Las intervenciones norteamericanas y los conflictos raciales en Cuba

 

Dr. Salvador Capote

 

Conferencia pronunciada en Miami, en el local de la Alianza Martiana, el 23 de junio de 2006

 

 

Estimados compañeros:

 

     El tema que abordaré en la noche de hoy tiene por título: “Las intervenciones norteamericanas y los conflictos raciales en Cuba”. La tesis que desarrollaré y documentaré adecuadamente es que la injerencia norteamericana exacerbó, para sus fines políticos, los odios raciales en Cuba.

 

     José Martí, en su famoso discurso “Con Todos y Para el Bien de Todos”, del 26 de noviembre de 1891, en Tampa, dijo: “…yo sé que el Negro ha erguido el cuerpo noble y está poniéndose de columna firme de las libertades patrias. Otros le teman: yo lo amo: a quien diga mal de él o me lo desconozca, le digo a boca llena: -¡miente!”. Y en estas palabras de Martí está la clave del asunto: “columna firme de las libertades patrias”, es decir, el negro, con su participación masiva y su heroísmo en las guerras de independencia, ganaba el respeto de los sectores más patrióticos y revolucionarios del pueblo y, al mismo tiempo, el odio de aquellos más reaccionarios y dependientes de los Estados Unidos. El negro se convertía -se había convertido ya-, en un serio obstáculo para los objetivos imperialistas de dominación en la Isla.

 

     Ahora bien, ¿cómo pensaban las más altas autoridades norteamericanas con respecto no solo al negro sino a toda la población cubana en su conjunto? –Comencemos por el célebre “Memorándum Breckenridge”. J. C. Breckenridge, Subsecretario de Guerra de Estados Unidos bajo la administración del presidente William Mc Kinley, escribió un memorándum, fechado el 24 de diciembre de 1897 y dirigido al General, Jefe del Ejército de Estados Unidos, Nelson Appleton Miles, en el cual explicaba la política a seguir con relación a Hawaii, Puerto Rico y Cuba. Con respecto a Cuba, en el memorándum se expresa:

 

          “Los habitantes son generalmente indolentes y apáticos. En cuanto a su

          ilustración, varía desde lo más refinado a lo más vulgar y abyecto. Su

          pueblo es indiferente a la religión, y la mayoría es por consiguiente inmoral.

         …Como solo poseen una vaga noción del bien y del mal, la población tiende

         a buscar satisfacción no a través del trabajo, sino mediante la violencia.

         Como consecuencia lógica de esta ausencia de moralidad, hay un gran

         desprecio por la vida.”

 

     Para Breckenridge sería una completa locura (“sheer madness”) anexar a una nación tan virtuosa como los Estados Unidos, a un pueblo tan depravado, si antes no se siguen los pasos apropiados:

 

          “…debemos limpiar el país, aunque ello signifique usar los métodos que la

          Divina Providencia utilizó en las ciudades de Sodoma y Gomorra. Tenemos

          que destruir todo lo que esté al alcance de nuestros cañones. Tenemos que

          imponer un bloqueo riguroso de manera que el hambre y su constante

          compañera, la enfermedad, minen a la población pacífica y diezmen al

          ejército cubano.”

 

     Y Breckenridge termina diciendo:

 

            “En resumen, nuestra política tiene que ser siempre el apoyar al débil en contra 

            del fuerte, hasta que hayamos obtenido el exterminio de ambos, a fin de anexar

            la Perla de las Antillas.”

 

     Exactamente un mes después de la emisión del Memorándum Breckenridge - el 24 de enero de 1898- Estados Unidos enviaba al puerto de La Habana el acorazado Maine.

 

    (El general Nelson Miles, después de veinte años dedicado a una concienzuda labor de exterminio de las tribus de indios de los Estados Unidos -1870s y 1880s-  fue nombrado Comandante General del Ejército en 1895. Participó en la guerra de Cuba al mando de fuerzas en Siboney y otros sitios y, después de la rendición de Santiago de Cuba, dirigió personalmente la invasión de Puerto Rico.)

 

     El derecho a la justicia social, que los negros habían conquistado con su valor y sacrificio, quedó frustrado con la intervención norteamericana en Cuba de 1898. Derrotada España, el ejército de ocupación prohibió a los mambises la entrada en las ciudades que abandonaba el ejército español y en muchos lugares nombró como autoridades locales a los que habían sido notorios enemigos de la independencia cubana. Los mambises, que en su mayoría eran negros, fueron postergados y humillados, mientras los anexionistas, voluntarios y guerrilleros al servicio de España, eran colocados en los cargos de la administración pública y pasaban a integrar una policía y un ejército en los cuales solo se permitían oficiales blancos.

 

      El general John R. Brooke, al frente del gobierno militar, nombró en su gabinete solo a cubanos blancos que habían vivido en Estados Unidos y no habían participado en las guerras de independencia. El mismo patrón discriminatorio fue seguido por el general Leonard Wood, quien reemplazó a Brooke como Gobernador Militar en diciembre de 1899. De esta época es una verdadera “joya” racista contenida en un documento de la “Cuban Educational Association” fundada por la administración norteamericana.  Esta institución declaró el 1o de diciembre de 1898 que “solo algunos cubanos son considerados aptos para ser americanizados” (“only certain Cubans are considered fit to be Americanized”). Otra “perla” racista es la carta del general Wood al presidente Theodore Roosevelt sobre los que se oponían a la Enmienda Platt:

 

  “Son los degenerados y los agitadores de la Convención, lidereados por un negrito llamado Juan Gualberto Gómez, hombre de infame reputación así en lo moral como en lo politico.”

 

     Estados Unidos impuso como primer presidente de Cuba a uno de sus principales cipayos, Tomás Estrada Palma, ciudadano norteamericano, que vivía en Estados Unidos desde 1878. En 25 años no había estado en Cuba y tampoco estuvo presente durante la campaña electoral. Fue elegido en ausencia, sin oposición, porque ante las irregularidades y los fraudes, su oponente, Bartolomé Masó, héroe de las guerras de independencia, anti-plattista, que en la Convención Constituyente señaló que “el derecho de la fuerza” era la única base de los Estados Unidos para intervenir en los asuntos internos de Cuba, y representante de los sectores más humildes y nacionalistas de la población cubana, se abstuvo de concurrir a las elecciones.

 

     Por cierto que, la única copia de la Declaración de Independencia de Cuba que se conserva, fue escrita de puño y letra en 1868 por Bartolomé Masó.

