria y 10 millones perecen antes de cumplir 5 años de edad, en la mayoría de los casos como consecuencia de enfermedades que pueden ser curadas.

 

   Las poblaciones de los países del Sur sufren cada vez con mayor frecuencia los desastres naturales, cuyas consecuencias se han visto agravadas por el cambio climático. Haití, Jamaica, Cuba y otros países del Caribe son ejemplo de ello. Hacemos, en especial, un llamado a la solidaridad con el hermano pueblo de Haití ante su dramática situación.

 

   El crecimiento de los precios del petróleo es resultado del consumo irracional, la fuerte actividad especulativa y las aventuras bélicas imperiales. La desesperada búsqueda de nuevas fuentes de energía ha empujado la criminal estrategia impulsada por el gobierno de Estados Unidos de convertir granos y cereales en combustibles.

 

   Sr. Presidente:

 

   Para una buena parte de los países No Alineados la situación se torna insostenible. Nuestras naciones han pagado y tendr/ que continuar pagando el costo y las consecuencias de la irracionalidad, el derroche y la especulación de unos pocos países en el Norte industrializado, que son los responsables de la crisis alimentaria mundial. Impusieron la liberalización comercial y las recetas financieras de ajuste estructural a los países en desarrollo. Provocaron la ruina de muchos pequeños productores; negaron, y en algunos casos destruyeron, el desarrollo agrícola incipiente de países del Sur, convirtiéndolos en importadores netos de alimentos.

 

   Son los que mantienen escandalosos subsidios agrícolas, mientras imponen sus reglas al comercio internacional. Establecen precios, monopolizan tecnologías, imponen injustas certificaciones y manipulan los canales de distribución, las fuentes de financiamiento y el comercio. Controlan  el transporte, la investigación científica, los fondos genéticos y la producción de fertilizantes y plaguicidas.

 

   Sr. Presidente:

 

   No hemos venido aquí a lamentarnos. Hemos venido, a nombre del Movimiento de Países No Alineados, a exigir y defender las reivindicaciones de miles de millones de seres humanos que reclaman justicia y sus derechos.

 

   La fórmula no es difícil ni requiere de grandes sacrificios.  Se precisa sólo la voluntad política necesaria, menos egoísmo y una comprensión objetiva de que si no actuamos hoy, las consecuencias podrían ser apocalípticas y afectarían también a los ricos y poderosos.

   Es por ello que Cuba llama una vez más a los gobiernos de los países desarrollados, a nombre del Movimiento de Países No Alineados, al cumplimiento de sus compromisos y, en particular, los insta a:

 

- Poner fin a las guerras de ocupación y al saqueo de los recursos de los países del Tercer Mundo y liberar al menos una parte de sus millonarios gastos militares, para destinar esos recursos a la asistencia internacional en beneficio del desarrollo sostenible.

 

- Condonar la deuda externa de los países en desarrollo, que ya se ha pagado más de una vez, con lo cual se liberarían recursos adicionales que podrían dedicarse al desarrollo económico y los programas sociales.

 

- Honrar el compromiso de destinar al menos el 0.7 % del Producto Interno Bruto para la Asistencia Oficial al Desarrollo, sin condicionalidades, para que los países del Sur dispongan de esos recursos en función de sus prioridades nacionales y promover el acceso de los países pobres a montos sustanciales de financiamiento fresco.

 

- Destinar a la producción de alimentos una cuarta parte del dinero que cada año se derrocha en publicidad comercial, lo cual posibilitaría contar con casi 250 mil millones de dólares adicionales para combatir el hambre y la desnutrición.

 

- Destinar al desarrollo agropecuario en el Sur, el dinero que se utiliza para subsidios agrícolas en el Norte. Con ello, nuestros países dispondrían de alrededor de mil millones de dólares diarios para invertir en la producción de alimentos.

 

- Cumplir con los compromisos del Protocolo de Kyoto y fijar compromisos de reducción de emisiones más ambiciosos a partir del 2012, sin pretender que se amplíen las restricciones para países que, aún hoy, mantienen niveles de emisión per cápita muy inferiores a los de los países del Norte.

 

- Promover el acceso del Tercer Mundo a las tecnologías y apoyar la capacitación de sus recursos humanos. Hoy, por el contrario, el personal calificado del Sur es sometido a la competencia desleal y al estímulo que plantean las políticas migratorias de naturaleza selectiva y discriminatoria que aplican Estados Unidos y Europa.

 

- Y lo que es hoy más apremiante que nunca, establecer un orden internacional democrático y equitativo, y un sistema de comercio justo y transparente, en el que todos los Estados soberanamente participen en las decisiones que les atañen.

Es nuestra más profunda convicción que la solidaridad entre pueblos y gobiernos es posible. En la América Latina y el Caribe, el ALBA y PETROCARIBE así lo demuestran.

 

   Sr. Presidente:

 

   El Movimiento de Países No Alineados se ha mantenido fiel a sus principios fundacionales.

 

   Apoyamos la causa del pueblo palestino y su derecho inalienable a la autodeterminación en un Estado independiente y soberano, que tenga su capital en Jerusalén Oriental.

 

   Apoyamos la causa de aquellos otros pueblos cuya soberanía e integridad territorial se ven amenazadas, como los de Venezuela y Bolivia, y respaldamos el derecho de Puerto Rico a ser independiente.

 

   Condenamos la imposición de medidas coercitivas unilaterales, violatorias del Derecho Internacional, y los intentos de implantar un modelo único de sistema político, económico y social. Objetamos las negativas prácticas de certificar países en función de los patrones y los intereses de los poderosos. Nos oponemos firmemente a la manipulación política y la aplicación de dobles raseros en el tema de los derechos humanos, y rechazamos la imposición selectiva de resoluciones políticamente motivadas contra los países miembros del Movimiento.

