El pensamiento masónico en José Martí: una contribución al debate desde la masonería patriótica  puertorriqueña

 

 Alejandro Torres Rivera

                                                                         

 

La Masonería en las Antillas Mayores

 

         Nos dice José Antonio Ayala[1] que el desarrollo de las ideas masónicas en España resultó más tardío que en otras naciones europeas. De hecho, citando a Ferrer Benimelli, J. A. [2], indica que en la España del siglo XVIII, no existió una masonería propiamente española “debido a la acción prohibitiva tanto del Poder Real como de la Iglesia Católica”. Como resultado de lo anterior, señala que  habría que aguardar a la Guerra de Independencia de 1808 para que fuera la masonería de origen francés la que hiciera su aparición, sobre todo en dos períodos críticos: entre 1808 y 1813, y luego, entre 1820 y 1823.

         En las Antillas, la presencia masónica tuvo dos grandes influencias. En la


 

     [1]La Masonería de obediencia española en Puerto Rico en el siglo XIX, Secretariado de Publicaciones, Universidad  de Murcia, 1991.

     [2] La masonería española en el siglo XVIII, Madrid, Siglo XXI de España, 2ª.  edición, 1986.

isla de La Española, la masonería estaría sometida a una influencia fundamentalmente proveniente del Gran Oriente Francés; mientras en Cuba, la masonería tendría una gran influencia proveniente de Estados Unidos. Se indica que para 1789,  había en las Antillas unas cuarenta logias. Esta logias estaban compuestas, en su mayoría, por emigrados de Europa, donde las rivalidades entre franceses, ingleses y estadounidenses estaban  presentes. Como tales, dichas rivalidades  se reproducían en los territorios en los cuales ejercían su jurisdicción los respectivos Orientes a los cuales estaban sometidas estas logias.

          En el caso específico de Santo Domingo, indica José Antonio Ayala [1], casi la mitad de las logias existentes se encontraban bajo la obediencia del Gran Oriente de Francia, de la disidente Gran Logia de Francia y de la Gran Logia de Pennsylvania. Esta última fundó en 1802 en Santo Domingo una Gran Logia Provincial que luego extendió su jurisdicción a Cuba. En 1809 se creó otra Gran Logia Provincial, esta última bajo los auspicios de la Gran Logia de Inglaterra, la cual se independizó en 1823 para constituirse como Gran Oriente de Haití.  El Gran Oriente de Francia, por su parte,  creó en Nueva York un Supremo Consejo para el Hemisferio Occidental del cual se emitieron cartas patentes para la fundación de logias en Haití durante la década de 1830.

         Durante 1823-30 el Gran Oriente de Francia cedió su jurisdicción en España surgiendo el Gran Oriente Nacional de España, de donde se crea a su vez el Gran Oriente Simbólico Español Americano de la Isla de Cuba. Las logias que habían estado bajo la jurisdicción de la masonería estadounidense se unieron formando la Gran Logia Española del Rito York de La Habana. Eventualmente ésta  formó la Gran Logia Española del Rito York de la Isla de Cuba.

 

Desarrollo de la Masonería en Cuba

         Una vez terminó el período liberal en España a finales de 1823, la masonería fue prohibida; las logias fueron oficialmente disueltas. Sin embargo, allá para 1858, dos logias cubanas en Santiago de Cuba  pidieron  apoyo de la Gran Logia de Carolina del Sur en Estados Unidos y junto a otra logia, el 5 de diciembre de 1859, constituyeron  la Gran Logia de Colón y luego,  pocos días  más tarde, un Supremo Consejo de Colón en Santiago de Cuba asumiendo la jurisdicción sobre todas las Indias Occidentales.

         A partir de  la década de 1820-30, la masonería  operó en Cuba en forma secreta  pero  floreciente. [2]  En una ciudad como La Habana, que para entonces debería contar con una población  aproximada de  90,000 habitantes, llegaron a existir 66 logias.

         La Gran Logia de Cuba fue fundada el 7 de enero de 1864 en la ciudad de La Habana.

         El desarrollo de la masonería en las colonias españolas en América recibió también un fuerte impulso como resultado de la Invasión Napoleónica a España.  Decenas de hijos de españoles entonces llamados “criollos”, se educaban en las academias militares españolas o formaban  parte de sus ejércitos en la Península. Al  producirse la Invasión francesa, los oficiales franceses llevaron a España sus instituciones, entre ellas la masonería. Reunidos en sociedades secretas, militares españoles y franceses que se oponían a la monarquía y favorecían las ideas republicanas, encontraron una nueva forma de impulsar sus ideas liberales. El desarrollo de las logias en España durante las primeras tres décadas del siglo XIX también tuvo su impacto en cientos de estudiantes criollos que tuvieron la oportunidad de entrar en contacto con dichas instituciones mientras cursaron estudios en Europa y de donde traerían posteriormente sus ideas liberales a las colonias. En éstas, donde los efectos de la opresión de la monarquía adquirían un carácter de opresión nacional, las logias servirían a las causas de independencia en los diferentes países y en centros de conspiración contra la monarquía y el clero.

         Cuando José Martí nace, el 28 de enero de 1853, ya la masonería llevaba décadas de trabajo en Cuba [3] habiendo tenido una presencia destacada en las luchas de independencia de la Isla.

         Un dato que como puertorriqueños podemos señalar sobre la importancia del trabajo masónico en Cuba en las primeras décadas del siglo XIX, nos lo ofrece Mariano Abril [4] cuando nos menciona las vicisitudes por las que atraviesa el General puertorriqueño Antonio Valero de Bernabé luego de su salida de México tras haber puesto en servicio su espada en las luchas emancipadoras mexicanas. Encontrándose aún Valero de Bernabé en México, en repudio a la decisión de Iturbide de proclamarse  emperador traicionando las ideas republicanas, decide salir de dicho país para integrarse en el esfuerzo libertador de Bolívar en América del Sur.

          Tanto Bolívar como Valero de Bernabé habían combatido la ocupación  napoleónica en España. Allí ambos se iniciaron masones en logias militares.

          Al salir de México Valero de Bernabé  fue perseguido tanto por los agentes de Iturbide como españoles. Como indicamos, Valero de Bernabé se dirigía en ruta hacia Venezuela donde se proponía entrar en contacto con las fuerzas del Libertador. Encontrándose la goleta en la cual viajaba en aguas cercanas a la Isla de Cuba, fue interceptada por corsarios. Estos le apresan y posteriormente le entregan a las autoridades españolas en La Habana donde fue encarcelado. Gracias a la intervención discreta del Gobernador Militar de Cuba, el General Vives, de quien Abril menciona en su libro, “era de ideas liberales y carácter  conciliador” y “aparentaba  no dar importancia a ese movimiento” de los masones en dicha ciudad, Valero de Bernabé pudo  escapar [5] y llegar a salvo hasta su destino final. Allí se integró con el grado de General al Ejército Libertador donde llegaría ser miembro del Estado Mayor de Bolívar en la Guerra de Independencia, ocupando posiciones en el Gobierno luego del triunfo. En Valero de Bernabé, los planes de independencia de Puerto Rico y Cuba siempre estuvieron unidos como parte de un mismo proyecto libertario para las Antillas.[6]

         Sin embargo,  no fue en Cuba donde Martí entró en contacto con la masonería, sino durante su estadía en España como estudiante.

          Se ha debatido ampliamente  sobre la afiliación  masónica del Apóstol.  Incluso hoy, a ciento cincuenta años de su nacimiento, hay quienes sugieren que la afiliación  masónica de Martí no es sino un mito, creado por la masonería cubana luego de su muerte,  para apropiarse de su figura para beneficio de la Orden. Otros, sin embargo, sostienen la posición de que en efecto Martí se inició como masón en España en sus días de estudiante.

 

La Masonería y Martí:  fuentes históricas de un debate

         Sin  pretender agotar las fuentes de este debate, me propongo exponer en primer lugar una síntesis de las fuentes a las cuales he podido tener acceso en la biblioteca del Centro de Estudios Martianos [7] sobre  este particular, enfatizando en los diferentes textos que en su biblioteca se encuentran sobre este  tema y luego, desde  mi perspectiva particular como masón,[8] adentrarme en determinados elementos que  nos  permiten desentrañar e identificar a Martí como  masón a la luz de varios de sus trabajos.

         José González Rodríguez  [9] indica que la primera referencia que encontramos sobre la militancia masónica del Apóstol, es la que publicara en los días 19 y 20 de  mayo de 1908 Fermín Valdés Domínguez en el periódico El Triunfo de La Habana. Allí, bajo el título “Ofrenda de Hermano”, señala:

         “ Las noches –en los días de tregua en el estudio, que eran muy pocas– las dedicaba a los teatros o a la logia masónica, aquella logia ‘Armonía’ que presidía el General Pierat o el músico notable Max Marchal, en la que Martí  era Orador [10], lugar aquel en que semanalmente se daban cita todos los cubanos jóvenes que estaban en Madrid, y a donde también iban muchos literatos y periodistas españoles. Era la logia templo de amor y caridad: ella auxilió más de una vez a los cubanos presos en Ceuta, y así como atendía las necesidades de los pobres de cualquier país, seguía al cubano al  hospital o a su casa. Aquella logia fundó un colegio de niños pobres del que era director y único maestro el español–deportado por infidencias don Amelio del Luis y Vela de los Reyes. Visitaban muchos hermanos, de noche, aquella escuela. Martí lo hacía con frecuencia. Hablaba a los niños con todo el cariño de su alma, y les dejaba dulces y libros.” [11]

 

         Alfonso Hernández Catá [12], por su parte,  describe al Martí masón como “el joven de la palabra de fuego”.

