Un análisis libertario de las elecciones presidenciales                                                         Chile: continuismo capitalista y derrota de la izquierda electoral

 

Profesor J
 

 

Las cifras dadas a conocer de las elecciones de ayer domingo 11 de diciembre muestran lo ya conocido: el capital se reordena para afirmar el modelo mientras casi la mitad de la población (ya está llegando al 40%) se orienta hacia fuera de las instituciones.

Si bien antes lo hacía en la fuerte organización sindical y al apoyo hacia los partidos de izquierda, hoy, ante el nuevo comportamiento del capitalismo y el papel subsidiario del estado, las alternativas populares pasan por reordenar la sociedad por fuera de ambos, lo que poco a poco se está haciendo entre las comunidades mapuche, caletas de pescadores artesanales, barrios, deudores habitacionales, juventud y estudiantes, etc.

El decano de la prensa chilena, el ultra conservador diario El Mercurio anunciaba el sábado que la abstención presentaba tendencia a la baja (lo que resultó falso), mostrando así cual es la preocupación principal del establishment: el apartamiento de los ciudadanos de las gestas electorales y la severa crítica-protesta de la abstención, el voto nulo, el voto blanco y la no inscripción en los registros electorales.

El mismo medio desinformativo anuncia ayer domingo, día de las elecciones, en su editorial que “Cualquiera que sea el resultado, lo más probable es que se observen cambios en el próximo gobierno, lo que puede traer un aire renovador al país, dentro de un contexto de estabilidad capaz de sostenerlo”.

Donde dice “aire renovador al país” debe leerse “Renovación Nacional”, nombre del partido del candidato empresarial Piñera, con el que el capital aspira a superar la experiencia pinochetista representada por Lavín, el candidato de la UDI, el gran perdedor de la jornada, que cae estrepitosamente arrastrado por la caída del general Pinochet, aquel Capitán General que masacró al pueblo en defensa de las instituciones y de la ganancia mientras se llenaba los bolsillos como un sátrapa cualquiera, pero que el sistema ha desnudado lentamente para evitar darle la razón a los muertos, a los presos, a los torturados, desempleados, exiliados y desaparecidos. Lavín, una vez clara la tendencia de su derrota, ha anunciado el fin de su vida política, como que fuese un acto de su voluntad y no el desastre electoral.

Ha sido sumamente hábil la sacada de escena del delfín de Pinochet, Lavín, pues de esa manera aparece siendo sustituido por la mano directa de los empresarios, que trasladaron su apoyo progresivamente a uno de sus principales socios, el dueño de LAN Chile, la línea aérea que antes era del estado, para colocarlo junto a Bachelet en la segunda vuelta.

Si hubiese sido Lavín el electo para esa segunda vuelta, de seguro importantes sectores anti pinochetistas habrían asegurado la base electoral de Bachelet, pero al ser Piñera su contendiente, el empresariado jugará al quiebre de la Democracia Cristiana, en especial habida cuenta de su baja en el parlamento junto al ascenso del partido socialista. Ya Piñera declaró después de ver los resultados que quiere "ir mucho más allá, porque vamos a seguir convocando a la gente de centro, independiente y que comparte nuestros valores del humanismo cristiano". El llamado a la democracia cristiana es explícito.

El pequeño pero contundente aumento del voto nulo en comparación con las elecciones anteriores expresa esta contradicción, donde el pueblo ha pasado la cuenta a la izquierda formada por el PC y sus aliados. La no inscripción, la abstención y el voto protesta representan la voluntad popular de apuntar con el dedo a todos ellos. Algunos aducen que falta afinar el discurso, la propuesta y la propaganda de la izquierda, con lo que demuestran que no han aprendido nada. En la primera vuelta de 1999 el voto nulo alcanzó 2,19%. Hoy está en 2,50%. El voto blanco estaba en 0,78% y ahora en 1,17%.

Muchas veces se ha visto a las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile como el termómetro indicador de lo que puede suceder con la izquierda en las elecciones estatales. La última elección estudiantil sacó del medio a la izquierda pro PC y dio la victoria a la alianza de simpatizantes de la Fuerza Social con la Surda y colectivos autónomos, todos ellos en búsqueda de alternativas diferentes, los dos primeros en dirección de las instituciones por vía de una reformulación de las actividades burocráticas y los últimos intentando desplegar la práctica del asambleísmo y la horizontalidad del protagonismo social.