 

     El general Wood nombró una Comisión de Escrutinios para supervisar las elecciones presidenciales de diciembre de 1901 en la que todos sus miembros eran partidarios de Estrada Palma. En estas elecciones solo podían votar los varones mayores de 21 años, que supiesen leer y escribir y que tuviesen, además, alguna propiedad con un valor mínimo de $250.00 dólares oro. La ley electoral excluía, por tanto, a las mujeres, a los negros y a los pobres, restándole amplios sectores sociales a los independentistas.

 

     Muy distinta hubiera sido la historia de la República con Bartolomé Masó en la presidencia. En el “Manifiesto de Masó”, publicado en Cuba el 31 de octubre de 1901 y reproducido al día siguiente por el New York Times, se expresa lo que sigue:

 

“…la raza de color ha sido un factor esencial en nuestra existencia social y ha        probado ser un elemento ordenado, aun bajo grandes sufrimientos, y ellos     representan una fuerza respetable en tiempos de paz y para trabajar, así como siempre estuvieron listos para tomar parte en todas nuestras luchas; tienen en su familia héroes de toda clase y mártires de todo tipo. No podemos abandonar ahora a estos héroes, negándoles participación en nuestra personalidad política y quitándoles el derecho a tomar parte en nuestra vida pública.”

 

     Estrada Palma bloqueó el acceso de los negros a los cargos administrativos y siguió una política de “blanqueamiento” de la población cubana, vieja política que venía de los tiempos de la colonia, favoreciendo la inmigración blanca y prohibiendo la de cualquier otra raza. Con esta política, que continuaron después José Miguel Gómez, Mario García Menocal, y otros presidentes, entraron en Cuba centenares de miles de inmigrantes, sobre todo españoles, robando oportunidades de trabajo a los negros cubanos. El gobierno de Estrada Palma, por ejemplo, cedió 3,000 caballerías de tierra en Baracoa para que se asentaran en ellas inmigrantes noruegos. Como el plan fracasó, estas tierras fueron vendidas a una compañía azucarera norteamericana, en uno de los tantos negocios fraudulentos de aquellos tiempos. Los defensores de Estrada Palma alegan en su favor que no robó, pero éste, el hombre de Leonard Wood, además de robarnos la historia, dejó robar a saco abierto a todos los que le rodeaban, y en primer lugar, a los funcionarios de la Legación de Estados Unidos en La Habana.

 

     Con la desaparición del Ejército Libertador, del Gobierno de la República en Armas, y del Partido Revolucionario Cubano; con Estrada Palma en la presidencia, y en manos extranjeras con tradición racista la mayor parte de las tierras, de las fábricas y de los servicios públicos, los negros cubanos tuvieron cada vez menos oportunidades de empleo y educación. Su marginación, además, estaba garantizada por las amenazas de intervención de Estados Unidos, dispuestos a sofocar cualquier protesta.

 

     Estrada Palma, como sabemos, en febrero de 1905 decidió reelegirse y para ello creó el Partido Moderado y el llamado “Gabinete de Combate” a fin de que preparase su reelección como presidente. Cesanteó en masa a los empleados del gobierno que no eran “moderados” y los reemplazó por miembros de este partido. Ateniéndose a una ley colonial de 1879 que permitía al presidente nombrar a los alcaldes y demás funcionarios municipales, los moderados se hicieron cargo de todos los gobiernos  a ese nivel, con lo cual creó las condiciones para el gigantesco fraude que se avecinaba. El 21 de septiembre era asesinado el líder liberal Enrique Villuendas, en el hotel Suiza de Cienfuegos, y una semana después se retiraba de la contienda electoral el candidato opositor José Miguel Gómez. Las elecciones tuvieron lugar el primero de diciembre de 1905 y, por supuesto, Estrada Palma fue reelecto de nuevo “sin oposición”.

 

     En ese año de 1905, Evaristo Estenoz, líder negro que tres años más tarde fundaría el movimiento de los Independientes de Color, visitó los Estados Unidos acompañado de Rafael Serra, otro líder negro, con el objetivo de estudiar la situación de los negros norteamericanos y la forma en que estaban organizados. Según publicó el New York Times en su edición del 9 de junio de l912:

 

“Encontraron que aunque socialmente estaban en desventaja, comparados con sus hermanos cubanos, estaban mejor organizados y tenían mayor reconocimiento del gobierno federal y los estados del norte en la cuestión de puestos en el gobierno.”

 

     El empecinamiento de Estrada Palma y el fraude electoral determinaron el alzamiento de los liberales  en la llamada “guerrita de agosto”  y la segunda intervención norteamericana (1906-1909).  Atraídos por la promesa de los dirigentes liberales de rectificar las desigualdades existentes, muchos negros apoyaron la insurrección de agosto, solo para ver defraudadas una vez más sus esperanzas de ocupar en la República el lugar que habían ganado con su esfuerzo y su heroísmo.

 

     Con Estrada Palma ocupando aún la presidencia, Quintín Banderas y algunos de sus compañeros fueron asesinados y sus cuerpos mutilados. Seguramente no existe otro patriota en la la historia de Cuba que haya sido más calumniado que este general de las tres guerras. Contra él se unieron los recelos de altos oficiales blancos del Ejército Libertador, que veían con aprensión –por decir lo menos- el ascenso de oficiales negros a las más altas responsabilidades, con el oportunismo de los arribistas, y el racismo y el temor de los funcionarios yanquis ante una figura de tan enorme arraigo popular. Para descalificarle, se le fabricó una imagen de hombre primitivo y bestial, pero Quintín Banderas no era analfabeto, fue el fundador de lo que es hoy el sindicato de la construcción y que en su tiempo se llamó gremio de los albañiles, dirigió como jefe la infantería mambisa, a las órdenes de Antonio Maceo, burlando siempre al enemigo, y, llegada la paz, se comportó con dignidad ante los intentos de humillarle y menospreciarle. Estrada Palma pudo tenderle una mano y no quiso hacerlo; documentos de la Legación diplomática de Estados Unidos lo describieron como un individuo muy peligroso (a pesar de sus 73 años de edad), y fue esto seguramente lo que determinó la anuencia cómplice del presidente y  la forma alevosa y cruel que utilizaron para asesinarle.

