Una excavación arqueológica no es sólo...

Equipo de redacción de Cubarte

 

Una excavación arqueológica no es sólo una manera de obtener artefactos y otros restos materiales; es un método científico para cosechar información, avanzar en el conocimiento e intentar reconstruir las culturas de las sociedades precedentes.

Picoleta en mano, el arqueólogo se dispone en cada jornada al levantamiento de consecutivas capas estratigráficas, entre las cuales ha de identificar el transcurso del tiempo o las huellas de la intervención humana. Su labor no es sencilla, pues requiere de esfuerzo físico e intelectual. Infinitas horas de trabajo duro reclama este oficio para quien, inmerso en la tierra, ha de «ver» en un fragmento óseo o cerámico el atisbo de una conclusión histórica o al menos, su formulación hipotética.

En ese bregar diario han transcurrido los primeros 20 años del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, institución que desde su nacimiento, el 14 de noviembre de 1987, se ha dedicado a indagar sobre los orígenes de esta urbe, surgida en 1519.

«Con nuestras investigaciones contribuimos a explicar cómo nació y creció la Ciudad, dónde estuvieron los primeros núcleos poblacionales, qué características tuvo la adaptación de los colonos españoles a este espacio y cómo explotaron el medio en que vivieron», señaló Roger Arrazcaeta Delgado, director del Gabinete desde hace más de una década.

Otro objetivo de este centro científico ha sido brindar apoyo a la restauración inmobiliaria. Numerosas edificaciones coloniales de La Habana carecen de planos fundacionales o de memorias arquitectónicas escritas. El método arqueológico permite registrar y fundamentar esa historia que está implícita en las estructuras murarias.

Mediante la estratigrafía o estudio de los estratos arqueológicos —subraya Arrazcaeta Delgado— podemos «leer» la evolución constructiva de una edificación desde el techo hasta el subsuelo y así podemos formular una visión más completa de la ciudad.

Es conocido que, por su posición estratégica como Llave de las Indias y lugar donde se concentraban las flotas que venían de América para regresar a España cargadas de tesoros, la ciudad fue favorecida por el comercio oficial de España, que en esa época era muy reducido y controlado por la metrópoli. En Cuba, y en particular en La Habana, se suscitó un gran comercio de contrabando debido a las dificultades que tenían otras colonias de la América hispana para obtener suministros.

Según el investigador, estos hechos históricos son constatados mediante la evidencia material que aparece continuamente en el subsuelo de la Ciudad, porque La Habana es un enorme sitio arqueológico.

En el transcurso de dos décadas de labor, el equipo de especialistas del Gabinete de Arqueología ha realizado excavaciones en disímiles sitios, entre estos el convento-iglesia de San Francisco de Asís y la iglesia de Paula, y en inmuebles como la casa de Pablo Pedroso, la del Conde de Villanueva y la de los Condes de Santovenia.

«Hemos observado que la estratificación arqueológica de la ciudad es bastante compleja. En La Habana Vieja hay una gran superposición de edificios en un mismo sector o solar», significó el director del Gabinete.

Otra curiosidad —explica— ha sido descubrir que muchas casas fueron construidas con materiales extraídos de los mismos lugares donde se edificaron. Se hacían canteras y luego eran rellenadas con basura. Por eso en algunos de estos sitios arqueológicos las estratigrafías son muy ricas y abundantes y tienen una gran profundidad.

«En estos lugares son halladas con frecuencia significativas colecciones de restos cerámicos y de vidrio que ofrecen una amplia panorámica de los tipos de contenedores que fueron utilizados y de las distintas procedencias y funciones que tuvo la cerámica en la ciudad desde el siglo XVI hasta el siglo XIX, así como de la riqueza que existió en este contexto.

Numerosos restos óseos de animales aparecen en las excavaciones arqueológicas de La Habana Vieja. Su estudio se complementa con la documentación histórica. La información de ambas fuentes ha permitido llegar a un conocimiento cada vez más fundamentado de muchas de las costumbres alimentarias practicadas por los habaneros en los siglos anteriores, así como de la introducción en el país de diversas especies procedentes de Europa y también de América.

«Entre las más representativas estuvieron la vaca y el cerdo. Las aves fueron un complemento en la dieta habanera, pero aun así se comía grulla, flamenco, cocos o ibis, gallinuela, pato y paloma, animales autóctonos que habitaban en los nichos naturales de La Habana. Por otra parte fueron introducidos en la Isla el guanajo, la gallina y el pato domésticos», refirió el zooarqueólogo Osvaldo Jiménez Vázquez.