Gladys Marín había conseguido poco más del 3% de los votos a la presidencia en las elecciones pasadas. La diferencia obtenida hoy por el candidato del Podemos es irrisoria, lo que podrá llevar al PC y sus satélites, entre ellos un grupo escindido del MIR, a apoyar a Bachelet con la idea de conquistar espacios y amistades para continuar sus actividades organizativas de aparato. Junto al 45% de Bachelet, el 5% del Podemos será fundamental para las aspiraciones continuistas de la Concertación.

Si bien el pobre resultado de la izquierda resulta triste para sus seguidores, pensamos que deberían estar optimistas al ver el grado de rechazo popular a la institucionalidad y sumarse a esa oleada que viene desde abajo, para contribuir a la construcción del poder popular que se anuncia potente.

En las presidenciales del año 1993, Max Neef y Pizarro, ambos candidatos de izquierda, sumaban el 10,25% de los votos emitidos. El año 1999, los votos de izquierda emitidos para Sara Larraín, Gladys Marín y Hirsch llegaban apenas al 4,14%. El PC tenía con Pizarro el año 1993 un 4,70% y con Marín el año 1999 un 3,19%. Hoy Hirsch llega rasguñando al 5%, lejos del 9,17% alcanzado por la izquierda en el 2004 para concejales y del 5,89% para alcaldes del mismo año.

El año 1993 la izquierda representaba el 10,25% con 714.504 electores, cayendo estrepitosamente a 292.778 el año 1999, con el 4,02%. Hoy aumenta poco más de 70 mil votos con la miserable cifra de 5,39%. En las próximas podrá caer nuevamente al 3% o tal vez conseguir otros 70 mil y acercarse al 6%. Y si todo va bien, en las siguientes lo más seguro es que si no vuelve a caer al 4%, quizás llegue cerca del 7%, y así por delante, intentando majaderamente ponerse contra la corriente popular que paso a paso, dando olímpicamente las espaldas a las elecciones, organiza una nueva institucionalidad en los barrios, comunidades mapuche y otros lugares. La “vanguardia” se aleja del topo de la historia, no hacia adelante, sino hacia arriba, hacia el aparato, consolidando su vocación “dirigente”.

Los votos para diputados muestran para la izquierda la siguiente distribución:
Partido Comunista: 330.282 votos con el 5,12%
Partido Humanista: 100.280 votos con el 1,55%
Independientes: 44.994 votos con el 0.69%

Y si lo comparamos con los votos a diputados del año 2001
Partido Comunista: 320.688 votos con el 5,22%
Partido Humanista: 69.692 votos con el 1,13%,

observamos que el PC aumenta 9 mil votos cayendo su porcentaje de 5,22% a 5,12%, y el PH sube alrededor de 30 mil subiendo levemente el porciento de votos emitidos de 1,13% a 1,55%.

Mientras disminuye o se mantiene muy bajo el porcentaje de votos a la izquierda, aumenta notablemente la no inscripción electoral. El 70% de los jóvenes menores de 30 años – alrededor de 2 millones y medio de personas - no están inscritos actualmente en los registros electorales. Por otra parte tenemos que las cifras de las recientes elecciones municipales del 2004 muestran una abstención de 1.465.851 personas que estando inscritos no concurrieron a votar. A ello debe sumarse cerca de 700.000 que anularon su voto o le dejaron en blanco. Agregando los mayores de 18 años de edad que no se inscribieron para votar, la suma de estas cifras equivale aproximadamente a 4.600.000 personas que se abstuvieron de emitir un voto válido, representando un porcentaje muy próximo a la mitad del universo electoral, de unos 10 millones y medio de personas. Si en 1999 habían 8.084.476 inscritos y hoy solamente 8.220.897, resulta irrisorio ver sólo 140 mil nuevos a pesar de la intensa propaganda para que vuelvan al redil.