 

 

     Para entender los acontecimientos que tuvieron lugar durante el primer cuarto de siglo de nuestra historia republicana, hay que tener siempre en cuenta que la Enmienda Platt gravitaba sobre la República como una espada de Damocles, amenazando siempre con la intervención y la anexión. El temor a perder lo poco que nos habían dejado de independencia determinó, o al menos moduló, el pensamiento de muchos patriotas.  En febrero de 1908, por ejemplo, El Comandante Tomás Aguilar, dirigente negro liberal de San Juan de los Yeras, en carta abierta publicada en el diario El Triunfo, felicitó al general Evaristo Estenoz por sus deseos de mejorar la situación de los negros en Cuba, pero expresó su opinión contraria a la organización de un movimiento negro. Según Aguilar, con un poder extranjero en Cuba, los negros no debían organizar un movimiento porque en la tierra de Lincoln los negros eran tratados peor  que en ningún otro sitio y demostrar a los extranjeros el disgusto de los negros podía poner en peligro a la República. Estenoz le contestó diciendo que nunca hubieran publicado en el diario El Triunfo una carta escrita por un negro de no haber sido escrita contra otro negro; rechazó la comparación de la situación del negro en Cuba con la del negro en Estados Unidos. Los negros americanos, dijo Estenoz, debían sus dificultades a su falta de acción en el pasado, mientras que los negros cubanos las debían a su falta de acción en el presente. La presencia norteamericana se había utilizado como excusa para no darle a los negros una participación completa en el gobierno. En lugar de mirar hacia Estados Unidos, los cubanos debían mirar hacia México, Venezuela o República Dominicana. En lugar de hablar de los norteamericanos, los cubanos debían de pensar, recordar e imitar las acciones de Simón Bolívar.

 

     En las elecciones parciales del primero de agosto de 1908 para cubrir los cargos de gobernadores, consejeros provinciales, alcaldes y concejales, tanto el partido Liberal como el Conservador, con el objetivo de atraer el voto negro,  incluyeron ciudadanos de esta raza en sus candidaturas. Sin embargo, debido a las irregularidades y fraudes, ninguno de los candidatos negros resultó electo ni siquiera de concejal. Se ha señalado esta nueva decepción como la chispa que encendió la hoguera del movimiento independentista de color.

 

          El 7 de agosto de 1908 se constituye la “Agrupación Independiente de Color” en La Habana, en la calle de Amargura # 63, domicilio del general Evaristo Estenoz, quien fungió como presidente de la reunión. Los Independientes de Color llegaron a la conclusión de que “la raza negra no debe esperar de los partidos el mejoramiento a que es acreedora por los servicios que ha prestado y que continúa prestando a los intereses nacionales”. En el Acta de Constitución aparece el acuerdo siguiente:

 

“Acordamos solemnemente, fija nuestra vista en la cordialidad universal, en el amor al progreso de la humanidad, en el bien colectivo de todos los habitantes que integran el territorio de la Patria, y más que todo, el respeto y la consideración mutua que por ley humana y por ley política y civil debe existir para que todos gocen de la luz del sol en esta tierra, puedan amarse y entenderse; y recogiendo el general sentir de toda la Isla, que nos consultan a diario, demostrando su inconformidad con el actual estado de cosas, entendemos que para llevar a la práctica una era de paz moral para todos los cubanos, presentemos una candidatura formada por hombres de color cubriendo todos los cargos electivos.”

 

     Tanto en el documento que acabo de leer como en todos los demás documentos generados por los Independientes de Color, no observamos ni una sola línea, ni una sola palabra, que pueda calificarse de racista. No era una organización contra o excluyente del blanco, su único fin era eliminar la discriminación racial, lo cual sentaría las bases para el mejoramiento social del negro. Sin embargo, inmediatamente después de creada la Agrupación, comenzaron los ataques de la prensa reaccionaria, principalmente del Diario de la Marina. Los Independientes escribieron esta respuesta:

 

“Claro que esta actitud ha de causar asombro a los viejos hombres de la vieja Colonia, acostumbrados a ver en el negro al antiguo esclavo, siempre de rodillas, y disponer a su arbitrio de su vida y de su muerte y de su voluntad y de su conciencia. Los tiempos han cambiado, y ese negro que se batió, bravo entre los bravos, por la independencia de Cuba, también quiere pensar con su inteligencia, sentir con su corazón y querer con su propia voluntad.”

 

     Pero no solo de los periódicos, también del seno de los partidos Liberal y Conservador comenzaron los ataques. A éstos, los Independientes respondieron:

 

“Ya saben los partidos nuestras aspiraciones, que los negros quepan en la República, según sus condiciones, como cupieron en los campos de la guerra defendiendo a la Libertad y a la Patria.”

 

     El primer acto público realizado por los Independientes tuvo lugar en la noche del 20 de septiembre de 1908, en la plaza de El Cristo, en La Habana. Este mítin fue saboteado por el partido Liberal. No era posible oir a los oradores. Los alborotadores gritaban a cada palabra: ¡Viva el partido Liberal! ¡Viva José Miguel Gómez! ¡Viva Zayas!. Sin embargo, los Independientes, a pesar de estar presentes en gran número, no cedieron a las provocaciones. La reacción liberal se explica, porque a la coalición miguelista-zayista le afectaba más que a ningún otro núcleo politico el movimiento de los Independientes; el más perjudicado era el grupo del senador liberal (el único senador negro) Martín Morúa Delgado. La mayor parte de los negros militaban en el partido Liberal, de modo que la creación del movimiento erosionaba las bases del partido y, en especial, las del senador Morúa Delgado.

 

     Al crearse la Agrupación de Independientes de Color, convertida después en partido, el corrupto Charles Magoon estaba al frente del Gobierno Interventor. Llama la atención el hecho de que fue precisamente este gobierno el que legalizó al Partido Independiente de Color (PIC) permitiéndole que tomara parte en las elecciones generales del 14 de noviembre de 1908. Esta concesión, que facilitaba la participación de los negros en el proceso electoral no se correspondía con la historia reciente de la política norteamericana hacia Cuba. La creación del PIC, aunque justificada por la marginación del negro, fue un error estratégico, un callejón sin salida que había de dar lugar a la represión más brutal. Sería ingenuo pensar que no jugaron un papel importante en los acontecimientos las intrigas de los funcionarios norteamericanos en La Habana.

 

     El objetivo principal del PIC en las elecciones del 14 de noviembre se limitó a la elección de algunos representantes al Congreso. No presentaron candidato para la presidencia de la República y dejaron a su militancia en libertad de votar por José Miguel Gómez, por Mario García Menocal o por ninguno, ya que consideraban que ambos eran iguales y nada tenía que esperar de ellos la población negra.