El estudio de los restos óseos faunísticos también ha aportado otros datos en relación con el proceso adaptativo de especies foráneas al medio habanero y nacional. Por ejemplo, se ha determinado que la talla del ganado vacuno que existió en La Habana en el siglo XVI era mayor que la de los ejemplares que se introdujeron en el resto de las Antillas en la misma época.

Según explica Jiménez Vázquez, es posible que estos animales encontraran en Cuba un medio de vida adecuado a sus necesidades por el aporte de calcio que les proporcionaba el pasto de suelos calizos, la ausencia de depredadores naturales y de enfermedades que atacaban al ganado en Europa.

La adaptación de las poblaciones españolas al medio insular también trajo consigo una intensa incorporación al consumo humano de los recursos marinos. «En casi todos los sitios arqueológicos habaneros se constata una abundante presencia de restos de peces y de quelonios, como tortugas, caguamas y jicoteas. Igualmente aparecen conchas y moluscos comestibles, entre los que estuvo el ostión, muy común en la ciudad desde el siglo XVI hasta el XIX», añadió el arqueólogo.

La arqueología subacuática y de litorales también forma parte de los proyectos investigativos que desarrolla el Gabinete. Sus estudios no pueden limitarse solo al área terrestre en una ciudad bañada por el mar en toda su parte norte.

Entre las más atractivas investigaciones realizadas en este campo está la de los baños litorales del malecón habanero, unas pocetas excavadas en el carso costero, desde el Castillo de la Punta hasta El Vedado, que datan las más antiguas del siglo XVIII.

«Fueron construidas por esclavos y presidiarios. Algunas estaban cubiertas por grandes chalets. Tenemos litografías del siglo XIX donde se aprecia la opulencia que tenían estas casas de baño. Todas fueron fabricadas con maderas preciosas y eran escenario de verbenas y fiestas», refiere Alessandro López Pérez, especialista en Arqueología subacuática del Gabinete.

Otras conclusiones de los estudios desarrollados en el litoral describen cómo funcionaron tres conjuntos de baños: los de San Rafael o de Recreo, que convergen con la calle Crespo; los de la Tropa o de los Soldados, relacionados con las vías de Águila y Galiano, y el de los Campos Elíseos, conexos con la calle Genio. Al parecer, este último fue el más espléndido en cuanto a los inmuebles que fueron construidos allí.

Como un proyecto de gran expectativa López Pérez menciona la exploración de un sitio aborigen en la zona de Punta Macao, en Guanabo. «Se trata de un asentamiento parcialmente cubierto por el mar en el cual hemos encontrado numerosas piezas de grupos aborígenes recolectadas en la superficie del fondo marino».

Además de los sitios aborígenes, el patrimonio histórico de Cuba incluye a una gran cantidad de ciudades y pueblos de la época colonial, haciendas, ingenios azucareros y cafetales. A ello se añade un enorme potencial subacuático: el sinnúmero de embarcaciones hundidas alrededor de la Isla desde la época en que las flotas se reunían en nuestros mares y eran sorprendidas por las perturbaciones ciclónicas.

«Indagar cada vez más sobre esta valiosa herencia cultural es una meta que tenemos quienes nos dedicamos a la llamada arqueología histórica, ciencia que contrasta la evidencia material y los documentos patrimoniales para complementar la información existente, enriquecerla o negarla», advierte Roger Arrazcaeta.

«También queremos profundizar en estudios como los del análisis de cerámicas por métodos no destructivos, en los cuales hemos avanzado significativamente. La preparación de un catálogo sobre las tipologías de cerámica que llegaron a La Habana en tiempos de la colonia se inserta igualmente entre nuestros más importantes objetivos».

Como arqueólogo ¿qué es para usted La Habana?

Un rico y enorme sitio arqueológico donde hay mucho que investigar y siempre con resultados. Como cubano me preocupa el estado de la ciudad.

«A pesar de los esfuerzos que hacen el Estado cubano y la Oficina del Historiador por salvar este valioso patrimonio, se necesita de muchos recursos para que pueda ser rescatado. También de una mayor sensibilidad ciudadana en el cuidado de cuanto se restaura.

«Es significativo lo que se pierde y lo que está en peligro, debido a la antigüedad de las edificaciones. Los recursos para la restauración mayormente los aportamos los mismos cubanos, aun cuando en 1982 La Habana Vieja fue declarada Patrimonio de la Humanidad», concluyó.

 

Tomado de Cubarte