         Ángel E. Rosendo y de Zayas, Capitán del Ejército Libertador,  publicó en 1931 un folleto donde figura un  ensayo [13] en el cual, en referencia a los grados alcanzados por Martí dentro de la masonería, señala en cuanto a la Logia Amada:

         “ Guarda en su Oriente, las joyas, mandil y collarín de los grados 18 y 30 [14], con los que trabajara en los Valles Masónicos de España. Martí los dejó al Dr. Fermín V. Domínguez (fallecido) ; su viuda la Sra. Asunción del Castillo, Vda. De Valdés Domínguez, Coronel del E. L. y Jefe de Despacho del Generalísimo las donó a los hermanos galenos Domingo y Solano Ramos que vieron la luz masónica en la Logia que lleva el nombre del gran masón, su padre, Solano Ramos, y luego afiliado a Fe Masónica y estos dos buenos masones las traspasaron al Dr. Federico Torralbas, V. Maestro del Cuadro, en esa época, año 1924, quien las cedió altruistamente a su Taller y en  solemne sesión fueron recibidos oficialmente por la Logia y entregada luego el 27 de noviembre, de ese año, ante la Estatua del Apóstol, en pleno parque de Martí, cato  que revistió gran resonancia y eficiente exteriorización masónica que fuera cerrado con la peregrinación hasta la Punta, donde se levanta erguidamente, el mausoleo del lugar, donde fueron inmolados los estudiantes del 71.”

 

         Se dice que, “el más serio estudio hasta esa fecha”de Martí como  masón, fue uno escrito en 1937 por Miguel Ángel Valdés [15]. Allí el autor indica que a la luz de la joyas móviles pertenecientes a José Martí que se conservan , éste obtuvo el Grado 18, Soberano Príncipe Rosa Cruz [16] y el grado 30 [17].

         Menciona Valdés que no era probable que Martí hubiera visitado mientras estuvo en Nueva York [18] la logia “La Universal”, integrada por españoles, ni “La Fraternidad” integrada por cubanos y latinoamericanos. No obstante, menciona que Martí fue conocido como masón en dicha ciudad, aunque no como masón regular.

         La discusión sobre masonería regular e irregular reviste importancia en el debate sobre la condición de masón de Martí. Para la época en que Martí estudiaba en España existían varias obediencias masónicas. Indica Emilio Jorge Reyna [19] que en un momento dado la masonería en España, que se encontraba bajo la obediencia de Portugal, fue irradiada y sus miembros declarados irregulares por la masonería española. La condición de “irradiados” o “irregulares” de parte de los altos organismos  masónicos en España, convertía a los masones afiliados al Gran Oriente Lusitano, es decir de Portugal, –para propósitos de aquellos que se consideraban a sí mismos como “regulares” –en personas totalmente ajenas a la masonería. De hecho, una consecuencia  adicional que conllevaba tal condición, es que a la proscripción y prejuicios contra la Institución de parte de la Iglesia y el Estado, se sumaba ahora la de los llamados organismos masónicos regulares en España. No debe sorprender entonces que además de las medidas de precaución  y secretividad respecto al Estado y la Iglesia que tenían que mantener los masones irregulares, ahora debían sumarse  nuevas  medidas  de seguridad frente al trato recibido por los masones “irregulares”de parte de los organismos masónicos “regulares” españoles.

         Otro texto masónico sobre Martí es el que escribiera Gonzalo de Quesada y Miranda [20] donde  básicamente  nos refiere al texto de José González Rodríguez citado previamente.

         Luis Rodríguez Embril [21] nos dice que José Martí fue introducido en la masonería por amigos españoles y cubanos y que en el desarrollo de las tenidas en la “Logia Armonía” en más de una vez debió llamársele fraternalmente la atención por parte del Venerable, dado su fervor patriótico [22]. Ya desde entonces, refleja el autor,  en Martí el trabajo masónico estaba vinculado a un trabajo que empalmaba con sus ideas políticas, al señalar que a través de la Logia, Martí gestionaba apoyo para la campaña en pro de la abolición de la esclavitud y gestionaba subsidios para los cubanos desterrados.

         Emilio Roig De Leuchsenring [23] indica sobre la vinculación de Martí con la masonería  lo siguiente:

                  “ Ya hemos visto como Martí por su heterodoxia, su laicismo y su anticlericalismo, se colocó desde muy joven, franca y abiertamente fuera y en contra de la iglesia católica, por su propia y libre determinación’.

 

         Martí, además, fue masón, y  por serlo, se encontraba excomulgado, anatemizado por la iglesia católica y arrojado de ella hasta tanto no hubiere abjurado de su militancia masónica, de que no abjuró nunca. Y la masonería cubana y universal se enorgullece de haber unido el nombre de Martí al de otros centenares de esclarecidos libertadores de pueblos que al amparo de las logias pudieron desenvolver mejor sus campañas y labores independentistas.”

 

         En su trabajo sobre la militancia masónica de Martí, Jorge Mañach[24] hace referencia a que “los republicanos del El Federal  [25] le habían ya conquistado para la masonería, pensando acaso que esta se encargaría a su vez de conquistarlo para la República Española. Martí probablemente tenía sus propios cálculos.

         Otro texto interesante en esta discusión sobre la afiliación masónica de Martí es el libro de Emilio Rodríguez Demoriz [26] Martí en Santo Domingo, del cual citamos: 

         “ Cumplió su deber visitando con el Generalísimo la Respetable Logia “Quisqueya”, eslabonándose con aquellos generosos y buenos hermanos, que tanto bien le hicieron a Cuba. Oí esa noche el torrente elocuente del verbo del Maestro. Mi alma quedó inundada por la divina luz de la Masonería y por los resplandores de aquel hombre maravilloso.” [27]

 

         Otro  texto, del cual surge información  controvertida, es el escrito por Bernardo Gómez Toro  [28], citado en una biografía de Carlos Márquez Sterling, titulada a su vez Nueva y Humana visión de Martí, en la cual se manifiesta en referencia al Capitán Loewe del buque “Nordstrand” que transportaría a Martí y sus compañeros a suelo cubano, lo siguiente:

         “ En los primeros días de abril... llegué a Great  Inagua. En ese puerto el Agente, Sr. Mc. J. Barber venía a bordo con un señor (José Martí) quien hablaba bien inglés y me decía que este señor con otros 5 compañeros habían llegado en un buque chico inglés, domiciliado en Providence, Nassau, y que el capitán de este buque había rehusado continuar el viaje porque se había enfermado.

 

         Los señores me preguntaban si quería tomar a bordo a estos 6 señores para desembarcarlos a la vuelta de Cap Haití a Port Antonio (Jamaica) al pasar por la costa de la Isla de Cuba cerca del Cabo Maysí. Como me estaba bien conocido que era prohibido desembarcar gente en una costa abierta, les rogué me dieran informaciones más exactas. El Sr. Martí me explicó que ellos eran jefes insurgentes y que sus compañeros en Cuba les esperaban  para librar su patria del gobierno español. Como sabía en qué manera los empleados del gobierno español tiranizaban  el pueblo, además, como el Sr. José Martí se me daba conocer como hermano [29], hermano de la francmasonería a la cual yo también pertenecía, yo estaba de acuerdo con los deseos de los señores.”

 

                   Pedro García Valdés [30] indicó en un discurso que presentara en enero de 1931,  que Martí comenzó a sobresalir como Orador [31] en la Logia Armonía en Madrid para luego “brillar con luz  propia en México, Guatemala, Venezuela, La Habana y Estados Unidos.”    

         En el trabajo de Carrancá y Trujillo, Op. Cit. se hace una observación que es importante a la luz del desarrollo de las ideas que sobre la actividad masónica de Martí nos proponemos presentar más adelante en este ensayo. Allí Carrancá y Trujillo indica:

         “ Debo hacer, antes que nada, una explicación indispensable. El estudio de Martí masón presenta dos aspectos: el uno, que tiene que ver solo con la actividad masónica del Apóstol y con su trabajo en la Logia o sitios profanos [32] aprovechados por la Logia para fines masónicos; el otro, que se refiere a la vida misma de Martí, y a sus producciones periodísticas, a sus pensamientos y a su filosofía, a todo aquello en que es fácil encontrar multitud de actitudes, tanto físicas como espirituales, que encajan en el marco de la obra masónica; que definen y caracterizan al masón. Porque ya se sabe que la ceremonia de iniciación  masónica no da el carácter de masón, el cual solo se adquiere por la asimilación integral de la moral masónica, convertida en realidad en todos los actos del individuo. El que es masón, lo es en todas partes. No se puede ser masón en Logia, y no serlo en la calle. Esto es algo que solo aceptan los mistificadores de la Masonería, pero que honradamente tiene que rechazarse.” (Énfasis suplido)

 

         El autor reconoce en su trabajo la dificultad existente para identificar lo que él denomina “constancia evidente de la actividad masónica de Martí”. Y en efecto es natural que así fuera. La actividad  masónica  de Martí, como creemos se produjo, se desarrolló a espaldas de la Iglesia,  del Estado español, de los organismos masónicos “regulares” y de los enemigos seculares tradicionales de la masonería. Declararse abiertamente masón era entonces para Martí, cerrarle un espacio de trabajo a la masonería cubana dentro y fuera de los canales a través de los cuales ésta llevaba  a cabo sus tareas y responsabilidades. Además, en el contexto de una lucha anticolonial como la que se desarrollaba en Cuba,  tal declaración  hubieran sido un grave error político, que solo podía reducir el alcance de su  trabajo independentista y sumarle al enemigo contra el cual luchaba  nuevas armas para, desde el manejo de la ignorancia humana, colocar sectores populares en contra del esfuerzo independentista.