 

     “Tiburón que se baña pero salpica”, que así llamarían a José Miguel Gómez, resultó electo como presidente. Los Independientes no lograron la elección de ninguno de sus candidates. Aparte del fraude, las principales causas de la derrota fueron: el poco tiempo que tuvieron para prepararse para el proceso electoral, la ausencia de una maquinaria política como la que tenían los demás partidos, y la carencia de medios y recursos económicos.

 

      Antes de continuar, examinemos brevemente la ideología de los Independietes de Color. En la Introducción  a las Bases Programáticas  del Partido, se expresaba:

 

“…Son de carácter interno los problemas cuya solución demanda nuestra atención preferentemente, a fin de mantener el equilibrio, la atracción nacional, modo único de satisfacer nuestras necesidades morales y materiales, pues blancos y negros formamos patria, blancos y negros combatimos por ella en los campos de batalla y todos juntos por su bandera derramaríamos nuestra sangre si alguien osara manchar su gloria y su esplendor, a costa de tantos esfuerzos levantados.”

 

     Lo único que exigía el PIC era que se pusiese coto a la discriminación racial, a las injusticias y humillaciones que el negro en Cuba tenía que sufrir.

 

     En estas Bases Programáticas, escritas en 1908, hay planteamientos asombrosamente avanzados para la época: la abolición de la pena de muerte; la enseñanza gratuita y obligatoria; la creación de escuelas de Artes y Oficios; la enseñanza universitaria gratuita, oficial y nacional; “la reglamentación de la enseñanza privada y oficial, debiendo estar al cuidado del Estado para que resulte uniforme la educación de todos los cubanos”; la nacionalización de los servicios públicos; la jornada laboral de ocho horas; la creación de un Tribunal de Trabajo para regular las diferencias que surjiesen entre el capital y el trabajo; la distribución de las tierras del Estado y la adquisición de otras para los campesinos pobres; la revisión y fiscalización de todas las concesiones de propiedades desde la primera intervención norteamericana, etc.

 

     Estas reivindicaciones, totalmente ausentes, por supuesto, de los programas de los partidos de entonces: Coalición Liberal y Partido Conservador, las volveremos a encontrar mucho después con Guiteras y serían recogidas en la Constitución de 1940; algunas, tendrían que esperar hasta 1959; pero todos olvidamos que ya en 1908, más de medio siglo antes, los negros cubanos las habían plasmado en su Plataforma Programática.

 

     Un aspecto importante del ideario de los Independientes de Color es el que se relaciona con los primeros zarpazos del naciente imperialismo norteamericano. En enero de 1910 escribían los Independientes:

 

“El canal de Nicaragua ha sido otro de los sueños del insaciable yankee; un lago fácilmente canalizable y que ofrecería una bahía inmensa, capaz de contener todas las flotas del Universo; clima benigno, terreno mucho menos sinuoso y otras grandes ventajas que esto tiene sobre su rival de Panamá, hacen la empresa realizable, y no serán sin duda los Yankees quienes se detengan en tanto quijotismo para acometerla y realizarla. He aquí uno de tantos ejemplos de la política imperialista yankee, sedienta de expansion.”

 

“Así como hace sesenta años fomentó el yankee la rebelión texana, que dio oportunidad para declarar la guerra más injustificada y cruel que registra la Historia Moderna y echar la garra después a ese territorio, resultado final perseguido por ellos con tesón y paciencia desde luengos años, causa de su política y de su protección a Texas; así ahora el deseo de apoderarse por cualquier medio de la zona del canal de Nicaragua, cuya importancia estratégica  y comercial a nadie se oculta, es el fin a que conducen los manejos actuales de que el mundo es espectador. México, más tarde Colombia, hoy Nicaragua, y, dentro de poco Cuba; he ahí las vivientes pruebas de la nefasta influencia de la sucia política del coloso yankee en América Latina.”

 

     Y luego, con ironía:

 

“[…] Que para hacerse de la Zona del Canal de Panamá fue necesario crear esta república, desmembrando a Colombia, ¿y qué? Se sacará otra república de Nicaragua; esto hará más sencillo el protectorado, más realizable la empresa.”

 

     Poco antes, en 1909, en el diario Previsión, órgano de los Independientes, aparece lo siguiente:

 

“Sí, todo esto y lo que después venga, necesita el pueblo cubano, no solo como derivado de las instituciones republicanas, que se ha señalado, sino también por imperiosa exigencia de la civilización que no puede detenerse en su marcha vertiginosa y ha de girar, al fin y al cabo, en el radio del socialismo científico imperante en Inglaterra, en Alemania, casi gobierno en Francia y única fórmula que defiende y ha de defender, de aquí en adelante, todo hombre de color, que de culto se aprecie y por culto y adelantado se distinga.”

 

     Por la referencia a los países europeos, infiero que el propósito de los Independientes era el de llegar al socialismo a través de un sistema democrático parlamentario, es decir, concebían el socialismo como un proceso evolutivo. Es evidente que su pensamiento estaba a una distancia de años-luz por delante del  resto de las organizaciones políticas de la época. Plantear, hace ya casi un siglo,  que el futuro de la humanidad sería el socialismo científico, cuando no se había producido aún la Revolución de Octubre de 1917; en La Habana, 52 años antes de que el Presidente Fidel Castro proclamase la Revolución Socialista en vísperas de Playa Girón es, sin duda, admirable y sorprendente.

 

      Sin embargo, el pensamiento de Estenoz no era al parecer tan “evolucionista”, como podemos ver en este párrafo de ese mismo año 1909:

 

“Las revoluciones deben ser ciegamente vengadoras, pujantes, como un torrente gigantesco que conmueve el edificio social hasta sus mismos cimientos, que bata, demuela y lo arrastra todo; que cruce por el medio social en que se agite y desarrolle como una ola inmensa, monstruosa, que sorprende, invade y barre furiosamente al ligero barco en medio del Océano.”

 

     Al estudiar el ideario de los Independientes de Color toma fuerza la convicción de que el odio contra el negro de los injerencistas norteamericanos y de todas las demás fuerzas reaccionarias que se concitaron contra él, no era debido solamente al color de la piel sino a que constituían el sector social más progresista, más nacionalista, más revolucionario y más antimperialista, fieles seguidores del ideario martiano y maceísta.

