El cine para y por niños

 

 

Marianela González

 

 

“Los niños pueden cambiar los puntos de vista más académicos e intransigentes. Trabajar con ellos y para ellos es sentir que estás en el lugar correcto”…, y Cuba “anima” a sentirlo por tercera vez. El Festival Internacional del Audiovisual para la Niñez y la Adolescencia (Cubanima) reunió en La Habana a creadores como el belga Jean-Luc Slock, miembro del jurado profesional, que conciben a este público especial no solo como un destino: ellos también —¿quién lo duda?—  pueden ser los artistas.

 

“Yo pienso que cuanto más libres en la creación sean los chicos, más calidad hay en el trabajo —comentó el cineasta español Jorge Viroga, también miembro del jurado profesional—. De esa forma vemos que el resultado son productos mucho más críticos, mucho más profundos y comunicativos. Y en definitiva lo que hacemos los cineastas es para comunicar a los demás, así que esta forma también lo logra y a la vez es una contribución a su desarrollo personal.”

 

El cine producido para y por niños devino eje temático fundamental de los tres encuentros teóricos del Festival, desarrollados en forma de paneles de discusión. Las experiencias de cuatro países —Bélgica, España, EE.UU. y Cuba— en cuanto a la creación de espacios de formación cinematográfica para niños, demostraron cuánto puede hacerse no solo en relación con el aprendizaje técnico, sino en función de concebir al audiovisual como principio más general de sensibilización humana y artística.

 

Además, los paneles incluyeron reflexiones sobre el diálogo entre investigación y producción audiovisual en función de un mayor acercamiento al público infantil y adolescente, así como el reflejo en los productos de las principales experiencias, contradicciones, sueños y angustias de quienes transitan ambas etapas de la vida, apasionantes y complejas.

 

Como parte de las actividades principales del Festival, fueron exhibidas en las salas de video de la capital las obras en concurso, unos 60 audiovisuales procedentes de naciones de América y Europa, con una representación numerosa de realizadores latinoamericanos.

 

Los días de encuentro de “la gran familia” —o de “los parientes”, como bautizó el presidente del Festival, Juan Padrón, a los cineastas que trabajan para el público infantil y adolescente— acogieron además un homenaje al realizador de animados Tulio Raggi, cercano a su 60 cumpleaños. El negrito cimarrón, el sucio Canela  y el coronel Valdés volvieron a sus andanzas por las salas capitalinas.

 

Junto a ellos, en la complicidad de quienes han sido culpables de tantas risas, recobraron la gran pantalla aquellos personajes de movimientos casi imperceptibles, como recortados en papel, frutos del cine de animación soviético y de Europa del Este. Personajes del recuerdo, como Bolek y Lolek o el perrito Rex, que aún tienen en nosotros el sabor de lo cotidiano.

 

“Todas estas actividades son necesarias, y para nosotros como jurados son una base para mirar luego críticamente lo que vamos a evaluar —agregó Viroga—. Cierran un equilibrio que es esencial para todo encuentro que se proponga ser serio y realmente útil.”

Tal vez sea ese el secreto de mover tanta creación: un Festival, aún niño, donde realizadores de todas las edades pretenden trascender las fronteras competitivas y convertir sus reflexiones en acciones concretas… Entonces, ¿quién podría dudarlo, si ya cubanimó los primeros pasos?

 

 

Marianela González es una escritora cubana.

 

Tomado de La Jiribilla.