         Ahora bien, a pesar de que es correcto que es muy poco lo escrito por Martí donde de una manera abierta asumiera el debate de la masonería, en sus textos están presentes profundos elementos éticos y políticos de los cuales partía el quehacer masónico en dicha época.

         Dos aproximaciones diferentes a la interrogante “¿Martí masón? ”, la encontramos en los trabajos de Carrancá y Trujillo y de Luis Toledo Sande, [33] Investigador del Centro de Estudios Martianos. Ambos autores parten del contenido de las posiciones asumidas por  Martí en un debate  público sostenido en México entre éste y un columnista del periódico El Federalista. Las citas que incorpora Carrancá y Trujillo en su escrito, como la que menciona Toledo Sande en el suyo, [34] responden a una discusión en torno a la secretividad que deben guardar los masones respecto a sus trabajos y en torno a la identidad de sus integrantes. De acuerdo con lo expuesto por Toledo Sande, Martí dijo entonces:

         “ La Masonería no puede ser una sociedad secreta en los países libres [35], porque su obra es la misma obra del adelanto general; y para los que piensan cuerda y ampliamente, el misterio de forma en que se envuelve, no es hoy más que una garantía de lealtad entre sus miembros, y una señal de respeto a las costumbres de los tiempos pasados. Son sus viejas formas a la masonería, como las reliquias de los ascendientes a sus hijos y nietos cariñosos: a ser de otro modo, una razón bien templada no comprenderá ni defendería en una tierra libre, americana, mexicana, una masonería secreta.” (Énfasis suplido)

 

         A la cita atribuida a Martí podríamos, además, apuntalar su expresión, según citada por Carrancá  y Trujillo en su trabajo,  a los efectos de que “en un país libre es irracional y absolutamente ilógico el secreto en la forma de la masonería”.

         Dos días después del escrito en el cual Martí expresa dichas palabras, indica Carrancá y Trujillo que el Apóstol señaló que la “institución de la masonería fue secreta cuando necesitó serlo, hoy es secreta por hábito, por respeto a lo pasado”. Indica que la masonería  no debería tener mayores secretos que “la inteligencia y la honradez”.[36]  Nos dice finalmente, en referencia a la práctica masónica,  que “se deja el fardo de las malas pasiones a la entrada, y se contrae al deber de obrar irreprochablemente en ellas... perfeccionar el ejercicio de la libertad, preparar a los ciudadanos a la vida pública, ayudar al logro de toda noble idea, éstos sin nada de incógnito, sin nada oculto, son los misterios de la obra  masónica.”

         ¿Qué es dejar las malas pasiones a la entrada, si no es acaso parte esencial de la lección que recibe un candidato a Aprendiz  masón en su ceremonia de iniciación de parte del Venerable Maestro que  preside su Tenida de Iniciación ? ¿Qué es obrar irreprochablemente, si no es uno de los deberes que contrae el  masón  para consigo mismo?  ¿Qué es perfeccionar el ejercicio de la libertad si no es practicar el ejercicio de la virtud y la fraternidad, el rechazo del fanatismo, el dominio de las pasiones e insistir en la búsqueda de la felicidad humana sin que nos haga desistir de dicha empresa los peligros, las persecuciones y los castigos?  ¿Qué es preparar a los ciudadanos para la vida pública sino es la búsqueda del mejoramiento de las principales virtudes en el ser humano?

         Solamente una persona que conozca la masonería desde adentro y no desde afuera podría hacer señalamientos tan precisos en un debate masónico sin necesariamente estar diciendo abiertamente “soy  masón”. Si Martí podía asumir dicho debate públicamente con la precisión con que lo hizo, fue porque conocía en detalle el contenido de la masonería, sus postulados y su práctica.

         Nótese que Martí en todo momento, a partir del contenido de las citas que nos ofrecen ambos autores,  se refiere a la masonería con profundo respeto, y lo hace como masón al expresar:

         “ ...Por eso,  trastocados ya los tiempos,  creemos  que cumple a la dignidad de la razón, trocar el concepto secreto de la masonería. Y esto no es solitaria idea nuestra: así lo expuso en otras tierras el que escribe, ante altos cuerpos masónicos [37], y así lo apoyó y discutió, sin verse por cierto solo en la contienda.” (Énfasis suplido).

 

         Otra indicación, a partir del contenido de dichas citas que nos permite una idea de cuánto conocía  Martí sobre la masonería, lo es la distinción que hace entre lo que es una reunión (tenida en lenguaje masónico) de masones y lo que es una reunión (tenida) interna del Taller. En el escrito atribuido a Martí este indica:

         “ ...Todo  masón tiene obligación de concurrir a toda sesión de su taller: el taller celebra una sesión no secreta, y el masón que debe asistir, pierde su carácter de oculto al cumplir su deber. Y ¿es menos visible un hombre  en una ceremonia, que un nombre en un periódico?

 

         Dice El Federalista:

 

          ‘Pero el que siendo masón asiste a una reunión masónica, no se descubre, porque sabe que se encuentra en medio de sus hermanos que no dirán su nombre, porque ninguno de ellos tiene derecho para hacerlo.’

 

         Pero el que siendo masón asista a una reunión masónica pública– y  nos parece que esta palabra harto repetida debiera resolver toda la cuestión– voluntariamente se descubre, porque sabe que se encuentra en medio de personas que pueden decir su nombre, puesto que al ser invitados para ver, todas ellas tienen el derecho para hablar de lo que vieron.

 

         Con esto terminaríamos estas reflexiones que también nosotros damos por últimas si no nos hiciera El Federalista una pregunta para concluir:

 

         ‘ ¿Juran los masones, al ser iniciados, no revelar el nombre de sus hermanos?

 

         Si responde sí, el público sabrá juzgar de parte de quién está la razón.’

 

         No hacen los masones ese juramento, pero no queremos alcanzar la fácil victoria de una negación. Aún suponiendo que se jurase, como todo deja de ser cundo (sic) no tiene razón para ser, extinguidas las persecuciones que justificaban el juramento, el juramento está racionalmente extinguido.

 

         Que una cosa exista, no prueba más que su existencia; pero la razón quiere la independencia y examen, quiere ejercicio y fundamento. Lo innecesario no debe sustituir aunque haya existido; extinguidas las causas del secreto, con ellas habrá terminado cuanto había de secreto en los masones.” (Énfasis suplido)

 

         Solamente un masón, desde el conocimiento de las interioridades de la masonería, podría haber abordado este tipo de debate.

       Alfonso Herrera Franyutti, en  Martí visto por los mexicanos[38], Anuario del Centro de Estudios Martianos  Núm. 20 de 1997, págs. 178-196, indica que la primera mención de Martí en la “Revista Universal”ocurre el 7 de marzo de 1875 cuando de le presenta como poeta, sin embargo, un mes después, ya Martí se encuentra consagrándose como un “gran orador” en un debate en el Liceo Hidalgo sobre el tema “Materialismo y Espiritualismo”. El autor señala que durante su estancia en México Martí participó de “Innumerables polémicas” y utiliza como fuente el estudio de Carrancá y Trujillo “en su estudio sobre ‘las polémicas de Martí en México” y otro trabajo escrito por Paul Estrade bajo el título Otras polémicas de Martí en México, publicada por el Centro de Estudios Martianos en “Anuario Martiano” Núm. 6, 1976, págs. 112 y siguientes. Herrera Franyutti específicamente menciona la polémica sostenida por Martí con Adrián Segura “en El Federalista,  por  motivos de una ‘fiesta masónica’.

         En aquella época, a diferencia del presente,  no existían librerías públicas ni comerciales donde personas que no fueran masones pudieran acceder a la literatura mediante la cual pudiera llegarse a conocerse, con alguna precisión, los llamados  ritos, tradiciones, usos y costumbres internos de la masonería. Hoy día, a  diferencia de entonces, es posible encontrar a la venta en cualquier librería literatura masónica desde la cual es posible conocer, casi en su totalidad, los elementos distintivos de cada grado según el rito practicado por el masón, así como los diferentes elementos descriptivos en los cuales, según el Rito masónico correspondiente, se establecen  las obligaciones y derechos que tiene cada  masón según el grado en el cual se encuentre.

         En su trabajo, Toledo Sande menciona que de acuerdo con Miguel Ángel Valdés, Op. Cit. existen dos clases de masones: los de  presencia habitual en los templos y los que no participan de estos hábitos.

          Para aquel que es  masón, sin embargo, ir al Taller o al “Templo”, no constituye un “hábito”. Mas bien, el Taller o el Templo constituyen un espacio especial en el cual el masón trabaja junto a los que considera “sus hermanos”, en un esfuerzo común y colectivo dirigido al mejoramiento del ser humano. Pienso que reducir la masonería, como sugiere Toledo Sande, al hábito de asistir al taller o no asistir, pierde de perspectiva la situación de aquellos masones que  no asisten al Taller sencillamente porque otras circunstancias específicas no se lo permiten, pero que sin embargo,  no  por ello, dejan de ser más o menos masones que aquellos que sí asisten. De hecho, en ocasiones estos masones que no pueden asistir al Taller con la regularidad esperada, son aquellos que “trabajando  masónicamente  dentro de lo que la masonería considera “canales profanos”,  aportan a los ideales de la masonería y al bien colectivo  de la sociedad  en la que se desenvuelven mucho más de lo que podrían aportar con meramente asistir a las tenidas. Pienso que es dentro de estos últimos donde  podemos ubicar la militancia masónica de  José Martí.