 

     Otro aspecto que hay que destacar en el ideario de los Independientes de Color es la universalidad de sus ideas. No se limitaron a los problemas raciales y locales sino que rompieron barreras y  hurgaron y se integraron en las corrientes modernas de pensamiento. Con motivo del asesinato del líder socialista español Manuel Ferrer, escribieron los Independientes el 20 de octubre de 1908:

 

“¿Qué importa la muerte de un luchador más? Nada. La idea vive. El ansia de emancipación perdura. El destino del redentor es que siempre le escupa el redimido. Digamos con el formalismo oficial de los Papas: Ferrer ha muerto, ¡Viva Ferrer!.”

 

Y este párrafo bellísimo, antológico:

 

“Los principios fundamentales que dieron forma y vida a la gran Revolución Francesa han sido falseados y contravertidos en casi todos los pueblos, que aun siendo republicanos, no han llegado a comprender el alcance de la verdadera democracia, por encima de la cual ponen sus atávicos rencores, afeándole el rostro con afeites que le dan aspecto de matrona aristocrática.”

 

 

     Retomaré ahora nuestra historia en vísperas de las elecciones que se llevaron a cabo en 1910. Para estas elecciones, el Partido Independiente de Color ya estaba organizado en cinco de las seis provincias, excepto en Camagüey, pero la organización crecía cada vez más y se había convertido en una poderosa fuerza política.

 

     El 6 de febrero de 1910, Evaristo Estenoz fue detenido bajo la acusación de haber infringido la Ley de Imprenta. La detención fue motivada por un suelto que apareció en el periódico Previsión, el cual expresaba la desesperación por las vejaciones de que eran objeto los ciudadanos negros en los establecimientos propiedad de españoles y norteamericanos. Estenoz fue condenado a 180 días de prisión pero debido a una ley del Congreso que amnistió, entre otros delitos, los de la Ley de Imprenta, fue puesto en libertad.

 

     El 11 de febrero, estando Estenoz en prisión, fue presentada en el Senado una enmienda a la Ley Electoral que pasó a la historia como “Enmienda Morúa”, aprobada el 14 de ese mes. Rezaba la enmienda (en su redacción final):

 

“No se considerarán como partidos políticos a los efectos de esta Ley, a las agrupaciones constituidas exclusivamente por individuos de una sola raza o color, y grupos independientes que persiguen un fin racista.”

 

     Salvador Cisneros Betancourt se opuso firmemente a la Enmienda:

 

“Los negros en la guerra eran más que los blancos y jamás hubo una rebelión de negros contra blancos.”

 

“Nosotros teníamos confianza en los negros, dejábamos a nuestras familias a su cuidado cuando huíamos del enemigo y ellos siempre cumplieron como patriotas; jamás hubo un caso de que un negro faltase a una mujer blanca. Hubo un solo caso y ése fue de un general blanco… Yo puedo hablar porque conozco todas las interioridades de la guerra;  y si el negro no dio que decir en la guerra, ¿cómo va a dar que decir en la paz? Los negros jamás harán por dividirse de los blancos; y nosotros por consiguiente [con la Enmienda] les abrimos la puerta para que ellos hagan eso.”

 

     Recordemos que Martín Morúa Delgado, que dio su nombre a la enmienda, era un senador negro, dirigente del partido Liberal, opuesto a los Independientes porque destruían su posición como caudillo de las masas de votantes negros. Morúa aprovechó la prisión de Estenoz para presentarla. Es por ello que los partidarios de este último le esperaron a la salida de la prisión, el 23 de febrero de 1910, y le llevaron en ruidosa manifestación por las calles de La Habana hasta el Palacio Presidencial, donde se hizo entrega de una exposición de protesta al presidente José Miguel Gómez. La exposición hacía constar el desagrado por la aprobación de la Enmienda Morúa, que era contraria a la Constitución y que anulaba la organización constituida ya en todo el país y solicitaba al presidente que pidiese una rectificación al Congreso de lo que consideraban un grave error, rectificación que evitaría “a la Patria días aciagos”.

 

Pero la Enmienda se aprobó en el Senado con solo tres votos en contra.

 

[Señalemos de paso que, además de Morúa, los otros dos grandes enemigos de los Independientes de Color fueron Gerardo Machado (el futuro tirano) como Secretario de Gobernación, y el representante Orestes Ferrara.]

 

La respuesta de los Independientes no se hizo esperar. En ella se palpa el dolor de la nueva herida:

 

“Ninguno de los senadores blondos se ha podido imaginar que el Partido Independiente tiene cerca de 60,000 afiliados, entre ellos 15 mil soldados de la Guerra de Independencia, 12 generales, 30 coroneles y centenares de oficiales de menor categoría, hombres decididos todos, que son capaces de revolver toda la Isla y parte muy respetable del Continente.”

 

     La Cámara de Representantes conoció y discutió la Enmienda Morúa, el 2 de mayo de 1910. En el mes de abril había muerto Morúa, su autor y principal promotor en el Senado. No obstante, fue aprobada también en la Cámara de Representantes.

 

     Signo de los tiempos, fue la presentación de la obra del célebre pintor cubano Armando Menocal, que representaba la muerte del general Antonio Maceo. El diario de los Independientes reaccionó de esta manera:

 

“El trabajo presentado por el artista cubano señor Armando Menocal al público habanero en estos últimos días, representando la heroica muerte del General Maceo, es, como todas las obras de su autor, magnífico; pero a nuestra humilde opinion le falta un detalle tan importante, que sin él pierde mucho de su mérito histórico; y es el no figurar entre los soldados cubanos que tomaron parte en ese combate, ningún individuo de la clase de color, cuando el mundo entero sabe que el Ejército Libertador tenía una inmensa mayoría de cubanos negros en sus filas; pero hay algo más importante que la raza de color no debe pasar desapercibida de ello. Ese cuadro es el mejor espejo que la situación pudiera haberle puesto al rostro de la raza negra de Cuba, para que fijándose en él entienda que los hombres libres, antes de soportar vejaciones y tiranías, prefieren caer como cayó Maceo: de cara al sol, combatiendo por la libertad.”

 

     Los Independientes de Color hubieran podido eludir la Enmienda Morúa con el simple expediente de cambiarle el nombre al partido y colocar en algunos cargos de dirección a ciudadanos blancos. No les faltaban amigos entre éstos. ¿Por qué no lo hicieron? –La respuesta es que, por prescripción del Código Electoral, los únicos partidos que podían participar en las elecciones del primero de Julio y del primero de diciembre de 1910 eran los que habían participado en la elección anterior del 14 de noviembre de 1908, es decir, los partidos Liberal, Conservador, e Independiente de Color. Si cambiaban de nombre al partido, perdían el derecho a participar en las elecciones parciales de 1910. Es por ésto, que los Independientes concentraron sus esfuerzos en la derogación de la Enmienda antes de que se iniciase el período electoral.