Conclusiones y proyecciones:


La izquierda no consigue avanzar en la captura de votos populares. Las proyecciones e ilusiones les hacían imaginar alrededor del 10% de los votos válidos. Después de los primeros cómputos el generalísimo de la campaña, Lautaro Carmona, del PC, declaró que una cifra superior al 5% constituye una fuerza que va a incidir en el proceso político del país, un 5% constituye un hecho de la política nacional, somos una fuerza que va a avanzando en nuestro techo electoral. Así es como se sacan conejos del sombrero. Poca disposición a observar la realidad. Es claro que van a “incidir”, si esos votos son necesarios para Bachelet…

La suma de los votos de los dos candidatos de la Alianza da un 48,67% de votos emitidos a Piñera-Lavín contra 45,93% de Bachelet, por lo que la segunda vuelta el 15 de enero del 2006 será sumamente reñida, al punto que el 5% de Hirsch será la bisagra para negociaciones. Sabido es que parte importante del electorado de la izquierda tradicional no votará en la segunda vuelta, por más que los dirigentes convoquen a ello. Ello torna muy insegura la victoria de Bachelet, lo que la obligará a izquierdizar el discurso con el temor de que votos DC emigren a Piñera. Los malabaristas y equilibristas de circo podrán extraer serias enseñanzas de los días que vendrán.

La voluntad popular se impuso. La primera mayoría la tienen los que no aceptan seguir siendo dirigidos por las instituciones tradicionales, y es allí que se está desarrollando la alternativa de la autoorganización social en pos del poder popular. Veamos las cifras para argumentar esta aseveración:

La abstención:

1999:
Inscritos: 8.084.476
Emitidos: 7.055.128
Abstención: 1.029.348 12.73%

2005
Inscritos: 8.220.897
Votos emitidos: 7.104.134
Abstención: 1.116.763 13,58%

Blancos y nulos:

1999
Nulos: 159.465 2,19% de los votos emitidos
Blancos: 56.991 0,78% de los votos emitidos

2005
Nulos: 177.716 2,50% de los votos emitidos
Blancos: 83.270 1,17% de los votos emitidos

Suma de votos nulos, blancos y abstención con los no inscritos:

1999
Abstención: 1.029.348
Nulos y blancos: 215.456
Total parcial: 1.244.804
No inscritos 2.000.000
Total aproximado: 3.245.000
Total en edad de votar: 10.000.000
Porcentaje: 32,45%

2005
Abstención: 1.116.763
Nulos y blancos: 260.986
Total parcial: 1.377.749
No inscritos: 2.500.00
Total aproximado: 3.900.000
Porcentaje: 37,14%
Se verifica un notable aumento, de 32% a 37%

Posiciones de los contendientes:

Primer lugar:
No institucionales: 3.900.000 personas, el 37,14% de la población en edad de votar

Segundo lugar:
Piñera-Lavín: 3.329.666 y el 31,71%

Tercer lugar:
Bachelet: 3.143.077 con 29,93%

Lejos al final de la carrera por el poder:
Hirsch: 369.405, el 3,51% He ahí la pretendida “representación popular”.



LA TRADICIÓN DE LOS DOS TERCIOS

Tradicionalmente se había llegado en las elecciones a un tercio de la derecha, otro del centro y el último de la izquierda. Hoy esas proporciones se conservan, sólo que el tercio popular ha abandonado la estrategia electoral para los cambios, frustrado históricamente por la derrota del gobierno de izquierda, la insuficiencia de la construcción del poder popular, la mala conducción de la izquierda vanguardista, electoral o no -más preocupada de instalar un proyecto de nuevo estado dirigido por ellos que por los problemas de la gente, problemas que sólo han servido de gancho para invitar a “la lucha”-, la traumática experiencia de cientos de miles de asesinados, torturados, desaparecidos, exiliados, desempleados, etc, la mentira de la actual izquierda en el gobierno, todo ello está vivo y latente en la memoria histórica y se reproduce con fuerza en la juventud y sectores marginados.