         En la literatura examinada  [39] existen otros textos importantes relacionados con la discusión en torno a la condición de masón de Martí. [40]

         Sin embargo, en algo tienen razón unos y otros entre aquellos que debaten  en torno a si existe o no una “prueba”concluyente de si Martí fue o no masón.  Ese  punto  de encuentro entre ambos es que tal prueba objetiva sobre la afiliación  masónica de Martí no existe hasta el presente. Tal prueba, como quizás podría ser el Acta de una Tenida en la Logia en la cual Martí se iniciara como masón  bajo la firma del Venerable Maestro y el Secretario de la misma; o las actas de aquellas tenidas en las cuales Martí participara  [41]; o sencillamente, documentos oficiales de la época de donde se desprenda el desarrollo de algún tipo de proceso judicial seguido contra éste donde surgieran elementos vinculantes a su actividad masónica; o documentos notariales de los cuales pudiera desprenderse semejante tipo de verificación histórica, definitivamente tales documentos, hasta el presente, no han sido  descubiertos.

          Tampoco se ha documentado la existencia de algún escrito preparado por Martí en el cual éste haya hecho alguna expresión afirmativa proclamando abiertamente su condición de masón; o de manuscritos en los cuales su firma apareciera con el distintivo de los tres puntos colocados en una posición triangular, como era usual para muchos  masones consignar en su firma. De hecho, al día de hoy, los tres puntos en la firma sigue siendo usual en muchos masones y como tal la exhiben públicamente. Otros lo hacen con mayor discreción y cuidado, dependiendo el tipo de documento que vayan a suscribir.

         Cuando examinamos el contexto del debate del cual participa Martí sobre el “secreto masónico”, señalamos que del mismo surge, dado su contenido, elementos concretos que formulan la tesis de que Martí fuera masón. Solo quien conozca desde su interior la institución  masónica puede decantar, en medio de una polémica de esa naturaleza, los conocimientos precisos sobre la institución masónica que precisa Martí, sin incurrir ni aventurarse en indiscreciones  o imprecisiones.

          Si bien, como dijéramos antes,  hoy día no es necesario ser masón para tener acceso a casi toda la información concerniente a los diferentes grados en la masonería, e incluso,  a diversos textos masónicos que se reputan como internos de las Logias [42], lo cierto es que aún así, en el caso de Martí, podrá afirmarse que el acceso a dicho conocimiento no sería  prueba  suficiente para llegar a la conclusión de que fuera  masón.

         El  masón, sin embargo, como antes indicamos,  puede  reconocerse, no solo a través de toques y  formas de comunicación pre convenidos, sino también mediante gestos, señas y palabras. También es posible conocer a un masón  mediante otras formas, entre ellas, su escritura y contenido,  su  corriente de pensamiento[43] y el examen de sus acciones a la luz de determinadas circunstancias.

         José  Martí no es la excepción. Por eso nos interesa hacer referencia y  comentar  alguno de sus últimos escritos  [44], correspondientes a otro período en su vida, al período comprendido entre el 14 de febrero y el 8 de abril de 1895, apenas algunas semanas antes de su caída en combate, donde sostenemos existen varias comentarios que evidencian la condición masónica de Martí.

         En las páginas de su Diario, correspondientes al 2 de marzo, se encuentran elementos que, si bien podrían  pasar por alto al examen de una persona no prevenida, para un masón no pasarían desapercibidas por su particular contenido masónico.  Siguiendo la secuencia con la que aparecen las anotaciones correspondientes a dicha fecha en su Diario, veamos la segunda entrada de esa fecha. Allí Martí indica lo siguiente:

         “ A las ocho me llamó hermano Nephtalí en Fort Liberté: a las cinco, costeando la concha de la bahía, entró por la arena salina, en Cabo Haitiano.”

 

         La palabra “hermano” es una con la cual se trata y dirige un masón a otro. Tomando como punto de partida que la masonería utiliza como símbolo  la imagen de una viuda de la cual los masones son todos hijos, todo iniciado, al ser “hijo de la viuda”, es a su vez hermano de otro masón,  no importa dónde éste se encuentre. De ahí surgen las obligaciones de todo masón respecto a otro masón y de tal masón respecto a los hijos e hijas de todo aquel a quien considere su “Hermano”.

         El uso de dicho término en esa época era común en órdenes monásticas. De hecho, su uso puede trazarse a la Edad Media entre las órdenes religiosas que fueron desarrolladas en dicho período, así como también en aquellas órdenes militares que  combatieron  a los llamados “infieles”durante  las cruzadas. Se menciona también que esta palabra era utilizada entre los primeros cristianos para referirse unos a otros.

          En el caso particular de la Edad Media, es importante destacar que de dicho período parten a su vez,  muchos de los grados masónicos existentes en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, como también en el Rito York.

         Este término es a su vez, la forma como los masones se han referido unos a otros históricamente. Su uso también sirvió en el plano político en la elaboración por parte de masones de estatutos organizativos para grupos conspirativos en las luchas de independencia en las Antillas.[45] Este fue el caso del Comité Revolucionario de Puerto Rico bajo la jefatura de Ramón Emeterio Betances, organizado por éste a partir de su exilio, particularmente en el año 1868.

          La referencia de Martí al “hermano Nephtalí”, se repetirá nuevamente más adelante en las páginas de su Diario.                                                                   

         En la cuarta entrada, correspondiente al 2 de marzo de 1895, puede apreciarse la imagen del encuentro de Martí con una mujer de apenas dieciséis años, la cual se encuentra con un niño en sus brazos. A pesar de que desde que Martí  había salido en ruta a Cabo Haitiano llevaba consigo provisiones suficientes para el viaje, al encontrarse con ella, el Apóstol recurre a ofrecerle “en pago a su bondad” unas monedas por un poco de agua que sin necesidad alguna le solicita. ¿Qué razón podía haber tenido para Martí solicitar agua cuando  no la necesitaba? ¿ Qué razón podría haber en ese momento para pagar a la joven por ese poco de agua, tratándose dicho líquido de un recurso que entonces, a diferencia de lo que ocurre hoy, no se mercadeaba?

          La contestación la encontramos en las enseñanzas masónicas que plantean para el masón la obligación moral de hacer la caridad con aquellas personas  desvalidas y necesitadas, pero siempre en forma discreta, sin degradar o mancillar la dignidad de quien la recibe.

         En la sexta entrada que Martí hace para ese día en el Diario, el Apóstol conversa  con el General Corona. En su relato, luego de compartir las vivencias del General y Martí expresarle su necesidad por llegar hasta Fort Liberté, Corona pone en duda que pueda llegar y encontrar el hombre que busca. Martí le insiste en hacer el recorrido y luego de encontrar su guía, en la octava  entrada de esa fecha en su Diario, da cuenta de su llegada al Fort Liberté, a donde se dirige a la casa de Nephtalí en busca de alojamiento y allí lo encuentra. 

         Cuando Martí entra a donde se alojaría esa noche,  encuentra una mesa empolvada con “libros viejos: textos descuadernados, catálogos, una Biblia [46], periódicos masones”.  Contrario a lo que pudiera pensarse en esa época  por el clero, el Estado o los detractores de la masonería, la presencia de una Biblia y textos masónicos en un mismo sitio no es extraño a un lugar donde los masones solían reunirse para el desarrollo de sus tenidas.

         Es evidente que Martí cuando se dirigía a Cabo Haitiano lo hacía con la intención de llegar a un punto previamente convenido, a la casa de un masón. De ahí que hubiera la confianza de llevarle, aunque no estuviera en ese momento el dueño de la casa, a un cuarto en el cual se encontraba este tipo de literatura. Tratándose de un masón,  no había  razón alguna para mantener al recién llegado al resguardo de los textos masónicos que habían en el cuarto.

          De hecho, es una inferencia permisible la conclusión de que si no había tal temor con el recién llegado, es porque su anfitrión conocía  la condición de masón de Martí y ante su ausencia momentánea dejó instrucciones a su familia de que se le diera albergue a su llegada.

         Otro elemento que es importante señalar es que a pesar de que ya Martí se encontraba instalado en la casa, en la mañana, a primera hora Nephtalí se presenta en el cuarto y en su cabecera le pide excusas a Martí  por no encontrarse la noche anterior presente  cuando éste  llegó. Nótese que en dicho relato en ningún momento Nephtalí le pregunta Martí quién le envía ni el propósito de su visita. A Martí sencillamente se le recibe y agasaja en dicha casa como si fuera alguien ya conocido por Nephtalí y su familia.