 

      Los Independientes creyeron ingenuamente que el reconocimiento del PIC en 1908 por el Gobierno Interventor, le confería legitimidad al partido y cometieron el error de buscar respaldo en el Ministro de Estados Unidos en Cuba, John B. Jackson. El diplomático norteamericano, sin embargo, era un hombre de arraigados prejuicios racistas como lo demuestra su correspondencia con el Secretario de Estado de Estados Unidos, P.C. Knox. Los negros del país –escribió Jackson- son “vagos e imprevisores; para ellos es más fácil obtener dinero por medio de amenazas de destrucción de propiedades que por medio del trabajo honesto”. Los negros no tienen –decía el Ministro- “suficiente talento para organizarse y hacer posible que la cuestión racial se convierta en un verdadero peligro para la república, excepto bajo el liderazgo de los blancos”. En otro despacho, refiriéndose a los trabajadores desempleados en el campo, decía: “La mayoría de ellos son negros imprevisores, que nunca tienen una buena situación económica, pero este año la tienen especialmente en mal estado ya que el dinero que pudieron haber guardado ha sido gastado en comprar billetes de lotería”.

 

     El 22 de abril de 1910 comenzó la represión oficial. Fueron detenidos los principales dirigentes del PIC, a los que se acusó por el supuesto delito de asociación ilícita y, más tarde, de conspiración para la rebelión. Más de setenta miembros del partido fueron encarcelados. Después de seis meses en la cárcel, el 11 de octubre de 1910, Evaristo Estenoz y otros dos compañeros fueron puestos en libertad. Estenoz se puso nuevamente al frente de la campaña contra la Enmienda Morúa y por la liberación del resto de sus compañeros que habían quedado en la prisión. La detención y el proceso de los Independientes de Color, uno de los más arbitrarios procedimientos políticos y jurídicos realizados en Cuba, se utilizó como complemento de la Enmienda Morúa para la liquidación del partido.

 

     Cuando los Independientes vieron burlados sus esfuerzos por derogar la Enmienda Morúa y cerrados todos los caminos legales, decidieron recurrir a la Protesta Armada, cuya fecha se fijó para el 20 de mayo de 1912.

 

     Evaristo Estenoz llegó a Santiago de Cuba el 17 de mayo de 1912 y su llegada fue celebrada con un gran mítin en el que usaron de la palabra los principales dirigentes del partido y se distribuyeron miles de proclamas contra la Enmienda.

 

     El 19 de mayo salió Estenoz de Santiago de Cuba rumbo a La Maya, dirigiéndose más tarde a la finca San José, en Belona, propiedad del general Pedro Ibonet.

 

     La prensa norteamericana comenzó a publicar una serie de informaciones alarmantes, que después eran reproducidas por los periódicos que se editaban en Cuba. Los anexionistas, tanto los de Estados Unidos como los del patio, echaban leña al fuego tratando de provocar una nueva intervención de Estados Unidos y como fin último la anexión de Cuba a ese país.

 

     Sin la intervención de Estados Unidos, la Protesta Armada es muy probable que no hubiese tenido mayores consecuencias, pues todo parece indicar que no estaba dirigida a derrocar al gobierno sino a presionar a José Miguel Gómez y al Congreso para que derogasen la Enmienda.

 

      Pero la historia tomó otro camino: el 25 de mayo, mediante una Nota de la Legación de Estados Unidos en La Habana al Secretario de Estado de Cuba, se hizo saber al gobierno cubano que el de Estados Unidos había tomado la decisión de enviar un cañonero de su marina de guerra a la bahía de Nipe y la de agrupar una considerable fuerza naval en Cayo Hueso. Alarmado, José Miguel Gómez envió de inmediato un cable al presidente de Estados Unidos, William Taft, informándole de las medidas que había adoptado contra la protesta y que consideraba, no obstante agradecerla, innecesaria por entonces la intervención de fuerzas de Estados Unidos en el conflicto. Taft, a su vez, contestó a Gómez mediante otro cablegrama que se complacía en “conocer las medidas enérgicas tomadas por su gobierno para acabar con los disturbios existentes”.

 

     El mensaje estaba claro: si el presidente Gómez quería evitar la intervención tenía que tomar medidas “enérgicas” para “acabar” con los disturbios.

 

     Sin embargo, olvidando su respuesta al presidente Gómez, el 31 de mayo Taft ordenó el desembarco de tropas norteamericanas en Daiquirí, Oriente, dando comienzo a la tercera intervención militar norteamericana en Cuba. El desembarco en Daiquirí no tenía sentido pues no había allí propiedades norteamericanas que proteger (las que había estaban ya bien protegidas por el ejército cubano), ni tropas enemigas que combatir (no había alzados en aquella zona), ni vidas de norteamericanos que preservar. José Miguel Gómez manejó muy hábilmente la situación al ordenarle al general José de Jesús Monteagudo, jefe del Ejército de Cuba, que ordenase el retiro de los soldados cubanos a medida que los norteamericanos fuesen ocupando la zona. De este modo, las tropas norteamericanas quedaron aisladas en un territorio donde no tenían absolutamente nada que hacer, donde los únicos enemigos eran los mosquitos y las enfermedades tropicales, por lo que terminaron por reembarcarse, dando fin, sin pena ni gloria, a su aventura intervencionista.

 

     La injerencia norteamericana sirvió, no obstante, para avivar los odios racistas contra los Independientes de Color, al mostrarles injustamente como culpables de la intervención.

 

     El 27 de mayo, José Miguel Gómez envió al general Monteagudo a la provincia oriental al frente de 1200 hombres. Anteriormente, habían salido con ese destino otros contingentes en los barcos de guerra Patria y Cuba. El coronel José Martí Zayas Bazán actuaba como Jefe del Estado Mayor. Así comenzó la denominada por el gobierno de Gómez “Campaña de Oriente”.

 

     La Cámara de Representantes se hizo cómplice de la matanza que se avecinaba al aprobar la abstención congresional, la cual dejaba las manos libres al Ejecutivo para reprimir sangrientamente la protesta. El instigador de la inhibición fue el representante de origen italiano -anarquista arrepentido-, Orestes Ferrara, partidario de actuar con mano dura. No sólo convenció a la mayoría de los demás representantes de que debían abstenerse, sino que auguró que los Independientes cometerían toda clase de asesinatos, violaciones y robos, contribuyendo con sus palabras a predisponer al país contra los protestantes y dando pie para una desaforada campaña de prensa que desató la histeria contra los negros.