 

   El establecimiento del Consejo de Derechos Humanos ofrece la oportunidad de abrir una nueva etapa en la promoción y protección de todos los derechos humanos para todos, sobre la base de la cooperación internacional y el diálogo constructivo.  Aquellos que provocaron la desaparición de la antigua Comisión de Derechos Humanos ahora tratan de descalificar al Consejo porque no han podido doblegarlo en función de sus intereses. Se niegan a participar en sus trabajos para eludir el escrutinio de la comunidad internacional en el marco de su mecanismo de Examen Periódico Universal.

 

   La legitimidad del Consejo no depende de la percepción que sobre sus labores tenga el Imperio, sino de su capacidad de cumplir su mandato con estricto apego a los principios de universalidad, objetividad, imparcialidad y no selectividad en el tratamiento de las cuestiones de derechos humanos.

 

   El Movimiento de Países No Alineados continuará defendiendo los intereses del Tercer Mundo y promoviendo la construcción de un mundo más justo, democrático y solidario.

 

Sr.  Presidente:

 

   Cuba ha tenido que pagar un precio muy alto por la defensa de su independencia y soberanía.

 

   El heroico pueblo cubano ha resistido el bloqueo más largo y cruel de la historia, impuesto por la potencia más poderosa de la Tierra. A pesar de que esta Asamblea se ha pronunciado reiterada y abrumadoramente por el cese de esta política genocida, el gobierno de los Estados Unidos no sólo ha ignorado la voluntad de la comunidad internacional, sino que en franco desprecio a la misma, ha recrudecido cada vez más su guerra económica contra Cuba.

 

   Jamás la política exterior en contra de un país ha sido dotada de tan amplio y sofisticado arsenal de medidas agresivas en los ámbitos político, económico, cultural, diplomático, militar, psicológico e ideológico.

 

   Cuba acaba de ser azotada por dos intensos huracanes, que han devastado su agricultura y seriamente afectado parte de su infraestructura y dañado o destruido más de 400 mil viviendas.

 

   Permítame aprovechar la oportunidad para, en nombre del gobierno y el pueblo cubanos, agradecer a todos aquellos países, organizaciones y personas que de una forma u otra han contribuido honesta y sinceramente, con recursos o con apoyo moral, a los esfuerzos de reconstrucción emprendidos por mi país.

 

   Ello contrasta con la posición que ha asumido el gobierno de los Estados Unidos, que se empeña en seguir aplicando despiadadamente el bloqueo.

 

   Cuba no le ha solicitado regalo alguno al gobierno de los Estados Unidos. Simplemente le ha pedido y reiterado que le permita adquirir los materiales que resultan indispensables para la reconstrucción de viviendas y redes eléctricas y que autorice a las empresas norteamericanas a brindarle créditos comerciales privados a Cuba para comprar alimentos. La respuesta ha sido negativa, y se ha visto acompañada de un intento de manipular la información de tal forma que el gobierno de los Estados Unidos aparezca como el preocupado por el bienestar del pueblo cubano mientras que se perciba al gobierno de Cuba como el que rechaza el ofrecimiento.

 

   Si a Estados Unidos le preocupa realmente el pueblo cubano, el único comportamiento moral y ético sería levantar el bloqueo impuesto a Cuba durante cinco décadas que viola las normas más elementales del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

   Esta política irracional tiene un claro objetivo: destruir el proceso de profundas transformaciones revolucionarias emprendido por el pueblo cubano a partir de 1959.  En otras palabras, pisotear su derecho a la libre determinación, arrebatarle su libertad y sus conquistas políticas, económicas y sociales y retrotraerlo a su anterior condición de neocolonia.

 

   La Administración Bush pretende justificar el recrudecimiento de su política contra Cuba recurriendo una vez más al fraude y al engaño, con el cinismo y la hipocresía que la caracterizan. Su determinación de dominar y recolonizar  a Cuba se presenta nada menos que como una empresa liberadora y democratizadora.

 

   ¿Quién, con excepción de sus cómplices, reconoce en este mundo autoridad alguna al gobierno de los Estados Unidos en materia de democracia y derechos humanos?

 

   ¿Qué autoridad podría reclamar un gobierno que caza y maltrata del modo más cruel a los migrantes irregulares en su frontera sur, que legaliza la aplicación de la tortura y que mantiene en campos de concentración, como el que ha sido instalado en el territorio que ilegalmente ocupa la base estadounidense en Guantánamo, a personas a las que no les ha sido probado y ni siquiera presentado cargo alguno?

 

   ¿Qué respeto merece un gobierno que arremete contra la soberanía de otros Estados bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo, al tiempo que garantiza la impunidad a terroristas anticubanos?

 

   ¿Qué justicia puede promover una administración que mantiene ilegalmente detenidos en sus cárceles a cinco patriotas cubanos que sólo buscaban información para neutralizar las acciones de los grupos terroristas que operan contra Cuba desde Estados Unidos? 

  

Sr. Presidente:

 

   Cuba agradece la solidaridad que ha recibido de esta Asamblea General en su lucha contra el bloqueo y las agresiones que ha debido enfrentar durante casi cinco décadas.

 

   Cuba reafirma su inquebrantable decisión de defender su soberanía e independencia.

 

   Cuba reitera su voluntad de proseguir, junto con todos los integrantes del Movimiento de Países No Alineados, la batalla por un mundo mejor, en el que se respete el derecho de todos los pueblos a la justicia y el desarrollo.

 

   Termino recordando las palabras del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, compañero Fidel Castro Ruz:

 

Un mundo sin hambre es posible […] Un mundo justo es posible. Un mundo nuevo, del que sobradamente es acreedora nuestra especie, es posible y será realidad."