         Finalmente, es elocuente el diálogo que se entabla entre Nephtalí y Martí al momento de su despedida cuando este último le expresa al primero:

         “ Y cuando me llevo al buen hombre a un rincón, y le pregunto temeroso lo que le debo, me ase por los dos brazos, y me mira con  reproche: Comment  frère? On ne parle pás d’argent  avec un frère.[47] Y me tuvo el estribo, y con sus amigos me siguió a pie, a ponerme en la calzada.” (Énfasis suplido)

 

         Otros elementos pudieran también traerse de manera indirecta desde el punto de vista del posible apoyo que la masonería brindó a Martí en esos días. Por ejemplo, la entrada en el Diario correspondiente a día 3 de marzo Martí menciona un lugar donde se encuentra varios libros de cuyo contenido, uno resulta interesante. De ése, expresa diciendo que más que libro, su índice refleja una sociedad “ya  hueca que se acaba” en referencia a “Las altas esferas de la sociedad– El mundo de las letras.– El Clero.– Las carreras liberales”. En una sociedad como la cubana o española, no hubiera sido fácil tropezarse con libros como los que allí se describen, lo que nos dice también algo sobre las ideas de los moradores del lugar donde Martí se encontraba.

 

 A manera de conclusión

         Sería un tanto ingenuo pensar  que si Martí fue influenciado por otras corrientes del pensamiento republicano y liberal de su época, no fuera influenciado también por una corriente tan vinculada a las luchas independentistas y revolucionarias  como fue la masonería, la cual en forma alguna era contraria a los ideales republicanos y liberales. En lo que a su vez fueron los procesos emancipadores de esta América Nuestra, desde el Río Grande  hasta la Patagonia indómita, desde la más norteña de la colonias británicas hasta la más sureña de ellas dentro de lo que eventualmente  fueron los  Estados Unidos de América, la masonería ha estado presente a lo largo de todas las lucha  emancipadoras libradas. De ello pueden dar fe figuras de la dimensión histórica de Bolívar, O’Higgins, Sucre, San Martín, Valero de Bernabé, Santander, Washington, Lafayette, Maceo, Céspedes, Duarte, Luperón, Betances, Hostos, Ruiz Belvis, y cientos de otros patriotas, forjadores de patrias libres en el Hemisferio Americano.

         El tríptico de Libertad-Igualdad-Fraternidad,  proclamado en Francia durante su Revolución  republicana, fue entonces y sigue siendo aún hoy el tríptico que ha acompañado a la masonería  patriótica en la formación de los procesos emancipadores de las Antillas .

         En el debate de si Martí era o no masón, independientemente se indique por algunos investigadores serios que los masones no pueden demostrar fehacientemente tal hecho, los que niegan esta posibilidad tampoco pueden obviar la influencia que durante todo el siglo XIX ejerció la masonería en los procesos de liberación e independencia de nuestros pueblos.

         Creemos, sin embargo, que existen diversas formas de corroborar un dato. Además de la prueba directa sobre el mismo, existen también los elementos circunstanciales que permiten hacer una inferencia razonable sobre la ocurrencia de  un hecho. En el caso particular de la afiliación masónica de José Martí, existen testimonios de quienes fueron sus contemporáneos que afirman tal hecho;  referencias específicas en sus textos de donde puede extraerse el dato sobre los conocimientos masónicos precisos de su autor; afirmaciones indirectas de su propia autoría que sugieren tal condición; elementos indirectos en el contenido de sus trabajos donde se utilizan expresiones atribuidas a  masones; y sobre todo, elementos éticos y políticos comunes a otros masones que al igual que Martí formaron parte esencial en los procesos emancipadores de América Latina durante el siglo XIX. Tales elementos circunstanciales  permiten a aquel o aquella que ha tenido la oportunidad de conocer en mayor detalle lo que constituye la masonería,  hacer una inferencia  razonable de la condición de masón de  José Martí.

          Estos elementos circunstanciales se fortalecen aún más cuanto más profundo es el conocimiento de quién investiga sobre los postulados éticos o filosóficos sobre los cuales  se sostienen las enseñanzas masónicas en sus diferentes grados y ritos.

          Debo reconocer, sin embargo, que para quienes  no han tenido la oportunidad de  conocer  desde adentro la masonería simbólica en sus diferentes ritos y grados, algunos elementos que  para el masón resultan importantes como evidencia de la condición de masón de quien los afirma o representa,  pasen en muchas ocasiones  total o parcialmente desapercibidos.

         Sin embargo, nada sería  más ajeno al  espíritu  masónico o a los principios éticos que la masonería  propulsa, que la apropiación para beneficio propio de aquellos  símbolos en los cuales se representa, no solo la masonería, sino  pueblos enteros y desde ellos, la propia Humanidad. No honra ni eleva los postulados masónicos la acción  mezquina de disputar como espacios propios, aquellos que sencillamente pueden y deben ser compartidos por todos, para beneficio de todos y todas.

         La masonería enseña al masón la importancia de desprenderse  de todo sentido de vanidad, a perseverar siempre en los nobles propósitos de la Orden, a enfrentar el fanatismo, la discordia, y a dominar las pasiones que esclavizan al ser humano; la masonería enseña la práctica de la fraternidad, promueve el reconocimiento de la igualdad entre los seres humanos y defiende la importancia de la búsqueda de la verdad y la lucha por la libertad.

          La masonería promueve el avance del género humano, descarta el dogma, proclama la ciencia, llama al ser humano a devastar la llamada “piedra bruta” que engendra la ignorancia y promueve el pulimento ético del ser humano a través del trabajo paciente y discreto, del estudio  y la educación.

         No existe una sola contradicción  fundamental entre los valores masónicos impulsados por la masonería patriótica de la cual formó parte Martí y tantos otros y las ideas sobre las cuales se estructuró su pensamiento político, humanista y  universal.

          A ciento cincuenta  años de su nacimiento,  Martí es símbolo de la Humanidad toda; lo es para beneficio de Cuba, para beneficio de las Antillas, para beneficio de América y para beneficio del mundo. De ese todo que se representa en la figura histórica de José Martí, la masonería cubana y universal también forma parte.


 

Alejandro Torres Rivera


     [1]Op. Cit. pág. 22.

    [2] A. Gallatin Mackey, Enciclopedia de la Francmasonería, Editorial Grijalbo, Argentina, 1981,  Tomo I, págs. 410-413.

     [3] A. Gallatin Mackey, Op. Cit. indica que la primera logia de la cual se tiene conocimiento en Cuba surge como resultado de la ocupación inglesa de La Habana el 14 de agosto de 1762 donde figura registrada una Logia Militar Núm. 218 en el Registro de Irlanda y se atribuyó al Regimiento de Infantería Núm. 48 denominado “De Webb”, perteneciente a la Brigada del general Walsh. Sin embargo, se indica que una vez se produjo la retirada de las tropas inglesas de La Habana el 6 de julio de 1763, éstas se llevaron con la evacuación de la ciudad la logia.

     [4] Mariano Abril, Antonio  Valero de Bernabé un héroe de la Independencia de España y América, Edición Instituto de Cultura Puertorriqueña, Serie Popular, 1971.

     7  Indica Mariano Abril en su libro lo siguiente:

           “...preso Valero en La Habana logró fugarse. Su encuentro con el barco corsario y su prisión en la Habana (sic) fue ciertamente una aventura pintoresca y arriesgada. Nos explicamos la fuga por hallarse de gobernador en Cuba el general don Dionisio Vives. En aquella época los cubanos conspiraban activamente fuera y dentro de la isla. En Filadelfia funcionaba un club revolucionario, al que pertenecían jóvenes de los más distinguidos y ricos de Cuba, como Iznaga y Betancourt Cisneros. En la isla se establecieron logias que, denominadas ‘Soles de Bolívar’, eran centros de conspiración” (Énfasis suplido)

      8 La Dra. Josefina Toledo, Directora de la Cátedra Ramón Emeterio Betances en el Centro de Estudios Martianos de La Habana, Cuba, en un reciente libro publicado en Puerto Rico por el Ateneo Puertorriqueño bajo el título de Lola Rodríguez de Tió, Contribución para un estudio integral, Cuadernos del Ateneo, Serie de Historia Número 4, Librería Editorial Ateneo, 2002, indica sobre Valero de Bernabé lo siguiente:

           “El 23 de octubre de 1823 una comisión de cubanos independentistas decide visitar el cuartel general de Simón Bolívar para solicitarle ayuda en sus planes de emancipación. Cuando el grupo de patriotas arriba a La Guaira, Venezuela, encuentra un formidable aliado en el general puertorriqueño Antonio Valero Bernabé, aguerrido militar con vasta y polifacética experiencia adquirida inicialmente como oficial de las fuerzas españolas en México, y después apoyando la república mexicana.

           Antonio Valero Bernabé ofrece sus servicios al Libertador, y cuando la comisión cubana llega a La Guaira, el general Francisco de Paula Santander acaba de comunicarle a  Valero que se le acepta en el ejército colombiano con el mismo rango de general que ostentaba en México. Estimulado  por la incondicional aceptación de que ha sido objeto, el militar puertorriqueño le propone a los cubanos organizar una expedición armada para luchar por la independencia de Cuba y Puerto Rico. La comisión de cubanos acompañada por el general boricua arriba a Bogotá el 19 de enero de 1824 y son recibidos por el general Santander, encargado del gobierno en ausencia de Bolívar. El prócer colombiano no desestimula la proyectada expedición, pero la supedita al objetivo inmediato de los ejércitos bolivarianos, de completar la campaña libertadora con la total derrota del colonialismo español en Perú. Santander les ofrece el apoyo material que necesitan para proseguir el viaje hasta Perú y allí entrevistarse con Simón Bolívar.”