 

     Pero no solo se abstuvo la Cámara de Representantes sino que, en la sesión ordinaria del 27 de mayo, aprobó una Resolución felicitando al presidente de la República por las medidas represivas adoptadas. De manera que, con el apoyo congresional, el gobierno de José Miguel Gómez no tuvo obstáculos para llevar a cabo una represión sangrienta.

 

     Una actitud semejante tuvieron los senadores. El 5 de junio, la Cámara de Representantes recibió un proyecto de ley procedente del Senado, que contenía la suspensión de las garantías constitucionales, a solicitud del presidente José Miguel Gómez.

 

      Pero la conducta abyecta del Senado y de la Cámara de Representantes no terminó con esto. En la sesión ordinaria del 7 de junio de 1912, la Cámara adoptó dos acuerdos-leyes relacionados con el movimiento de los Independientes de Color. El primero fue concederle quince días de licencia al Presidente de la Cámara, Orestes Ferrara, para que se trasladase a Estados Unidos a fin de convencer al gobierno de ese país de que no era necesaria su intervención armada en Cuba. El otro acuerdo autorizaba al Presidente de la República para disponer de un millón de pesos para alistar y organizar fuerzas armadas en la proporción que estimase necesario mientras durase la rebelión. Por si fuera poco, en la sesión ordinaria del 14 de junio, la Cámara acordó enviar un cablegrama al presidente de Estados Unidos dándole las gracias por las deferencias que había tenido con el presidente de la Cámara, Orestes Ferrara, y otro cablegrama felicitando a éste por el éxito de sus gestiones en Estados Unidos.

 

     Por otra parte, el Consejo Nacional de Veteranos, presidido por el general Emilio Núñez, se hizo cómplice también de la masacre. No solo acuerda respaldar al gobierno en las medidas represivas sino que Núñez envía un telegrama a las delegaciones de veteranos invitándolas a sumarse a la cacería:

 

“Consejo Nacional de Veteranos en pleno saldrá domingo rumbo a Oriente a combatir enemigos República. Espera dado patriotismo compañeros esa Delegación concurra mayor número para incorporarse expedición. Débese estar en esta capital domingo mediodía para tomar los vapores que nos conduzcan. Conteste esta vía cuántos vienen. Núñez, Presidente.”

 

     La Maya fue el único pueblo que tomaron momentaneamente los Independientes de Color. Fue escogido porque sus habitantes eran mayoritariamente negros y militantes o simpatizantes del Partido. Esto ocurrió el primero de junio de 1912 a las 9:30 de la noche por un gran contingente que tenía como principales jefes a los generales Evaristo Estenoz y Pedro Ibonet. El cuartel de la guardia rural estaba defendido por veinte soldados y voluntarios que lo abandonaron con el avance  de los Independientes.

 

     El famoso incendio de La Maya –de acuerdo a la versión más creíble- se produjo del modo siguiente: habiendo ya tomado posesión del pueblo los Independientes, desde los altos de la ferretería alguien disparó matando a uno de los miembros del contingente llamado Wilson. Con la indignación que causó este hecho, algunos exaltados decidieron prenderle fuego a la ferretería para hacer salir de ella a sus ocupantes, pero no previeron que el incendio se propagaría y, aunque trataron de apagarlo, no lo lograron porque carecían de los medios adecuados. En los sucesos de La Maya solo hubo dos muertos y ambos pertenecían a los Independientes de Color.

 

     La mayor matanza tuvo lugar en Mícara. En un informe al presidente José Miguel Gómez, el general Monteagudo expresa (28 de junio de 1912):

 

“Hágase cargo de lo difícil que es tener casi sitiado un monte de ocho o diez leguas, y nuestras fuerzas hacen allí una verdadera carnicería.”

 

     Y en otro lugar:

 

“Es imposible precisar el número de muertos, porque ha degenerado en una carnicería dentro del monte.”

 

     En Mícara murió el general Evaristo Estenoz. En la reunión que había tenido lugar en La Habana, en la casa situada en Virtudes número 95, a comienzos del mes de mayo de 1912, en la que se decidió iniciar la Protesta Armada, Estenoz manifestó su oposición a ella; sin embargo, ante el diferente criterio de la mayoría, se puso al frente de sus compañeros y los acompañó hasta el  trágico final. Estenoz actuó en consecuencia con sus principios hasta el momento de su muerte y merece, por tanto, honor y respeto.

 

    Mientras tanto, y para justificar la masacre, se propagaban innumerables infundios en relación con supuestas violaciones de mujeres blancas, saqueos, asesinatos de ciudadanos blancos y  otras atrocidades.

 

     El diario La Prensa, en su editorial del 6 de junio de 1912, expresó:

 

“¡A defendernos, pues! Ya se agolpa a la mejilla la sangre de la vergüenza. ¿Es que podemos seguir en calma? ¿No hablan a nuestros oídos los ayes de las mujeres blancas que han sentido sobre sus carnes la garra negra y cruel?”

 

     Esta era la atmósfera que se respiraba, pero lo cierto es que ninguna mujer blanca fue molestada, ningún ciudadano blanco asesinado.

 

     Se conocen varios lugares en las provincias orientales que fueron escogidos para asesinar allí a los negros, como Puerto de Platanillo, entre Alto Songo y El Cristo, y Loma Colorada, cerca de Santiago de Cuba, donde eran llevados los negros que se presentaban y asesinados a machetazos.

 

     El general Pedro Ibonet y su ayudante Francisco Céspedes fueron asesinados por el teniente Arsenio Ortiz el 16 de Julio de 1912. Cercados en el cafetal  Nueva Escocia, fueron hechos prisioneros y macheteados posteriormente cerca de El Caney.

 

     Las principales matanzas de Independientes de Color tuvieron lugar en Oriente, pero también, en menor escala, en muchos otros lugares de la Isla. En Cruces, pueblo de la actual provincia de Cienfuegos, de acuerdo a la tradición oral, pues nunca se publicó nada al respecto, un numeroso contingente de negros bajo el mando de Simeón Armenteros, Comandante del Ejército Libertador, concentró a sus hombres en una finca cercana al poblado. Se cuenta, que personas con aviesos propósitos, para incitar a los negros al alzamiento, les facilitaron armas y municiones; pero las armas estaban defectuosas y las municiones no correspondían al calibre de los fusiles. Cuando los alzados se dieron cuenta del engaño era ya demasiado tarde y centenares de ellos fueron masacrados por fuerzas del Ejército y voluntarios, al mando del Capitán Amiel.