LA OTRA CAMPAÑA

La otra campaña ya tiene lugar hace tiempo. No se manifiesta mediante un perfil único ni con alguna agrupación más avanzada como el caso del zapatismo en México. Ha huido de los partidos y de las viejas tradiciones de la izquierda. Se expresa en cientos de experiencias de autoorganización social en los barrios, comunidades y localidades. Allí se verifica la presencia de grupos independientes de anarquistas, autónomos, miristas, culturales, rodriguistas, lautarinos, mapuche, situacionistas, cristianos, comunistas o socialistas sin partido, nueva izquierda y muchos otros que no mantienen redes ni lazos orgánicos entre ellos y en ocasiones se encuentran para intercambiar. Constantemente algunos de esos colectivos levantan la cabeza y convocan a encuentros de afinidad con la idea de avanzar en la formación de lo que algunos llaman la reconstrucción del movimiento popular. Cada cierto tiempo se realizan encuentros de miristas, anarquistas, autónomos, etc. convocados por los que aún no entienden ni quieren adaptarse a los nuevos tiempos, donde la diversidad se opone de hecho a la búsqueda de coordinaciones o frentes. Algunos viejos militantes se han instalado en barrios y desde hace años construyen fuerza social local para volver a las andadas detrás de la toma del poder. El espectro en sumamente amplio y la juventud barrial es proclive a aceptar y aún inventar modalidades de organización compatibles con sus anhelos de protagonismo y de libertad. De hecho hay una fuerte conciencia no sistematizada de pensar y actuar de manera autónoma y libertaria.

También, aunque por fuera de las dinámicas de autoorganización social, está la presencia de grupos de miristas, rodriguistas y otros, como troskistas y maoístas, que se ocupan de consolidar aparatos y formación de cuadros que reproduzcan la vieja orientación bolchevique, organizan y asisten a encuentros, etc, pero su arraigo social está muy alejado del calor de sus discursos y discusiones o actividades internas o de propaganda. Son los seguidores del “Qué Hacer” de Lenin. Algunos intelectuales próximos a estos grupos ocupan cargos en instituciones estatales, municipales, universidades y ONGs, desde donde dirigen los hilos de la reconstrucción de una eventual vanguardia revolucionaria. Normalmente se codean con la izquierda electoral, asisten a los mismos encuentros o concentraciones y se distribuyen cargos en actividades electorales entre estudiantes o trabajadores, así como en organismos de derechos humanos, foros sociales o de solidaridad con la lucha de otros pueblos. Muchos de estos sectores están analizando y madurando la necesidad de nuevas modalidades organizativas, pero aún están prisioneros de la vieja estrategia de toma del poder central y construcción del socialismo estatal, con lo que postergan indefinidamente la construcción de la autonomía y la democracia directa participativa en las localidades, priorizando el reclutamiento y la penetración en medios estudiantiles y laborales. No han sido capaces de romper con la visión macro del papel del estado, lo que les impide el trabajo en profundidad en las localidades que permita el efecto multiplicador autónomo de las experiencias, pues su idea es que las dinámicas que surjan lo hagan bajo su orientación. Han tenido algunos pequeños avances en el reclutamiento de jóvenes universitarios, lo que les ha acrecentado la ilusión de que puede haber crecimiento tipo vanguardia, criterio que se fortalece haciendo actos conjuntos donde por lo general asisten siempre los mismos, con algunas excepciones juveniles.

De todas formas es demasiado evidente el crecimiento sostenido de la primera tendencia, que se manifiesta en el campo autónomo y libertario, por lo que es dable esperar que haya en estos destacamentos vanguardistas una mayor discusión y superación de las viejas tradiciones izquierdistas. Estos últimos meses ha sido notable la llegada a organismos de dirección estudiantil de las corrientes que impulsan la autonomía, lo que es un reflejo del avance social de la autoorganización, y ese es el miedo de El Mercurio cuando se refiere a la abstención.

Tanto el reordenamiento capitalista como la derrota de la izquierda electoral son factores que apuntan a una mayor definición del terreno de la polarización entre el capital y la gente de carne y hueso. Los mecanismos y prácticas de intermediación entre ambos están destinados al fracaso, como ya es evidente después de tantos años de farsa democrática.

El topo de la historia sigue su paso sin necesidad de las vanguardias.