    9 La investigación inicial sobre la afiliación o no afiliación  masónica de José Martí la desarrollé en el Centro de Estudios Marianos durante el verano de 1994. Motivó la misma una visita que hice entonces al edificio donde ubica en La Habana la Gran Logia de Cuba. Allí los masones tienen un piso del edificio dedicado a museo. Estando allí pude observar un nicho en el cual se encuentran presumiblemente las Joyas Móviles masónicas atribuidas a Martí. En otra parte del museo puede apreciarse una fotografía, donde se puede apreciar parcialmente el rosto del Apóstol, supuestamente obtenida luego de su muerte, primer entierro y posterior traslado del cadáver a Santiago de Cuba donde sería nuevamente enterrado una vez identificado oficialmente por las autoridades españolas. 

             Busqué dicha foto para corroborar su origen en Gonzalo de Quesada y Miranda, Iconografía Martiana, Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1985. En dicho texto, en su Presentación, específicamente se indica que “[A]l publicar ahora esta Iconografía martiana, hemos limitado la inclusión de material gráfico a las fotografías y retratos hechos de Martí en vida, que son en definitiva los que revisten un interés documental verdadero.” Asumimos que por tal razón, es decir, que el libro se limita a retratos “en vida”de Martí,  no está incluida en el libro la foto que se encuentra en el museo en la Gran Logia de Cuba.     

            El contraste de la foto y la información que me ofreció el Hermano Masón a cargo de atender al público que visita el museo me llevó a iniciar la búsqueda en el Centro de Estudios Martianos sobre la afiliación  masónica de Martí. En dicha búsqueda me tropecé con el debate al cual remite este ensayo.

     10  El suscribiente es masón iniciado en Puerto Rico en lo que se denominó Gran Oriente Interamericano de Puerto Rico. Dicho Oriente constituyó una escisión del Gran Oriente Nacional de Puerto Rico que había sido fundado en 1948 producto de una ruptura dentro de la Gran Logia Soberana de Puerto Rico. Esta última fue producto del reclamo de masones puertorriqueños que sostenían no era posible la existencia de una masonería en una colonia, sino era  reivindicando, como parte del tríptico LIBERTAD-IGUALDAD-FRATERNIDAD, la independencia nacional. El Gran Oriente Interamericano de Puerto Rico surge como resultado de diferencias relacionadas con la participación de el G. O. N. P. R. en organismos masónicos en los cuales participaba la masonería cubana en el exilio, específicamente en la Respetable Logia de Lenguas Extranjeras en la ciudad de Nueva York. Eventualmente, con el paso de los años, el Gran Oriente Interamericano de Puerto Rico  reconcilió sus diferencias con el Gran Oriente Nacional de Puerto Rico y éste a su vez terminó sus relaciones con la Respetable Logia de Lenguas Extranjeras, procediendo a reunificarse bajo una misma obediencia los masones de ambos Orientes. 

            El Gran Oriente Interamericano de Puerto Rico estuvo a su vez afiliado al “Supremo Consejo del Grado 33 ‘Jurisdicción Universal’ del Norte de Estados Unidos de América, el cual operaba en la ciudad de Nueva York al margen de las potencias masónicas oficiales de la masonería estadounidense y del Supremo Consejo del Grado 33 para el Norte de Estados Unidos. Para este último, la masonería en Puerto Rico– que dicho sea de paso, responde al Supremo Consejo del Grado 33 para el Sur de Estados Unidos– que no esté bajo la obediencia de la Gran Logia Soberana no es masonería regular. El Supremo Consejo del Grado 33, ‘Jurisdicción Universal’ del Norte de Estados Unidos de América tampoco es reconocido como masonería regular. En este organismo masónico el suscribiente obtuvo el Grado 33 en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

     [9]Fuentes Bibliográficas para el Conocimiento de la militancia masónica de José Martí, Academia Cubana de Altos Estudios Masónicos, 1976.

     [10] Nótese el uso de la palabra “Orador” en mayúscula. Se trata no de una función incidental de una persona dirigiéndose a otras como parte de una alocución o discurso, sino de un puesto en Logia que se encuentra ubicado a la izquierda del Venerable Maestro. El Orador es el custodio de la Ley Masónica en una Logia al igual que lo es el Gran Orador en un Oriente masónico. Es también el funcionario al cual debe remitirse el Venerable Maestro en una Logia para interpretar y decidir cualquier aspecto de Ley Masónica que deba ser resuelto dentro de una disertación o discusión del Taller en el curso de una Tenida, que es el nombre dado por los masones a sus reuniones en logia. El Orador es también la persona que, luego de consumir su turno oficial en una Tenida, con sus expresiones o reflexiones, debe darse por concluido toda otra discusión entre los Hermanos que asisten a dicha Tenida. Solo un masón que haya advenido, al menos,  a la condición de Maestro Masón, que es el Tercer Grado en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, le es permitido ocupar semejante puesto en una Logia.

     [11]Jesús Fernández Lamas, en su capacidad de Diputado Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba indica en un texto publicado bajo el título Presencia de José Martí en la Logia Silencio, escrito en 1938, que Valdés Domínguez inició a Martí en la Logia “Armonía Núm. 52"  bajo el Venerable Maestro Agustín Palmer; que dicho Taller trabajaba por el rito francés y que esa misma noche fue iniciado Pachito Plá.

   [12]Mitología de Martí, Editorial Renacimiento, Madrid, 1929.

   [13]El Francmasón de la República de Cuba y su Hermano José Martí Pérez, 1931.

     [14] Dichas “joyas móviles” pueden apreciarse en estos momentos localizados dentro de una vitrina en el Museo de la Gran Logia de Cuba.

     [15] Miguel Ángel Valdés , Martí Masón, Editorial Mundo Masónico, 1937.

     [16] De rigor es aclarar que se refiere al Grado Rosa Cruz dentro del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y no al concepto  “Rosacrucianismo”, vinculado con la sociedad cuyo origen se atribuye al personaje ficticio de Christian Rosenkreus, creado por el teólogo Juan Valentín Andrea junto a otras treinta personas que figura en el libro Fama Fraternatis. Indica A. Gallatin Mackey, Op. Cit., Tomo 4, que de acuerdo con la obra de Andrea, “Rosenkreus procedía de buena cuna, pero siendo pobre, se vio obligado a entrar en un monasterio desde los primeros años  de su vida. A la edad de dieciséis años, se encaminó con uno de los monjes con el objeto de llevar a cabo una peregrinación al Santo Sepulcro. A su llegada a la isla de Chipre, el monje adquirió una enfermedad y murió, pero Rosenkreus continuó su viaje. En Damasco permaneció por tres años, dedicándose al estudio de las ciencias ocultas enseñada por los sabios de la ciudad.”Se indica por A. Gallatin MacKey que luego, Rosenkreus pasó largos años en diferentes países hasta que decidió regresar a Alemania, donde fundó una sociedad “para el cultivo de las ciencias que había estudiado durante sus viajes.”

     [17] En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado el Grado 30 se conoce como “Gran Elegido Caballero Kadosh o Del Águila Blanca o Negra.

     [18] El concepto “visita”a una Logia, en la masonería, tiene un significado particular. Se visita aquellas logias donde se reconoce la condición de masón a aquel que solicita entrada al Taller. Masones que no sean “regulares” o que provengan de logias “reconocidas” dentro de la jurisdicción a la cual esté afiliada la logia no tienen acceso a los trabajos internos de la misma. Es por esto que dicho autor, más adelante en el mismo texto, indica que “para la masonería norteamericana Martí no era masón estrictamente regular. No había relaciones, seguramente, entre el Grande Oriente Lusitano Unido y la Gran Logia de New York, que fue la que el 6 de junio de 1856 concedió Carta Constitutiva a la ‘Logia Fraternidad’ citada, a la que le otorgó el número 387. Los documentos masónicos de Martí no podían servirle, pues, para visitar ésa ni ninguna logia regular norteamericana, y menos para ingresar en ella...”

     [19] En su ensayo Martí, aparecido en Monografías Masónicas, La Habana, 1964 nos dice que Rafael María de Medieve el 27 de agosto de 1866 le escribió una carta al Director del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana solicitando el ingreso de Martí a dicha institución. Señala Reyna que Medieve era poeta y masón, significando la influencia que dicho ser humano ejerció en la formación de Martí. Indica también que cuando Martí llega a España, el principal exponente de la filosofía lo era Julián Sanz del Río quien era considerado el “más claro expositor del krausismo en España” Krause, quien a su vez también fue masón, era para Martí  un pensador “más grande” que Fitche, Schelling o Hegel. 

            Krause, cuyo nombre era Carlos Christian Federico Krause, de acuerdo con A. Gallatin Mackey Op. Cit. , Tomo 2, págs. 835-37, adoptó un sistema filosófico en el cual fundaba la teoría de que “la vida colectiva del hombre– es decir, de la humanidad– era una unidad orgánica y armoniosa; y concibió el plan de una unión formal de toda la raza del género humano en una confederación, que contribuyesen todas las uniones parciales de las organizaciones eclesiásticas, del gobierno del Estado, de grupos y núcleos, sociales y privados, en una confederación general, las que debían laborar, haciendo la abstracción de toda influencia política, aclesiástica (sic), o personal, para el bien de la cultura universal y uniforme de la humanidad .”

            Indica Reyna que durante su estadía en España, Martí se inicia en la “Logia Armonía”, una logia capitular que dependía o estaba bajo la jurisdicción del Gran Oriente Lusitano Unido con sede en Portugal. Dicho Oriente, indica, mantenía relaciones con el Gran Oriente de Colón en Cuba, el cual en 1867 había “designado y acordó credenciales de gran Representante del Alto Organismo Masónico, ante el Gran Oriente Lusitano, al Ilustre Conde  de Paraty, Gran Maestro del cuerpo portugués”.