 

     ¿Por qué sucedió esto precisamente en las cercanías de Cruces? –No tengo la respuesta, pero puedo ofrecer algunos elementos de juicio que permitan un acercamiento a la verdad. La represión no se ejerció solamente contra los miembros del PIC, muchos negros que nada tenían que ver con el movimiento fueron también asesinados. Cruces era por aquella época uno de los principales centros agro-industriales azucareros del país (Camagüey y Oriente no alcanzarían un gran desarrollo hasta después de la Primera Guerra Mundial). A causa de la gran densidad obrera en el territorio (once centrales azucareros rodeaban la cabecera municipal) era el centro de mayor acción de los anarco-sindicalistas. Por ejemplo, en febrero de 1912 –solo tres meses antes de la Protesta Armada- tuvieron éstos allí su primer “Congreso de Trabajadores y Campesinos”. De 1915 es el famoso “Manifiesto de Cruces”, en el cual los anarquistas proclamaban el derecho a rebelarse contra la explotación y el abuso de terratenientes y capitalistas, incluyendo a los norteamericanos y españoles, que controlaban la mayor parte de la industria azucarera. En 1918 tuvo lugar, también en Cruces, el tumultuoso “Congreso de los Bakuninistas” (seguidores de las teorías del anarquista ruso Mikhail Bakunín). No es arriesgado pensar que, en 1912, se aprovechó la Protesta Armada de los Independientes para atemorizar a los “revoltosos”.

 

     En la sesión del Senado del 27 de junio de 1913, el senador Ricardo Dolz, resumió los resultados de las masacres diciendo:

 

“Esta fue una matanza enorme de negros. ¡Ah, señores, aquí sí que la piedad irrita; miles de cubanos negros perecieron en una campaña en que el Ejército cubano no tuvo una sola baja.”

 

     Sobre la llamada “Guerrita de los Negros” de 1912 (que no fue tal “guerrita” sino masacre porque un solo bando sufrió todas las bajas), se tendió durante el período de la República mediatizada un manto de silencio. Tuvieron que transcurrir 38 años para que, por la feliz coincidencia de que estuviese Raúl Roa García al frente de la Dirección de Cultura en el Ministerio de Educación, viese la luz la primera publicación sobre los acontecimientos: “Los Independientes de Color”, de Serafín Portuondo Linares, de la cual hemos tomado muchas de las citas de esta conferencia. Después, silencio de nuevo hasta que, con posterioridad al triunfo de la Revolución, algunos intelectuales cubanos comenzaron a investigar sobre éste, el más bochornoso episodio de la pseudorepública.

 

     ¿Por qué la masacre de los Independientes de Color fue uno de los temas-tabú de nuestra historia? –Porque fueron cómplices de ella todos los sectores de la  vida pública: la administración de José Miguel Gómez, las fuerzas armadas, el partido Liberal, el partido Conservador, la Cámara de Representantes, el Senado, la Asociación de Veteranos, la prensa, la Iglesia, etc., incluyendo, por supuesto, a los que echaron leña al fuego motivados por oscuros intereses anexionistas.

 

     Pero las raíces primarias de este conflicto racial no son otras que las intervenciones norteamericanas en la Isla, por las razones principales que voy a enumerar:

 

1.- Con su intervención en 1898, Estados Unidos frustró los ideales independentistas de los cubanos y exacerbó los prejuicios raciales que tendían a desaparecer como consecuencia de la participación heroica y masiva de los negros en las luchas por la libertad de la Patria.

 

2.- Las intervenciones norteamericanas trasladaron a Cuba la herencia cultural racista de Estados Unidos y el negro resultó marginado no solo por el color de su piel sino porque representaba un peligro para los intereses de clase de los extranjeros que se habían adueñado del país.

 

3.- Las normas impuestas para las elecciones de 1900 y 1901 excluyeron a los sectores más humildes del país, para que solo votara “la gente de clase superior” (“the better class of people”) al decir de Leonard Wood.

 

4.- La política de “blanqueamiento” de la población cubana, impulsada por el Gobierno Interventor y continuada después por Estrada Palma y otros presidentes, puso al negro en desventaja para la obtención de empleos y disminuyó sus oportunidades de superación.

 

5.- Las autoridades norteamericanas protegieron y favorecieron el acceso a los cargos administrativos de los cubanos blancos que no habían participado en las guerras de independencia y que, en muchos casos,  habían sido sus enemigos y, por el contrario, excluyeron de los cargos públicos, incluyendo los de la Policía, el Ejército y el cuerpo de Artillería, a negros con brillantes expedientes en el Ejército Libertador.

 

6.- Los fraudes electorales, las “botellas” y, en general, la corrupción, entronizados principalmente bajo el gobierno de Charles Magoon, contribuyeron también a la marginación del negro cubano.

 

7.- La Enmienda Platt y, con ella, la amenaza de una tercera intervención extranjera que comenzó a concretarse con el desembarco en Daiquirí y el envío de acorazados a las costas cubanas, empujó a la administración de José Miguel Gómez hacia la adopción de medidas rápidas, drásticas y crueles para reprimir la Protesta Armada, y puso en contra del movimiento de los Independientes a muchos patriotas cubanos que, en otras circunstancias, lo hubiesen apoyado.

 

     El movimiento de los Independientes de Color, a pesar de sus errores, el mayor de los cuales fue el no ver con claridad que la lucha contra la discriminación racial no podía separarse de la esfera más amplia de las luchas de la clase obrera, de las cuales tenían que ser necesariamente protagonistas negros y blancos unidos, queda para la historia como símbolo de la rebeldía del negro trabajador cubano contra la discriminación racial y la imposición de una cultura racista; y ante las actuales amenazas de una nueva intervención de Estados Unidos en Cuba, es un ejemplo que debemos estudiar del efecto destructor de la nación cubana latente en la injerencia extranjera.

 

El Dr. Capote es médico, especialista en Bioquímica. Es miembro del Consejo de Redacción de Areíto Digital.  Ha escrito numerosos artículos de divulgación científica, sobre todo en la esfera de la protección de la naturaleza. Actualmente vive en Miami y participa, con las organizaciones que conforman la Alianza Martiana, en la lucha contra el Bloqueo impuesto a Cuba por Estados Unidos.