            Como resultado de la división de la masonería española en varios Grandes Orientes, uno de esos cuerpos “se dirigió a distintas Grandes Logias, afirmando que las logias dependientes del Gran Oriente Lusitano en suelo español, eran irregulares y que sus miembros eran ignorantes, díscolos y perturbadores; ello dio motivo a unánime protesta de todas las logias lusitanas y a que el Gran Oriente dejara suspensa las relaciones con los organismos españoles, en espera de diafanizar la situación.”

            Continúa indicando Reyna que uno de los organismos masónicos en la contienda manifestó:

           “Considerando, en fin, que la creación en nuestro territorio de logias Lusitanas (sic) es un elemento de perturbación que no puede tolerarse, ya porque en ellas se acogen los hermanos irradiados de nuestro seno, ya porque independientemente de la autoridad masónica española se convierten en clubs políticos con grave perjuicio de la Orden y desprecio de los Estatutos Generales.”

     [20] Martí, Hombre, . A Juicio de González Rodríguez, es un escrito “de los más valiosos sobre el inmortal cubano”, dicho esto en referencia a Martí.

     [21] José Martí, el Santo de América, 1941.

     [22] Se trata este de un dato que pudiera ser contradictorio con la posición de Orador  en la Logia a la que hace referencia González Rodríguez ya que si el turno que consumía Martí en la Logia lo consumía  como “Orador”, el mismo no estaba sujeto a réplica una vez consumido el mismo. De otro lado, el Orador, como intérprete de la Ley masónica era quien determinaba el contenido y alcance de lo que estaba permitido discutir en tenidas masónicas.  Claro está, Martí a pesar de ocupar un puesto en Logia como Orador, no estaba impedido de consumir otros turnos en los debates de las tenidas no relacionados con su turno oficial como Orador del Taller, en cuyo caso sí puede existir la posibilidad de que pudiera fraternalmente llamársele la atención por parte del Venerable Maestro en alguna de sus intervenciones.

     [23] Martí y las Religiones, Capítulo X, 1941.

     [24] Martí, El Apóstol, Editorial Calpe, Argentina, 3ra. edición, 1946.

     [25] Sobre este extremo también se expresa el mexicano Camilo Carrancá y Trujillo en Martí en la Masonería, Conferencia dictada en la Logia América el 3 de junio de 1939, donde indica que  cuando el periódico La Prensa editado por Sagasta tacha a los cubanos en Madrid de “ filibusteros solapados, hipócritas e hijos espúreos de España” es Martí quien le sale al paso en el periódico El Jurado Liberal, cuyo  Director y otros redactores también eran masones.

     [26] Martí en Santo Domingo. Allí figura una Conferencia dada el 23 de mayo de 1931 en la Logia “Unión Hispanoamericana”por el cubano Juan E. Bory. A este se le atribuye en dicho texto haber tenido la responsabilidad de mecanografiar el “Manifiesto de Montecristi”.

     [27] La referencia a una disertación en el contexto de una reunión en una Logia que hace el autor sobre Martí solo era posible que ocurriera en una de dos maneras: mediante una Tenida regular de la Logia a la cual solo podían asistir los masones que así fueran como tales reconocidos, o mediante una “Tenida Blanca”, que es el término utilizado por la masonería para referirse a actividades en las cuales se permite la participación de personas invitadas las cuales no necesariamente sean iniciadas en la masonería. Tratándose de una situación y unos tiempos como los que preceden a la aprobación del Manifiesto de Montecristi y el traslado de Martí desde Montecristi hacia Cabo Haitiano como preludio a su viaje para integrarse directamente como combatiente en la guerra de independencia en Cuba, es improbable que ese encuentro se hubiera realizado de manera pública o fuera de la seguridad que le ofrecían a los presentes la condición de hermanos masones.

     [28] La Expedición Gómez-Martí: Un Eslabón perdido en su cadena de vicisitudes.

     [29] La masonería tiene formas a través de las cuales los masones, según el grado que ostentan, pueden hacerse reconocer por parte de otros masones en igualdad de condiciones. Se trata de palabras, toques, formas en las cuales se puede parar un masón o señales universales que solo son del conocimiento y entendimiento de aquellos o aquellas que han sido iniciados en la masonería y han ido escalando sus respectivos grados, según el rito correspondiente. 

            Es importante, además, señalar que un masón al momento de ser iniciado, pasa a formar parte de una hermandad universal en la cual todo masón pasa a ser su hermano y como tal viene obligado por su juramento iniciático a defenderle,  socorrerle y prestarle ayuda en todas sus necesidades.

     [30] La Obra de Martí, Discurso pronunciado en el Salón de Actos de la Sociedad “Unión Club”cedido a la Logia Fiat Lux el 28 de enero de 1931.

     [31] Si asumimos como correcto el dato de que Martí fue Orador en la Logia Armonía, es importante asumir a su vez que al momento de ocupar dicha posición ya Martí llevaba en la Masonería un tiempo lo suficientemente razonable como para haber sido iniciado en el grado de Aprendiz Masón, haber estado en el mismo aprendiendo las enseñanzas masónicas de dicho grado antes de recibir un “aumento en salario”que lo llevara al Segundo Grado como Compañero y posteriormente, una vez asimilara las enseñanzas y tiempo requeridos del grado  de Compañero, exaltado al grado de Maestro Masón, que es el Tercer Grado en Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

            Para Martí haber sido elevado a los grados 18 y 30 en la Masonería, que a diferencia de los grados que preceden al 18, en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, son considerados grados filosóficos,  además de los requisitos de cumplir con un mínimo de tiempo en cada grado, salvo dispensa especial, tenía que conocer las formas y ritos bajo los cuales se conducen los trabajos en cada grado. De ahí que asumiendo como premisa correcta que en efecto obtuvo los grados 18 y 30 en la Masonería, la participación activa de Martí dentro de la Orden no pudo ser peregrina ni pasajera.

     [32] Término utilizado por la masonería para referirse a todo tipo de trabajo público o privado que no se haga desde una perspectiva estrictamente masónica, fuera de la Logia.

     [33] Ideología y Práctica en José Martí, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, en particular el capítulo La propaganda de algunos masones y caballeros de la luz acerca de José Martí”. Toledo Sande rechaza la tesis de la militancia masónica de José Martí  indicando que la masonería cubana ha hecho una especie de apropiación post morten de Martí para su propia gloria y beneficio. De hecho le atribuye a la masonería tradicional, por tan solo darle un nombre que la distinga, y a una modalidad o rito masónico de origen cubano denominado “Caballeros de la Luz”, en referencia a su fundador José de la Luz y Caballero, ser los autores de dicha apropiación. Para Toledo Sande, contrario a una premisa general de la masonería que se reconoce a sí misma no como una “religión”, aunque parte del reconocimiento de un principio originador de las cosas a la cual se le atribuye el nombre genérico y simbólico de “Gran Arquitecto del Universo”, el autor indica, en referencia a la masonería, que se trata de “una suerte de  religión”, adjudicándole carácter de “divinidad” a ese concepto genérico al cual hicimos referencia. Toledo Sande cataloga, además a la masonería, a diferencia de los Caballeros de la Luz que los considera como una organización de “origen estrictamente cubano”, como “organización de origen extranjero”.

       34 He hecho una búsqueda en las Obras Completas de José Martí, Edición de 1985 del Centro de Estudios Martianos, como también en la versión interactiva de las mismas hecha entre el Centro de Estudios Martianos y Debogar y Cia. Ldta. de Colombia, y no hemos podido localizar los textos citados por ambos autores en sus trabajos y que son atribuídos a la autoría de José Martí.

     [35] Esta frase sería suficiente para contradecir dicha conclusión de Toledo Sande ya que  la necesidad en la masonería en países coloniales donde la masonería juega todavía un papel  de importancia en las labores conspirativas hace de su secretividad precisamente una necesidad. Martí podía referirse al carácter público que podía tener la masonería en México desde una perspectiva de país libre, cosa que no ocurría en Cuba en su época.

     38 El concepto “secretividad” en términos masónicos, se ha medido históricamente desde dos aproximaciones diferentes. La primera postula que la masonería comparte principios “esotéricos”, es decir, aquellos principios y prácticas contenidos en los rituales utilizados en cada Obediencia masónica, particularmente los correspondientes a cada grado. Estos, se supone sean secretos tanto para todo aquel o aquella que no se ha “iniciado” en la Orden, como para todo aquel o aquella que, aún siendo iniciados, no hayan alcanzado el grado correspondiente respecto a otros grados en la masonería del cual estemos hablando. La segunda, parte del reconocimiento de la existencia de ciertos principios “exotéricos”; es decir, aquellos viejos preceptos y reglamentos, usos y constituciones adoptados desde tiempo inmemorial por la masonería para su gobierno interno de conformidad al Rito practicado. Estos últimos, dada su condición, es información común, aequible al pueblo, por lo que su divulgación no violenta secreto alguno dentro de la masonería. Véase A. Gallatin Mackey, Op. Cit., Tomo 2, pág. 545 y la ponencia presentada por el suscribiente el 31 de mayo de 1993 en Tenida Blanca realizada en San Juan, Puerto Rico bajo el título de La mujer, los Antiguos Límites y la Masonería.

            En el texto citados por Carrancá y Trujillo, ni el atribuido a José Martí citado por Toledo Sande, se discute el aspecto del “secreto masónico”tomando en consideración estas vertientes.

     [37] Nótese que a partir del reconocimiento de la autoría de dichas expresiones como expresiones de Martí, en ellas el Apóstol básicamente hace público reconocimiento de su condición de masón cuando dice “el que escribe”, como si se refiera a él en tercera persona. Más aún, la afirmación categórica que allí hace al indicar que lo que afirma en ese momento lo ha discutido “ante altos cuerpos masónicos”, es indicativo que en ese momento Martí había  alcanzado grados simbólicos y filosóficos en la masonería. De otro modo, hubiera sido imposible sostener este tipo de discusión en tales “altos cuerpos masónicos”.

     38 En su ensayo Herrera Franyutti indica lo siguiente:

           “ ...otro investigador ya señalalo, Camilo Carrancá y Trujillo, quien desde las primeras etapas de su vida, en su natal Mérida también escuchara la voz ferviente de los emigrados cubanos radicados en ella, empezó a conocer el significado de José Martí. Años después labores diplomáticas lo llevaron a Cuba, donde en compañía de Jorge Mañach, Juan Marinello, Gonzalo de Quesada, Emilio Roig de Leuchsenring y otros, profundizó su conocimiento y acrecentó su fervor martiano. Cuando regresó a México, dotado de abundantes libros publicados en Cuba, sin pérdida de tiempo, sin darse tregua, con dedicación apostólica se dio a la tarea de compilar gran parte de los artículos martianos que quedaron el la Revista Universal durante los años 1875-1876, destacando sus famosos ‘Boletines’, que escribiera bajo el seudónimo de Orestes , de los cuales se conocían solo unos cuantos, reproducidos en el periódico El Mundo, en el año 1921, y en las ediciones de Gonzalo de Quesada y Alberto Ghiraldo. Así como dos artículos ‘Extranjero’ y ‘Alea Jacta Est’, publicados en El Federalista, acotados con interesantes notas aclaratorias sobre los textos y personajes a los que se refería Martí. Estos materiales integrarían los dos primeros volúmenes de su obra titulada José Martí. La clara voz de México, que aparece en 1934 y 1936. Junto a esta labor aglutinadora escribe pequeña monografías sobre diferentes facetas de la vida de Martí, entre las que sobresalen: Martí, traductor de Víctor Hugo, Ana Martí, noticias de su muerte, Las polémicas de Martí en México, Martí y Cantear y la Revolución Cubana en 1875, así como su estudio publicado  en La Habana Martí se revela como Orador en México, y un interesante artículo ‘Martí y la masonería’. Basten estos textos para apreciar el fervor que el yucateco desplegó en la investigación martiana.” (Énfasis suplido)

     [39] La literatura consultada es la que se examinó en el verano de 1994 en el Centro de Estudios Martianos en La Habana, Cuba.

     [40] Véase Roger Fernández Callejas, Revista de la Gran Logia, Número 11, noviembre 1976, Onceno Congreso Nacional de Historia. En él su autor establece las premisas históricas desde las cuales la masonería cubana sostiene la situación masónica de José Martí, cuyas conclusiones fueron adoptadas por dicho Congreso como correctas. Veáse también Ricardo Franco Soto, El Pensamiento Masónico de José Martí Pérez, Logia Vida Espontánea, San Cristóbal, 1953; Capitán del E. L. Ángel Rosendre y de Zayas, El Francmasón de la República de Cuba y su Hermano José Martí, 1931; Carlos de la Torre, Martí Masón, Editorial Mundo Masónico, 28 de enero de 1948; Tulio Cestero Burgos, Filosofía de la Cultura en la Vida Intensa de Martí, Editorial Montalvo, Ciudad Trujillo, 1953.

     [41] Lo anterior, lo afirmamos aún asumiendo que sus intervenciones en las tenidas se hubieran hecho en referencia específica a su nombre y no a un seudónimo (nombre simbólico), como ocurría en esa época donde  los masones, para proteger sus identidades, tenían un seudónimo bajo el cual eran designados entre sus propios hermanos. De acuerdo con lo dicho por Reyna, Op. Cit., hacia 1879, Martí utilizaba el seudónimo de “Anahuac”.

      [42] Si como muestra un botón basta, sería suficiente que nos refiriéramos a la excelente novela del escritor cubano Leonardo Padura Fuentes, La Novela de mi vida, Colección Andanzas, Barcelona, 2002. A pesar de la profundidad en la que logra entrar Padura Fuentes sobre la práctica masónica en referencia al desarrollo de la masonería cubana del siglo XIX y sus rituales internos, un masón prevenido que haya obtenido un conocimiento profundo de  lo que constituye el Rito Escocés Antiguo y Aceptado dentro de la masonería,  podrá apreciar errores específicos en algunas de las descripciones que nos presenta el autor sobre la práctica masónica y rituales de los cuales participan sus personajes.

     45   José Antonio Bedia Pulido en su ensayo José Martí en el México Liberal (1875-1876). Coyuntura, Asimilación y Cambio, Anuario de del Centro de Estudios Martianos Núm. 22, 1999, págs. 217-227, indica lo siguiente:

           “Este universo ideológico-político acoge a Martí durante los años 1875 y 1876. El joven había concluido sus estudios universitarios en España, pertrechando su bagaje cultural. Había participado de los debates del Ateneo de Madrid, muy afamado círculo para el intercambio de ideas en boga; no era un hombre de estrecho perfil mental, ni un teórico severo. Al contrario, por sus vínculos, primero con los liberales cubanos y luego españoles, le es permisible hacer un deslinde dentro de esta propia corriente de pensamiento.

           Su llegada a la tierra de Juárez le mantiene abierto un espíritu de formación para la reflexión política, social y económica. El contacto con la realidad americana le posibilita una expansión de sus conocimientos teóricos. En México se mantenían fuertes todavía las ideas de la Reforma, mientras que, el Benemérito, iba convirtiéndose en leyenda y parte de la tradición a la que dirigían sus esperanzas diferentes sectores sociales.

           Entre sus amistades y en los círculos de relaciones que sostuvo, predominaba el pensamiento liberal. Por otra parte, la literatura del período reflejaba mayoritariamente estos postulados teóricos, Por último, debemos señalar que en México coincide con el momento en que José Martí vivió un régimen político afiliado a esta corriente de pensamiento. El,  por su parte, se vio envuelto en una activa vida, apoyando las medidas puestas en vigor. ‘La doctrina liberal en política, economía, y el romanticismo en lo artístico, fueron el mundo cultural en el cual introdujeron a Martí sus condisípulos y maestros.’

           Cuba también se vio sacudida por la corriente liberal, que, emanada de Europa, repercutió en todo el continente americano durante los primero veinte años del siglo XIX. Posteriormente, este pensamiento siguió latente entre los sectores más progresistas dentro de la Isla. Con ellos estableció el cubano algún tipo de contacto, fundamentalmente, mediado por su maestro Rafael María de Medieve. España, durante la primera deportación del joven patriota, se desenvolvía en un período de triunfante revolución, gestora de una república liberal. 

           Sin dudas estas realidades fueron sentando presupuestos en las ideas de Martí, que si bien en muy pocas ocasiones hace referencia directa a autores determinados, no cabe duda que tuvo entre sus puntos de reflexión obligados al krausismo español, al positivismo, al liberalismo y al romanticismo social francés. Con su llegada a México, este acervo hizo que pronto se incorporara a las filas de los republicanos.”

     [44] Nos referimos a su Diario, el cual corresponde a la etapa previa a su desembarco en Cuba para integrarse a las filas del Ejército Libertador. Su texto aparece en las Obras Completas, Op. Cit.  Tomo 19, bajo el título de  De Montecristi a Cabo Haitiano.

     [45] Por ejemplo, el 6 de enero de 1868 Ramón Emeterio Betances constituyó en Santo Domingo el Comité Revolucionario de Puerto Rico. La Constitución del mismo fue adoptada día 10 de enero. Dicho Comité jugó un papel fundamental en la organización del Grito de Lares en Puerto Rico. En su Reglamento se dividía a los miembros en tres categorías: Hermanos, Maestres y Priores. Cada Comité, siguiendo el modelo de organización de una logia, además de contar con las tres categorías antes dichas, era dirigido por el Maestre. Como en la masonería, los Hermanos se definían como “todos los hombres de buena vida y costumbres” que fuesen admitidos en la sociedad. Una vez admitido un Hermano, le correspondía al Prior, como le corresponde al Compañero en el Segundo Grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, fiscalizar el cumplimiento de las obligaciones que contraía el Hermano recién admitido. La figura del “Maestre” como director de la célula conspirativa guarda directa relación con la posición de “Venerable Maestro” como principal oficial en una Logia. Una discusión más detallada del contenido y alcance de este Reglamento puede encontrarse en el libro de Germán Delgado Pasapera titulado Puerto Rico: sus luchas emancipadoras (1850-1898), Editorial Cultural, 1984, páginas 173-78.

     [46] La presencia de una Biblia, el polvo sobre la mesa  y la literatura masónica en un mismo cuarto deja abierta la posibilidad de que el salón en cuestión pudiera haber sido utilizado en algún momento pasado como lugar de reunión de masones.

     [47] En el diálogo Nephtalí le reprocha a Martí cómo es posible que él le ofrezca dinero cuando se trata de un favor que se hace de un hermano a otro.